Lo que dicen las bombas

junio 9, 2003

Los cuerpos, las imágenes de luto
la destrucción masiva, sin máscaras, repica
en la conciencia y sangra la mente una palabra.

Una palabra es nada,
es humo y es volcán en esta hora
donde el hombre reinventa su sed incontestada,
donde el mal se enamora del oro y el delirio
de las bombas vislumbra a la virgen del sueño,
doncella de las cicatrices.

Para ella es este chorro de palabras,
sumadas una a otra tal vez un exorcismo,
tal vez es la medida de ese anhelo,
tal vez una mirada inhóspita a la guerra.

¿Todo esto lo dicen las bombas y el discurso
del mal o es el reflejo del mal en mi mirada?
Es la demente aurora de la usura
ocupándolo todo, robando a la inocencia
su palpitar acorde con lo que era.

Lo que dice el vecino, la radio, la impotencia,
la tormenta del odio sembrando en cada esquina
de la ciudad sus luces apagadas,
meciéndose en los hombres como oruga de seda.
Oh contorsión, oh indignación, oh rabia,
respuestas de la masa a la metralla,
de la estancada fuerza que celebra
su parálisis, se infla, se amotina…

No. No es suficiente, nunca es suficiente.
Quiero gritar, quemar una bandera,
romper con mis dientes un escaparate.
Quiero caer de bruces, arrancarme los pelos
y amenazar al mundo con el fuego
de una conciencia insatisfecha…

¡Que revienten los profetas
de la paz! ¡Que sus venas se caigan
en la luz! ¡Que el sol se evapore y la sombra
usurpe su corona! ¡Que la esperanza
caduque y su trinchera
se cubra de pasión y que la puerta
de la sed sea cubierta
de moho y absoluto! ¡Que el laberinto
defeque al puro monstruo en la conciencia
celeste del poder y que la sangre
sembrada sea bendita
por siempre!

Que cada hombre ejerza su derecho al desastre.
Que sea la conciencia del mal en cada uno
quien guíe las palabras hacia el suelo,
hacia la aceptación sin vanagloria.

Un clavo partido en el beso,
un clavo besado en la noche, en la antesala
ridícula el estanque de la larva desnuda
suda aleluya y canta contorsiones de niebla.
Mil rayos risa vientre el bombardeo.
Dios nuca alambre noche cercenada respuesta.
Ocaso canto escudo penumbra la masacre.
Creciente salmo fuerza sonámbula la muerte.

Una vez más son estas
las palabras, una vez más la guerra,
una vez más infierno relámpago en la tierra,
una vez más redonda ridícula el espanto,
una vez más cabeza derretida,
otra vez la presencia ciento a ciento del odio
para acabar volcán perfecto en holocausto desatado.

Siempre la misma lucha, el mismo rezo,
siempre el ojo del hombre violando a la gaviota,
y el miedo siempre al borde de estar insatisfecho
del hambre soberana, del hambre congregando
a los hombres exhaustos en su pozo invisible,
a los hombres redondos como un gran cisne roto.

Quillas los diablos occidente
y el mastín que reclama los jugos de la pierna
de piedra, de un hastío cubierto de carne destrozada,
de saldo y diente ecuestre y el delirio
como reina radiante ninfómana en su trono.

¡Que se caigan las aguas
al diluvio! ¡Que vuelvan a gozarse las compuertas
con la mano pillada! ¡Que el ladrón
se sacralice! Y lo prosaico ocupe
su puesto en el patíbulo del tiempo.
Y que el sol se atragante con canto degollado.

Los ojos en la mancha
lívidos de catástrofe y la víscera
bañándose en lo idiota de una espera
de plomo, de esa espera truncada
por el miedo en la atroz tubería de esperma
de la mente ¡Que vuelvan las lombrices
sus rostros al delirio! ¡Que vean como el sátiro castiga
su propia invocación en la palabra! ¡Que sangren
las niñas protegidas! ¡Que sean golpeadas
las manchas! y las venas del viento
que vuelen a borrar la superficie
manchada de petróleo.

Un resplandor total
anulará la sombra: todos podremos verlo
un mínimo segundo y al siguiente
ya nadie lo verá. Pero entre tanto
la rueda de la muerte colectiva en el circo
girará aún veinte veces. ¡Será una dura prueba
ver rodar las cabezas separadas
del tronco familiar! ¡Será bello besar
los labios sin la luz ni el maquillaje
del fuego en pleno centro de la muerte!

Cuando el sonido de árboles extinga
este ruido de latas de la furia, definitivamente,
cuando la última bomba nos conduzca
al sabor de ese humo transmutado en cereza
del martirio.
Entonces el desastre será el signo
de una nueva promesa.
¡Gloria al azul celeste que enamora!
¡Gloria a la nieve verde que circunda
los corazones en tiempos de guerra!

El horizonte, el mal que está en su sitio,
en el perfecto lugar, en la perfecta tierra,
en la precisa hora de su muerte
verá su nacimiento.
Un oscuro motivo nos conduce
a través de la entraña, camino de la gloria,
a gustar el sabor de la ceniza.

A unos la metralla, el lucro y la locura
de la virgen de piedra.
A otros el contentamiento,
el saber de los signos transmutando esa piedra
en mansedumbre, oh sol de la belleza.

Serenidad en medio del campo de batalla,
sembrado de promesas, de dones, de futuro.
Oh eternidad que se abre como grito.

Multitudes acuden, la gloria las convoca.
La doncella es el árbol y es la guía,
la presencia de un rostro luminoso
en el fondo de todo precipicio.

Crece el amor en medio de la guerra.

Primavera iraquí del año
2003, 1423 de la Hégira


Las noticias del aniquilamiento

mayo 5, 2002

… Paul Celan.

Con estos mismos labios,
las noticias del aniquilamiento,
las caricias del tiempo.

Bésame con los ojos abiertos,
con las manos abriéndose en el suelo,
oh canción de las ruinas de Cartago,
muchachas de New York o de Yakarta,
mártires de Palestina.

Donde todo se acaba y recomienza,
en un pozo sin fondo la mirada,
el brillo de tú frente sobre el suelo,
el sol encadenado a tú cintura.

Con estos mismos labios,
la canción del comienzo,
los signos de la entrega,
de la sangre y la voz transfigurada
de negra luz a sumisión sonora.

Ábreme con los signos del comienzo,
con el alfa y omega, Sulamita,
con la presencia de una sola llama
de amor, de labios, cantos y corona.

Llévame al infinito de tu mundo,
a la nada del hombre,
al Nombre del vacío que se llena
de sonido y de aroma,
como una mordedura de serpiente,
para acabar con todo lo que acaba.

Con estos mismos labios,
la nobleza en el aniquilamiento,
con esos mismos Nombres que no digo,
mártires de Palestina.

Son labios de cuchillo,
voces de donde viene el trueno,
de donde los corceles,
son las imágenes del terremoto
que habrá de destinarte.

Voz sinuosa a tientas de la nada,
recompones la turbación del lodo,
de arcilla fugitiva,
de la precariedad de la materia.

Oh rendición sonora,
concavidad de la mirada,
de la apertura a un mundo sin medida.

Da voz a la matriz que hay en tu sueño,
al mar que hay en tu llanto,
creadora de formas creadora
de un mundo que adorar como a una amada,
da voz al oído y oídos al tiempo,
un modo de nadar hacia el oriente,
de perpetuar los ritmos ancestrales
del día y de la noche.

Oh la alabanza, el bello bien que viene,
que activa la potencia.
Los mundos paralelos,
la vida entrecruzada de terror y de tedio,
de muertes y colores,
de fuego fatuo y majestad de madre,
de potencias sin nombre ni palabra.

Oh Sulamita, sed del paraíso,
esposa de los mártires y madre del instante,
donde la muerte se abre como flor.
Camino recto desde que te anhelo.
Desde que te adivino en la penumbra
de los más bellos Nombres
camino sin camino.

Oh Sulamita,
hermanas de Jerusalem o de Macondo,
mártires de Palestina,
las caricias del aniquilamiento,
la comunión de todo lo que muere.


Revelación de la planta

febrero 18, 2002

Al-lâh se revela, constantemente se revela,
y en esta rebelión está mi fuerza:
nada me sujeta.
Los mundos arden en la punta de una mano que es cien manos,
de una mano que surge de un brazo que es cien brazos,
de un cuerpo que es cien cuerpos,
que tiene cien raíces.
Todo es Nombre,
todo en mi cuerpo dice que Sus Nombres abren un espacio
en el hombre al que Al-lâh se ha revelado…

Se revela con Sus Nombres,
con Sus más bellos Nombres según dicen.
Se revela en el cuerpo,
la Majestad y el Creador,
el mundo y sus desvelos,
la Luz y Su Mensaje.

¡Creyentes! Él es El que existe,
se revela en la existencia de lo extenso.
Cuando Al-lâh, el Altísimo, Se revela,
el cuerpo es desplazado de si mismo,
aparentemente roto y fulminado,
pero esa percepción desaparece
y reaparece el cuerpo en si mismo,
ya no como cuerpo separado
sino extensión que fluye del recuerdo.

No existe nada fuera del origen.
El Yanna y el Yahannam son dos fulguraciones
de Su Nombre el Existente.
Si invocas a Al-lâh con éste Nombre,
debes saber que el fuego del hogar eres tu mismo,
que eres el recipiente de la rahma,
el cáliz de agua viva.
Si tu le llamas debes oír como responde,
como surge en ti mismo la voz que te responde.

Eres un cuerpo con todos sus derechos,
un cuerpo que lavar, al que dar de comer,
que quiere sexo, un cuerpo decisivo aquí y ahora,
cuerpo que te demanda un intenso cuidado,
reposo si reposas, respuestas si preguntas.
El Existente existe en virtud del cuerpo que se enraiza,
un cuerpo que recibe bendiciones,
aliento y sobrevuela espacios y moradas,
cruza por precipicios de deseo,
se entrega a un cuerpo-otro que es el mismo
cuerpo de luz que fluye en la materia.

La unión nos precede, pero no está detrás:
está delante y desdoblándose en ti mismo.
Tú eres el existente, el cuerpo que transita por la calle,
surgiendo de la noche de los tiempos.

Fulgor, teofanía, paciencia abierta al cuerpo del poema,
paciencia y calma cálida desciende
como un rumor de Nombre recibido,
con una paz de lluvia en la batalla.
La resistencia entonces no es un magma
de dudas que entorpecen el camino
sino lo que te fuerza hacia el camino
e impide tu derrota.
Es el camino recto, la rectitud del sol hasta la tierra,
de agua en su caída generosa.
Es el camino recto,
camino de energía que recorre
la columna vertebral de árbol y del hombre.

Eres el cuerpo, un cuerpo recibido,
una luz escondida y un tesoro que debe germinar en cuerpo,
dejar cruzar la salvia desde el vientre
al séptimo camino,
por la columna vertebral del tiempo
hasta la incandescencia de la apnea.
Eres la división en partes de la tierra,
eres el animal de todos los fulgores,
la planta que verdea, la piedra que se sabe indestructible.
Todos los reinos dan una medida
que debes habitar en el instante que verdea.

Nada más bajo que esto, nada más alto que esto.
El punto decisivo, el locus de amor
donde los malaikas te encuentran sereno
como la lluvia cuando brilla.

No tengo una noción declarada de los límites si amo,
no tengo una postración finita si Te amo,
no tengo sabor a muerte si repito
el Nombre de Al-lâh el Existente.
Todo es espacio acorde con lo que era,
con lo que fuiste siempre como un árbol
de hojas mojadas por la lluvia,
nacido en el instante de la entrega.
Eres el corazón del mundo si estás vivo,
en todos los caminos hallas el firmamento,
en todos los destinos un gesto te saluda,
te da la mano el pájaro en su nido,
se posa entre tus ramas una ardilla,
te da la mano el viento.
Te abrazan vendavales y estás solo,
interminablemente solo
pero dentro de un mundo que verdea.

Si las plantas resucitan,
si tu crees que las plantas resucitan
estás vivo como cuerpo que verdea,
siempre rejuveneces al toque de trompetas silenciosas.
Tú cuerpo es entonces como planta,
como mínimo gesto de vida sobre la roca permanente.
Tú no envejeces más que en apariencia.
Eres el animal de todos los presentes,
el animal domado por el Nombre de Al-lâh el Existente.

Nada me sujeta…
pero como planta estoy sujeto en el instante,
me enraizo en el instante.
Me debo a mis raíces,
al modo de quedarme parado en una esquina
contemplando las aceras,
los ríos suaves del firmamento,
contemplando las nubes como traen agua que me renace.
Como planta el reino se hace permanente,
la casa está adornada,
la voz se reconcilia con lo suave
de un despertar a tientas de otro reino.

¿Comprendes?
Tan solo como planta soy el que siempre resucita,
a cada momento rejuvenezco y venzo al cabizbajo que me ronda.
Debes creerme: soy el que florece.
Es el sometimiento del cuerpo al nuevo nacimiento,
a las luces y signos que inundan el camino.
Como los girasoles, tienes la semilla.