“Hay que hablar de colectivismo, de ayuda mutua, de todo aquello a través de lo cual ya empezamos a liberarnos de la omnipresencia del Estado.”

junio 10, 2011
Entrevista a Abdennur Prado a propósito de su libro ‘El islam como anarquismo místico’
por Ibrahim Hooper, para la Revista Masala

-¿No crees que sería mejor, para hacer justicia a la cronología, hablar del anarquismo como islam político?



-Prefiero hablar del islam y el anarquismo en términos meta-históricos, más allá de la cronología, como ideas-fuerza o formas de vida que han acompañado al ser humano a lo largo de la historia. No pienso en el islam como la religión establecida en el siglo VII de la era cristiana por Muhámmad, sino como la forma de vida primigenia de la humanidad. Es por eso que el Corán nos dice que el primer musulmán fue Adán, entendido como metáfora de la humanidad, y habla de los profetas anteriores a Muhammad como “musulmanes”, seres humanos que reconocen su sometimiento a las condiciones eternas de la vida. Hablamos del estado natural del ser humano, y no de una ideología histórica inventada. En la misma línea, Kropotkin habló de comunidades anarquistas en la Edad de Piedra, basadas en la ayuda mutua. También se han señalado las conexiones entre anarquismo y taoísmo. Los dos planteamientos son convergentes: hablamos del estado natural del ser humano, y no de una ideología histórica inventada por el hombre como instrumento de dominio. En todo caso, hay que tener en cuenta que el libro ha sido publicado en una editorial libertaria occidental, para un público mucho más familiarizado con el anarquismo que con el islam.



-Hoy en día existen varios autores, especialmente en Occidente, que están trabajando en las mismas cuestiones sobre islam y anarquismo. Hablo de, por ejemplo, Yakoub Islam desde Gran Bretaña, Mohamed Jean Veneuse y su libro ‘Anarca-Islam’, el estadounidense Michael Muhammad Knight y el movimiento punk-islam que ha generado su novela ‘Taqwacore’ y, especialmente, el pionero y más conocido de todos ellos: Hakim Bey (Peter Lamborn Wilson). ¿Cómo te han influenciado estos autores?

-No reconozco ninguna influencia. De estos autores solo conozco los nombres, y he leído algo, muy superficialmente, de Hakim Bey. Lo que he hecho es ir directamente a las bases textuales del islam, para mostrar las similitudes con el anarquismo. Hay casi un centenar de referencias a hadices y versículos coránicos, en las cien páginas del libro, pero ninguna a los autores mencionados.

-Por lo general, estos autores provienen de los ambientes anarquistas antes de su aceptación del islam. Tú siempre mencionas que te has formado en lo que Habermas llama “el pensamiento filosófico de la modernidad”: Nietzsche, Bataille, Heidegger, Foucault… Pero poco sabemos de tu activismo político durante esa misma formación teórica.

-Me consideraba anarquista antes de mi entrada al islam, aunque no de un modo militante: jamás he militado políticamente en ningún partido o movimiento. Provengo del ámbito de la poesía, de una búsqueda interior a través de la palabra. El componente anarquista surge como rechazo de la burocratización de la existencia, y de la convicción de que las coacciones cotidianas que sufrimos tienen como objeto el frenar el desarrollo natural de lo mejor del ser humano. Eso es algo que aprendí de anarquistas como Kropotkin: si se eliminan las coacciones (gobiernos, policías, tribunales, ejércitos, moral sacerdotal…) y se deja que cada criatura actúe de forma espontánea según su naturaleza (lo que en islam llamamos fitrah), entonces emergerá por si mismo un orden social sano, basado en la ayuda mutua. No son necesarias pues las ideologías, sino el dejar ser, dejar estar. Sobre los pensadores mencionados, de ellos reconozco una influencia fuerte. Nos enseñan a pensar de forma tanto crítica como creativa, un pensamiento refractario a toda forma de ortodoxia, abocado a la experiencia, un desgarro en pos del rostro más inmediato de la vida. Por eso tal vez soy incapaz de una militancia formal, así como de aceptar las ortodoxias islámica o anarca. Esto no tiene que nada ver con una formación teórica, sino con una experiencia vital, con el conocimiento de uno mismo y del modo como se relaciona con el mundo. No me interesa la separación entre teoría y práctica, pues pertenece a un mundo fracturado. Hacer es pensar con el cuerpo.

-¿Crees que con tus aportaciones generas más reticencias en el seno de los movimientos sociales de tradición atea y antiautoritaria o bien abres una brecha con posibilidades de expansión? 


-Para mí, la cuestión es otra: ¿en qué medida los movimientos sociales siguen presos de una visión eurocéntrica dominada por la idea de progreso, con una mirada paternalista hacia el tercer mundo y sus cosmovisiones? La superación del eurocentrismo es la clave que nos permite darnos cuenta de que muchas de las ideas que los europeos creemos “propias” en realidad tienen una larga historia, han estado presentes bajo diferentes formas. Tal y como he comentado antes, Kropotkin hizo esto al remontar los valores del anarquismo a la edad de piedra.

-¿Crees que es compatible el modelo de metrópolis de ciudades como Barcelona o Madrid con las propuestas de gestión comunitaria que proponen tanto el islam como el anarquismo? En la península ibérica existen, actualmente, varias comunidades rurales (y neorurales) con proyectos alternativos que van más allá del ámbito de las ideas. Entre estos colectivos también encontramos a musulmanes, especialmente de tradición sufí, en zonas de Andalucía, Murcia, Baleares… ¿Crees que es una tendencia que debe potenciarse para que la acción que surge de formulaciones intelectuales como las tuyas resulte más coherente?

-De entrada, parece indudable que las grandes ciudades industriales son incompatibles con un modelo comunitario, basado en la ayuda mutua. Todos vivimos en cierto modo en nuestro compartimento-estanco, sin necesitarnos los unos a los otros, sin necesidad de buscarnos, de acariciarnos, de abrazarnos… Las grandes ciudades no han nacido para servir al ser humano, en cuanto criatura dotada de un espíritu, capaz de amar y de compasionarse con el otro. El ser humano tiene la capacidad y el derecho de encontrar la luz incluso en un cubo de basura Pero no me interesa la utopía. Como digo en las primeras páginas de ‘El islam como anarquismo místico’, creo que si existe un punto divergente entre el islam y el anarquismo es que el islam no es en ningún caso una utopía. Lo expresaré de un modo contundente: el ser humano tiene la capacidad y el derecho de encontrar la luz incluso en un cubo de basura. Allí donde mires, verás la Faz de Al-lâh, dice el Corán. Todo depende de la claridad de la mirada. Esto también quiere decir que podemos crear comunidad incluso en las circunstancias más adversas. Los movimientos rurales son hermosos, pero allí están los okupas, generando espacios alternativos en medio de la sociedad de control. Más que de un proyecto utópico o político, se trata de ganar el espacio interior que luego debe manifestarse en nuevas creaciones, sea en el campo o en la ciudad o donde quiera que el espíritu nos lleve. Esa es la coherencia a la que aspiro: una mirada espiritual en una conciencia libertaria.

-Siguiendo con esta posible brecha abierta en busca de vínculos comunes en defensa de la justicia social, ¿cuál sería el siguiente paso? ¿Tras un puente en construcción, a qué orilla llegar?


En todo caso, se trata de provocar una reacción, de una toma de conciencia que cada uno deberá desarrollar, en la medida de sus capacidades. Por otra parte, hablar de justicia social es algo demasiado vago. Hay que hablar de colectivismo, de ayuda mutua, de todo aquello a través de lo cual ya empezamos a liberarnos de la omnipresencia del estado, construyendo espacios alternativos. La orilla es la comunidad.

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Abdennur Prado: “Las insurrecciones árabes han modificado la visión occidental sobre el islam.”

marzo 2, 2011

Entrevistamos a nuestro compañero Abdennur Prado, presidente de la Junta Islámica Catalana y redactor de Webislam, sobre la revolución naciente en el mundo árabe. Hablamos sobre la incidencia del islam en las revueltas, sobre las esperanzas y las aspiraciones de los manifestantes, sobre las injerencias exteriores, sobre la manipulación de la prensa y el impacto de las revueltas sobre la imagen del islam en occidente. [Entrevista publicada en Webislam]

Webislam: En Egipto y Túnez ha caído el tirano, pero ¿ha caído la tiranía?

Abdennur Prado: No, en absoluto. Asistimos en este momento a la contra-revolución: a Ben Ali le sucedió Gannuchi y a Mubarak Omar Suleiman, perros del mismo amo. Pero en Túnez y en Egipto siguen las protestas, y ahora ha caído Gannuchi… En este sentido, creo que la insurrección no han hecho más que comenzar. Se trata de un movimiento que aspira a mucho más que a un simple cambio de imagen. De ahí el slogan: al-shaab yurid isqat annizam. El pueblo quiere derrocar el sistema. Los jóvenes y los trabajadores árabes son muy conscientes de la naturaleza del mal que les oprime… La tiranía no es solo militar, sino también económica, incluso espiritual. La tiranía militar es solo la cobertura de la tiranía más feroz: la del neoliberalismo, los dictados del Fondo Monetario Internacional, la pobreza acuciante, la precariedad y la burocratización creciente de la vida. Y estas son el resultado de la destrucción del ser humano como criatura abierta a Al-lâh y a la Última vida, su reducción a una mera fuerza de trabajo en un engranaje pensado para esclavizarlo. La negación del fin último del ser humano. Ese es el enemigo, que también esta dentro de nosotros, tanto en El Cairo como en Barcelona.

¿Cuál es tu valoración de las revueltas?

Los pueblos árabes están dando una lección a todo el mundo. Hay que felicitarse por el modo en el cual se han realizado las protestas, especialmente en Tunez y en Egipto, la no-violencia y el civismo de los manifestantes, su caráceter interreligioso, el coraje de aquellos que se han enfrentado a la policía, los comites populares, incluso su utilización creativa de nuevos mecanismos de movilización… No me extraña que Michael Hardt y Antonio Negri sitúen a los árabes a la vanguardia democratizadora.

Nos hallamos ante el estallido de una nueva generación de musulmanes y de musulmanas, conscientes políticamente, que no se dejan engañar ni por la retórica islamista, ni por las mentiras de los gobiernos occidentales. Solo nos queda desear que esta claridad de ideas se extienda a su propia vivencia del islam, que los conduzca a recuperar los elementos libertarios del islam. Si esto es así, hay motivos para la esperanza.

¿Hacia dónde crees que se dirige la situación, cual es su futuro?

No sabemos lo que va a pasar, el imperio siempre tratará de manipular las revueltas para su beneficio… Tampoco esta claro hasta que punto los insurrectos permanecerán unidos, o cada uno se centrará en sus intereses. La clase media contentándose con reformas políticas, los partidos de izquierda luchando por mantener viva la dimensión social de las revueltas, los islamistas reivindicando lo suyo. Y los imames de al-Azhar ya se han manifestado, pidiendo que se mantengan sus privilegios como funcionarios…

No niego un cierto escepticismo. Aunque la buena noticia es que se puede ser al mismo tiempo trabajador, joven, blogero e islamista. Es en la conexión entre los distintos grupos donde la revolución cobra su fuerza, se hace capaz de neutralizar las fuerzas contra-revolucionarias. Pero este es el reto más difícil, el que exige abandonar puntos de vista previos en pos de un nuevo consenso ciudadano. Ese es el futuro que deben tratar de construir, insha Al-lâh.

La prensa occidental se ha posicionado mayoritariamente a favor de los manifestantes

La prensa mayoritaria de occidente ha tratado de salvar los trastos, como se dice vulgarmente, pasando página rápidamente al hecho de que la mayoría de las dictaduras árabes son aliadas de occidente, incluídas las de Tunez y Egipto, pero también Arabia Saudí, Kuwait, Qatar, Bahrein, Jordania, Marruecos… Y ha tratado de manipular la situación, por lo menos en tres sentidos. Primero: ha tratado de hacer ver que las revueltas han contado con el apoyo occidental desde el principio, lo cual es falso. Segundo: ha tratado de minimizar la presencia del islam. Y, tercero: ha ocultado la implicación de los trabajadores, de los partidos de izquierda y de los sindicatos. No nos han contado como los trabajadores abandonaron las fábricas y llenaron las calles. Es decir: han negado la naturaleza islámica y de clase de la revolución en curso, mostrándolas como revueltas pro-occidentales… Se comprende que prácticamente hayan dejado de informar de la continuación de las protestas tras las caídas de Ben Ali y de Mubarak, como si ese fuese el fin. En este sentido, los mass media han actuado como instrumentos del sistema.

¿Cuál es, según tu perspectiva, la incidencia del islam en las revueltas?

Solo hay que ver los rezos multitudinarios en la plaza de Tahrir para darse cuenta de que el islam es el din de la mayoría de los manifestantes. No hay que olvidar que el rechazo de la opresión y la lucha contra la injusticia social forman parte de las enseñanzas del islam, así como la prohibición de la usura, de los monopolios, de la acumulación de la riqueza… Todo ello repugna profundamente al musulmán, es algo muy presente en el lenguaje de la calle.

Ahora bien, esta incidencia del islam trasciende lo meramente ideológico, no se vehícula necesariamente a través de ningún partido específico, ni a través de ningún líder mesiánico, sino que actúa como una fuerza espiritual. En este sentido nos damos cuenta de que se ha superado la vieja retórica islamista, que pretendía que la aplicación anacrónica del fiqh tradicional (que ellos llaman, abusivamente, Sharia) traería la solución de todos los problemas. Al mismo tiempo, se pone en evidencia la lejanía de pueblo respecto al discurso conservador y quietista de [la Universidad de] al-Azhar, siempre al servicio del que manda. Nos situamos en una nueva perspectiva, la de un islam liberador, liberado de la tiranía, capaz de devolver al ser humano a su condición de califa de la creación, insha Al-lâh.

¿Cuál crees que puede ser el impacto de las revueltas en occidente?

Hemos visto numerosas reacciones de sorpresa. Muchos han descubierto de repente el dinamismo del pueblo árabe, su capacidad de movilización y la conciencia social y de clase de los trabajadores. En numerosos artículos publicados estos días podemos ver como las insurrecciones árabes han trastocado la perspectiva occidental sobre el islam. Han dado un golpe mortal a la islamofobia. Esta seguirá, por supuesto, pero cada vez será menos creíble. Más bien, la imagen resultante es la de los musulmanes rezando y exigiendo, de forma pacífica, unos derechos que les han sido negados por dictaduras al servicio de occidente.

Algunas voces advierten de que detrás de las revueltas esta la mano alargada del imperio. ¿Qué piensas de esta posibilidad?

Que el imperio conspira todos lo sabemos, eso no es ningún descubrimiento. Ha sido así desde el principio de los tiempos. Pero pretender que los pueblos árabes se rebelan movidos por la mano del imperio es negarles su voz, hablar de ellos como si fueran marionetas, como si no valiesen nada ni tuviesen voluntad. No importa lo que digan, ni lo que expresen, ni cuales son sus objetivos y motivaciones personales… Me parece una actitud racista. Pues eso no se diría sobre los manifestantes en París, ni se ha dicho sobre los de Grecia. Se puede decir de los árabes porque son árabes.

A los que pretenden eso, yo les haría una pregunta: ¿Son los trabajadores yemeníes y egipcios que entran en huelga pidiendo libertad sindical y mejoras salariales agentes del imperialismo? ¿Lo son los manifestantes que en Yemen, en Egipto y en Túnez han enarbolado la imagen del Che? Es indudable que el imperio mueve ficha y existe una contra-revolución en curso. Pero no nos confundamos: los pueblos árabes que se rebelan contra la dictadura no lo hacen al servicio de intereses extranjeros, sino por su dignidad y sus derechos, con la esperanza de poder construir por si mismos su futuro, con la ayuda de Al-lâh.

El caso de Gaddafi es particular, esto choca con su discurso anti-imperialista

Personalmente, te diré que Gaddafi me ha parecido siempre un tirano, cuya megalomanía lo ha llevado a explorar todo tipo de proyectos, desde el panarabismo hasta el panafricanismo, pasando por la idea de una República Popular nunca realizada. Y así lo he escrito anteriormente, poniéndolo en el mismo saco que a Mubarak y a Mohammed VI. Creo que hace ya muchos años se le fue la cabeza. El ser el “enemigo del Imperio”, los intentos de asesinato, los bombardeos del 86, el ejercicio inmisericorde del poder, el dinero del petróleo, el nepotismo de sus familiares… todo esto puede trastornar a cualquiera. Desde hace diez años ese anti-imperialismo ha quedado para la retórica. Su relación con Blair y Berlusconi es conocida, así como el proceso de privatización de los servicios públicos, las inversiones de su familia en multinacionales, el infametratado firmado con Italia… Hay que saber que Libia es uno de los cómplices de las políticas migratorias de la UE, y ha encarcelado en campos de concentración a miles de inmigrantes repatriados desde Europa. Cuando falta espacio, se los deja en el desierto o, simplemente, se los mata… Pero ya mucho antes, Gaddafi tiene un historial de represión que puede competir con el de sus colegas.

Hay voces que alertan de una posible intervención de la OTAN en Libia, que se podría hacer realidad en breve

Me temo que esta es una posibilidad plausible. Sería un desastre, el peor de los escenarios posibles, el fin a las revueltas árabes y el retorno a la vieja política colonialista. Si la OTAN o los EEUU amenazan con intervenir en Libia, no cabe duda de que es para tratar de controlar una situación que se les escapa. En Tunez y en Egipto lo han logrado dando continuidad al régimen y prometiendo ciertas reformas democráticas. Pero Libia es otra cosa: si cae Gaddafi, no hay continuidad posible, y la rebelión no parece estar por un acuerdo. El hecho de que hayan rechazado la ayuda americana es una prueba de su independencia. Si esto es así, habría que apoyar a los rebeldes, y esperar que sepan repeler dicha agresión externa, insha Al-lâh.

Pero hay que reconocer que no sabemos realmente lo que esta pasando, la información es muy confusa. Por un lado se nos habla de bombardeos con aviones contra los civiles, de fosas comunes, pero aún no hemos visto los cadáveres… Parece que asistimos a una operación propagandística, similar a tantas otras, para justificar una invasión. Tal vez Obama piense que con esto puede ganar votos.

Dejando aparcado el caso libio, ¿qué enseñanza podemos sacar de las rebeliones árabes?

No es tiempo de balance, pero por ahora se me ocurre: el dinamismo y la creatividad de los pueblos árabes, que han pasado de ser los parias de la tierra a situarse en la vanguardia. Los musulmanes han resucitado la lucha de clases, en pleno proceso globalizador. El islam de los clérigos oscurantistas no ha conseguido acallar la fuerza revolucionaria del islam. El poder del pueblo cuando toma conciencia y se mobiliza para acabar con una situación injusta, la capacidad de auto-organizarse al margen del Estado… ¡Lo cual no es poca cosa!

Ciertamente, no sabemos lo que sucederá, y sin duda las insurrecciones se enfrentan a enemigos poderosos. Desde aquí, nuestra tarea es la de apoyar, saludar, acompañar, pero también aprender y pensar modos de aplicar estas y otras enseñanzas en nuestro contexto.


“El silencio es un maestro cargado de báraka”

mayo 23, 2010

Entrevista realizada por Pedro Burruezo, y publicada en el número 38 de la Revista The Ecologist para España y Latinoamérica, un número dedicado íntegramente a la “Báraka, como regresar al Paraíso”.

Abdennur Prado es un pensador contundente. Musulmán de esencia profunda, ajeno a tópicos y rigideces, su pensamiento disgusta tanto a los ulemas como a los progres. Le interesa la Verdad y se salta los estereotipos. Nos habla de báraka, de fitrah y de muchas otras cosas de interés.

The Ecologist: Usted asegura que el islam vuelve a Catalunya (y, supongo, que a todo el estado español, o, al menos, al área mediterránea…). Pero el islam es plural. ¿Cuál es el islam que vuelve? ¿O es que vuelven todos?

Abdennur Prado: La expresión “el retorno del islam a Cataluña” quiere conectar la presencia actual del islam con el pasado, señalando que existe una herencia cultural islámica que constituye una de las señas de nuestra identidad… sea esta catalana, mediterránea o española. El problema es que esta herencia islámica en Catalunya ha sido completamente destruida, y posteriormente negada por los padres de la historiografía catalana. Hoy en día, asistimos a nuevas formas de exclusión y al auge de la islamofobia, que conectan el presente con el rostro más negro del pasado. Por eso, sea cual sea el islam que vuelve, creo que esta es una gran noticia, que nos sitúa en la posibilidad de rescribir nuestra historia desde el punto de vista del encuentro, y no desde el punto de vista de los vencedores de ninguna guerra.

¿Regresarán los tiempos en que el islam en la Península Ibérica vuelva a dar talentos de la talla de Ibn Al Arabi de Murcia?

Ibn ‘Arabi juega un papel muy especial para los musulmanes españoles. Es un símbolo de una lectura creativa del Corán, de una vivencia profunda del islam, capaz de romper con todos los moldes en los cuales se trata de encajar la experiencia religiosa. Ibn ‘Arabi bebía de la Fuente, hablaba directamente con Al-lâh. Pero un ibn ‘Arabi es irrepetible, corresponde a un tiempo en el cual toda la sociedad vivía inmersa en la Tradición. Hay que ver sus vidas de santos andalusíes para darse cuenta de hasta que punto la mística formaba parte de la vida. Pero el sufismo en una sociedad no tradicional parece una sombra del sufismo, muchas veces una caricatura. Lo que ahora nos toca es otra cosa: vivir y pensar el islam en la posmodernidad, en tiempos de la superación de la metafísica o de esas teologías en las cuales Dios se presenta como fundamento, separando al Creador de las criaturas… Una espiritualidad consciente de que la religión ha ahondado a menudo en la brecha que separa al ser humano de la naturaleza, degenerando en una razón instrumental que se suponía al servicio de un Dios todopoderoso… Debemos pues recuperar la espiritualidad de la fitrah, de la naturaleza primordial, una espiritualidad que nos hermana con la Creación… precisamente la destrucción de la cultura andalusí se sitúa en la línea de esa religiosidad rígida y dogmática, convertida en ideología del estado. De ahí que el retorno del islam entre nosotros sea paralelo al retorno a formas de espiritualidad telúricas, en las cuales el dogma de la unidad de Dios ha dado paso a la experiencia del tawhid, de la unicidad de todo lo creado.

Usted está tan lejos de las ideas pseudoprogres como de las jerarquías de los ulemas de los principales países musulmanes, tan lejos de lo políticamente correcto como de entender el mundo espiritual como un mundo amorfo y caduco… A veces, ¿se siente solo…? En cualquier caso, eso tiene “báraka”…

No me siento solo, para nada. Hay muchos musulmanes y no musulmanas con los cuales comparto una visión de la espiritualidad alejada de rigideces. Por desgracia, el islam de la gente normal queda oculto tras los muros de la política y de la teología. La báraka es algo que se siente, que se transmite a través de gestos, miradas, paisajes o lugares… Forma parte de la vida tradicional… cuando digo “tradicional” quiero decir abierta, enraizada en la vida cotidiana, más una forma de saborear la existencia y de estar en el mundo que una religión cerrada en torno a ritos y doctrinas.

Las personas que siguen el camino del islam en su más honda esencia son personas que, en teoría, tienen muy asumido el “fitrah” o estado natural. ¿Por qué papas, arzobispos, ulemas y hasta lamas viven lejos de tener en cuenta el respeto por la Creación?

Existe un dicho del profeta Muhámmad que dice: el islam es fitrah. Y otro que relaciona fitrah con el estado del bebé. ¿Qué quiere decir esto? ¡Que el estado de islam es el estado de un recién nacido, algo natural y anterior a la cultura! Es decir, que el islam no es una doctrina ni nada exterior al ser humano. ¿Cómo van a soportar esto aquellas jerarquías religiosas que tratan de erigirse en guardianes de la religión? Las jerarquías tratan de imponerse como mediadoras, romper el vínculo directo que une al Creador y a las criaturas, y que une a las criaturas entre si. Trazan barreras doctrinales entre las distintas religiones. Pero la persona que esta en fitrah tiene una relación directa con la Creación, no se siente separado como sujeto frente a un mundo objetual, no considera a los otros seres como objetos ante los cuales enfrentarse. Vive en estado de tawhid, unido a todo lo que le rodea. Las categorías “musulmán”, “cristiano” o “ateo” son ficciones para el hombre que esta en fitrah. Por eso el jerarca religioso es tantas veces el peor enemigo de la espiritualidad… Yo creo que hay más espiritualidad en muchos ateos que no en aquellos que se presentan como representantes de una religión.

¿Por que el mundo moderno ha preferido lo material a la “báraka”?

¡Pero la báraka es también material! No debemos caer en la fractura espíritu-materia, sino ver la materia como algo luminoso, como dotada de báraka. Y de la palabra báraka viene alberca: el contacto con el elemento agua, con lo que fertiliza. El problema es que el mundo de las cosas ha sido degradado. Ya no tenemos una relación con las cosas como manifestaciones de Al-lâh, como teofanías. Ahora nos relacionamos con ellas como útiles, como productos de consumo. Se trata de un sistema impuesto desde los centros de poder, un sistema espectacular que genera constantemente nuevos simulacros… Pero es posible dar la espalda a toda esta basura de neón… Aunque para ello tengamos que morir a este mundo de simulacros y amanecer en la Realidad. A eso los musulmanes lo llamamos orientarse a Al-lâh, pero un ateo puede llamarlo de otro modo. En cualquier caso, hay que aprender de la Realidad en si misma. Hay que
dirigir la mirada hacia la Creación de Al-lâh, volver al asombro, a sentir el latido de las cosas. Formamos parte de un todo en constante desarrollo, un mundo que es creado y recreado a cada instante. Debemos dejar de tratar de dominar el mundo y aprender a fluir con la existencia. Hay que aprender a respirar, a sentirse agradecidos y pletóricos de vida. ¿Cómo? ¡Solo Al-lâh sabe! El silencio es un maestro cargado de báraka…

El erudito Seyyed Hossein Nasr ha escrito mucho de la relación entre islam y respeto medioambiental. Pero no parecen ser muchos los musulmanes que leen sus libros… ¿Qué tiene que decir usted al respecto?

No solo Seyyed Hossein Nasr: en las últimas décadas ha habido otras muchas aproximaciones a la ecología desde el islam, postulando una eco-teología o una bio-ética islámicas. Muchos musulmanes se sienten espontáneamente vinculados al movimiento verde. Yo creo que el componente ecológico es tan esencial al islam que los musulmanes ni tan solo han tenido que manifestarlo, ni necesitan leer sobre ello. El problema actual es que los musulmanes viven en países construidos bajo el patrón de un estado-nación de corte occidental. Y esto es válido para países como Arabia saudí o Irán. Si los consideramos desde el punto de vista mediomabiental, estos estados son tan occidentales como cualquier país europeo. Los países de la Liga Árabe se sitúan bajo el dominio de la economía planetaria, son parte de un sistema desarrollista, basado en la explotación irracional de la naturaleza.

Al margen del problema político y económico, hablemos de los vínculos entre el islam y el movimiento ecologista. ¿En que sentido dice usted que lo ecológico es esencial al islam?

Esencial quiere decir que forma parte de la propia naturaleza del islam. El Corán contiene una poética de la creación, no existe una fractura entre el cuerpo y el espíritu, ni la idea del pecado original ni la imagen del espíritu caído en el mundo natural. La idea central de la cosmovisión islámica es el tawhid, la unicidad de todo, una visión holística de la creación como un todo integrado. Dios en el Corán es un principio creador activo en la naturaleza, y no un motor inmóvil y distante. Los teólogos musulmanes han hablado del Libro revelado y del Libro de la Naturaleza, a través del cual Al-lâh también se nos revela. Esto implica una identidad entre el signo natural y la palabra revelada. Por eso, el Corán constantemente nos llama a dirigir nuestra mirada hacia la Creación de Al-lâh, hacia los ciclos del día y de la noche, hacia la creación del ser humano de una gota de esperma: miréis donde miréis, allí está la Faz de Al-lâh… ¡Incluso un mosquito es un signo de Al-lâh, que merece ser tratado como tal! El Corán no sitúa al ser humano como dominador, sino como responsable del cuidado del mundo. Incluso dice que el ser humano es una criatura aparecida tardíamente. La práctica islámica por excelencia es la salat, la oración ritual, que nos conecta con el ciclo solar; cada una de las cinco oraciones se realiza en un momento telúrico preciso. Además, el Corán usa metáforas naturalistas para referirse al propio mensaje del Corán: la revelación es como la lluvia que desciende para fertilizar la tierra muerta… El concepto coránico de la revelación y de la creación constante nos conecta con los ciclos naturales. En fin: se trata de un modo de estar en el mundo, en el cual son centrales el saboreo de la Realidad, la conciencia de los ciclos naturales y de nuestra conexión con Al-lâh a través de todo lo creado. Todo ello justifica el hablar del islam como una tradición ecológica en esencia, ¿no crees? Ahora solo falta llevar estos planteamientos a la práctica…

Tranquilo, para eso ya está The Ecologist, ja ja ja…


Abdennur Prado: “como el lema de la Unión Europea, el islam propone la unidad en la diversidad”

diciembre 10, 2009

Entrevista realizada por Fernanda Muslera para ABC
2-12-2009

¿Cómo es el acercamiento a Dios desde el islam?

El islam es el reconocimiento de nuestro sometimiento y dependencia de la Realidad Única. Significa abandonar nuestro egocentrismo y entregarnos a la fuerza matriz de la existencia, a Aquello anterior a nosotros mismos que nos dio la vida. El musulmán se confía únicamente a Dios y no reconoce a otro Señor. Sabe que de Dios vienen tanto lo bueno como lo malo, y a través de esta conciencia se libera de la idolatría de las causas.

¿Piensa que la relación con Dios es más individual que en otras religiones como el judaísmo o el catolicismo?

Sí y no. Es más individual en la medida en que toda la práctica de adoración del musulmán tiene por objeto conectarlo con Dios directamente, sin necesidad de ningún intermediario. Esto implica la ausencia de una iglesia y de jerarquías religiosas a las que los fieles deben obediencia, y por tanto la ausencia de un magisterio dogmático. También niega la mediación de una comunidad particular o un pueblo elegido. No es que el musulmán renuncie a las mediaciones, lo cual es imposible, sino que no las particulariza: las universaliza afirmando que Dios no puede ser fijado, sino que (como dice el Corán) “mires donde mires, verás la Faz de Dios”. Dios es más grande: no puede ser monopolizado por nada ni por nadie, y menos por una religión. Es una misericordia creadora que todo lo recorre, y esto ha sido así desde el principio de los tiempos. Por eso decimos que el primer individuo es el primer profeta: Adán, arquetipo del ser humano.

Pero es también colectiva, porque el reconocimiento de nuestra dependencia de Dios nos lleva a superar nuestro egocentrismo y nos hermana con el resto de la Creación. El verdadero musulmán no idolatra sus ideas, y por ello está siempre abierto al diálogo y a la búsqueda de soluciones de consenso. Hablaríamos pues de una individualidad no egocéntrica o de un individualismo solidario, basado en la idea de que todas las criaturas son uno en la divinidad.

¿Cuál es la concepción de Dios?

Dios es el Creador y Soberano de cuanto hay bajo los cielos y la tierra, la unicidad de todo lo creado, la fuerza matricial que crea el mundo a cada instante. No es un Dios personal: Él es la Realidad, la Paz, la Justicia, la Luz de los cielos y la tierra. Es al mismo tiempo inmanente y trascendente a lo creado. Está más allá de toda definición, es inalcanzable para las criaturas y no puede ser asociado a nada. Pero responde a aquellos que se confían a Él y se comunica al ser humano por medio de la revelación, a través de los Libros sagrados de todas las religiones y a través del Libro de la naturaleza.

¿En qué consiste el salat? ¿Ve diferencia entre esta oración y las de otras religiones?

Las religiones son muchas y las formas de oración diversas, por lo cual una comparación general resulta inapropiada. La salat es un ritual, consiste en una serie de gestos precisos, que enmarcan la recitación de la palabra revelada y culminan en la postración. La etimología de salat significa “abrasarse, desvanecerse”. No es una oración en la cual el creyente se sitúe ante Dios y le rece o ruegue, tampoco es un acto de meditación, pero sí de recogimiento. La salat se realiza cinco veces al día, en momentos muy concretos, relacionados con el ciclo solar. A través de la salat el musulmán trata de superar la barrera de su ego, extinguirse y dar paso a la Presencia de su Señor, diluirse para que sea Él quien lo conduzca.

¿Qué lugar ocupa el creyente frente a Dios y frente a su comunidad en esta religión?

Dice Dios en un hadiz: “no me abarcan ni los cielos ni la tierra, pero me abarca el corazón de aquel que se abre a mí”. Y dice el Corán: “Dios está más cerca del hombre que su vena yugular”. El ser humano es un vicerregente (en árabe, califa) de Dios sobre la tierra, encargado del cuidado del mundo. El creyente es aquel que se hace consciente de este cometido y actúa en consecuencia, abriéndose a Dios y al resto de la Creación, y luchando contra sus egoísmos y pasiones personales.

¿Qué rol ocupa la mujer en el islam?

No hay un rol diferenciado para la mujer. El mensaje del Corán se dirige al ser humano (al-insan), sin distinción entre hombres y mujeres. Aunque el islam haya sido interpretado tradicionalmente en clave patriarcal, la lectura del Corán nos muestra que existe igualdad en el plano espiritual. En las últimas décadas asistimos a la emergencia de movimientos que reclaman el retorno a la concepción igualitaria del Corán, frente de las tradiciones patriarcales y de las leyes discriminatorias hacia las mujeres musulmanas.

¿Que diferencia sustancial hay entre una mezquita y otro tipo de templos?

Mezquita significa, literalmente, “lugar de postración”. Una mezquita no es un templo ni debe ser consagrado por ninguna jerarquía. Más allá de los edificios creados para posibilitar la salat compartida, debemos decir que allí donde se reúnen un grupo de fieles para postrarse ante Dios, surge una mezquita. Por eso el Corán nos dice que toda la tierra es una mezquita.

¿En qué medida su arquitectura responde a una función?

La mezquita debe reflejar la desnudez a la que aspira el creyente en su entrega confiada al Creador de los cielos y la tierra. Suele ser un espacio diáfano y sin imágenes. Los únicos símbolos habituales son caligrafías del Corán. El minarete es el lugar desde el cual se llama a la oración, de modo que la llamada sea escuchada en la distancia.

¿Encuentra similitudes entre el islamismo y otras religiones? ¿Y en cuanto a su oficio religioso?

¡Muchísimas! Todas las religiones comparten los mismos valores esenciales. Desde el punto de vista coránico, todos los libros revelados por Dios contienen la misma revelación con diferente forma. El Profeta Muhámmad dijo: “Los profetas son hermanos e hijos de diferentes madres, pero su religión es una”. Esta unidad esencial de todas las religiones no afecta a sus diferencias formales y rituales. Cada creyente debe ser libre de seguir sus propias prácticas de adoración, desde la conciencia de que todas las religiones provienen del Dios único. Pero para el creyente, la identidad se sitúa por encima de la divergencia, del mismo modo que la Unidad se sitúa por encima de la multiplicidad. Mientras más nos alejamos de la Fuente más destacan las diferencias entre las religiones, llegando a transformar la religión en una ideología separada de las demás mediante doctrinas y barreras conceptuales. En este punto hay que ser sumamente claro: alguien que cree que su religión es la única vía de salvación legítima es un idólatra, en la medida en que reduce a Dios a una manifestación histórica concreta. Como el lema de la Unión Europea, el islam propone la unidad en la diversidad.

¿Cómo se podría definir la identidad musulmana?

No existe una identidad musulmana reductible a categorías políticas o sociológicas. Y, de hecho, existen musulmanes en los cinco continentes, con culturas muy diversas. Cada musulmán sentirá como parte de su identidad una serie de elementos culturales propios de su tierra. De este modo, la identidad de un musulmán malayo puede estar más cerca de la de un cristiano malayo que no de un musulmán senegalés. Como musulmán europeo, me siento más vinculado al pensamiento posmoderno que a la cultura árabe.

Siendo así, la única identidad musulmana que reconozco es la centrada en una serie de creencias y de prácticas: el Corán como Libro revelado, la misión profética de Muhámmad, el apego a la salat… y sobretodo de valores: el anhelo de justicia, la generosidad, la hospitalidad, la compasión con el débil, el amor a la verdad, la sinceridad, el valor, la paciencia y el coraje ante las adversidades, la humildad, la cortesía y el respeto hacia los otros… Es por ello una identidad capaz de encuentro y de sincretismo con otras identidades, en la medida en que se reconozcan dichos valores como universales, propios del ser humano en tanto que criatura solidaria, capaz de trascendencia.

¿Cuál ve la situación de los musulmanes actualmente en el país? ¿Qué clases de estigmas siguen estando presentes?

La situación es crítica: precariedad social y organizativa, discursos islamófobos y rechazo social, discriminación con respecto a la religión mayoritaria, dificultades para ejercer con normalidad los derechos religiosos… a abrir mezquitas, a ser enterrados según el rito islámico, a tener acceso a la alimentación halal…

El discurso islamofobo vincula el islam a la violencia, al totalitarismo y a la discriminación de la mujer, crea un estereotipo negativo que vela la humanidad de los musulmanes. Los musulmanes son juzgados como una masa peligrosa y refractaria a los valores de occidente. La islamofobia es el antisemitismo del siglo XXI: todos y cada uno de los estereotipos que antaño se lanzaron contra los judíos se reproducen ahora con los musulmanes como víctimas. En España, la islamofobia está ligada a la persistencia del nacional-catolicismo, que vincula de forma esencialista lo español a una concepción reaccionaria (ultramontana) del catolicismo, que poco tiene que ver con el mensaje de Jesús. Si el catolicismo es considerado el núcleo de la identidad española, es evidente que los seguidores de otras religiones seremos considerados como una amenaza para dicha identidad. Esto se acentúa en el caso del islam, por razones históricas. La única solución pasa por reforzar el Estado de derecho frente a las visiones tribalistas, combatir la islamofobia, desarrollar la libertad religiosa y recuperar la memoria de al-Andalus como parte de nuestra identidad.


Entrevista a Abdennur Prado sobre su libro ‘El islam anterior al Islam’

marzo 19, 2008

Entrevista realizada por Dídac Lagarriga

– Este es tu segundo libro dedicado al islam, y nos consta que tienes en preparación alguno más. Parece que en ‘El islam anterior al Islam’, en concreto, tu intención era poner el dedo en la llaga a tabúes y distorsiones que coartan el mensaje liberador del Corán. En este sentido es un libro arriesgado pero imprescindible. ¿Cómo crees que lo recibirán, tanto los propios musulmanes como el público en general?

abdennurprado.jpgMás que de poner el dedo en la llaga, se trata de retirar el velo que los ulemas reaccionarios han tendido sobre el islam, sobre el mensaje del Corán, que como bien dices es esencialmente liberador… Se trata de volver al mensaje del Corán y desde allí retirar unos cuantos escombros, que nos impiden el camino. Reivindico el derecho al pensamiento, a abrir el Corán y acariciarlo y estudiarlo, para ver lo que nos dice a nosotros, y no para repetir lo que les dijo hace muchos siglos a los primeros musulmanes. Se trata de un trabajo en cierto modo destructivo, ya que son muchos los escombros que se interponen entre el creyente y el Mensaje del Corán…

Sobre la recepción de los musulmanes, ya he tenido algún retorno, aunque solo de gente cercana. Me han dicho que el libro recuerda algunas cosas básicas del islam, que todos los musulmanes saben y dan por descontado, pero que tienden a olvidar en la vida cotidiana. Para conocer más reacciones habrá que esperar a la divulgación del libro. Creo que provocará rechazo básicamente por el tema de la homosexualidad. Solo puedo decir que espero sea leído antes que criticado.

-Parece que vivimos necesitados de definirnos a cada paso, sin lugar para las autodefiniciones. Una de tus afirmaciones más rotundas la encontramos nada más abrir el libro, cuando aseguras que no te consideras ni sunnita, ni chiíta, ni sufí, sino un musulmán “a secas”. ¿Hasta qué punto crees que tu posición la comparten los musulmanes contemporáneos?

El decir que no me considero ni chiíta ni sunní no es tan extraño: ni el profeta Muhámmad ni sus compañeros se denominaron nunca así, y en el siglo XX varios pensadores musulmanes importantes dijeron algo parecido… No sé hasta que punto lo comparten o no los musulmanes contemporáneos, que como dices parecen tan necesitados de definiciones, y en muchos casos puramente ‘negativas’, en el sentido de definir el islam en oposición a todo lo que viene de occidente, algo que me parece lamentable… Para mí, la pregunta es la siguiente: ¿qué quiero decir cuando afirmo “soy musulmán”? Si los arabistas y los fundamentalistas definen el islam como una religión que prescribe la pena de muerte en caso de adulterio o de apostasía… se hace evidente que hablamos de cosas diferentes, que esto no tiene nada que ver con lo que para mí pueda significar la expresión “soy musulmán”. Hace poco leía un texto del consejo de ulemas de Arabia Saudí, diciendo que no es musulmán quien niega que los seguidores de todas las religiones excepto el islam son “infieles destinados al infierno”… Si esto fuera así, podría afirmar con orgullo que yo de musulmán tengo muy poco.

En el libro he tratado de abordar esta cuestión, partiendo del significado primero de las palabras árabes islam y musulmán, y poniendo en evidencia la contradicción entre el islam, con minúsculas, entendido como el estado de sometimiento consciente a Dios, y el Islam, con mayúsculas, entendido como religión histórica que se inicia en el siglo VII. Las dos acepciones de la palabra islam/Islam son correctas, pero solo la primera es la fundamental, la que define el camino espiritual que transitamos. En el momento en el cual vemos que la religión codificada, el Islam con mayúsculas, entra en contradicción con el islam, debemos romper con él y volver a esa experiencia fundacional. Y desde ahí recomponer la religión, aquí y ahora. Esto no es una visión moderna ni modernista, sino tradicional: el propio Corán identifica la idolatría con la religión heredada, en el sentido del seguimiento de unos ritos o leyes por puro tradicionalismo, sin reflexión actual sobre los fines. Este es uno de los temas centrales del libro.

– ¿Es esta una corriente mayoritaria entre el denominado “nuevo pensamiento andalusí”?

Tampoco sé decirte si esta idea puede ser compartida por el “nuevo pensamiento andalusí”, ya que se trata de un movimiento más bien informal. Pero sí puedo decir que entre los pensadores musulmanes andalusíes actuales, como Hashim Cabrera o Abdelmumin Aya, existe la tendencia a leer el Corán como un mensaje liberador, situado al margen o más allá de lo heredado, y sin duda para todos nosotros la Shía es tan lícita como puedan serlo la Sunna o el sufismo… No partimos de estas fracturas históricas, sino que nuestra búsqueda se remite a lo anterior a ellas. En este sentido sí creo que el libro se inserta en una corriente de pensamiento muy determinada, más allá de las diferencias concretas que podamos tener entre nosotros.

-En ‘El islam anterior al Islam’ los capítulos, aunque diversos, se tejen coherentemente y finalizan con una explosión de colores: los 72 aforismos. Personalmente, creo que este final abre todavía más tu postura y pone en evidencia prejuicios e ideas monolíticas. Consigues rodearte de siglos de heterogenia y pluralidad, que al fin y al cabo son la esencia del islam. ¿Todavía es así o la pobreza sensitiva se ha apoderado de todos los recovecos de la umma?

Yo no creo que la pobreza sensitiva se haya apoderado de la umma. Aunque sí en el plano más visible, propio de la sociedad del espectáculo, como es la política o los medios de comunicación de masas. Pero no debemos confundir la umma con la representación que se hace de la umma. Si uno viaja y se adentra en el mundo islámico, descubre entre los musulmanes más sencillos toda esa potencialidad liberadora del islam, vivido como un modo de estar en el mundo, como seres humanos conscientes, orientados a Dios y no al mercado. En definitiva, creo que la dimensión libertaria del islam está muy presente, incluso allí donde no aparecen más que sombras. Y creo que la representación del islam en los medios es tan oscura precisamente porque todo musulmán es un anarquista en potencia, en la medida en que sabe que su entrega se debe únicamente a Al-lâh, sin intermediarios ni doctrinas. El musulmán sabe eso, incluso el más conservador. Lo sabe cuando se postra, en el momento del cara a cara con el Creador de los cielos y la tierra. Yo creo que incluso aquellos musulmanes abrumados por el peso de la tradición han sentido alguna vez esa felicidad, esa ligereza.

– ¿Qué papel juegan los aforismos en el libro, en qué medida pueden considerarse una conclusión abierta, un cierre no dogmático?

Los aforismos tienen como objeto el mostrar como al final del viaje se disuelven las barreras… las palabras y los pensamientos entran en contradicción con ellos mismas, muestran su límite de criaturas. Existe un guión oculto que atraviesa todo el libro: el de la polaridad en la cual se mueve nuestro pensamiento, a través de categorías que se oponen a otras categorías: islam frente a Islam, anarquismo espiritual frente a ulemas reaccionarios, oriente y occidente, masculino y femenino… Todas estas categorías al final quedan disueltas en los aforismos. Son como intuiciones de una sabiduría que se sitúa al margen de toda codificación. El islam anterior al Islam apunta a una experiencia inefable, se abisma en lo sin forma. Lo verdaderamente importante está más allá de las palabras, en el estadio de pacificación del ser humano, donde las opocisiones quedan trascendidas.

– Hablas de superar el mundo de las oposiciones. ¿También la propia oposición entre islam e Islam? ¿Y qué decir de tu beligerancia hacia los ulemas reaccionarios?

Trascender las oposiciones es aprender a vivir con ellas. En el islam, como en otras tradiciones, coexisten las posturas más sublimes con las más mediocres, visiones abiertas junto a otras sectarias. En el mundo islámico llama la atención el grado en el cual esta polaridad se nos presenta, hasta el punto en que encontramos posturas diametralmente opuestas. Yo no reconozco el islam de Muhámmad en el discurso de los ulemas reaccionarios, como supongo que ellos no reconocerán el islam en un libro como este. Creo que este tipo de tensiones son propias del fenómeno religioso, de la inevitable institucionalización que se produce cuando los hombres se hacen cargo de un mensaje espiritual eterno. Se trata de una tensión con la que debemos aprender a convivir, como un mero accidente del paisaje. El ataque a los ulemas reaccionarios no es contra ellos, sino un llamado a volver al Corán, a la experiencia genuína. Yo mismo soy esos ulemas reaccionarios, como ellos son yo mismo. Lo que importa está siempre lejos de toda controversia, recuperar el islam como un camino espiritual, que propicie nuestra crecimiento y nos dé Salam, la Paz, que es uno de los Nombres de Dios en el Corán.

-En otro de los capítulos analizas ampliamente la usura. Tanto en las grandes economías internacionales como en la cotidianidad de la población musulmana, especialmente la europea, el sistema económico predominante a penas deja espacio para desarrollar alternativas. Tu crítica a este sistema economicista queda clara, pero ¿qué propones? ¿Existe una vía aplicable en nuestra sociedad que no entre en contradicción con el Corán ni con las leyes estatales, en este caso de España?

El capítulo de la usura se refiere también a la recuperación de ese equilibrio, del Salam o Paz como objetivo. Solo que en este caso se trata de la búsqueda de este equilibrio en el plano social y económico. Lo que propongo es precisamente esto. No soy economista ni sabría proponer modelos concretos… Hay dos capítulos del libro que quedan expresamente abiertos. Son más históricos, de algún modo. Lo que me interesa es romper con el encorsetamiento al cual se ha sometido al islam, y señalar nuevas conexiones. Uno de ellos es el capítulo sobre las relaciones entre el islam y las religiones orientales, donde se rompe con el concepto del ecumenismo abrahámico. El otro es el de la usura, que señala hacia la convergencia del islam con el movimiento altermundista. Creo que la cuestión de la usura es fundamental, en la medida en que aquí sentimos una incompatibilidad profunda entre el islam y el capitalismo salvaje que está destruyendo el mundo. Pero no se trata tan solo de la prohibición del préstamo con interés, sino también de devolver a la economía su dimensión ética e incluso su vinculación con la espiritualidad humana. Solo desde la perversión más absoluta se puede afirmar que la espiritualidad y la economía deben separarse.

Abdennur Prado
Ed. oozebap, enero 2008
Colección Asbab (vínculos) – 01
216 pp. PVP: 14 euros
ISBN: 978-84-612-0116-7

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“La lucha contra la discriminación debe involucrar por igual a hombres y mujeres”

octubre 15, 2006

Los días 3, 4 y 5 de noviembre de 2006 Junta Islámica Catalana organiza el II Congreso Internacional de feminismo Islámico, centrado en el tema de la Sharia y los códigos de familia vigentes en países de población musulmana. A raíz de esta convocatoria, hemos entrevistado a Abdennur Prado, director del evento.

¿Podrías comentar como nació la idea y cuales son los objetivos?

El proyecto nació de nuestro trabajo en Webislam. A la hora de contrastar algunas noticias de actualidad sobre el mundo islámico, nos encontramos con la otra cara de la moneda, justo aquello que la prensa mayoritaria en occidente tiende a ocultar: la existencia de un amplio movimiento intelectual dentro del islam, crítico al mismo tiempo con la modernidad occidental y con la tradición cosificada. Nos dimos cuenta de que en los últimos años habían aparecido numerosos colectivos de mujeres musulmanas que luchan contra la discriminación y reivindican sus derechos desde el marco del islam, en países tan distantes como Malasia, Nigeria o Pakistán, por citar algunos. Todos estos movimientos tenían algo en común, que hemos llamado “feminismo islámico”: la reivindicación de los derechos de las mujeres musulmanas en el marco del islam. De ahí surgió la idea de reunir a algunas de estas intelectuales y activistas en un congreso internacional, para visualizar el feminismo islámico como un todo, un movimiento de renovación de la ummah desde dentro. Esta fue una iniciativa pionera, que llevamos a cabo el año 2005. El entusiasmo suscitado por el primer congreso nos ha animado a seguir adelante.

Algunas personas creen que el feminismo islámico es en si un oxímoron, una contradicción. ¿Qué se entiende por feminismo islámico?

Es un problema de terminología. Para muchos musulmanes, la palabra ‘feminismo’ aparece vinculada a la modernidad occidental, con todo lo que esto genera de rechazo, sobre todo por la memoria del colonialismo y la degradación de la condición humana inherente a la globalización neoliberal. Frente a los aspectos destructivos de la modernidad, el islam se nos presenta como una tradición primordial, un modo de estar en el mundo que considera al ser humano como califa de Dios sobre la tierra, criatura capaz de trascendencia. Esto explica las dificultades de algunos para aceptar la expresión ‘feminismo islámico’. Pero, si reflexionamos un momento, nos damos cuenta de que no existe tal contradicción. Si por feminismo entendemos la lucha por el respecto de los derechos de las mujeres, en consonancia con el Mensaje igualitario del Corán, ningún musulmán dudaría de que el feminismo sea plenamente islámico. De hecho, y como dice Sheija Amina Teslima, la palabra ‘feminismo’ es redundante, ya que está implícita en la palabra islam. Por el contrario, para muchos no musulmanes la expresión ‘feminismo islámico’ se presenta como una paradoja, que viene a romper con el discurso dominante sobre la mujer en el islam. De ahí el impacto mediático del término.

Dentro del feminismo islámico hay una gran diversidad de posturas, como pasa también con el feminismo global.

La diversidad es inherente al feminismo, como movimiento que se inserta en la vida real de las mujeres. No pueden ser idénticos el feminismo de una sufragista inglesa del siglo XIX al de una marroquí del siglo XXI. Cada una de ellas debe responder a una situación histórica concreta. Del mismo modo, siempre han existido grandes diferencias culturales y de contexto en el mundo islámico. Las mujeres musulmanas no constituyen un bloque homogéneo y sus condiciones son muy heterogéneas y varían según sus clases sociales, su nivel de instrucción y su espacio geográfico. En algunos lugares el patriarcado se presenta con un rostro más agresivo que otros: Arabia Saudí, Irán o Afganistán. Pero existen países árabes donde las mujeres gozan de gran autonomía, como Siria. En el África subsahariana nos encontramos con sociedades musulmanas donde la mujer ha tenido mucho peso. Dentro del feminismo islámico existe una gran conciencia de esta diversidad como algo positivo, en confrontación tanto con el imperialismo cultural occidental como con el panarabismo promovido desde Arabia. Así, una activista de Indonesia, Lily Zakiyah Munir, puede rechazar toda vinculación del feminismo islámico que ella defiende con el feminismo árabe, afirmando que su feminismo se enraíza tanto en el islam como en la tradición de la isla de Java.

¿Podrías comentar las diferencias entre los diferentes tipos de feminismos dentro del mundo musulmán?

A nivel ideológico, suelen diferenciarse tres corrientes principales. Por un lado, nos encontramos con un feminismo de corte occidentalizante, que piensa que no existe posibilidad de igualdad de género dentro del islam, y que este debe combatirse. Este feminismo es un subproducto del colonialismo. Frente a él se alza el feminismo árabe, que reivindica la liberación de la mujer desde un paradigma cultural árabe-musulmán. El feminismo árabe es culturalmente musulmán, pero denuncia al islam como una religión patriarcal que ha perjudicado históricamente a las mujeres. La diferencia entre el feminismo árabe y el laicista de estilo occidental estriba en que el feminismo árabe reconoce en el islam un legado propio y diferenciador, del cual se pueden sacar aspectos positivos. Sin embargo, ambos denuncian al islam como religión patriarcal.

La tercera corriente es la del feminismo islámico, que reivindica la posibilidad de alcanzar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el marco del islam. Se trata de creyentes que rechazan el machismo imperante en la mayoría de las sociedades musulmanas. Este movimiento considera que se ha producido una degradación de la tradición islámica y una tergiversación de los textos sagrados. Es un movimiento espiritual, en un sentido muy profundo. Así, Amina Wadud insiste en que su feminismo es un resultado de su fe, que siempre se considerará creyente antes que feminista. Me siento plenamente identificado con este planteamiento: si me considero feminista es precisamente por el hecho de que soy musulmán, alguien que reconoce su sometimiento al Creador de los cielos y la tierra, y trata de actuar en consecuencia.

¿Hasta que punto estos feminismos están enfrentados? ¿Crees que pueden trabajar de manera conjunta?

No me cabe la menor duda: no solo pueden sino que deben trabajar conjuntamente. Pero para ello será necesario que las feministas culturalmente musulmanas revisen su concepción del islam como religión patriarcal, y las feministas anti-religiosas revisen su postura beligerante contra el hecho religioso. Es decir: que acepten con naturalidad la presencia de millones de seres humanos que quieren vivir la dimensión espiritual de su existencia, sin por ello tener que aceptar discriminación alguna. Por lo demás, desde el feminismo islámico no hay dificultades para colaborar con feministas árabes laicas o secularistas, como no lo hay en colaborar con feministas cristianas, budistas o judías. Debemos ser conscientes de que nos situamos en el tiempo de la globalización, que nos exige respuestas globales, desde el pleno respecto hacia las diferencias. Es necesario superar todo sectarismo.

¿Cuales son los mayores retos del feminismo islámico y por qué es importante llevar a cabo esta labor de reivindicación de los derechos de las mujeres musulmanas dentro del Islam?

Habría que diferenciar varios niveles. Por un lado, los retos concretos: proyectos sociales que tiendan a mejorar la vida de las mujeres, exigir a los estados que respeten los convenios internacionales que se refieren a los derechos de las mujeres, la lucha por la abolición o la reforma de las leyes discriminatorias, campañas contra los malos tratos y los crímenes de honor, por el acceso a la educación como un derecho de las mujeres musulmanas… Es necesario avanzar en la consolidación del feminismo islámico como un movimiento transnacional, una corriente legítima dentro del islam, creando redes transnacionales que compartan información y estrategias de combate. Es necesario propiciar espacios de encuentro entre intelectuales y activistas, para elaborar un proyecto sólido de emancipación. Debe estar claro que únicamente los movimientos locales tienen el poder de cambiar las cosas: ellos saben cuales son sus necesidades y sus posibilidades. Por otro lado, existe un objetivo general a largo plazo, que no es otro que el propio de cualquier feminismo: la abolición del patriarcado. En este punto debe quedar claro que el feminismo islámico no implica una reducción de las reivindicaciones feministas en su sentido más universal. El islam no es una religión patriarcal, y no podemos aceptar que el patriarcado siga rigiendo las relaciones sociales en el marco del islam.

El Congreso está centrado en el tema de la Sharia y los códigos de familia. ¿Puedes explicarnos el porque de esta elección?

El motivo es obvio: si hablamos de la lucha de las mujeres musulmanas contra la discriminación por razón de sexo, debemos analizar el contenido de estos códigos de familia, que en muchos aspectos son fuertemente discriminatorios. Hay que hablar del divorcio, de la poligamia, del aborto, de la segregación de los sexos, de la tutela del hombre sobre la mujer… de todos aquellos temas en los cuales las enseñanzas genuinas del islam son distorsionadas. Todo esto implica ser críticos con respecto a nuestra tradición jurídica, y reconocer que las grandes escuelas de jurisprudencia islámica fueron codificadas bajo los parámetros del patriarcado. No se trata de desechar el fiqh clásico, sino de realizar una aproximación crítica, que nos permita preservar lo más valioso de este legado inmenso. Esta revisión es hoy imprescindible. No podemos olvidar que existen movimientos políticos que reclaman la aplicación de la ley islámica tal y como fue codificada hace diez siglos, en un contexto totalmente diferente al nuestro, lo cual acaba significando una disminución de los derechos de las mujeres musulmanas.

Entonces, ¿está el feminismo islámico en contra de la Sharia?

En absoluto. Esta idea solo puede venir de alguien que desconoce las propuestas del feminismo islámico. La insistencia en combatir las injusticias que se cometen en nombre de la Sharia no es combatir la Sharia: es combatir las injusticias. Además, la Sharia no son solo leyes punitivas, como piensan los ignorantes, sino también hacer las oraciones y ayunar: ¿cómo va a estar ningún musulmán en contra de la Sharia? En realidad, los grandes enemigos de la Sharia son aquellos que pretenden aplicar unas leyes discriminatorias. Y no hablo de abstracciones, sino de la cruda realidad. Durante el congreso, Shaheen Sardar Ali nos hablará de las leyes houdud en Pakistán, donde se exige que la mujer que denuncie una violación tenga cuatro testigos varones que corroboren los hechos. De lo contrario, puede ser acusada de zina, adulterio, e incluso castigada por denunciar una violación que no puede probar. En estas circunstancias, la mayoría de las violaciones no son denunciadas, lo cual incentiva a los violadores, sabedores de que quedarán impunes. Y todo esto a causa de la fuerte presión de los partidos islamistas por mantener esta ley terrible, que nada tiene que ver con el islam, pero que es presentada como parte de la Sharia. Son estos grupos islamistas los que están creando entre los propios musulmanes un fuerte rechazo hacia la Sharia. Frente a esta realidad, el feminismo islámico puede verse como una defensa de la Sharia en la modernidad, a partir de una lectura igualitaria del Corán. Un buen ejemplo de esta actitud es el de Ayesha Imam, quien después de su combate contra las sentencias de lapidación y otras penas impuestas por los tribunales de la Sharia en Nigeria, ha defendido públicamente el derecho de los musulmanes nigerianos a regirse por la Sharia.

¿De qué manera pueden contribuir los hombres a mejorar la situación de discriminación en la que se encuentran muchas mujeres musulmanas?

No aceptando las discriminaciones que se cometen en nombre del islam, denunciándolas sin miedo. Debemos rechazar la idea de que el islam ha asignado roles diferenciados e inamovibles a la mujer y al hombre, recuperar el Mensaje del Corán como expresión de un orden basado en la igualdad ontológica entre hombres y mujeres. Hay que reconocer a la mujer musulmana su condición de califa de la Creación, encargada del cuidado del mundo, capaz de desempeñar todos los papeles. Uno de los puntos clave es la revisión de los patrones árabes de masculinidad, que no tienen nada que ver con el ejemplo del Profeta, que la paz sea con él. Debemos reconocer nuestra feminidad, el hecho de que lo masculino y lo femenino forman parte de nosotros, como cualidades que deben estar en equilibrio. En un sentido más concreto, promocionando a las mujeres a cargos de responsabilidad, no acudiendo a reuniones en las cuales las mujeres sean rechazadas o segregadas, exigiendo en nuestras mezquitas el acceso de la mujer en igualdad de condiciones… el feminismo afecta a nuestra actitud general ante la vida. Desde un punto de vista islámico, esta claro que la lucha contra la discriminación debe involucrar por igual a hombres y mujeres.

Pregunta: Dices que “debemos rechazar la idea de que el islam ha asignado roles diferenciados a la mujer y al hombre”, pero ¿no es la propia biología la que define esos roles diferenciados?

Por supuesto, la maternidad y la paternidad son diferentes y afectan de forma muy concreta a la vida de hombres y mujeres, alhamdulil-lâh. Pero no me refiero a lo que es obvio. El problema se produce cuando de las diferencias biológicas algunos derivan todo un sistema de pensamiento según el cual el hombre debe ocupar los puestos sociales de dominio, y la mujer se ve relegada al ámbito doméstico. El paso siguiente es decretar la segregación total entre los sexos, de modo que la presencia de la mujer en la sociedad se hace invisible. Ya en el siglo XII Averroes predijo que el apartamiento de las mujeres de la vida productiva significaría la ruina de las ciudades musulmanas: no se puede mantener a la mitad de la población en la pasividad. Esto no tiene una justificación ni en el Corán ni en la Sunna de nuestro amado profeta, quien se casó con una mujer extraordinaria, Jadiya, quien no solo era una destacada comercianta, sino también su jefa durante muchos años. El profeta limpiaba su casa y cocinaba. Sus mujeres no eran sus criadas, sino sus compañeras en una aventura espiritual comunitaria. Por supuesto, tampoco hay nada de malo en que una mujer se dedique a las tareas del hogar, si esto es lo que quiere. La cuestión es que a partir de las diferencias biológicas no podemos negar a las mujeres el derecho a ser jueces, ulemas o presidentas de gobierno, a ocupar cualquier cargo para el cual estén dotadas según su talento natural. La igualdad ontológica entre hombres y mujeres se sitúa por encima de cualquier diferencia biológica.
Los críticos afirman que el feminismo islámico es algo muy minoritario, restringido a círculos académicos. ¿Qué puedes decirnos de esto, cuales son las expectativas?

Debemos visualizar el feminismo islámico como un movimiento transnacional que se abre paso en todos los rincones de la ummah. Existen importantes movimientos de mujeres en todos los países musulmanes. La lista de organizaciones y sus objetivos es impresionante. Hablamos de grupos contra la ablación, contra los crímenes de honor, contra los matrimonios forzados, contra los códigos de familia sexistas. Hablamos de activistas que están realizando campañas importantes de alfabetización, de ayuda a las mujeres. Algunas de estas activistas se reconocen como feministas y otras no, pero su lucha coincide en muchos puntos con los propósitos del feminismo islámico. Desde mi punto de vista, es necesario hacer llegar a estos movimientos el discurso de pensadoras como Asma Barlas, Lily Zakiyah Munir, Ziba Mir Hosseini, Amira Sonbol o Shaheen Sardar Ali… y tantas otras. Este discurso está sólidamente enraizado en el islam, y ofrece todas las claves para contestar a las pretensiones de ortodoxia de los ulemas reaccionarios. En el momento en que sea divulgado, estoy seguro de que será percibido como algo necesario. Hay mucho por hacer, pero mi confianza en las posibilidades del feminismo islámico es enorme. Se trata de un movimiento que puede gozar de gran predicación entre los jóvenes musulmanes de todo el mundo, calar en unas comunidades que están hartas del fundamentalismo, un discurso que no responde a sus expectativas vitales y espirituales. Estoy convencido de que las estructuras mentales y jurídicas que pretenden justificar la segregación están condenadas a desaparecer, y que esta desaparición nos abrirá inmensas posibilidades de futuro.

(El Segundo Congreso Internacional de Feminismo Islámico tendrá lugar los días 3, 4 y 5 de noviembre de 2006 en Barcelona, en el Hotel Alimara. Más información, inscripciones y programa: www.feminismoislamico.org).


“El islam es una religión, no un sistema político”

febrero 15, 2006

Siscu Baiges – 15/02/2006
Fuente: Revista El Triangle / La Pau

Abdennur Prado no le gusta el término “converso”. Nacido en Barcelona en el año 1967, defiende un Islam avanzado, respetuoso con los homosexuales y el papel social de la mujer. Entre los años 2001 y 2004 fue el director de Webislam, la Web islámica en lengua castellana más visitada, y acaba de organizar el Primer Congreso de Feminismo Islámico, que ha llevado a Barcelona a mujeres de distintos países islámicos que defienden y reclaman un rol femenino más destacado en sus sociedades, a partir de su visión abierta de la religión.

Siscu Baiges: Eres secretario de la Junta Islámica. ¿Qué es y qué representa este organismo?

Abdennur Prado: La Junta Islámica es la entidad que preside Mansur Escuredo, el secretario de la Comisión Islámica de España, y que fue una de las fundadoras de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas. El vicepresidente de Junta Islámica es el presidente de esta federación, que agrupa a sesenta comunidades.

Del Islam se dice que se organiza de formas muy sui generis, que no cuenta con jerarquías claras, al contrario de la Iglesia Católica, por ejemplo.

Es muy anárquico. El funcionamiento en sí del Islam es comunitario, por afinidades. No hay una jerarquía que lo estructure y éste es uno de los problemas del Islam a nivel organizativo y, a la vez, para que los Estados lo controlen. En el fondo, las autoridades religiosas no lo son porque tengan un cargo, sino porque, realmente, tienen ascendente sobre los fieles.

¿Y la sabiduría?

En teoría debería ser así, pero la transmisión habitual del conocimiento se ha roto, porque desde los Estados, formados por el colonialismo en muchas ocasiones, se intentan imponer unas jerarquías que no responden en absoluto a las necesidades de la población sino a intereses políticos. Esto ha propagado una visión del Islam completamente reaccionaria y al lado del poder.

Se acusa al sector más conservador del Islam, el wahabismo de Arabia Saudita, de financiar la expansión del Islam en España.

Es indudable que las únicas grandes mezquitas construidas en España -Valencia, Marbella, Fuengirola, Madrid…- son todas financiadas por Arabia Saudita. En lo que se refiere a los imanes, las pequeñas comunidades… no hay tanta certeza. Sí que existen sospechas. Pero no sólo en España. Arabia Saudita también financia todas las madrazas y universidades islámicas de Marruecos, donde se forman estos imanes. La infiltración es total.

¿Y esto es peligroso?

Por supuesto. Más que peligroso es negativo para la integración del Islam como una religión aceptada dentro del espacio laico de convivencia común. De todas formas, la influencia de los imanes y las mezquitas es más visible que real. En el informe que ha elaborado la Generalitat para visualizar el mapa de las religiones minoritarias en Cataluña, se citan 140 sitios de culto musulmán “fijados”, controlados. Si pensamos que hay 300.000 musulmanes en Cataluña, deducimos que la mayoría no van a estos sitios. Van unos núcleos muy determinados. Primero, en la mayoría no pueden entrar las mujeres, a menudo con la excusa de la falta de espacio. Segundo, la mayoría son marroquíes y en muchas mezquitas de Cataluña antes de la plegaria, se invoca el nombre de Mohamed VI. ¡Es muy fuerte! Los beréberes o los saharauis no se sienten identificados, por ejemplo. Hay un nacionalismo panarabista marroquí que provoca rechazo entre muchos marroquíes que se han ido de su país huyendo de un régimen opresor y corrupto.

Y luego hay que tener en cuenta que la mayoría de inmigrantes marroquíes tiene otras prioridades: se tienen que buscar la vida. Quiero decir que la influencia es más la que le damos nosotros que necesariamente la real. También es cierto que el resto de musulmanes que están diseminados estudiando en las universidades o con profesiones liberales no se organizan como entidades religiosas, no se sienten representados por estos imanes y mezquitas.

Los musulmanes, aquí, también se deben organizar, agrupar por orígenes: los marroquíes con los marroquíes y los paquistaníes con los paquistaníes…

Esto es un fenómeno natural. Si vas a Nueva York, los hispanos, los latinoamericanos se buscan entre ellos, por solidaridad, porque han pasado un poco por lo mismo, porque tienen una cultura común, hablan de su pueblo, tienen un primo… En cierto sentido es negativo, pero es normal.

¿Cómo ve el colectivo musulmán inmigrado a los que os habéis convertido en la edad adulta?

Me hace gracia que el diccionario defina “conversos” como “los moros y judíos convertidos a la religión católica”. Yo no era cristiano antes de hacerme musulmán. Vengo de una familia agnóstica. No creo que nos vean de una forma especial. Algunos determinados colectivos se deben extrañar de que podamos hablar, escribir sobre el Islam…pero en general, muy bien. Al revés, he viajado a países de mayoría musulmana y a los “conversos” europeos nos recibían en todas partes con mucha simpatía.

Pero tú haces declaraciones que pueden chocar. Eres heterodoxo. Defiendes a los homosexuales, organizas congresos de feminismo islámico…

Sí, pero hasta los representantes de las mezquitas y del Consell Islàmic de Cataluña mostraron curiosidad e interés en la celebración de este Congreso de Feminismo Islámico.

El caso es que está muy fijada la idea de que el Islam margina a la mujer.

Se
mezclan cuestiones puramente culturales de los diferentes países -en las que yo no entro- y que en el mundo islámico se han impuesto, en un momento determinado, interpretaciones muy parciales, muy machistas. Hay una tradición jurídica que defiende esta exclusión de la mujer. El trabajo es volver a las fuentes y ver qué pasaba en la comunidad del profeta Muhamad, en Medina. Aquí, en Cataluña, muchas veces las mujeres no pueden entrar en las mezquitas. Dicen que porque no hay espacio pero en la mezquita de la M-30, en Madrid, sí que hay espacio y las sitúan escondidas, arriba. Y estamos en el siglo XXI, en el Estado español, pero es que en Medina, en el siglo VII, no era así. Las mujeres y los hombres rezaban en el mismo espacio, sin separación alguna. Es un ejemplo concreto pero hay muchos espacios. ¿Cómo se tomaban las decisiones? Se reunía la comunidad en la mezquita y hablaban unos y otros. Las mujeres participaban como los hombres. Cuando nosotros releemos el Corán desde nuestra cultura, vemos cosas muy distintas y vemos, claramente, que se ha impuesto una interpretación muy machista, muy parcial del Islam.

No hay autoridades jerárquicas, pero sí que hay unos referentes con ascendencia, como la universidad de Egipto…

Hay entidades que tienen mucho prestigio entre los musulmanes de todo el mundo. La Universidad de Al Azhar es una de ellas. De todas maneras, ésta es una universidad fundada en el siglo XI por los chiítas y tiene una historia impresionante, ya que iba gente de todo el mundo a estudiar allí. ¡Cómo no tiene que tener prestigio! Pero ha caído bajo control de los Hermanos Musulmanes y durante años ha excluido a las mujeres. Otra universidad muy prestigiosa, la creada por fatimitas de Keruan, en Túnez, fue fundada en el siglo X por una mujer. Y después, en el siglo XX, no podían entrar las mujeres. La Universidad de Fez, la universidad islámica más importante de Marruecos, fue fundada por una mujer, y después no las dejaban entrar. ¡Es increíble! ¡Algo ha pasado!

¿Cómo ves el combate de las mujeres dentro del Islam?

Lo veo como un combate de regeneración espiritual, con dos aspectos. Un aspecto de feminismo sociológico, social. Y, por otro lado, para recuperar un equilibrio roto dentro de la comunidad islámica. Averroes, el gran pensador andalusí del siglo XII, lo pronosticó: la exclusión de las mujeres de todos los ámbitos de la sociedad será la ruina de las ciudades musulmanas. Ha sido así. En el Primer Congreso de Feminismo Islámico se ha hablado de esto. Hay autores que defienden, que demuestran que el Islam no sostiene la sociedad patriarcal, en absoluto. La imagen de Dios en el Corán, no es masculina. Esto sería una idolatría porque sería asociar a la divinidad una imagen humana. Y segundo, porque no establece en ningún momento una división de los seres humanos, entre hombres y mujeres, en función de su sexo. El ser humano es designado en el Corán con una palabra árabe que designa tanto a hombres como a mujeres. Las bases ideológicas, metafísicas, de la cultura patriarcal no existen en el Corán.

Hay mujeres que se abren camino dentro del Islam pero no son precisamente feministas, no pretenden cambiar el rol actual de hombres y mujeres en las sociedades islámicas…

Sí, pero también es interesante destacar que, dentro de los movimientos islamistas, se tiene conciencia de que la situación de la mujer no se corresponde con los principios del Islam. Y estoy hablando de movimientos que son señalados habitualmente en Europa como muy reaccionarios. En Indonesia o en Malasia pasa lo mismo. El partido islamista de Indonesia, que tiene 40 millones de afiliados y es el más grande del mundo, tiene un discurso sobre el género y sobre la mujer que visto desde Arabia Saudita es totalmente revolucionario.

¿Qué valor le das al tema del vestir, a la polémica del velo?

En muchos sentidos, hay un sentimiento de amenaza, de pérdida de identidad en algunos colectivos que buscan en el vestir signos de identidad. Es curioso que se busquen signos de identidad en una religión tan iconoclasta como el Islam, donde, en teoría, no debería haber símbolos que la identificaran. En un grupo de personas no debería de existir nada externo que identificara quien es musulmán. Hay una obsesión enfermiza con el velo y con la barba de los hombres. Yo llevo barba pero no porque siga el Islam. Te encuentras gente que dice que se viste según la tradición islámica pero cuando te reúnes con musulmanes de distintos orígenes, todos visten de forma diferente. ¿Cómo entendemos esto?

Se habla mucho de la modernización religiosa de Marruecos. Hay quien dice que el modernismo pasa por un retorno a las fuentes…

Todos los movimientos que han acabado siendo reaccionarios en el siglo XX nacieron como reformistas y, entre comillas, modernistas. El wahabismo, por ejemplo. Los Hermanos Musulmanes nacen como un retorno a las fuentes para recuperar la pureza del mensaje liberador del Islam y… ¡mira dónde han ido a parar!

El otro extremo modernizador es Attaturk, en Turquía.

Attaturk es un auténtico monstruo, desde el punto de vista de los derechos humanos. Creó un Estado nación moderno, pero la modernización no tiene porque ser siempre positiva. Impulsó un nacionalismo turco exclusivo: una religión, un Estado, una nacionalidad, una lengua. Prohibió el velo, prohibió todas las cofradías sufíes, expropió sus bienes, impuso el alfabeto latino a la fuerza, metía en prisión a los que escribían en grafía árabe… Desde el punto de vista occidental del respeto a los derechos humanos y el valor de la libertad religiosa, Attaturk fue un desastre. Reprimió a las minorías de una manera brutal. Los kurdos, los armenios… No fue el responsable directo del genocidio armenio pero éste fue llevado a cabo por los Jóvenes Turcos mientras se producía este proceso de modernización, de crear un Estado-nación unitario donde las minorías sobraban. Este genocidio no lo cometió el califato otomano.

Muchas veces los movimientos islamistas lo que hacen es intentar crear un estado islámico. Los cristianos coptos, por ejemplo, han vivido muchos siglos en Egipto y estaban integrados y han empezado a sufrir discriminaciones religiosas durante el siglo XX. Por desgracia, esto se debe, en muchos sentidos, a la entrada de estos países a la modernidad.

¿Y lo que se llama la modernidad del Islam puede salir del Islam europeo?

Lo que sí que existe en Europa es una batalla por el control del discurso. En Europa hay inmigración de países de mayoría musulmana y una libertad de expresión que no tienen en sus lugares de origen. Yo he dicho cosas que no podría haber dicho en países de mayoría musulmana, sobre el Islam o el feminismo. Me acusarían de apóstata. Los Estados de origen temen el feed back que pueden aportar estos inmigrantes islámicos. El Islam que se desarrolla en libertad es muy distinto al Islam controlado por los Estados, que temen que vuelva un discurso liberador que cambie las estructuras.

El cambio dentro del mundo islámico vendrá, más bien, de lo que ahora se considera la periferia, cuando tomen protagonismo los movimientos de Malasia, Indonesia, Nigeria… Asocian Islam a Oriente Medio, que es donde es más difícil que se produzca ningún cambio. Pero en Indonesia y en Malasia el Islam tradicional es muy abierto. En Indonesia, el tema de la homosexualidad está completamente aceptado y es un país de 180 millones de musulmanes. Nunca han tenido problemas, y una mujer musulmana, Sukarnoputri, fue elegida presidenta. Hay muchos movimientos, muchos colectivos de musulmanes progresistas, en muchos países, pero no hay ninguna instancia que les aglutine y les de visibilidad.

Sería necesario crear una Internacional de los Musulmanes Progresistas.

Éste es uno de los objetivos a conseguir. Lo acaba de decir la Premio Nobel de la Paz siria, Shrin Ebadi. La gente de la UNESCO me ha pedido organizar el Segundo Congreso de Feminismo Islámico porque dicen que movimientos feministas o que luchan por los derechos de la mujer dentro del Islam hay en todos los países, pero son luchas locales que no han dado lugar a un movimiento transnacional, que les vincule, que les permita construir una causa común.

Islam y democracia son compatibles. Pero hay mucha gente que lo pone en duda y que recuerda que la mayoría de países de mayoría musulmana no son democracias.

El Islam es una religión, no un sistema político. Los sectores islamistas que hablan de la creación de un Estado islámico han tenido problemas insalvables para encontrar en las fuentes, en el Corán, en los dedos del Profeta, razones para justificarlo. En todo el Corán sólo hay una, dos o tres referencias, como mucho, que se puedan asociar a sistemas de gobierno. Y son más de 6.000 versículos. Es como buscar en el Evangelio la defensa de un sistema político. No está. Puedes sacar lo que sea de donde sea porque la capacidad humana de manipular es enorme. Tal vez el único versículo de todo el Corán que hace referencia al sistema de gobierno habla de la consulta, la shura. En la ciudad de Medina es lo que se hacía. Se reunían y consultaban. Y había casos en que el Profeta defendía una opinión y por mayoría se aplicaba otra. Era una comunidad, una pequeña ciudad. No un Estado.

La democracia no sólo es compatible con el Islam sino que el único principio coránico que habla de un sistema de gobierno hace referencia a la consulta y dice que “los creyentes son aquellos que tienen la costumbre de consultarse entre ellos en todos los asuntos que afectan a la comunidad”. Los conservadores interpretan que esta consulta es la que hace el emir, el califa, con un grupo de expertos, pero esto no es lo que dice el Corán.

Pero hay muchos musulmanes que viven entre nosotros y sus convicciones contrastan mucho con las de la gente de la calle…

La
gente de la calle tiene una visión del Islam muy condicionada por un orientalismo que no tiene nada que ver con la realidad. Bernard Lewis, que ha creado el término “choque de civilizaciones” dice auténticas barbaridades, está vinculado al Departamento de Estado de los Estados Unidos, es uno de los ideólogos del discurso sobre el Islam de los neocon. No es un académico inocente.

Pero lo cierto es que la Iglesia católica va perdiendo fuerza en nuestra sociedad; los laicos se frotaban las manos y ahora se encuentran que llega una gente muy religiosa que reivindica mezquitas en un momento en que se están vaciando las iglesias de los católicos…

Recuerdo unas palabras que dijo el que entonces era presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en una reunión a la que asistí: “El problema no es que esta gente sean creyentes, sino que son ¡muy creyentes!”: Una cosa es que crean como creen los cristianos muchas veces, que participen poco de los rituales religiosos, y otra es que el Islam sea una práctica. Para muchos cristianos, su religión es una creencia. El pilar del Islam es hacer cosas, no es creer en cosas. La creencia está en segundo lugar.

Si hay un colectivo del tipo que sea en la sociedad catalana, las instituciones tienen que velar por él y por sus necesidades. Si este colectivo tiene una demanda específica sobre alimentación se tendrá que regular desde las instituciones y facilitar la satisfacción de esta demanda. Porque sino habrá sacrificios de cordero fuera de control, por ejemplo… Cuando llega Navidad, el Ayuntamiento de Barcelona pone luces en las calles porque la mayoría de los ciudadanos celebran la Navidad. Pues, el día del Cordero o cuando los musulmanes hagan sus fiestas también se deberían implicar.

Si leemos el periódico, cada día nos encontramos con noticias en las cuales la palabra “Islam”, “islamista”, “islámico” aparece vinculada a violencia, terrorismo…

Los medios de comunicación sólo señalan lo que es negativo y noticia: los atentados, la violencia… ¿Cómo se puede evitar? Toda actividad humana es política por naturaleza. No tiene porque ser así pero cuando se habla del Islam político, se habla de movimientos islamistas que quieren implantar un Estado islámico, con aplicación de la ley islámica que amenaza la democracia, los derechos humanos….

El Islam es muy caótico. Hay 1.300 millones de seguidores del Islam. Si lees la prensa paquistaní, de Egipto o de muchos países de mayoría musulmana, te encuentras con que pasa lo mismo con las noticias que reciben de Occidente. Si vas a Pakistán y ves en la portada de un periódico una foto y la información de una familia de un pueblecito de Francia que violaba a los niños y los vendía, ¿qué imagen te creas de Occidente? Con mil millones de musulmanes en sesenta países distintos, ¡seguro que puedes elegir informaciones más positivas que las que nos encontramos en nuestros periódicos!

La asociación entre Islam y terrorismo no es inocente. Ha estado provocada, no viene de la nada, ha estado fomentada desde determinados medios de comunicación e ideólogos que apuestan por el dominio internacional del imperio de los Estados Unidos. Esto permite evitar que se articulen movimientos de resistencia o alternativos que tienen reclamaciones justas y que automáticamente son desautorizados, vinculándolos al terrorismo. Hablo del Kashmir, de Palestina, de Patany, en Tailandia, de Mindanao en las Filipinas, de Chechenia, de Bosnia en su momento. Es muy curioso lo de Bosnia. Ahora, en la prensa, te encuentras con personas a las que se las acusa de ser muy afines a Bosnia, de enviar dinero, entre las juzgadas por el caso del 11-S, pero el Ayuntamiento de Barcelona enviaba ayuda, alimentos a los musulmanes de Bosnia. ¿Estaba colaborando con el terrorismo islámico?

En Patany, en Tailandia, se hicieron unas manifestaciones, hace dos años. La policía disparó y mató a diez jóvenes. Otros asaltaron una comisaría, se llevaron las armas, se encerraron en una mezquita y los mataron. Mataron a 42 personas. La información aquí era que el gobierno de Malasia había aplacado la rebelión de un movimiento terrorista islámico. Pues no, se trataba de un caso evidente de represión de una minoría religiosa y lingüística. Estamos delante de la actuación del nacionalismo tailandés sobre una comunidad que tiene tradicionalmente unos fuertes vínculos con Malasia. Tailandia tenía un régimen budista confesional y, hace unos años, prohibió el velo y la enseñanza del árabe en las escuelas. Aplica una represión brutal que Naciones Unidas debería denunciar pero, claro, como no tienen representación ni nadie que les defienda… Detrás de esto hay reivindicaciones justas y que quede claro que yo no defiendo la violencia, pero la ONU reconoce el Derecho de los pueblos a la resistencia. Hace un par de años una juez italiana dejó en libertad unos jóvenes que habían estado detenidos porque iban a alistarse para luchar con la resistencia iraquí. Se basó en la Carta de las Naciones Unidas. Pero después, el ministro de Interior y el Tribunal Supremo italiano acabaron desautorizándola.

¿Está muy extendida la sensación, dentro del mundo islámico, que el Islam está siendo perseguido, aplastado?

Sí, sí, totalmente. Para entender las reacciones de los musulmanes en el mundo se debe saber esto. En el mundo islámico hay la sensación de que se está siendo aplastado ¡Por supuesto!

¿Qué es Al Qaeda?

Yo no lo sé. Estudié mucho el tema del 11-S y no tengo claro que Al Qaeda tenga nada que ver con esto y se lo he dicho, personalmente, a la persona que dirigió la investigación parlamentaria en los Estados Unidos. El propio Mansur Escuredo, presidente de la Comisión Islámica de España, lo ha declarado. Creo que es una cosa interna, un autogolpe de Estado. No pienso que sea terrorismo islámico. Y lo digo habiendo leído miles y miles de artículos sobre los movimientos de la Bolsa los días previos, sobre listas de los aviones en los que no aparecían terroristas; en todo el mundo islámico se ha visto el vídeo del padre de Mohamed Atta diciendo que habló con su hijo después de caer las torres gemelas…Y así cien datos más como mínimo.

Esta idea está muy extendida en el mundo islámico. Lo que pasa es que, por otro lado, para mucha gente desarraigada, de suburbios de El Cairo o Somalia, Bin Laden es un icono de la lucha en contra del imperialismo, de una forma muy infantil.

Hay hasta camisetas con la imagen de Bin Laden como hay con la imagen de Che Guevara.

Lo veo como un icono de la cultura de los Estados Unidos. Es una construcción mediática, creada por unos medios de comunicación determinados. He estado en Qatar meses antes de la invasión de los Estados Unidos a Irak. Al Jazira es una televisión financiada por el emir de Qatar y Qatar es la base más importante de Estados Unidos en Oriente Medio. He pasado por delante y hay más de cien mil soldados. Es una ciudad con kilómetros y kilómetros de alambradas, con aviones, armamento… es muy gráfico.

Es sorprendente que algunas encuestas hechas en Marruecos detecten un gran apoyo y simpatía popular hacia Bin Laden…

Esto se debe a la falta de liderazgo en el mundo islámico, por la represión que hay por disidencias. No hay líderes visibles con los que se pueda identificar la juventud. Súmale el componente contestatario de la juventud, en todas partes. Sabes que esto o éste no les gusta a los demás y te apuntas.

Con el supuesto lugarteniente iraquí de Bin Laden, Al Zarqawi, pasa alguna cosa similar…

Es la manera de desautorizar la resistencia, de vincularlo todo al terrorismo islámico, a pesar de que no niego que pueda haber un poco de todo.

Siscu Baiges es periodista. Esta entrevista ha sido publicada en el nº 18 de la Pau, suplemento de la revista El Triangle, pp. 6-7.
Traducción del catalán para Pueblos: María Riba
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