El lenguaje de la Revelación

Al hablar del lenguaje de la revelación debemos aclarar de entrada que no nos estamos refiriendo únicamente al lenguaje del Corán, ni mucho menos a la lengua árabe. El Corán enseña que Al-lâh da vida a las cosas mediante la Palabra, lo cual nos remite a un universo donde todo es elocuente  (1). Se trata de un Decir que conmociona al hombre, lo despierta a la transparencia de los significados más profundos. La palabra es la espada del islam, capaz de separar lo confuso de lo claro. Y nuestro islam crece a la sombra de la espada, cuyos dos filos hacen referencia a dos polos en tensión, a dos horizontes, oriente y occidente, tierra del alba y tierra del ocaso. Hablamos de la condición del ser humano sobre la tierra, de la necesidad de la revelación para superar la fractura de la presencia, la separación entre la realidad y el deseo, entre las palabras y las cosas, entre lo exterior y lo interior, entre la materia y el espíritu. De superar lo que el Corán expresa como salida del Jardín del Edén.

El Corán, entendido como texto, no agota el contenido de la revelación. Cualquiera que se haya aproximado a él, sabe que en el Corán el concepto de revelación va mucho más allá del propio texto del Corán. En primer lugar, los signos de Al-lâh no son únicamente las palabras del Libro escrito, ni quedan reducidos al ciclo de la profecía. La palabra árabe ayat (aleya) es usada indistintamente para referirse a los signos de la naturaleza como a los versículos del Corán, estableciendo una relación entre revelación natural y escrita. De ahí que el pensamiento islámico tradicional haya establecido esta dualidad entre el Libro revelado, al-kitab al-mastur, y el Libro del universo, al-kitab al-manshur. Todo en la Creación es aleya, signo de Al-lâh, vestigia Dei, a través del cual la Realidad única se nos revela, el mundo nos revela la Unidad que subyace detrás de toda representación. La lluvia, el hambre, los frutos, la muerte, los gestos, los seres, los nombres, la marea… todo lo que vemos y sentimos son signos coránicos, aleyas del gran Libro.

En segundo lugar, tenemos el resto de los libros revelados, y la obligación del musulmán de aceptar todas las revelaciones anteriores (2):

Y no discutáis con los seguidores de revelaciones anteriores
sino de la forma más amable
—a no ser que sean de los que están empeñados en hacer el mal—
y decid: “Creemos en lo que se ha hecho descender para nosotros,
y también en lo que se ha hecho descender para vosotros:
pues nuestro Dios y vuestro Dios es Uno sólo,
y a Él nos sometemos.”

(Corán 29: 46)

Quien acepta el Corán como Palabra de Al-lâh debe aceptar todos los libros sagrados de la humanidad como emanados de la misma Fuente. Esta aceptación no puede ser fijada: dice el hadiz que Al-lâh envió a 313 Rasul (mensajeros) a la humanidad, quienes trajeron un mensaje en forma de Palabra revelada. Y el Corán nos dice que Al-lâh ha enviado a sus profetas a todos los pueblos, en todas las lenguas. La Torá, los Vedas, el Zend-Avesta, el Tao Te Ching, el Evangelio, el Corán… son libros en los cuales el musulmán tiene la obligación de creer. La revelación es la quintaesencia de la creación, no es un suceso que pueda limitarse a un momento histórico preciso. Es un acontecimiento metahistórico, en el sentido de que trasciende y engloba lo histórico, sin quedar preso por ello. El Mensaje de Jesús —paz y bendiciones— va más allá de la situación de la Galilea de su tiempo. Abrahám, Jesús, Muhámmad, Moisés… son personajes históricos, pero también son más que eso. Un profeta es el recipiente a través del cual se manifiesta la Palabra de Al-lâh, una donación de sentido, y cada profeta actualiza el mismo mensaje eterno.

Esta recepción implica superar la brecha entre el uno y lo múltiple, por ello el Rostro de Dios se hace múltiple al contacto con las cosas: la revelación (recitada o escrita) es ese contacto. Cada Profeta se relaciona con nosotros de una forma diferente, nos revela un secreto de nosotros mismos, se constituye en nuestro par celeste y nos completa, permite al ser humano abrirse en lo creado, desplegar potencialidades que permanecían veladas. Por eso el pensamiento islámico ha hablado de la necesidad de despertar a los profetas de tu ser: cada Mensajero de Al-lâh se relaciona con un centro sutil de nuestro propio ser, y es con ese órgano sutil con lo cual debemos comprenderlo, si Al-lâh quiere.

En tercer lugar, tenemos todo un mundo onírico, la imaginación creadora, las intuiciones de lo divino, las formas directas u oblicuas mediante las cuales Al-lâh entra en comunicación con el ser humano. Dijo Muhámmad (que la paz y la oración de Al-lâh sean sobre él) que un sueño verídico es parte de la profecía: el sueño puede ser un instrumento mediante el cual Al-lâh nos arranca la máscara y nos permite acceder a aquello que permanecía velado ante nosotros, a aquello que ya estaba ahí pero que nosotros, en nuestra ceguera, éramos incapaces de ver, de reconocer como lo propio. Y en la tradición islámica es habitual encontrarse textos en los cuales se narran experiencias de revelaciones personales, de encuentros con el Profeta Muhámmad en el mundo imaginal, de diálogos directos con Al-lâh.

Visiones, textos sagrados, fenómenos naturales; formas que adopta la revelación, pero que no pueden agotar las formas en las cuales la Realidad se manifiesta:

Di: “¡Si todo el mar fuera tinta
para las palabras de mi Sustentador,
ciertamente se agotaría el mar
antes de que las palabras de mi Sustentador se agotaran!
Aunque añadiéramos un mar tras otro.”

(Corán 18: 109)

Las palabras de Al-lâh son inagotables, no pueden encerrarse en un libro, y aún menos en una religión. La revelación sólo puede ser contenida por Al-lâh, Sustentador de los cielos y la tierra. Por encima de todas sus manifestaciones particulares, al hablar del lenguaje de la revelación tratamos de orientarnos hacia la revelación matriz, hacia el Corán cósmico, del cual todas las formas señaladas no son sino manifestaciones:

Hemos hecho un Corán en idioma claro
y elocuente para que entendáis.
Pero en verdad está a salvo con Nosotros
en la Madre del Libro (umm al-kitab).

(Corán 43: 3-4)

Este versículo diferencia entre la manifestación terrestre del Corán y su arquetipo celeste. La idea del arquetipo del Libro no es exclusiva del islam, nos hallamos ante un universal. En la tradición mística judía se describe una Tora Primordial escrita con “fuego negro y fuego blanco” (3), cuyo origen es anterior a la creación y que contiene el verdadero Nombre Divino. Este Libro arquetípico contiene el sentido interior de la Tora, idea que describe el carácter incomunicable del sentido último de la Sabiduría y, al mismo tiempo, alude al corazón como el lugar en el cual dicha Sabiduría puede ser recibida. También en la tradición cristiana nos encontramos con la idea del Evangelio Eterno, una revelación perenne que va más allá de los Evangelios escritos, expresado por San Juan en la primera parte del Apocalipsis, portada por el tercer ángel:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel,
que tenía el Evangelio Eterno
para predicarlo a los moradores de la tierra,
a toda nación, tribu, lengua y pueblo”
(Apocalipsis 14:6) (4).

Se trata del silencio primordial, en si mismo inagotable. Silencio y palabra son modos de lo mismo, no hay brecha entre ellos para quien sabe ver con el oído, escuchar con la mirada. La revelación matriz supera la brecha entre imagen y palabra, entre el sentido directo e indirecto, entre el símbolo y la alegoría. Los humanos poseemos un arsenal de símbolos y de arquetipos inconscientes capaces de vincular al hombre a lo divino, pero ninguno de ellos es el Corán increado, ninguno de ellos agota la revelación. Por ello nuestra lectura del Corán no se detiene en su dimensión simbólica. Dice el Corán que la revelación matriz está “en una tabla resguardada” (Corán 85; 21-22), y es allí donde vamos a buscarla, con el permiso de Al-lâh, con plena conciencia de la vanidad de nuestro intento.

Notas
(1) al-bayan, la elocuencia, es uno de los nombres del Corán.
(2) Véase nuestro texto sobre El pluralismo religioso en el Corán
(3) Zohar sh.s2/pag.84a
(4) Oscar Freire, El simbolismo del Libro. Sobre el sentido esotérico del ‘arquetipo del libro’, véase: Symbólica nomina. Introducción a la hermenéutica espiritual del Libro, de José Antonio Antón Pacheco, ed. Symbolos, Barcelona 1988.
(5) Hemos tratado este tema en nuestro escrito El descrédito de los ulemas oficiales, en El islam anterior al Islam, ed. Oozebap 2007, pp.57-58.

8 respuestas a El lenguaje de la Revelación

  1. Jesus Azcona Cubas dice:

    Abdenur, le he enviado una invitación a “Drop Box” un programa que consiste en un disco duro flotante , donde se pueden guardar fotos archivos de todo tipo y abrirlos desde cualquier terminal,espero que sea de su agrado.
    Saludos Jesús Azcona Cubas

  2. clara dice:

    Salam,

    Lo que para mi está claro es que el lenguaje árabe del Islam te proporciona una riqueza de expresiones para tu vida diaria inimaginables y de gran utilidad, y luego algunos dirán que se puede ser musulmán sin la lengua árabe…qué cosas más raras.. Un idioma encierra en si mismo su concepto dónde forma y contenido son inseparables. De otra manera, el sentimiento no llega, por eso las traducciones son tan pobres y a través de ellas no podemos alcanzar la realidad semántica y la riqueza espiritual del Islam.
    A través del conocimiento de la lengua árabe podemos llegar a entender e incluso a ampliar el significado a muchas palabras de nuestro propio idioma. Es una lengua tan rica, tan matizable y tan arraigada en el ser humano y sus vivencias a lo largo de la historia y del desarrollo, que ignorarla sería como quedarnos huérfanos, y si una de las maneras de entender el mundo es a través del lenguaje hablado, el conocimiento del árabe, que no simplemente su uso, es esencial para una comprensión más rica de éste.

    Hay una tendencia a separar forma de contenido. Mi alma no se puede separar de mi cuerpo, lo que da sentido a mi alma es mi cuerpo, lo que da sentido a mi cuerpo es mi alma…La forma define tanto el alma que hasta se confunde con ella, y a través de la forma alcanzamos a adivinar la espiritualidad encerrada. Con el lenguaje pasa lo mismo, cada significante encierra una musicalidad con la que intuir su significado, así pues la palabra “amanecer” no tiene traducción en la lengua catalana y cuando la pronuncias ésta adquiere en tu pensamiento una poesía diferente que la que pueda contener la simple frase “salir el sol”. Lo mismo pasa con el Islam y el árabe, el Islam se ha nutrido del árabe como el árabe del Islam, una sin la otra dejan de tener el sentido espiritual o poético a través del cual los corazones se nutren. Es por esto entonces que creo que no hemos de subestimar la lengua árabe al igual que no podemos subestimar las formas con las que Allah ha creado el mundo, y el árabe es una forma linguística a través de la cual el Islam de Muhammad se expresó. Y conociendo esa forma podremos sentir su contenido con mucho más sentimiento que el de una simple traducción.

    Saludos.

    • abdennurprado dice:

      Me parece bien el elogio de la lengua árabe. Pero el lenguaje de la Revelación trasciende todos los soportes, en la misma medida en que Al-lâh. Limitar el Decir de Al-lâh a algo del mundo de las criaturas (como es un idioma, sujeto a aculturaciones) sería shirk!

      Además, la inmensa mayoría de los musulmanes del mundo no conocen el árabe coránico. De hecho, ni siquiera un 1% de los musulmanes del mundo conoce el árabe coránico.

      • clara dice:

        Entonces no limitemos la revelación a cuestiones de espacio y de tiempo, eso también forma parte del mundo de las criaturas, sería eso shirk? Creo que no tiene nada que ver la apreciación de la contemplación del mundo de la naturaleza y sus criaturas y el estudio del propio lenguaje árabe del corán con la “limitación del decir de Allah a un idioma..”. Yo no hablo de limitar a un idioma, hablo de valorar el lenguaje árabe en su justa medida y darle la importancia que realmente tiene. Aisha dijo “él(Muhammad) es el Corán”, y el Corán está en árabe. Ahora dale la vuelta y digamos que Aisha se refiere a que Muhammad es lo que el Corán transmite y que ese conocimiento transciende el árabe…bien…de todas maneras, sigue existiendo el filtro, el soporte a trascender, y ese soporte sigue siendo el árabe de los tiempos de Muhammad.
        Cómo pues conocer la revelación en su contexto y hacer esa supuesta relativización si no hacemos un esfuerzo por entender el árabe en su contexto, es decir, el árabe clásico de los tiempos del profeta??
        Ya sabemos que para llegar a una intuición divina pueden haber muchas más vías que no tan sólo el estudio de un lenguaje, pero si una persona es musulmana y quiere entender el Islam de Muhammad por si misma y enriquecerse de esa vía espiritual yo considero que el árabe es uno de los primeros pasos más importantes, primeros pasos que no los únicos..pues ahí entra en juego la sensibilidad de cada uno.
        Cada uno se puede considerar musulmán y todos le pueden considerar musulmán, eso es básico, pues en la shahada tenemos el principio para la propia aceptación y la de los demás, pero a mi propio entender eso no es más que el punto cero de partida de un conocimiento mucho más extenso que no deberíamos subestimar para no caer en actitudes fáciles y autocomplacientes.
        Dices que ni siquiera un uno por ciento de musulmanes conoce el lenguaje coránico, lo que supone que cerca de diez millones de personas en el mundo sí lo conocen y que sabemos que si el resto no lo conoce es por distintas circunstancias ya sean de pobreza social, analfabetismo, política, circunstancias, etc, pero eso no desmerece la importancia del asunto y volvemos a lo mismo, en que cada uno es responsable de si mismo y cada uno tiene su propia responsabilidad de conocer por si mismo siempre que tenga esos recursos al alcance…cada hombre en su medida…a cada persona se le exige lo que puede y lo que está a su alcance, no lo que no puede, pero lo que no vamos a defender ahora es el todo vale y para qué el esfuerzo…no tendría sentido entonces vivir en circunstancias que nos permiten un acceso a ese conocimiento si no aprovechamos tales circunstancias…Me parece muy grave esa subestimación del conocimiento del lenguaje árabe que se da sobretodo en muchos conversos occidentales y no precisamente en gente que proviene de una tradición musulmana y que ya han entendido perfectamente la importancia de su conocimiento aún sin conocerlo. Precisamente esos árabes y no árabes de tradiciones musulmanas que desconocen el lenguaje coránico jamás negarían la necesidad de tal conocimiento para una posible comprensión mejor de la naturaleza del Islam. Acaso rezamos en algún otro idioma que no sea el árabe del Corán?? La divinidad transciende en todas las cosas pero el Islam es una vía que no se entiende sin estar unida al árabe,pese a quien le pese, y si esto no se valora y se aprecia como algo realmente representativo de la realidad del Islam es mejor que se busquen otras vías de espiritualidad que también las hay y pueden ser igualmente válidas. Comentas que el lenguaje de la Revelación transciende sus soportes, entonces qué sentido tiene la existencia de tales soportes para nosotros?? Hay que pretender trascender esos soportes sin antes conocerlos y experimentarlos? Es el Islam, no es mística a secas, el Islam tiene su sentido y su camino y el árabe forma parte de ese camino.

        Por último, Abdennur, me gustaría puntualizarte algo. Que una persona valore la lengua árabe en el contexto del Islam como algo muy importante a tener en cuenta, no significa ni puedes decir o dejar caer como quien no quiere la cosa que eso podría ser idolatría, sin más reflexión por tu parte. Me parece que a veces crees entender demasiado rápido al otro y simplemente sólo te estás entendiendo a ti mismo.

        saludos,
        clara.

  3. Meridiano Claro dice:

    La paz de Dios

    Que el lenguaje árabe proporcione una riqueza de expresiones en la vida (y el latín, y el griego, y el alemán, y el sánscrito…) no quita que uno puede ser perfertamente musulmán sin el idioma árabe.

    Tiene usted razón en lo referente a la traducción: cualquier traducción no refleja exactamente el original. Pero para comprender el mensaje de la revelación está el conocimiento (que implica identificación con) de los fundamentos, de los principios del mismo, fundamentos y principios que deben saberse como se formulan en español, en catalán, en portugués… para los hablantes de estos idiomas.

  4. Jalil dice:

    En parte adhiero al speech de Clara, sólo en parte. Quizás Abdenur tenga algo de razón, pero creo que pifia en lo esencial. Me parece que el tema pasa por otro lado. Digo, si hay tres vías legales, hay tres vías legales. Sobre cual es la mejor, ahhh, eso va en gusto e inteligencia de cada cual. Me explico?.

    Por el otro, aunque no coincido mayormente con sus escritos, le envío a Abdenur un sentimiento y admiración por el talante demostrado ante los feroces ataques de un tal “Rahmanicus” y de un tal “Mullor” que son dos impíos, dos verdugos redomados. Torquemada y Savonarola redivivos versión seudoislam al chicle.

    Musulmanes colombianos

  5. Germán dice:

    En un “cartoon” al ver un personaje musculoso masticando el famoso producto americano pude al fin entender esto del “chicle”, dando esos aires de prepotencia. Muy buena la metáfora aplicada al tema de conversación. Al visitar por curiosidad la página de los mentados (Rahmanicus y Mullor) me invadió el síndrome “del azorado” a causa de leer sus opiniones sobre famosos sufíes como Ibn al ‘Arabi y al ‘Alawi. Creo que estos señores han inaugurado un nuevo estilo que consiste en aplicar el wahabismo al sufismo, curioso sincretismo que exige habilidades que no cualquiera las posee. Hay que cejar y prestar bastante atención hasta que salte el cúmulo de errores y algunos grotescos disparates. Por suerte pude verificar que en una biblioteca de Marruecos poseen un manuscrito de la época que contiene el párrafo legitimado como original por numerosas autoridades, justo el mismo que estos señores se les ocurre considerar apócrifo. Sin perder tiempo, consulté a una organización islámica a la que dichos señores latean como “amiga” sobre la traducción que esgrimen de al ‘Alawi. La respuesta lapidaria: Una catástrofe.

    Saludos
    Germán

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