Una lectura anarca de Avempace

Al profesor Joaquín Lomba, en cuyos estudios
y traducciones de Avempace se basa este ensayo

Sabiduría: a la plebe le parece ésta una especie de huida, un medio y artificio para escapar bien a un mal juego; pero el filósofo verdadero —¿no nos parece así a nosotros, amigos míos?— vive de manera “no filosófica” y “no sabia”, sobretodo de manera no inteligente, y siente el peso y deber de las cien tentativas y tentaciones de la vida: se arriesga a sí mismo constantemente, juega el juego malo…

Friedrich Nietzsche
Más allá del bien y del mal, aforismo 205


1. Avempace como paradigma

Avempace es el nombre latino de Abû Bakr Muhámmad ibn Yahyà al-Sâ’ig ibn Baÿÿa (1085/90 al 1139). Ha sido considerado como el paradigma del sabio andalusí, antecedente del sabio renacentista, iniciado en las artes y en las ciencias, e implicado en los asuntos de su tiempo. Encontramos en ibn Baÿÿa todo lo característico de la alta cultura andalusí: pasión desbordada por el saber, como el más digno objetivo de un ser humano en este mundo, cultivo de las ciencias, orgullo de su papel como intelectual, un misticismo refinado, espíritu crítico e independencia frente al poder. Todo  ello dentro del marco de referencias del islam, de la filosofía helenística y del primer renacimiento cultural de Europa. Pero debemos considerar a ibn Baÿÿa como un intelectual original e independiente, cuyo pensamiento conserva una frescura digna de ser rescatada de los velos del lenguaje técnico en el cual se expresa. En este ensayo trataremos de recuperar algo de esta frescura, de la actualidad de un pensamiento que cruza las edades.

Lo primero que estudió fue música y poesía. Dos anécdotas nos ayudan a situar a nuestro personaje. Según Emilio García Gómez, la gran aportación de Avempace es la de unir la música de estilo latino con la árabe. Se dice que tras sus estudios se encerró con un grupo de esclavas cristianas expertas en música y canto, y que de ahí surgió un nuevo estilo. La segunda anécdota es también de carácter cortesano. Avempace presentó uno de sus poemas al emir ibn Tifalwit, recitado por una cantante. Entusiasmado, el emir se desgarró el vestido y prometió a ibn Baÿÿa que volvería a su casa pisando oro. Desconfiando de la promesa, y con mucha ironía, ibn Baÿÿa metió oro de su propia bolsa dentro de sus zapatos, y se marchó a su casa. El emir no cumplió, pero nadie puede decir que haya mentido.

Avempace destaca como científico: matemático, botánico, médico y astrónomo. No tengo ningún conocimiento para abordar esta parte de su obra. Remitimos a los lectores a los trabajos de Julio Samsó y otros eruditos. Según Titus Burckhardt: “Se debe a Avempace el pensamiento importante de que la fuerza que hace que un fruto caiga del árbol es la misma que mueve los cuerpos celestes.” Uno de tantos anticipos de la física moderna a la que nos han acostumbrado los andalusíes, aunque en Avempace esta fuerza cósmica que mueve los cielos y la tierra es muy distinta, no mecanicista.

Por último, Avempace ha pasado a la posteridad como el primer representante de la falsafa al-hikma, la unión de mística y razón tan característica de la filosofía islámica, en al-Andalus. Comentarista de Aristóteles y seguidor (no sumiso) de al-Farabi, unió la ciencia aristotélica con la corriente neoplatónica, que utiliza para sus propios fines como ser humano en busca del máximo desarrollo de sus potencialidades innatas, de su realización en tanto a criatura “capaz de Dios”. Se podría calificar a ibn Baÿÿa como un gnóstico, en la medida en que identifica a Dios con el Conocimiento. Pero, como trataremos de mostrar, ninguna fácil clasificación ni ningún tropo filosófico podrán dar cuenta de la originalidad de su pensamiento.

 

2. El Fin último del hombre

Si Avempace cultivó todas las ciencias es porque estas están ligadas a la consecución del fin último del hombre, que es el auto-conocimiento y el cumplimiento en acto de nuestra naturaleza. Nuestra obligación es ser lo que somos, ni más ni menos, y esto sólo se logra usando nuestras capacidades cognitivas, elevándolas desde sus grados inferiores y meramente pasivos hasta su plena activación.

El fin último del hombre es conceptualizado como “la unión del Intelecto Agente con el hombre”. En lo que sigue, voy a tratar de explicar lo que ibn Baÿÿa nos propone, pero saltándome en la medida de lo posible el lenguaje técnico con el que se expresa, tomado de la filosofía aristotélica del momento. Tal vez este sea el mayor impedimento que el lector actual encuentra para leer a ibn Baÿÿa, para sacar provecho de su pensamiento. Pero en la medida en que se supera podemos asegurar que lo que encontramos es sorprendente y altamente estimulante. Y esto es lo que he pretendido hacer, leer a ibn Baÿÿa de un modo descarnado, al margen del envoltorio conceptual en el cual él mismo nos presenta su filosofía. Creo que en el caso de ibn Baÿÿa esto no implica ninguna traición a su pensamiento, sino todo lo contrario. El envoltorio conceptual permanece como una forma que debemos trascender, un instrumento para alcanzar el fin último del hombre. Espero lograr transmitir algo de la belleza de su pensamiento, y pido a Al-lâh que haga de este intento un motivo de aprendizaje para todos.

§      Estadio animal (formas corporales): “todo placer es siempre sombra de otra cosa”

Toda la filosofía de ibn Baÿÿa gira en torno a la teoría de las formas, como esencias que configuran y caracterizan a las cosas, las cuales actúan según una forma que les es propia. En el hombre coexisten diferentes formas. Para no complicarnos, diremos que existen formas corporales, espirituales y que más allá de las formas se halla el Intelecto, como un motor que existe en el hombre capaz de trascender las formas.

Las formas corporales incluyen la materialidad, la naturaleza vegetal y la animal. A las formas espirituales se accede por medio de la razón y de la reflexión, algo propio del ser humano. El nivel superior al que debe aspirar el sabio es el de la unión con el Intelecto Agente. Se trata de realizar una ascensión desde el mundo de la multiplicidad hasta la unidad. Y para ello es necesario el uso de la razón y el intelecto humano, pero sin quedar preso de él.

Hablamos de los fines. Según Avempace, el objetivo máximo al que debe aspirar el ser humano es la unión con el Intelecto Agente. Sin embargo, es evidente que a lo largo de nuestra vida se nos presentan muchos otros fines, digamos más modestos. Aspiramos a seducir a una persona, o a sacarnos un título universitario, o a conseguir un buen empleo. La vida de cualquier persona esta rodeada de fines u objetivos, que se superponen los unos a los otros. El fin de comer es saciar el hambre, de hacer el amor es saciar nuestra pasión, pero el fin de comer también puede ser saborear un alimento, y el de hacer el amor buscar la unión con el amado. Todo eso forma parte de la vida de cualquiera, y el hombre no puede sustraerse a ello.

Y ahí viene la primera intervención de la reflexión, como instrumento que permite orientar o conectar los fines parciales al fin último del hombre. En su escrito Sobre el fin del hombre, Avempace escribe que todos los objetivos parciales que podamos tener en nuestra vida en realidad tienen un fin único, que es nuestra realización como individuos, el auto-cumplimiento de lo que somos por naturaleza. Conocerse a uno mismo y alcanzar el propio yo es el fin propiamente humano. En la medida en que no ponemos todos los fines parciales en función de este fin último, estamos renunciando a nuestra humanidad y comportándonos como seres meramente materiales.

El afán de poseer, el deseo de saber, el hambre, y hasta el propio instinto sexual en realidad son orientaciones ciegas, inconscientes, hacia la consecución del fin último del hombre. El individuo que no ha alcanzado su humanidad pasará su vida pendiente únicamente de satisfacer sus instintos más primarios, pero el sabio aplica la reflexión a estos instintos, se hace consciente de si mismo como criatura deseante, y de este modo aprende a re-orientar sus instintos hacia el verdadero fin del hombre. Para ello, es evidente que debemos reorientar nuestro deseo. No se trata de inventarle un fin artificial o abstracto a este deseo (de sublimarlo), sino de hacernos conscientes de que todo deseo es en realidad deseo de completarnos, deseo de retornar a la unidad perdida.

El hombre animal pretende que puede satisfacer sus deseos a través de las formas animales, pero por mucho que fornique, coma, beba o acumule riquezas permanece siempre insatisfecho. Destina todas sus energías a lograr cosas que en realidad solo le darán una satisfacción pasajera. Se hace capaz de robar, de matar y de cometer toda clase de atropellos para conseguir aquello que desea. Hacer cosas sin conectarlas al fin último del hombre es perder el tiempo. Los vendedores saben mucho de esto. Nos venden ilusiones, mentiras, el sueño de ser alguien a través de la posesión. Todo el sistema capitalista se basa en mantener al individuo en este estado que Avempace calificaría como de animalidad.

§      Estadio espiritual (abstracciones, formas espirituales)

Nos situamos pues en un segundo nivel en esta búsqueda de nuestra realización como personas, del fin último del hombre. La superación de la animalidad a través de la razón nos conduce a la ciencia, al arte, a un nivel de la creatividad humana. Esta pasa por la superación de la moral meramente represiva.

Para ibn Baÿÿa no sería exagerado decir que el estudio de la botánica o la medicina acercan más al hombre a la divinidad que no la moral. Más cerca de Dios está el científico que el hombre religioso, cuando el primero trabaja para mejorar la vida de sus contemporáneos y el segundo se erige en guardián de la moral del rebaño. Claro que el científico también tiene su ética, pero esta no es únicamente represiva, sino creativa. Dice Avempace: “La buena conducta únicamente se convierte en espiritual cuando se desprenden de ella acciones que logran esencialmente esta espiritualidad”. Es decir: cuando deja de ser meramente negativa (basada en preceptos y conceptos: no hagas esto o lo otro) y se convierte en un aliciente para realizar bellas acciones, para elaborar medicinas que curarán a otros, para construir acequias, para descubrir los secretos de los astros, para componer bellas melodías que elevan el espíritu, para despertar el sentimiento innato de belleza. Como dijo el Profeta Muhámmad (paz y bendiciones): Dios es Bello y ama la Belleza.

La razón es la capacidad de encontrar semejanzas entre las cosas. La analogía es el instrumento mediante el cual el hombre supera el mundo de los opuestos, el medio mediante el cual la mente es capaz de reconocer las relaciones que unen a las cosas entre sí. De este modo, se hace capaz de poner un fin que corresponde a la naturaleza animal en función de un fin superior. En este estadio la razón es el principal instrumento. Sin embargo, también es un estadio que debe superarse.

§      Unión del Intelecto con el hombre (trascendencia dualidad sujeto-objeto)

Cuando el pensamiento se gira hacia si mismo, se abisma en el propio pensamiento. Pensar el pensamiento, no como un objeto, sino como fundamento último de todo lo creado. Esta es la máxima objetividad, pues en este estadio no hay sujeto. No es la pretendida objetividad del científico positivista, sino el anegarse del sujeto en el Intelecto Universal, en el Conocimiento que actúa en todo y todo lo define. En este momento, el propio hombre es uno con el Intelecto. Conocer y conocido son lo mismo.

El hombre que ha realizado esta unión con el Intelecto Agente es aquel que ha transformado su intelecto de intelecto pasivo a intelecto en acto. Intelecto pasivo es aquel que se limita a recibir información y combinarla. Es creador de arte, de ciencia y pensamiento, pero todavía no ha alcanzado la perfección. Cuando el intelecto humano es iluminado por el Intelecto Agente deja de ser pasivo. El hombre deja de proyectar sus deseos a través de los objetos. Ya no desea cosas, sino que se ha fusionado con la Realidad en si. En este momento, deja de ser esclavo de los objetos deseados, y todo se pone a su servicio. Avempace lo dice textualmente: “todo en la creación se pone a su servicio. Se trata de un pensamiento aristocrático, en la medida en que Avempace es consciente de que este estadio es inalcanzable para la masa de los hombres, que permanecen atados de un modo u otro a su animalidad, y por ello siguen dependiendo de la moral y la razón.

Ahí aparece la figura del sabio solitario en medio de las gentes. A la figura que ha alcanzado este estadio Avempace la llama mutawahhidun, el Solitario. El Solitario es el ser que ya no depende de lo que le rodea, sino de Dios, al cual se ha unido como Conocimiento en acto, a través del Intelecto. Ya no es un mero conocedor, sino que todo lo que le sucede es Conocimiento. En realidad, todo lo que sucede es conocimiento también para nosotros, aunque no sepamos verlo. Nosotros hacemos interferencia, no dejamos que la Realidad se nos muestre en su luminosidad interna, no somos capaces de ver la Faz de Al-lâh en todo cuanto nos sucede y nos rodea. Nuestros fines egoístas y pequeño-burgueses no nos dejan ver el significado real que cada cosa tienen en su momento. Queremos disfrutar de las cosas y en realidad ese ansia insatisfecha es lo que nos impide alcanzar el verdadero placer de estar en el mundo de un modo natural. Queremos poseer esto o aquello, sin darnos cuenta de que nos estamos convirtiendo en esclavos de las cosas, renunciando a través de las posesiones a dar cumplimiento a nuestra naturaleza más profunda.

Para el hombre liberado todo significa, todo es revelación, todo tiene sentido de un modo inmediato e inmanente. La vida no es una acumulación de sucesos inconexos que nos sobrevienen, sino un camino que transitamos en busca del sentido, un camino en el cual tenemos la posibilidad de realizarnos, de desarrollarnos como criaturas capaces de amor y trascendencia, de poner en acto nuestras posibilidades innatas, nuestra verdadera naturaleza.

Todo lo que sucede tiene un sentido destinado a cada uno de nosotros, y se inserta de un modo lógico en nuestro camino de retorno a la unidad perdida, que no es otro que nuestro origen en la divinidad, en la Realidad Una y Única, que ahora se presenta como el fin último del hombre, aquel polo de orientación a través del cual podemos liberarnos de toda servidumbre. Las palabras que acabo de pronunciar tienen un sentido diferente para cada uno de los que las leen. Esto es aplicable a todo cuanto sucede a nuestro alrededor.

Todo, absolutamente todo cuanto nos sucede significa. Y a través de la captación directa del sentido de cada acontecimiento particular podemos avanzar hacia el Sentido. Pero, como he dicho antes, en realidad estamos cegados por los objetos, los tratamos como si fueran meras cosas sin sentido, cuyo único fin es el utilitario. Cosificamos el mundo a nuestro alrededor, no somos capaces de ver la vida no meramente material o biológica. Hacemos denso lo que en realidad es fluido, no somos capaces de fluir de un modo armónico con una existencia de la que nos sentimos desgajados, separados por un abismo de ilusiones.

El trascender el mundo objetual no quiere decir separarse de él, sino todo lo contrario. Solo el hombre que ha dejado de proyectar sus frustraciones en las cosas está plenamente en el mundo. Ya no se sitúa frente al mundo como si este fuera el lugar de su miseria, ya no ve las cosas separadas del fin último del hombre, sino como emanados de lo Uno. Los objetos no son ya impedimentos ni obstáculos que deba sortear para lograr su plenitud. No permanece preso del mundo objetual que debe trascender, sino que se sirve de este para sus fines personales, que son fines de naturaleza espiritual.

Entra en un mundo donde todo significa. Pasar del intelecto pasivo a Intelecto en acto quiere decir que el Intelecto desaparece como actividad mental, y se transforma en intuición directa de la Realidad. Deja de ser actividad racional y controlada por el ego, en la medida en que esta permanecía presa del mundo objetual. La razón trabaja a partir de cosas y de ideas, combinándolas y extrayendo leyes arquetípicas, buceando en el funcionamiento interno de las cosas para descubrir sus propiedades, desvelar los secretos de la creación. Esta es sin duda una actividad noble, pero todavía no es la perfección.

Nuestro cuerpo piensa, existe y cumple su deseo de un modo inmediato. No necesita proyectarse en ningún objeto material, ya que se basta a si mismo, se ha auto-realizado a través del auto-conocimiento que le otorga la unidad con el Intelecto Agente.

3. Un Placer eterno

Avempace califica este estado del hombre liberado como puro placer, alegría intensa, belleza indescriptible, gozo sin límite, esplendor. No hay en todo esto ni un rasgo de ascetismo. Solo estando liberados de las cosas es como podemos llegar a disfrutarlas, a tener una relación sana con ellas. Y esto se aplica tanto a las relaciones humanas como a todo lo que implica nuestra materialidad.

Avempace habla de una “ganancia añadida”. Este placer absoluto nos sobreviene como un regalo de Al-lâh, una ganancia añadida, algo inesperado y sorprendente. Es como quien busca el alimento. En realidad lo hace para saciar el hambre, de un modo primario. Pero se acerca a un árbol y descubre el sabor de las cerezas. El sabor no es lo que en un primer momento le había movido a comerse la cereza, sino el hambre. Del mismo modo, cuando buscamos la ciencia o el conocimiento, no buscamos ese placer, sino el conocimiento en si. Pero el placer sucede como sucede el sabor de la cereza, como un regalo de Al-lâh.

Lo que en un primer momento busca no es este sabor, sino saciar su instinto. El sabor le llega como un añadido. El problema es cuando ya solo busca el alimento pensando en el sabor, entonces corre el peligro de no avanzar hacia su verdadera meta, puesto que el ser humano desconoce que el Conocimiento tenga sabor. Dice Avempace: sería absurdo rechazar el alimento pensando que tal vez no nos dé ningún placer.

Esta es la máxima sorpresa que espera al sabio en su desvelamiento. Avempace habla de estupor, y no es para menos. El solitario descubre que la Realidad tiene sabor, que la unión con Al-lâh procura placer, alegría, un resplandor indescriptible.

4. La subversión de los valores (crítica de la idolatría de los medios)

Vamos acercándonos al carácter trasgresor del pensamiento de Avempace, un poco oculto en los velos de la filosofía. ibn Baÿÿa aplica su crítica a la idolatría de los medios a distintos campos. Esto quiere decir: existen instrumentos que en un momento dado son útiles para nuestro desarrollo espiritual, pero que no son un fin en si mismos sino un medio, un mero instrumento. En el momento en el cual los convertimos en un fin los estamos pervirtiendo, con lo cual pueden llegar a ser un impedimento para nuestra felicidad.

§      Crítica de la moral / religión

En primer lugar, Avempace realiza una crítica radical de la moral, en la medida en que corresponde a un plano inferior. Frente al hombre animal, algunos hombres oponen la moral y los valores éticos. La moral nos dice que es malo esto y lo otro, que no debemos robar ni matar ni cometer adulterio. Es un medio para hacer la vida social y material más agradable, y por ello es necesaria. Esto está muy bien, pero para Avempace es un nivel que debe superarse. La moral por si sola no logra el fin último del hombre, ni siquiera nos ayuda a auto-conocernos, en la medida en que es pura negatividad. Si la moral es evitar el pecado, no hacer esto o lo otro, en realidad es lo propio de un estadio de pura animalidad. El hombre necesita la moral para refrenar sus cualidades negativas, pero la moral no logra superarlas, sino tan solo reprimirlas. En este estadio se sitúa el hombre típicamente religioso, el sacerdote, el moralista, obsesionado con el pecado, con evitar lo haram (lo prohibido).

El moralista confunde la moral con el fin último del hombre, confunde lo que no es más que un medio propio de un estadio inferior de desarrollo, con un fin en si mismo. Avempace dice: “los medios, cuando no se sigue de ellos el fin esencial, resultan ser de modo necesario y verdadero inútiles y vanos”. Este pensamiento provoca un cortocircuito: la moral puede llegar a ser algo inútil, un impedimento en el cumplimiento de la unión del hombre con Al-lâh. Para Avempace, la moral choca con la verdadera espiritualidad, en la medida en que esta presupone al ser humano como un adulto, responsable de sus actos de un modo indelegable, capaz de decidir por si mismo lo correcto y lo incorrecto (como califa de Dios sobre la tierra). La moral es para aquellos que no piensan, que se mantienen en un estadio animal y por ello se hacen dependientes de la moral tal y como otros (los jueces, los sacerdotes) la han codificado.

Esto no quiere decir que el hombre racional rechace toda moral y se convierta necesariamente en un inmoralista, o que le estén permitidos cometer toda clase de delitos. Quiere decir que el hombre que ha superado el primer estadio de la animalidad ya no tiene deseos desviados y por tanto no necesita la moral. La moral es un estorbo, ya que al haber orientado sus deseos hacia la consecución del fin último del hombre ya no permanece obsesionado con la posesión de bienes terrenales, y por tanto se aparta de modo instintivo del pecado. De hecho este ya ni siquiera se le presenta como una posibilidad, pues todo su ser se orienta hacia otro fin. No necesita ser coaccionado para actuar correctamente, pues actúa correctamente porque va descubriendo (o recuperando) su verdadera naturaleza.

Si el hombre reflexivo no tiene deseos desviados es porque es un hombre satisfecho, a todos los niveles. En cambio, el moralista es un hombre esencialmente insatisfecho, obsesionado con reprimir sus deseos pero incapaz de darse cuenta de que estos deseos no son malos en si, sino que apuntan a más allá de lo animal. La superación de la moral en Avempace salva el deseo como algo en si mismo bueno, que simplemente necesita ser conocido y orientado, pero nunca reprimido. Por ello, y esto es muy importante, superar la animalidad no se logra renunciando al placer, sino realizándolo más plenamente. Dice Avempace: “todo placer es siempre sombra de otra cosa”. ¿Qué quiere decir esto? Que en realidad los placeres mundanos tienen un sentido que solo podemos descubrir si reflexionamos sobre ellos. El deseo sexual puede ser lo más sublime, ya que todo deseo es deseo de Al-lâh. Quien busca a Al-lâh en la unión amorosa permanece libre de su animalidad y tiene una sexualidad sana y virtuosa.

Dice Avempace: “El hombre virtuoso logra pues lo que otros quieren y pretenden, además de conseguir una ganancia añadida”. Y ya hemos visto que esta ganancia añadida es un placer indescriptible. En definitiva, frente a la moral represiva y frustrante de los deseos más íntimos del hombre, el sabio supera el estadio de la animalidad dando cumplimiento a su deseo y conectándolo con lo divino.

§      Crítica del sufismo

Avempace es en cierto modo un místico, alguien que busca fusionarse con la divinidad y cree que puede lograrlo sin mediación alguna, activando una facultad puesta por esa misma divinidad en su interior. Cree que para ello es necesario un determinado esfuerzo intelectual, pero que en última instancia la razón no alcanza y es únicamente Dios quien otorga la unión como un regalo. Pero no es un sufí, no pertenece al mundo de las cofradías ni se siente vinculado a ninguna cadena iniciática. En su obra El régimen del Solitario realiza una crítica a los sufies, por haber dado la espalda a la reflexión y al Intelecto como instrumentos de su liberación. Salta a la vista que Avempace se refiere aquí a cierto tipo de sufismo, caracterizado por su ascetismo y rechazo del intelecto. Un sufismo que, en determinados contextos, pasaba por ser el sufismo por excelencia: quedaría pues excluida toda gnosis: una cosa es considerar que Dios, en Su infinita potencia y misericordia, puede otorgar estados trascendentes a quien quiere y cuando quiere, y otra negar el papel del intelecto en el camino de la iluminación. Critica determinadas prácticas, a las que considera apegadas al estadio animal del hombre. Los sufíes a los que ataca son aquellos que creen que pueden liberarse mediante simples devociones, pasando el día en oración, o repitiendo letanías. Estas prácticas producen una liberación momentánea, pero permanecen apegadas a formas mundanas, y en muchas ocasiones son puramente emocionales o imaginarias. Avempace critica los éxtasis que se alcanzan mediante estas prácticas, en la medida en que no sean vinculados por la razón a la consecución del fin último del hombre.

§      Crítica de la razón / ciencia

Avempace se sitúa contra aquellos que rechazan la razón, pero también contra los que la idolatran. En el momento de la unión entre el hombre y el Intelecto Agente se trasciende la racionalidad, en la medida en que esta pertenece a un estadio dominado por la dualidad, por la alteridad. La razón actúa sobre las cosas, es un primer instrumento de nuestra liberación, pero igual que la moral o las prácticas sufíes, no tiene la capacidad por si misma de lograr la consecución del fin último del hombre. Una cosa es activar la potencialidad del conocer y relacionar los datos que nos ofrece la experiencia sensible, y otra es el Conocimiento en sí. Una cosa es razonar, reflexionar y orientarse correctamente en un mundo de objetos, y otra es fundirse con el Conocimiento, ser uno mismo conocimiento en acto. Una cosa es ser capaz de abstraer y de conocer las propiedades internas de las cosas, y otra cosa es conocer directamente a Dios. Por eso, el Conocimiento supremo está muy por encima de la razón. Si hemos visto como criticaba a determinado sufismo, ahora se hace evidente que no es en nombre del racionalismo, sino de una forma más elaborada de mística.

§      Crítica de la política / utopía

Por el mismo motivo realiza una crítica de la política. Como la moral, la política es necesaria para garantizar la convivencia a un cierto nivel, pero puede también constituirse en un obstáculo. Avempace tiene plena conciencia de que no es al nivel de la lucha política donde pueden resolverse las cuestiones principales, que son las únicas verdaderamente humanas. Con esto, equipara el plano de lo político con lo mundano. De ahí resulta que el problema político sea irresoluble. En consecuencia, Avempace no pierde el tiempo esbozando un método sobre como debería funcionar la ciudad perfecta, ni ofrece ningún tipo de solución a los males de su tiempo. Creo que Avempace tiene razón: el político se sitúa en un plano depredador, no suele superar el estadio inferior de desarrollo. La ambición de poder es característica, incluso cuando no aspira a tomar el poder concreto sino a mejorarlo.

La utopía de Avempace no es política, sino que conduce a una forma islámica de humanismo. Con esto se sitúa en oposición tanto de Platón como de su maestro al-Farabi, quienes habían trazado la figura del Filósofo-Legislador. También se aparta de ambos al considerar que el hombre no necesita de la sociedad para realizarse. Resulta extraño que un libro que se presenta como teoría política se convierta en una apología del apartamiento de la sociedad. Al sabio de Avempace le basta con Dios. El sabio busca trascender las oposiciones, y esto solo puede lograrse orientándose hacia el Uno. Pero (como veremos) es precisamente mediante esta actitud como logra influenciar en los planos inferiores, incluida la mejora de la sociedad en la que vive.

§      Crítica de los juristas / justicia

Para finalizar, Avempace realiza una crítica demoledora de los jueces y juristas. Ni la doctrina ni las leyes son un fin en si mismas, sino un medio. Para comprender el alcance de esta crítica hay que tener en cuenta el alto rango social que ocupaban los juristas malikíes de su tiempo, encargados de aplicar la Sharia, quienes se erigían en guardianes de las buenas costumbres, y que en los últimos tiempos habían instigado quemas de libros y persecuciones contra los filósofos.

En su crítica, Avempace les está diciendo a los jueces: sois necesarios únicamente en la medida en que la gente es imperfecta, y la gente es imperfecta porque sois necesarios, porque la ciudad enferma os ha situado en la cúspide. Y precisamente por ello estáis atrapados de la imperfección de las sociedades de las que os erigís en guardianes. El pecador o el delincuente sobre el cual dejáis caer todo el peso de la ley en realidad pertenecen al mismo plano de imperfección en el cual vosotros os movéis. Sois parte del problema, y no la solución.

No quiere decir esto que los jueces (como las personas de mentalidad legalista) sean necesariamente delincuentes o pecadores, sino que no han superado una visión animal de la Realidad, y por tanto no son capaces de ofrecer una respuesta creativa y realmente misericordiosa a la delincuencia y el pecado. De hecho lo crean y dependen de él para su subsistencia. Juez y delincuente se miran en el espejo de su animalidad.

Dice ibn Baÿÿa: mientras más imperfecta es la ciudad, más alto rango tienen en ella los jueces y los médicos. Y añade: el hombre libre no es agente ni guardián de la ciudad, se sitúa más allá de todo ese mundo legalista-moralista, más allá de lo halal y lo haram, más allá del bien y el mal. Si tenemos en cuenta la importancia que tienen los jueces en nuestra sociedad, nos damos cuenta de que la crítica de ibn Baÿÿa permanece intacta, en su maliciosa atemporalidad.

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Moralistas, iluminados, racionalistas, científicos, jueces, médicos, políticos. Todos ellos pertenecen a un plano inferior de nuestro desarrollo como seres humanos. A mi me gustaría añadir a esta lista también a los catedráticos y expertos que nos agobian con su superioridad intelectual. Creo que si Avempace hubiera vivido en un tiempo en el cual el saber se ha burocratizado hasta el extremo, lo habría hecho. Por la misma razón, puede deducirse que una sociedad centrada en el desarrollo material está presa en los planos inferiores, es una sociedad enferma. Ni siquiera los bienes ciudadanos tales como la tranquilidad o la salud son considerados por Avempace como fines en si mismos, sino que tienen por objetivo el permitir al ciudadano su orientación a lo divino, de modo que pueda alcanzar su fin último, realizarse como ser humano.

 

5. El Solitario-Solidario

Todo lo anterior constituye una critica demoledora a las instituciones dominantes de su tiempo (sistema jurídico, cofradías sufíes, orden político…). El hombre que se ha sustraído al poder de estas instituciones es el Solitario. Pero el Solitario no lo es por pura negatividad o espíritu crítico, sino por lo que afirma. La crítica no es un fin en si mismo, tiene por fin mostrar los velos que nos separan de nuestra plenitud. Aquí es donde la figura de Avempace revela su plena actualidad, como un genio universal, más allá de los velos del tiempo y del lenguaje.

§      La divinización del hombre

Hemos dicho que la liberación, auto-conocimiento y auto-realización del ser humano se producen a través de la unión con el Intelecto Agente. ¿Qué es el Intelecto Agente? En un lenguaje religioso diríamos que se trata del Ángel de la Revelación. Aunque (que nosotros sepamos) Avempace no lo dice de un modo explícito, esta es una idea que está en el fondo de la falsafa, de la filosofía islámica, desde ibn Sina hasta ibn Tufayl. Es una forma filosófica de explicar los contenidos de la revelación coránica. El contenido es el mismo, pero el lenguaje es diferente.

Ya hemos descrito antes el estado del hombre que ha realizado la unión con el Intelecto Agente. El hombre liberado de la servidumbre de las cosas se identifica y entra en contacto directo con la Realidad anterior a las cosas, que les ha dado existencia. Ya no es un mero siervo de Dios, sino su íntimo, su amado. Es uno con el Creador de los cielos y la tierra. Se convierte en creador, partícipe de la Creación de Al-lâh. Avempace dice explícitamente que este hombre ya no es meramente humano, sino que merece el calificativo de divino. Y añade: “todas las cosas están a su servicio”.

§      Negación de la inmortalidad del alma / cuerpo

El único objetivo de una vida digna es la inmortalidad. O, dicho de otro modo: una vida digna solo es posible para aquel que ha alcanzado la inmortalidad. Quien no aspira a la inmortalidad es ya una sombra de si mismo, se contenta con las sobras de la vida. Ibn Baÿÿa es uno de esos hombres que sin duda han alcanzado la inmortalidad, ya sea la de la fama póstuma, el premio del Jardín o las altas moradas del Conocimiento.

Sin embargo, esta inmortalidad no es equiparable a la vida del alma y del cuerpo individuales después de la muerte, a la que aspiran los hombres piadosos. La identificación con el Intelecto Agente llevará consigo la disolución de los individuos después de la muerte: de algún modo el individuo pervivirá en la otra vida, pero no de modo personal, y en cualquier caso sin un cuerpo. Si sólo el Intelecto Agente es inmortal, éste debe ser un principio individual, es decir, una parte del alma intelectiva que pervive después de la muerte.

En la medida en que se ha divinizado, el Solitario ha trascendido las limitaciones propias de su ego. Ya no aspira a la inmortalidad personal. Avempace postula la idea de una comunión espiritual en este mundo de los hombres liberados, que al haberse fusionado con el Uno han abandonado su individualidad. Y postula que esta comunión de las almas en este mundo es un anticipo de la unión de todos los seres humanos en el Uno, que se producirá después de la muerte física del cuerpo. De ahí que el placer infinito que siente el hombre liberado en esta vida sea un anticipo del placer del Paraíso, anunciado en la revelación coránica.

§      El Solitario en la ciudad enferma

¿Cual es la relación que mantiene el Solitario con la sociedad? El Solitario de ibn Baÿÿa no es un misántropo que desprecia el género humano, sino un ser humano consagrado al mandato de “conocerse a si mismo”. Se hace auto-suficiente, en la medida de lo posible. O, mejor dicho: se hace dependiente únicamente de Al-lâh, de la Realidad en si misma, y no de ninguna de sus manifestaciones particulares. Es pues capaz de renunciar a una determinada forma, por muy sublime que esta nos parezca, y vive desapegado de todo lo mundano. No es que de desentienda de la sociedad, es que no se esclaviza a ella. Y precisamente es este desapego lo que lo convierte en alguien capaz de guiar a sus contemporáneos.

Esto es justo lo contrario de la concepción política en Platón y al-Farabi. Para Platón, sólo aquellos que poseen el conocimiento de la Idea de Bien son dignos de gobernar al resto de los hombres, porque únicamente ellos poseen la techne, la técnica política apropiada, la capacidad de diseñar el funcionamiento idóneo de la ciudad. Del mismo modo que la razón gobierna a las partes irascible y concupiscible, el filósofo debe gobernar a guerreros y trabajadores. El filósofo como gobernante del Estado ideal es quien debe decidir cual es el lugar de cada individuo dentro de la estructura del Estado, dando prioridad en todo momento a los intereses colectivos sobre los individuales.

Por el contrario, para Avempace el individuo no está al servicio del Estado, sino la sociedad al servicio del individuo. Y precisamente por ello es inviable que su magisterio se realice a través de la política o de la religión instituida. Más bien, su desapego lo sitúa en la marginalidad. Es como disidente que puede guiar a sus contemporáneos. Esta guía no se realizará jamás en forma de ordenes y coacciones, como la ejercida por el filósofo-rey de Platón. El Solitario guía a los demás a través de su ejemplo y de su presencia, sin situarse por encima ni asumir ninguna posición dentro de un orden jerarquizado.

§      Elogio de la disidencia 

Esta es la clave de la política, su anti-utopía, su humanismo. Ibn Baÿÿa es anti-utópico en la medida en que rechaza que la consecución de la ciudad perfecta sea un objetivo final, un fin en si mismo al cual deba aspirar el ser humano. Es más: considerar la consecución de la justicia social como un fin es la confusión que no permite lograr esa justicia social. La utopía política es el velo que hace inviable la realización de la utopía. Solo a través de la orientación a Dios y el total desapego el ser humano puede alcanzar la perfección. Y solo en la medida en que el ser humano alcance la perfección puede contribuir a hacer más bella y justa su ciudad.

El ser humano se libra así de la tiranía en que consiste la política, no como una mera evasión, sino como una forma de oposición a esa tiranía. No hay nada que tema más el tirano que la independencia y el desprecio del hombre liberado de todas las cadenas que los tiranos de este mundo nos tienden. Es precisamente el convertir la política en un fin lo que genera tiranía, como proliferación de lo político, inflación de un orden político que todo lo devora. Es la obsesión por lograr una sociedad perfecta mediante leyes lo que lleva a los gobernantes a oprimir al pueblo.

Al-Farabi había considerado que el hombre es un ser social por naturaleza, y que por tanto su plena realización es dependiente de la consecución de la ciudad perfecta. Al mismo tiempo, ésta solo puede lograrse a través de la aplicación de la razón al conjunto de la sociedad. En la ciudad perfecta imaginada por Platón y al-Farabi no hay opiniones erróneas ni, por tanto, acciones injustas y malas. El Filósofo-Legislador razona por la masa.

Para ibn Baÿÿa la perfección del hombre no depende en absoluto de la ciudad perfecta, ni del ámbito político. No niega que un régimen político justo tenga efectos positivos, igual que los tiene la moral y la razón, pero sí niega que exista una dependencia entre la consecución de la ciudad perfecta y la consecución del fin último del hombre. La verdad es justo la contraria: la felicidad del hombre no depende de la ciudad perfecta, sino que la ciudad perfecta depende de la felicidad del hombre.

El pensamiento de Avempace es absolutamente libertario, su humanismo lo lleva a considerar al hombre como una criatura capaz de trascendencia, más allá de las formas. Y esto incluye la moral, la razón, la política, la ciencia, el arte… La felicidad del hombre no depende de nada perecedero, de nada que tenga que ver con el mundo de las formas, sino exclusivamente de aquello divino que hay en cada uno de nosotros. Nuestra perfección y suma felicidad están en potencia en cada uno de nosotros, como una semilla depositada por Al-lâh, una semilla que debemos tratar de cultivar con nuestro esfuerzo, poniendo en juego nuestras capacidades intelectuales y nuestra intuición de lo divino.

Así pues, la ciudad perfecta, los valores ciudadanos y el sentimentalismo son estados o ideas que el hombre liberado ha dejado atrás, no por rechazarlos sino por no ser dependiente de ellos.

Con esto, se comprende que ibn Baÿÿa califique al hombre liberado como un solitario: al-mutawahhid, palabra árabe que tiene el sentido implícito de “hombre unificado” (wahid significa unidad), que esta sólo en el sentido de que ha superado la dualidad, pero por ello mismo está unido al resto de las criaturas en lo Uno.

Este Solitario, este hombre liberado, se convierte en un extraño en la comunidad humana. Nos encontramos aquí con una apología de la heterodoxia. Para Avempace, es la capacidad del ser humano liberado de generar ideas rompedoras con la miseria circundante lo que hace avanzar la sociedad. Así, el Solitario de Avempace se separa de la sociedad, pero es un solitario-solidario.

La heterodoxia, la libertad de pensamiento, la capacidad del sabio de romper la norma, son los instrumentos mediante los cuales la sociedad se perfecciona. Se trata pues de una defensa acérrima de la disidencia, del derecho (e incluso el deber) a profesar opiniones contrarias a la norma colectiva.

Y esto es aplicable a la propia Sharia, la ley islámica, hasta el punto de que ibn Baÿÿa dice que en una ciudad verdaderamente perfecta los jueces no serían necesarios. No habría necesidad de que nadie aplique la justicia porque todo hombre actuaría justamente por naturaleza, y no por coacción.

El Solitario es un hombre que se adelanta a su tiempo, que rompe las normas en la medida en que estas se han cosificado. El Solitario se hace capaz de devolver las cosas a su condición de medios, en el momento en que los hombres las convierten en fines en si mismos. Romper con la idolatría de los fines, consistente en la reificación de lo que no es más que un instrumento, en dar un valor o una realidad en si misma a aquello que sabemos que es perecedero. Pues todo es caduco salvo la Faz de Al-lâh.

A este Solitario-solidario, lo designa con un nombre muy curioso, en árabe nabit, “mala hierba”. Ignoro si de ahí viene la expresión “mala hierba nunca muere” o si Avempace tuvo en cuenta esta expresión a la hora de designar al Solitario. En todo caso, creo que es un nombre clarificador del carácter trasgresor del Solitario de ibn Baÿÿa. No es el jardinero palaciego que unifica el jardín y le da una apariencia externa de armonía, sino el hierbajo imposible de arrancar que arruina las bellas utopías de los moralistas de todos los pelajes.

§      Anarquismo espiritual

El Solitario de Avempace se sitúa en el plano de la Realidad única. Ha trascendido la dualidad y las oposiciones. No ve lo negro enfrente de lo blanco, sino la unión en el instante en que se nutre de una luz cegadora. De ahí que la razón no le sea necesaria, como no le era necesaria la moral ni los valores ciudadanos Todo ello son instrumentos que tienen sentido en los niveles inferiores del despertar de la conciencia, pero que en última instancia deben superarse. No es de extrañar que Avempace haya sido comparado a Nietzsche. El profesor Zainaty lo ha considerado un precursor de Spinoza, y ha llegado a decir que ibn Baÿÿa se sitúa “más allá del bien y del mal”, en referencia al conocido libro de Nietzsche, con el cual encabezamos nuestra lectura anarca de Avempace.

Abû Bakr Muhámmad ibn Yahyà al-Sâ’ig ibn Baÿÿa es un sabio extraordinario, cuyo pensamiento es perfectamente actual, una vez que lo desnudamos del lenguaje técnico escogido por su autor…  y no se nos escapa que esta elección forma parte del mensaje, en un tiempo en el cual el cultivo de la falsafa tenía unas connotaciones transgresoras (prescindir del lenguaje religioso como el único capaz de expresar verdades trascendentes) que ahora no posee. Ibn Baÿÿa nos invita a la búsqueda del Conocimiento. No se trata de un saber libresco, árido o aburrido. Esto sería la mera erudición o acumulación de datos. En cambio, el verdadero Conocimiento tiene sabor, procura placer, un placer indescriptible y un sabor inesperado. El Conocimiento es lo único que puede liberarnos de las trampas de esta sociedad absolutamente legalista y enfermiza, que apela a nuestra animalidad ofreciéndonos imágenes devaluadas del ser humano.

9. Nuevos brotes de utopía

Terminamos con un poema de ibn Baÿÿa, la letra de una núba grabada hace una década por Omar Metioui y Eduardo Paniagua, cuya música recuerda sospechosamente al himno nacional de España o marcha granadera, de autor desconocido. Dado que ha habido intentos recientes de poner letras al himno, nos atrevemos a sugerir que se adopte este poema, un canto de amor de aroma trascendente que sin duda haría honor a una tierra que ha dado tan grandes personajes como ibn Baÿÿa de Zaragoza:

“Acaso la perfección de la belleza
no te dejó ver el cansancio de mi mente.
Aquel que te envió me respondió
con la somnolencia de mis párpados.
Seguí con las hermosas y vivo esclavo de mis deseos.
¡Si pudiera ver con mis propios ojos a mi Señor!,
¡ay! Si pudiera verlo.

Contemplar tu belleza vivifica mi corazón,
compadécete, tú que das la vida al desfallecido,
tu amor me agotó.

Tu belleza hermosa, por su hermosura es bella,
guía y seductora, locura para el que agoniza de amor.
Aquello que era guía se convirtió en un sueño,
y antes de caer en el amor, él me dominó,
me venció y gozó con su dominio,
penetrando en mi cuerpo.

Quise ser sumiso y no atendió mi deseo.
Si me hubiera escuchado, o hubiera estado cerca de mí,
con su ayuda me habría rescatado.
Contemplar tú belleza vivifica mi corazón,
compadécete, tu que das vida al desfallecido,
tú amor me agotó.”

Bibliografía

Avempace (Ibn Bayya), Libro sobre el alma, traducción y edición de Joaquín Lomba; Trotta: Madrid, 2007.

Avempace, Carta del adiós y otros tratados filosóficos [Risalat al-wada’], edición de Joaquín Lomba; Trotta: Madrid, 2006.

Avempace, El régimen del solitario [Tabdir al-Mutawahhid], edición de Joaquín Lomba; Trotta: Madrid, 1997.

Corbin, Henri, Historia de la Filosofía islámica; Trotta 1994. Capítulo Ibn Báyya (Avempace) de Zaragoza (pp.211-215).

Lomba, Joaquín, Avempace o la pasión por el espíritu; Pliegos de Encuentro Islamo-Cristiano. Darek-Nyumba, Madrid 1997.

Lomba, Joaquín, La filosofía islámica en Zaragoza, Zaragoza 1987.

Maribel Ortega Fuentenebro, Avempace, un sabio musulmán en la Taifa Hudi de Zaragoza (en internet).

Zainaty, G., La morale d ‘Avempace, Vrin, Paris, 1979.

Discografía

Ibn Báya, Núba al-Máya, por Omar Metioui y Eduardo Paniagua, Sony Classical 1997.

Ibn Báya, Núba al-Istihlál, por Omar Metioui y Eduardo Paniagua, Sony Classical 1995.

5 respuestas a Una lectura anarca de Avempace

  1. Juan Miguel dice:

    Bismillah
    querido Abdennur, tu artículo me ha impresionado y me ha descubierto la grandeza de nuestro sabio Ibn Bayya. Te felicito por tu dedicación. Me han gustado mucho las siguientes frases: “hacernos conscientes de que todo deseo es en realidad deseo de completarnos, deseo de retornar a la unidad perdida”,
    “Hacer cosas sin conectarlas al fin último del hombre es perder el tiempo. Los vendedores saben mucho de esto. Nos venden ilusiones, mentiras, el sueño de ser alguien a través de la posesión. Todo el sistema capitalista se basa en mantener al individuo en este estado que Avempace calificaría como de animalidad”, “No hay nada que tema más el tirano que la independencia y el desprecio del hombre liberado de todas las cadenas que los tiranos de este mundo nos tienden”.
    Salir del propio modelo mental y mirar desde fuera para comprender lo que está pasando, ir a la Kaaba y mirar qué hay dentro, sacar la cabeza por encima de tus nubes y contemplar las estrellas. Son varias maneras para aclarar la manera coránica de estar en el mundo y que Avempace entendió tan bien.
    Un abrazo,
    maa salama wa rahmatullahi wa barakatuhu.
    Juan Miguel

  2. Hola, me ha encantado tu artículo sobre Avempace, muy bien escrito y explicado. Sin embargo, te planteo tres cosas que, en mi modesto entender, pueden dar pie a algún debate:
    * en primer lugar, que el Solitario de Avempace es más bien poco solidario, antes que solidario como propones, pues propone el apartamiento, no la integración o la lucha por el cambio social;
    * en segundo lugar, cuando es casi divino, porque ha llegado a su perfección, ¿cómo puede evitar que los otros hombres que viven en estado de animalidad lo agredan o incluso lo maten? En su vida él mismo tuvo que huir en más de una ocasión. En la actualidad, una vía parecida a la de Avempace la tenemos en el Tibet, que fue invadido por China;
    * en tercer lugar, no estoy muy de acuerdo con considerar ácrata a Avempace. Sí hace tarea de demolición de lo establecido, pero no hay en él el aspecto de lucha contra el estado burgués de los anarquistas, sino que expresamente predica lo contrario: huir de la política. Solo de una manera muy hiperbólica se puede considerar ácrata a Avempace, que además vivió en el siglo XI (el anarquismo apareció en el XIX).
    En fin, de nuevo enhorabuena por tu artículo, que he leído con mucho interés.

    • abdennurprado dice:

      Hola, gracias por el comentario.

      No tengo las “respuestas correctas”, pero se me ocurre esto:

      1) el solitario sí lucha por el cambio, pero no desde el plano de los egos que se enfrentan entre sí: se aparta del plano animal para, desde el trabajo de transformación interior, poder influir en los demás.
      2) No puede evitar que lo maten, como no pudo evitarlo Jesús. De hecho, se dice que el propio Avempace fue asesinado.
      No veo la conexión entre el Tibet y Avempace!!
      3) Por eso utilice la palabra anarca y no anarquista. Anarca: ácrata sin -islamo, sin convertir su acracia en una mera ideología política. El anarca es im-político, rechaza la política oficial, participar en ese juego falso de las manipulaciones y de las representaciones de las masas. Cree en el ser humano integral, y se niega a rebajarlo a números sin rostro.

      Saludos!!

  3. Máximo dice:

    Hola. Muy interesante el artículo sobre Avempace, a quien apenas he comenzado a conocer.

    En lo personal, y hasta donde entiendo, me parecece genuina la referencia al ‘anarca’ en ese caso. Pues pienso que de su idea de la unión con el intelecto agente, en tanto meta última del hombre, resulta de suyo que todas las otras ‘uniones’ son sólo medios.

    Y asumir que el mundo y el orden social, en todos sus aspectos, son sólo medios, no significa negarles toda legitimidad sino sólo rechazar su pretensión de ser legítimos por sí mismos.

    En ese sentido creo que se podría hablar de ‘anarquía’, aunque en un sentido más interior que polìtico, en todas las formas de gnosis. Que algunas de ellas se han institucionalizado rígidamente al punto de tomar los medios por el fin, es otro cantar.

    Bueno, me disculpo. Mi intención era sólo agradecer el artículo y dejar un par de palabras, pero me extendí demasiado…

  4. elisakebe dice:

    Gracias, muy interesante este artículo… me ha llamado la atención el encabezamiento de la cita de Nietzsche…y su enlace con Avempace en cuanto a su anarquismo espiritual, en el que el sabio se sitúa “más allá del bien y del mal”; y una vez más en su crítica a los juristas, para expresar la situación del hombre liberado del estado de animalidad: ” el hombre libre […] se sitúa más allá de todo ese mundo legalista-moralista, más allá de lo halal y lo haram, más allá del bien y el mal.”
    un saludo

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