La persecución del islam en el mundo

A principios del siglo XXI numerosos grupos musulmanes sufren sangrientas persecuciones a lo largo del planeta, por causas que oscilan entre lo étnico y lo religioso, pero con motivaciones económicas de fondo. Al margen de sus valores intrínsecos como religión, el islam tiene asignado un determinado papel en la situación política internacional. La demonización del islam y la llamada “guerra contra el terrorismo” son componentes de la globalización corporativa y el Nuevo Orden Mundial, una nueva forma de colonialismo y de expansionismo occidental, con el objetivo de apoderarse de los recursos energéticos. La Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial son los brazos seculares de dicho expansionismo.

A principios del siglo XXI los musulmanes son perseguidos a lo largo del planeta, en muchos casos tan sólo por tratar de vivir libremente según sus leyes y creencias. Esta persecución va desde la represión más violenta hasta simples discriminaciones, y varía según las circunstancias y los intereses geoestratégicos de cada zona. Sería arduo referirse a todos los conflictos donde los musulmanes luchan por sus derechos, a veces en situaciones de gran precariedad material, frente a ejércitos profesionales armados por las potencias de occidente. Esto hizo decir a Samuel Huntington en su Choque de civilizaciones que “las fronteras del islam están teñidas de sangre”. El analista del Departamento de Estado Norteamericano se refiere a los conflictos de Cachemira, Bosnia, Chechenia o Mindanao. Según él, estos conflictos muestran el carácter violento del islam, a pesar de que en todos estos casos los musulmanes son los agredidos. Los musulmanes de Bosnia sufrieron una invasión militar y fueron sometidos a una política de limpieza étnica por parte de Serbia. Matanzas y campos de exterminio donde eran recluidos cientos de hombres y mujeres por el simple hecho de ser musulmanes/as, donde los hombres eran torturados insistentemente y las mujeres violadas en masa y maltratadas con toda impunidad. Una vez más, se culpa a la víctima por la barbarie de los agresores (y en todos estos casos, se trata de países de mayoría cristiana).

Chechenia

Una situación trágica que continúa es la de Chechenia. Para comprender la inmensa tragedia de este pueblo hay que remontarse al 1944:

El 23 de febrero de 1944, Stalin ordenó la deportación de toda la población chechena e ingush a Asia Central. Más de la mitad de las 500.000 personas que fueron trasladadas a la fuerza murieron en el camino o en las masacres cometidas por las tropas soviéticas. Los chechenos fueron esparcidos en grandes colonias penales, situadas en lugares remotos de las actuales Kazajistán, Uzbekistán y Kirguizistán. En los años siguientes miles murieron de neumonía y hambre. En 1956, Nikita Kruschev reconoció los errores cometidos con los chechenos y se inició el retorno. Los chechenos a menudo se llevaron con ellos los huesos de sus seres queridos para enterrarlos en sus ancestrales cementerios. Pero sus vidas realmente nunca volvieron a ser lo que eran. Muchos de los antiguos Auls de la montaña estaban en ruinas y no estaban habitables, lo que obligó a la mayoría de los chechenos vivir en las llanuras, y a alterar irrevocablemente sus costumbres. Además, la pérdida masiva de vidas entre los ancianos rompió una rica tradición oral mantenida durante siglos, causando un grave daño a la cultura chechena.

En 2004, sesenta años después, el Parlamento Europeo aprobó una moción que reconocía esta catástrofe como un genocidio, declarando el 23 de febrero como Día Mundial de Chechenia. Y sin embargo, la tragedia continúa. Tras la desmembración de la Unión Soviética, los chechenos proclamaron su independencia de Moscú, un sueño que no se ha hecho realidad. Rusia invadió Chechenia, a causa de su importancia estratégica en el plan para los grandes gaseoductos del Asia Central. Durante el conflicto armado, se calcula que murieron unos 250.000 chechenos, una cuarta parte de la población. Entre ellos, 42.000 niños en edad escolar, menores de 11 años. También aquí se trata de demonizar la resistencia de los chechenos a su destrucción, olvidando su historia de sufrimientos y sus derechos como pueblo, y presentando sin contextualizar acciones terroristas deleznables, pero que no llegan ni a la ínfima parte de lo que los chechenios han sufrido como pueblo.

Imagen de la devastación en Grozni

Mindanao

La situación de los musulmanes en Mindanao es una vez más una herencia de la colonización. La incorporación de Mindanao a Filipinas es un hecho artificial, que se deriva de la derrota de los españoles, quienes cedieron la isla a los EEUU. Los primeros contactos del islam con Mindanao se produjeron en una época tan temprana como el siglo X, a través de comerciantes musulmanes. Pero no será hasta el siglo XIV cuando se inicia un proceso de islamización, que dio paso a la creación de los sultanatos locales de Sulu y de Maguindanao. Se habla, una vez más, de un “islam sincrético” con tradiciones locales (ritos de paso y celebraciones propias), apegado a la tierra y alejado de modelos rigoristas. La islamización se vio frenada por la ocupación española (1565-1898), con un proyecto de evangelización agresiva y de persecución de las creencias musulmanas que duró varios siglos, en los cuales la población musulmana (llamados moros) fue reduciéndose drásticamente, a causa tanto de las muertes como de las emigraciones. Mindanao nunca fue totalmente ocupada por los españoles, quienes a pesar de ello la cedieron a los norteamericanos en el Tratado de París. La denuncia de este proceso está en la base de la demanda de independencia para Mindanao, una isla que fue autónoma hasta la unificación forzosa realizada por los colonizadores. Como resultado de la dominación norteamericana (a partir de 1896), se fomentaron las conversiones al cristianismo y se creó una clase dirigente cristiana, desplazando a los Moros a la marginalidad. La resistencia islámica a estas dominaciones los convirtió en enemigos del Estado creado por los colonizadores.

El Estado filipino independiente fomentó la colonización masiva de Mindanao por parte de las tribus del norte, leales al régimen, especialmente tras la segunda guerra mundial. Se hicieron concesiones de tierra y se ofrecieron amplias ventajas a los colonos, como un instrumento de ocupación y de erosión de la resistencia al dominio filipino, dando paso al conflicto actual por la disputa de la tierra. Los descendientes de estos colonos constituyen hoy la población mayoritaria de Mindanao. A la cuestión territorial y religiosa se une la existencia de diferentes tribus, con su idiosincrasia y su lenguaje. Desde los años 70 del siglo pasado existe una creciente conciencia de la islamicidad como hecho diferencial, frente al control por parte del ejército (ley marcial de 1972). Diferentes guerrillas musulmanas lucharon por la auto-determinación del Bangsmoro o Nación Musulmana en Mindanao. El año 1996 se firmó un acuerdo de paz que todavía está en proceso de ser completado. El Frente Moro Islámico de Liberación y el Frente Moro de Liberación Nacional trabajan por el reconocimiento de los derechos históricos y de la cultura de los Moros y de los Lumadnon (tribus nativas no musulmanas), convertidas hoy en “culturas minoritarias”. Actualmente, se calcula que tan solo el 5% de los filipinos son musulmanes, unos 4 millones de personas. La mitad de ellos viven en la llamada Región Autónoma del Mindanao Musulmán, creada tras un referéndum en la única región del archipiélago donde los musulmanes son la población mayoritaria, hasta el 90%. Los musulmanes de Mindanao tienen su propia historia, sus lenguas, sus tradiciones y referencias culturales, y luchan por su preservación.

Danza tradicional musulmana en Mindanao

Tailandia

Existen otros países —como China, Tailandia o Birmania—, donde se viven situaciones de persecución abierta del islam y falta de reconocimiento de los derechos de los musulmanes. Muchos de estos conflictos son el resultado de las fronteras arbitrarias legadas por la colonización, y de las dificultades de encajar una zona étnica, cultural y religiosamente muy diversa en un modelo de Estado-nación de tipo occidental.

En Pattani, al sur de Tailandia, se ha tratado durante años de imponer el budismo (un budismo concebido como religión de Estado, no el enseñado por el profeta Buda, que la paz y las bendiciones de Al-lâh sean sobre él) por la fuerza. Los enfrentamientos entre grupos separatistas y el ejército tailandés han sido constantes desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Durante años, se prohibió todo signo externo que pudiese pasar por islámico, como llevar barba, el uso de turbantes o el hiyab. Se prohibieron las escuelas coránicas y los dialectos propios (de origen malayo), en los cuales está escrita la literatura de los musulmanes de Pattani. A pesar de siglos de dominio militar e imposición cultural tailandesa, los habitantes de Pattani permanecen fieles a sus tradiciones. Al igual que sucede con el budismo tailandés, estas aparecen muy imbricadas con prácticas animistas. En los años ochenta se calcula que había más de 2000 mezquitas en las 38 provincias tailandesas, la inmensa mayoría de ellas en el sur. Los musulmanes tailandeses son mayoritariamente de etnias malayas, pero también proceden de Pakistán, China, Camboya, en el norte. En mayo del 2004, cuando murieron más de cien jóvenes musulmanes que protestaban por la represión de sus creencias. Los jóvenes, en su mayoría adolescentes, se refugiaron en la histórica mezquita de Krue Se, construida en el siglo XVI, que fue tiroteada por el ejército de ocupación con fuego de ametralladoras y mortero. Según la “prensa libre”, se trataba de fundamentalistas islámicos que habían asaltado un arsenal de armas. Sin embargo, tal y como narró el corresponsal de The Angeles Times, entre las víctimas de la masacre (la mayoría adolescentes) no se encontraron más que machetes y pistolas.

El ejército tailandés custodia a cientos de detenidos, 2004

India

La situación de los musulmanes es trágica en muchas zonas de la India. En este gigantesco país se calcula que viven 150 millones de musulmanes, entre ellos decenas de millones de niños no contabilizados por el censo. Superan el 15% de la totalidad de la población, y la inmensa mayoría se ha quedado en la cuneta del despegue económico que experimentó el país en el último lustro. Si el atraso es palpable en el campo, en las ciudades la marginación de los musulmanes se hace más lacerante. Viven amontonados entre montañas de basura de barrios semiderruidos o nunca acabados de construir, sin apenas servicios públicos.

Al dividirse India y Pakistán, el porcentaje de musulmanes que quedó bajo control de Nueva Delhi apenas llegaba al 12% de la población, pero ahora se acerca al 15%. En el distrito de Rampur (40 % de población musulmana), la media de las familias es de cinco hijos. Los niños suelen ir a la escuela hasta los 9 o 10 años, cuando muchos la abandonan para trabajar. Las niñas a esa edad hace ya tiempo que se dedican a cuidar a sus hermanos menores, mientras la madre trabaja en el campo. Pocas son las que acuden a la escuela. El analfabetismo entre musulmanes dobla al de los hindúes, y en zonas rurales supera el 60%.

Hablamos de la construcción de los Estados-nación modernos. Este problema es especialmente dramático en países del llamado tercer mundo, donde no existían hasta la colonización unas estructuras de Estado centrales a través de las cuales construir esa “nación homogénea y gobernable”. En esta tesitura, el Partido fundamentalista hindú BNJ representa un intento de cohesión social bajo la bandera de la religión, una de las más peligrosas en un contexto tradicionalmente abierto, plural, abigarrado. Este intento de homogenización lo sufren especialmente los musulmanes. La construcción de la historia nacional los excluye. Se habla del islam como de una religión extranjera, presente en el subcontinente asiático a raíz de feroces invasiones. El hinduismo es presentado como la religión autóctona, lo propio de los indios. Los musulmanes son, por tanto, unos renegados. Este tipo de planteamientos están presentes en muchos otros países del mundo. En España, sin ir más lejos, se ha tratado de construir una historia nacional en oposición al islam, tratando de inculcar a generaciones la absurda idea de que los musulmanes españoles entre los siglos VII y XVI eran todos árabes y extranjeros.

En los últimos años, la violencia contra los musulmanes ha estallado con una crueldad a veces increíble. Turbas de fundamentalistas hindús asesinando a hombres, mujeres y niños, en pogromos perfectamente calculados desde las instancias del poder. Un caso extremo fue la matanza de Gujarat. El año 2001, fueron asesinados más de dos mil musulmanes, y ciento cincuenta mil musulmanes tuvieron que huir, abandonando sus hogares, sus tierras ancestrales. El escritor indio Arundhati Roy definió lo sucedido del siguiente modo:

“El pasado marzo [del 2001], en la India, en Gujarat, turbas hinduistas de la derecha asesinaron a dos mil musulmanes en una orgía de violencia, haciendo gala de una destreza espeluznante. Tras violar de forma multitudinaria a las mujeres, las quemaron vivas. Arrasaron tumbas y altares musulmanes. Más de ciento cincuenta mil musulmanes han tenido que abandonar sus hogares. La base económica de la comunidad fue destruida. Informes de testigos y de comisiones investigadoras acusaron al gobierno estatal y a la policía de colusión con los actos de violencia. Yo estuve presente en una reunión donde un grupo de víctimas clamaba: Por favor, ¡sálvenos de la policía! Es todo lo que pedimos…”

Pogromo anti-musulmán en Gujarat

Cachemira

Dentro de la India, Cachemira es una de las regiones más ricas del mundo, donde se encuentran grandes yacimientos de oro, esmeraldas y rubíes, localizada en una zona montañosa entre el Himalaya y la cordillera de Pin Panjal. El conflicto se inició en 1947, cuando el marajá de Cachemira, Hari Singh, un gobernante hindú apoyado por los británicos en un Estado con un 90% de población musulmana, decidió arbitrariamente la incorporación de su territorio a la India, para impedir el triunfo de los movimientos populares a favor de la anexión a Pakistán. Desde entonces, tanto Pakistán como la ONU han exigido en varias ocasiones un referéndum sobre el estatuto de Cachemira, nunca celebrado. La negativa India fue el detonante de una primera guerra, entre 1947 y 1948. En 1965 hubo una segunda secuencia de fuertes enfrentamientos. En 1971 se produjo la guerra que llevó a la independencia de Bangladesh. Tras casi tres décadas de frecuentes escaramuzas comenzó la escalada nuclear. Pero no se trata tan solo de un asunto entre Estados por apoderarse de una rica tierra: al margen de los partidos indio y pakistaní, en Cachemira se ha desarrollado un fuerte movimiento separatista autóctono. Los grupos de liberación que operan en Cachemira se dividen en dos grandes tendencias: la favorable a la independencia de Cachemira y a la unificación de las zonas que están actualmente en poder de la India y de Pakistán, y la que busca una unión a Pakistán de la Cachemira India. El problema no puede tener otra solución satisfactoria que una consulta democrática sobre la autodeterminación.

La situación de violencia continua se ceba sobre los civiles. Según Human Rights Watch (HRW), en las zonas de Cachemira controladas por la India, se producen habituales violaciones a los derechos humanos, tanto por parte de los rebeldes que luchan por la independencia, como por parte de las fuerzas de seguridad indias y sus grupos paramilitares. Las acusaciones son concretas, e incluyen casos documentados de ejecuciones sumarias, violaciones, tortura y desapariciones. El 90 % de la población de Cachemira, de 4 millones de habitantes, es musulmana. Para controlarles, se ha establecido un contingente permanente de 700.000 soldados indios. Entre 1990 y 1999, fueron asesinados en “operaciones de limpieza” 65.000 cachemires, incluyendo mujeres y niños. Una media de 20 personas mueren diariamente y los hospitales y las escuelas están siendo bombardeados.

A principios de los años 90, la persecución de musulmanes se recrudeció; el gobierno indio emprendió una brutal política de “hiduización” de Cachemira, acompañada de una represión despiadada contra la población: cierre de los centros de educación islámicos, encarcelamientos masivos, incendio de viviendas, prohibición de los medios de comunicación de orientación musulmana, etc. En Octubre de 1993, en Srinagar, capital de Cachemira, se realizó una operación terrorista a gran escala para eliminar a supuestos activistas musulmanes radicales. Durante la celebración del Namaz (plegaria de los Viernes), se puso cerco a todos los que estaban reunidos en la mezquita de Hazrabtal, ya que las autoridades consideraban esta mezquita como cuartel general de los extremistas musulmanes. El asedio se mantuvo durante un mes y como resultado del mismo, alrededor de 100 personas fueron asesinadas y otras 300 fueron enviadas a prisión sin ningún cargo. Al clima de violencia generalizada contribuye el discurso oficial de las autoridades indias. El Ministro Farooq Abdullah declaró públicamente que las áreas en las que existe presencia islamista deben ser “saneadas”. Para que no queden dudas, el 15 de enero del año 2003 explicó que se debe matar a los islamistas “ya que no hay espacio suficiente en las cárceles”.

Protesta callejera en Cachemira

Palestina

El caso de Palestina es uno de los casos más flagrantes de genocidio en marcha en estos momentos en el mundo. Asistimos a la colonización, subordinación y guetización de los habitantes de un país, con la intención de desplazarlos y ocupar su territorio. La ideología en la cual se apoya esta política es conocida: una forma extrema de nacionalismo que combina lo racial con lo religioso: el sionismo. El conflicto palestino-israelí es político antes que religioso. Tiene que ver con la pervivencia del colonialismo y con políticas de Estado. Para comprender la naturaleza de Israel, varios modelos similares pueden mencionarse: la España inquisitorial, la colonización americana y el exterminio de los indios, el apartheid sudáfricano, además del caso de la Alemania nazi, tantas veces evocado para describir la situación de Palestina. La principal diferencia es que el caso de la limpieza étnica en Palestina está teniendo lugar en el siglo XXI, a los ojos del mundo entero, en la era de las telecomunicaciones, y en un período en el cual ya casi nadie evoca el derecho de los occidentales a colonizar (y mucho menos a exterminar) a los salvajes. Todo lo contrario: en un tiempo histórico en el cual a los mismos políticos que permiten el genocidio se les llena la boca con el discurso de los derechos humanos, la democracia, la libertad, la modernidad occidental, como panaceas universales que deben ser impuestas. Es más: para realizar el genocidio cuenta con el apoyo incondicional de los EEUU, que se manifiesta tanto a nivel político (bloqueo de resoluciones en el Consejo de Seguridad de la ONU) como en ayuda económica, que según un informe del Congressional Research Service ha alcanzado en la década 2000-2010 la increíble cifra de 28,9 billones de dólares, utilizados por Israel para reforzar su poderío militar. Y cuenta con el apoyo masivo de los medios de comunicación y de centenares de mercenarios de la pluma, que se hacen pasar por analistas políticos y justifican abiertamente los crímenes más abominables ante las opiniones públicas occidentales.

Aunque el inicio de la colonización se dio bajo el amparo del mandato británico, el inicio de la limpieza étnica en Palestina puede fecharse en el año 1948, el año de la Nakba (catástrofe). Tras la independencia, y ante la resistencia de los palestinos, Israel mató a 13.000 palestinos y forzó el éxodo de otros 750.000 de sus ciudades y de sus pueblos. Cerca de 400 pueblos palestinos fueron arrasados. La ONU adoptó la Resolución 194 donde pide a Israel que permita el retorno de los refugiados. Seis décadas después, Israel sigue ignorando la resolución. Los expatriados se han convertido ya en cuatro millones. El segundo gran momento de expansión fue el año 1967, durante la guerra de los Seis Días, con la ocupación israelí del resto de la Palestina histórica (Cisjordania, Gaza, Jerusalén-Este), el Sinaí egipcio y el Golán sirio. La Resolución 242 de Naciones Unidas exigió la retirada de las tropas israelíes de los territorios ocupados. Israel ha ignorado la resolución, con la implantación de un sistema de control militar cada vez más violento en los territorios ocupados. Desde entonces, la ONU ha ido condenando a Israel, resolución tras resolución, sin que esto afectase en lo más mínimo al desarrollo de sus planes. La política israelí ha sido la de colonizar las tierras palestinas mediante asentamientos ilegales ferozmente armados, con licencia para matar, sitiando a los legítimos habitantes en guetos, destruyendo sus casas para crear asentamientos de colonos y ahogándolos día tras día para forzar su exilio. Cualquier atisbo de resistencia es calificado como “terrorismo” y es aprovechado para realizar castigos colectivos sobre la población civil.

Israel es un Estado no-democrático sino etno-crático, regido por leyes étnicas que otorgan precedencia a los judíos en todos los ámbitos, un Estado racista creado al amparo del colonialismo. Los dirigentes israelíes están llevando a cabo su plan de genocidio de forma sistemática desde su fundación, con total impunidad. Las atrocidades cometidas por Israel en los últimos 60 años sobrepasan lo imaginable. El objetivo último del Estado israelí es expulsar al pueblo palestino de su tierra y construir el Gran Israel, una utopía política fascista. De hecho, los propios líderes israelíes no han ocultado su proyecto: “Tenemos que expulsar a los árabes y ocupar su lugar” (David Ben Gurión); “La partición de Palestina no es justa. Nunca la aceptaremos. Eretz Israel será restituido al pueblo de Israel. Todo él y para siempre” (Menahem Beguin); “No existe nada que se pueda considerar un Estado palestino. Nosotros podemos llegar, echarlos y ocupar el país” (Golda Meir); “No puede haber sionismo, colonización ni Estado judío sin la expulsión de los árabes y la expropiación de sus tierras” (Ariel Sharon a la Agencia France Press, el 15 de noviembre de 1998); “He creído siempre en el eterno e histórico derecho de nuestro pueblo a toda esta tierra” (Ehud Olmert, ante al Congreso de Estados Unidos el 30 de junio de 2006).

Las últimas matanzas perpetradas por Israel se fechan en los años 2006 (bombardeo del Líbano) y en el 2009 (bombardeo del gueto de Gaza). Las autoridades israelíes hablan de “guerra contra Hezbollah” y “guerra contra Hamas”, pero en realidad no hay ninguna guerra, sino la continuación de una política iniciada mucho antes de que Hamas o Hezbollah existieran. Hamas y Hezbollah son calificados como grupos terroristas, tan solo por oponerse al genocidio de sus pueblos. La resistencia armada ha sido convertida por Israel en la única opción posible, de forma perfectamente calculada. Lo que quiere Israel es que haya atentados y una resistencia que se llame a si misma “islámica”, aprovechándose de la islamofobia dominante en occidente para justificar ante la opinión pública occidental (especialmente en los EEUU) la continuación del genocidio. Estos planes son básicamente los mismos desde antes de la existencia de Hamas y Hezbollah. Esta es la lógica del opresor: oprímeles hasta lo insoportable, mata a unos cuantos niños para que otros padres y madres lleguen a la conclusión de que es mejor marcharse o se decanten por la lucha armada, de forma que se pueda seguir matando impunemente, con la excusa del “derecho de Israel a defenderse”. Y mientras, se continúa con la repoblación de territorios con colonos étnicamente puros, lo cual implica traer extranjeros judíos de todo el mundo para ocupar las tierras de los palestinos desplazados.

Toda la política de Israel desde su fundación ha girado entre dos posibilidades: o la expulsión en masa de los palestinos o su concentración en guetos, reservas tribales. Y ha ido moviéndose de un polo al otro según las ocasiones, según los vaivenes de la política internacional. En los intermedios, como táctica de distracción, se emprenden “negociaciones de paz”, como un modo de dar tiempo a la política de hechos consumados. Pero Israel nunca ha querido la paz, ya que la guerra le ofrece el único marco posible para ejecutar sus planes. Cuando se habla de “negociaciones de paz”, se pasa por alto la naturaleza de Israel: se trata de un Estado étnico-religioso en el cual los no-judíos no tienen los mismos derechos que el resto, y son sujetos a todo tipo de arbitrariedades.

A pesar de que existen otros conflictos incluso más graves (Congo o Birmania, por ejemplo), la causa palestina está en el centro de la política internacional. Ha generado una simpatía en todo el mundo, incluidos judíos partidarios de los derechos humanos, que consideran como una infamia la manipulación que el Estado de Israel hace de su tradición milenaria, y que han dejado claro que Israel no es solo la antítesis del judaísmo, sino su peor enemigo actualmente. El Estado de Israel es una afrenta a todos los judíos perseguidos a lo largo de la historia, una afrenta a sus tradiciones y a sus sabios, a sus gentes y a su legado milenario. La causa palestina es hoy considerada en los cinco continentes como la causa de la humanidad, de los derechos humanos, de la supervivencia del hombre en tanto criatura solidaria, de todos aquellos que siguen pensando que los seres humanos pueden reunirse en torno a valores compartidos, más allá de la religión o de la raza, y fundar comunidades respetuosas con la diferencia. Todos somos palestinos.

Víctimas del terror israelí

Birmania

Tal vez el caso más trágico que padecen los musulmanes en el mundo actual sea el de Birmania (o Myanmar). El islam está presente en Birmania desde el siglo IX, a causa de la llegada de mercaderes, marinos y otros viajeros, venidos especialmente del subcontinente indio, pero también de Persia y de Anatolia. A lo largo de los siglos se han ido mezclando con las poblaciones locales, creando una cultura específica, claramente diferenciada de otras poblaciones musulmanas de Asia. A consecuencia del terror inherente a la colonización británica se produjeron desplazamientos masivos de población desde la India a algunas zonas de Birmania, donde los musulmanes son mayoritarios.

Desde el golpe de Estado de 1988 la situación de los derechos de estos colectivos es crítica. Organizaciones internacionales denuncian la práctica habitual de asesinatos extrajudiciales, la tortura, las relocaciones forzadas de poblaciones enteras, la confiscación de tierras, la destrucción de viviendas, los trabajos forzados, el tráfico de seres humanos y la persecución de toda oposición a la Junta Militar gobernante. Las comunidades musulmanas y cristianas han sufrido todos estos abusos, además de otros específicamente anti-religiosos, debidas a que el Estado considera la etnia birmana y la religión budista como elementos vertebradores de la identidad nacional. Una vez más nos situamos ante una manipulación de la religión, utilizada como signo de una identidad nacional refractaria al pluralismo.

Musulmanes y cristianos se enfrenten a graves dificultades a la hora de practicar su religión. La adscripción religiosa de los ciudadanos figura en la carta oficial de identidad, que éstos están obligados a llevar permanentemente. La literatura racista y difamatoria contra el cristianismo y el islam es distribuida ampliamente. La presencia de musulmanes es presentada reiteradamente como una amenaza para la supremacía del budismo y de la raza birmana. En los últimos años han sido documentados casos de asesinatos de líderes religiosos, confiscación de escuelas coránicas y destrucción de templos. Estos crímenes son tolerados e incluso realizados por el propio Ejército. Existe una fuerte censura y restricciones a la edición o entrada en el país de literatura religiosa no budista, hasta el punto de que está prohibida la traducción de la Biblia a las lenguas locales. Resulta muy difícil conseguir permisos para realizar la peregrinación a Meka.

Existen zonas donde se prohíbe la construcción de mezquitas, e incluso se deniega el permiso a reparar las mezquitas existentes. En algunas zonas, los musulmanes son forzados a pagar impuestos especiales, que son destinados a la construcción de pagodas budistas. En ocasiones, éstas son levantadas mediante el trabajo forzado de los propios musulmanes, al lado de las mezquitas en estado ruinoso, y eso en poblaciones sin apenas presencia de población budista. Desde 1983 algunos pueblos han sido declarados como “zonas libres de musulmanes”, y en otros se ha prohibido la ubicación de nuevos residentes musulmanes.

Al margen de la política del Estado, se repiten los pogromos anti-musulmanes. El año 1997 monjes budistas asaltaron una mezquita, armados con palos, y realizaron destrozos de consideración. El 2001 en Taungoo, cerca de 20 musulmanes que rezaban en la mezquita de Ha Tha fueron asesinados. La mezquita fue demolida a petición de monjes budistas locales, en retaliación por la destrucción de los Budas de Bamiyan, en el Afganistán de los talibanes. En casos como este, los musulmanes denuncian la pasividad del ejército, que solo aparece tras dos o tres días de violencia.

La situación se agrava en los distritos de Shan y de Arakan, donde viven importantes poblaciones musulmanas. Los musulmanes de etnia Rohingya, en el distrito de Arakan, no comparten los dos elementos principales de la ideología del Estado: la religión budista y la etnia birmana. El Estado les niega la ciudadanía, lo cual implica restricciones a la libertad de movimiento, la prohibición de realizar determinadas actividades económicas, y la denegación del acceso a servicios públicos básicos, incluidos sanitarios y educativos. El ejército ha realizado confiscaciones masivas de tierras, quemas de pueblos, destrucción de mezquitas, relocaciones forzadas de poblaciones y violaciones sistemáticas. Existen sectores de la población sometidos a trabajos forzados en granjas del Estado, bajo la custodia del Ejército. Estas prácticas han provocado el éxodo de miles de personas, 250.000 de los cuales malviven en campos de refugiados en la frontera con Bangla Desh, mientras unos 110.000 lo hacen en la frontera con Tailandia. La inmensa mayoría de estos refugiados son musulmanes.

Monjes budistas liderando el ataque contra una mezquita

Musulmanes contra musulmanes

Hay que mencionar las persecuciones sufridas por musulmanes/as en países de mayoría musulmana, tales como Sudán, Marruecos, Uzbekistán o Turquía.

Uzbekistán es un caso típico de Estado con mayoría de población musulmana donde el islam es cruentamente perseguido. Por supuesto, no se puede encarcelar a todos los musulmanes en un país con el 80 % de población musulmana, pero la represión hacia todas las manifestaciones islámicas que se consideran fuera del “islam oficial” es rigurosa. Existen leyes que establecen horarios estrictos para la asistencia a las mezquitas, y que prohíben cualquier reunión de carácter islámico “fuera de programa”. La descripción de la represión realizada por Steve Crawshaw, director en Londres de Human Rigths Watch, es muy gráfica:

“La policía en Uzbekistán lleva a cabo descargas eléctricas, palizas y violaciones con el fin de lograr ‘confesiones’ de los detenidos. Los miembros de los servicios de seguridad asfixian a los detenidos con bolsas de plástico, les hacen respirar cloro y les cuelgan de sus muñecas o tobillos en las celdas. El pasado año, unos médicos extranjeros descubrieron que el cuerpo de un preso, que había muerto en custodia, había sido sumergido en agua hirviendo. Sus manos no tenían uñas. Éste es el estilo del régimen de Karimov”.

Esta brutal represión tiene lugar con la complacencia del gobierno de EEUU y otros países occidentales, que han estado ayudando económicamente al régimen, reforzando su ejército en nombre de la “lucha contra el terrorismo”. El régimen recibió 500 millones de dólares de ayudas económicas el año 2003. En un documento dado a conocer en mayo del 2004, el Departamento de Estado de EEUU señalaba que Uzbekistán estaba haciendo “sustanciales y continuados progresos” en lo referente a los estándares sobre derechos humanos y la democracia.

Tal vez el caso más extremo de represión y violencia del islam ejercida por otros (supuestos) musulmanes se está viviendo en Sudán, en la región de Darfur. Las milicias árabes llamados janjaweed irrumpen en las aldeas incendiando casas y matando a todos aquellos que se les oponen. En un informe elaborado por Human Rights Watch se documenta la destrucción de mezquitas, el asesinado de imames y líderes religiosos y la profanación de ejemplares del generoso Corán (aunque resulta difícil de creer, se cagan sobre ellos). En una escuela, los janjaweed violaron a 41 alumnas delante de sus padres. Se habla de ejecuciones sumarias, incendios de pueblos y de aldeas, de la hégira forzada de cientos de miles de personas ante la connivencia del ejército.

Mujeres musulmanas refugiadas en Darfur

Islamofobia

Dentro de la creciente persecución del islam en el mundo hay que situar el auge de la islamofobia, la demonización del islam y el acoso en el que viven las comunidades musulmanas en occidente, en el marco de la llamada “guerra contra el terrorismo”. Sucesivos informes de la ONU, la UE y la OSCE vienen alertando sobre el auge de la islamofobia en occidente.

No podemos obviar que la islamofobia ocupa un lugar destacado en la política contemporánea. No se trata tan sólo del rechazo irracional de un sector de la población, sino de una fobia social inducida desde determinados centros de poder para justificar la suspensión del habeas corpus y el mayor control de los individuos por parte del Estado. La demonización de los musulmanes es parte fundamental de la geopolítica energética de Occidente, y se sitúa entre los mecanismos económicos y políticos que caracterizan el Nuevo Orden Mundial. Existe además una conexión entre la islamofobia y la ocupación israelí de Palestina, actuando la demonización del islam como ideología legitimadora de la colonización y la represión sin límites de la resistencia palestina. Se trata de la ideología marco mediante la cual se genera consentimiento respecto a actuaciones militares (a nivel global) y policiales (a nivel local) que en una situación normal no serían aceptadas.

Esta dimensión ideológica goza hoy en día de gran aceptación en círculos académicos y políticos, y se sitúa en consonancia con las políticas neoliberales de la globalización corporativa. La dimensión ideológica de la islamofobia la vincula con el orientalismo y con el antisemitismo clásico europeo. La islamofobia es un fenómeno con una larga historia, pudiéndose trazar una continuidad desde la Edad Media hasta nuestros días. La demonización del Islam como una religión opuesta a los valores de la cristiandad occidental fue forjada en un momento en el cual los diferentes países (en el contexto de la emergencia del Estado-nación) se configuraban en relación con una religión determinada. Es en algunos sectores del mundo académico y universitario donde se forjan y se mantienen en pie algunos de los mitos más divulgados sobre el Islam.

La aceptación e incluso respetabilidad de la islamofobia en amplios sectores del mundo intelectual y académico occidental resulta significativa, y la diferencia de otras formas de rechazo hacia otros colectivos. Es inimaginable hoy en día encontrar discursos racistas contra negros, judíos o gitanos entre la intelectualidad europea, y sin embargo se constata que numerosos intelectuales aceptan de forma acrítica todos los estereotipos característicos del discurso islamófobo.

Todo ello conduce a las crecientes dificultades que los musulmanes tienen a la hora de practicar su religión (abrir mezquitas, ser enterrados según sus ritos, acceso a la alimentación halal, enseñar su religión, etc.), así como a los cada vez más numerosos casos de ataques a mezquitas, profanación de cementerios y violencia física contra individuos. La islamofobia justifica ante la opinión pública la ausencia de derechos de los musulmanes y los miles de encarcelados sin cargos presos en cárceles de los EEUU, de Francia, de España, de Inglaterra… En todos estos países se reproduce la farsa de las detenciones arbitrarias de supuestas células terroristas, mediante la cual se trata de mostrar a la opinión pública la eficacia de los servicios de seguridad, dar ‘realidad’ a la amenaza terrorista y justificar políticas securitarias frente a las políticas sociales.

Manifestación anti-mezquita en España

Guerra contra el terrorismo

En paralelo al crecimiento de la islamofobia se sitúa la construcción del “terrorismo islámico”, como instrumento del imperio. No nos detendremos en este tema, pues es suficientemente conocido. Bajo el paraguas mediático de la “guerra contra el terrorismo” se esconden intereses financieros y de geo-estrategia internacional. Más allá de si atentados como el 11-S son obra de “yihadistas musulmanes” o de auto-atentados, no cabe duda de que sirven a los intereses de las grandes multinacionales de occidente. Por un lado, justifican intervenciones militares y apoyo a dictaduras, que garantizan el control de las economías y del petróleo y el gas natural de los países musulmanes. Y por otro, sirve para deslegitimar a movimientos de resistencia, como los de Palestina, Chechenia, Cachemira o Mindanao.

En estos y otros casos, los musulmanes sufren la ocupación violenta y la tiranía, y su lucha está plenamente legitimada por los convenios internacionales, incluida la propia Carta de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Se trata de movimientos de liberación idénticos a los movimientos anti-colonialistas del siglo XX. Piden elecciones libres, un referéndum controlado por observadores internacionales que decida su futuro. Sin embargo, la paranoia global sobre el peligro del islam y su carácter expansionista sirve para demonizar estos movimientos. En todas partes donde existe un movimiento legítimo de liberación que choca contra los intereses de las multinacionales, aparece necesariamente el terrorismo, para justificar lo injustificable. La creación de estos grupos y la proliferación de acciones criminales contra la población civil constituyen la excusa perfecta para aplastarlos. Son calificados como “grupos terroristas”, para justificar el envío de tropas y apoyo financiero a regímenes corruptos. Se pretende cortar con la solidaridad tradicional de los musulmanes con los oprimidos. Al mismo tiempo, ofrece la excusa perfecta para aumentar el control policial sobre la población civil, llevando a cabo recortes en los derechos civiles de los ciudadanos. Estos son los que siempre pierden: quienes sufren la violencia terrorista a raíz de la cual se les recortan sus derechos. Para combatir el sentido igualitario del islam, se trata de crear “Estados-nación islámicos” que impongan el “islam moderado” (y muy reaccionario) que interesa a las multinacionales de occidente. Todo ello responde a una lógica perversa, la de los Estados totalitarios que se amparan indistintamente (e incluso alternativamente) en el islam o en los derechos humanos y la democracia, siempre como cobertura de los intereses de las grandes multinacionales.

La destrucción y colonización de Irak y Afganistán se sitúan dentro de esta lógica perversa. Como antaño se utilizaba el discurso de la evangelización de los infieles, hoy en día se apela a su democratización. Tal y como dijo Nietzsche sobre las Cruzadas, se trata tan solo de “piratería a gran escala”. No hemos cambiado tanto, al fin y al cabo.

Irak y Afganistán: guerras de rapiña

28 respuestas a La persecución del islam en el mundo

  1. muyahid dice:

    Salam alaikum:

    Excelente artículo. Aportando datos concretos y argumentos contundentes. Aunque has citado a ambos países, echo en falta quizás que no hayas dedicado un apartado a la persecución contra los uigures en China y otro al genocidio de los musulmanes en Camboya bajo el régimen de Pol Pot. De cualquier modo, me parece un gran artículo.

  2. Kuit dice:

    Resulta difícil confiar en la vocación integradora del Islam cuando son excepcionales los Estados islámicos que no marginan o persiguen abiertamente a otras confesiones, en particular la cristiana. Así, el cristianismo tradicional es hostigado a diario en decenas de países árabes pese a que en Occidente los musulmanes gozan de libertad religiosa e igualdad ante la ley.

    El Islam no ha pasado por ninguna Paz de Westfalia que abra el camino a la tolerancia y a la disociación jurídica de la autoridad secular y la religiosa. Más bien todo lo contrario, si atendemos a la revolución de Jomeini y a la radicalización posterior, a la sustitución del panarabismo por el panislamismo o a la exportación del Islam rigorista wahhabi. Luego, sin justificar la represión injusta que sufran los musulmanes por razón de sus creencias, la desconfianza hacia las posibilidades de modernización del Islam apunta como una de sus causas más palmarias.

    Es de notar también que en la práctica totalidad de los conflictos que has señalado haya una resistencia armada por parte de la población oprimida (o de quienes dicen representarla), la cual no se da entre cristianos y otros credos bajo la dhimmah.

    • abdennurprado dice:

      Es increíble: señalo aquellos casos de persecuciones y matanzas de seres humanos musulmanes y contestas con más tópicos islamófobos. Tu comentario es de una crueldad rayana en lo inhumano.

      • Kuit dice:

        Para ti y para mí pueden ser tópicos con los que aderezar una discusión de mesa camilla, pero para los cristianos que sufren persecución por su fe es una dura realidad. No veo crueldad alguna en constatarla.

      • El caballo del malo dice:

        No es increíble, es lo corriente en estos fanáticos sectarios, que son “humanos” porque ni las bestias llegan a ser tan crueles.

        Mientras se llenan la boca con “el amor al prójimo” porque “Dios es Amor” y demás ñoñerías hipócritas, les importa un carajo, es más, aprueban y se congratulan tácitamente con las persecuciones, asesinatos selectivos, matanzas no selectivas, expolios, confiscaciones, torturas, secuestros y demonización de quienes mantienen una vía religiosa diferente a la suya porque son la “competencia”.
        Que a nadie le quepa duda: los mayores promotores del odio contra los musulmanes (y contra cualquier religión que se mantenga con fuerza) son esta gente, aunque sabemos que, “por encima”, lo que predominan son intereses geopolíticos, energéticos y de control de las naciones.

        ¿Con que cara pueden quejarse del acoso y la represión religiosa (supuesta o real) quienes APRUEBAN el acoso y la represión en distintas naciones del mundo, y en nuestro propio país, contra quienes creen y practican otra religión?

        La misma cara que tienen para dar lecciones de respeto a la libertad religiosa quienes deberían callarse, ya que se han carecterizado a lo largo de los siglos por promover las mayores perseciones y aniquilaciones religiosas en toda la historia conocida de la especie.
        Mientras la norma, en las antiguas civilizaciones europeas y precolombinas, en los pueblos de la estepa, en Persia, en China, en la India, en los estados indochinos, en las soberanías confesionalmente islámicas, era no obligar a nadie a adoptar la religión del príncipe, y lo excepcional era lo contrario, durante siglos en Occidente la norma fue lo que era excepción en las demás civilizaciones. Hasta hace un siglo existían comunidades cristianas numerosas en Egipto, Siria, Iraq o Turquía, y en casi todos los paises de mayoría musulmana vivían otros grupos religiosos desde hacía siglos o milenios. Eso sí, con la lucha contra la colonización las cosas han cambiado, pero ello es debido tanto al nacionalismo (ideario de matriz occidental) como a las politicas de países como EEUU o Australia que animaban a los grupos cristianos a emigrar.

        Al final, estas barbaridades y campañas de difamación se justifican con el gran argumento: “Hacemos a los demás todo esto porque los demás nos hacen o nos quieren hacer lo mismo que nosotros les hacemos a ellos”.
        Es decir, “perseguimos a los demás porque los demás son iguales a nosotros”.
        ¿Pero, en realidad “piensa el ladrón que todos son de su condición”? No. Más bien “Al ladrón le interesa pensar que todos son ladrones para autojusticar su latrocinio”.

        Y por supuesto, al ladrón no le interesa conocer indicios o evidencias de que no todos somos como Kuit

  3. Ali dice:

    La paz de Westfalia se inserta dentro de la modernidad y a lo que dio lugar fue a la concepcion de un orden internacional entre Estados independientes y soberanos, lo cual se halla en nuestros dias en una profunda crisis ya que no es capaz de dar respuestas a las cuestiones planteadas por la multiculturalidad-globalizacion. A no ser, que se apueste por respuestas como las neconservadoras, las neoliberales y las comunitaristas (y me dejo algunas), pero entonces nos salimos de nuestro marco de referencia democratico. Si queremos vivir en una sociedad democratica, concebida esta como el lugar en el que todos podamos vivir juntos con nuestras diferencias (ni impuestas ni manipuladas) es necesario dar a los problemas una respuesta democratica, o sea, una respuesta dialogada entre todos. (esta es la tendencia imperante actualmente en la filosofia politica española)
    La modernidad no es el unico marco de referencia o modelo de vida posible, y mucho menos el mejor.
    Ademas, se hace imprescindible tomar conciencia de que ni ha existido, ni existe, ni existira ningun orden social neutro como propugnan los defensores de los Estados modernos. Siempre se habla desde un horizonte determinado y lo importante es ser conciente de el para no caer en posturas absolutistas y ser capaz de transformarlo.
    De lo que se trata es de abandonar la modernidad como marco de referencia nihilista sustentada en las abstracciones (que no son neutrales porque no pueden serlo) del sujeto todopoderoso y del progreso-dominacion, por mucho que les pese a algunos, entre ellos a muchos intelectuales. Es hora de volver a escuchar lo que nos tienen que transmitir las antiguas tradiciones, en volver a escuchar a nuestros corazones.

    perdonad por las tildes
    salam

  4. Asatru dice:

    Por simplemente mencionar el caso de Sudan como haces tu en este articulo, como ejemplo de que toda la humanidad es esencialmente igual, a mi en el foro de webislam me han acusado poco menos que de aliado de Satanas.

    Saludos

  5. lyon dice:

    También lo dice la Conferencia Islámica

    http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=6615

    (Reuters/InfoCatólica) “Las personas de origen árabe se enfrentan a nuevas formas de racismo, discriminación racial, xenofobia y otras formas de intolerancia relacionadas y sufren discriminación y marginación”, aseguró un delegado egipcio, según un resumen informativo de la ONU.

    En nombre de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), Pakistán dijo que el investigador especial del Consejo sobre libertad religiosa debería analizar las actitudes racistas, “especialmente en las sociedades occidentales”. Por ello ha presentado una resolución, también en nombre de la OCI, para que este investigador “trabaje con los medios de comunicación para asegurarse de que crean y promueven un ambiente de respeto y tolerancia hacia la diversidad religiosa y cultural”.

    Según fuentes diplomáticas, la resolución seguramente se apruebe porque la OCI y sus aliados –Rusia, China y Cuba, entre otros– son mayoría en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Los países del grupo mayoritario, que también incluye a India y Brasil, se aseguran de que sus miembros y sus aliados que no forman parte del Consejo –como Sri Lanka o Irán– quedan protegidos frente a cualquier crítica dura que se pueda hacer a su actuación respecto a los Derechos Humanos.

    Persecución de cristianos en países islámicos
    Precisamente en Pakistán, uno de los países denunciantes, la minoría cristiana sufre todo tipo de ataques sin que las autoridades hagan nada por evitarlo.

    Una situación parecida viven otros cristianos en naciones donde el Islam es la religión mayoritaria. Es el caso de Irak, donde la violencia contra los seguidores de Cristo es tan elevada que el Papa tuvo que dirigir una carta a su presidente para que hiciera algo al respecto.

    Además, recientemente se supo que el cristianismo está a punto de desaparecer en Irán debido a la discriminación que sufren los cristianos bajo el régimen teocrático islámico.

    • El caballo del malo dice:

      Así hacen las noticias y escriben la historia los “predicadores”.

      Menuda cara, pero menuda cara, con sacar lo de Iraq:
      No se sabe si son medio millón, setecientos mil o un millón los iraquíes muertos desde la invasión por el “Trío de las Azores”.

      La abrumadora mayoría de los muertos iraquíes son musulmanes, chiítas y sunníes.
      ¡¡¡Pero estos fanáticos se quejan que no todos los muertos iraquíes son musulmanes, sino que también los hay cristianos!!!
      ¿Que esperaban?
      ¿Que EEUU, Gran Bretaña y el Mossad promuevan enfrentamientos sectarios e interétnicos, y que los cristianos iraquíes no sufran la misma situación terrorífica que sufren los demás?
      ¿Pero de que van ustedes?

      Lo dicho: así hacen las noticias y escriben la historia los “predicadores del Dios es Amor”.
      Lean Dios y Amor como en 1984.
      Dios es la mentira por sistema y el Amor el odio por los que no comparten sus mentiras.

    • El caballo del malo dice:

      Luego habla de Paquistán.
      Lo que leemos son noticias de atentados masivos contra mezquitas y santuarios musulmanes, y de bombardeos con aviones no tripulados en aldeaas Waziristán o Parachinat que provocan docenas de muertos.
      En esas aldeas, en esas mezquitas, en esos santuarios, todos son musulmanes.

      ¡Ah! Pero si en un atentado mueren cien personas, y una de ellas es cristiana, lo único que importa es que han matado a un cristiano para poder hablar de persecución contra los cristianos, ignorando que noventa y nueve víctimas no lo eran.

      Lo dicho: Así hacen las noticias y escriben la historia los “predicadores del Dios es Amor”.

    • El caballo del malo dice:

      Y como no, no podía faltar Irán, porque hay que ir preparando a la gente en el tan anunciado y querido bombardeo de un país que ha desafiado el exclusivismo de los poderosos.

      Aquí lo que fastidia es que la República de Irán está ejerciendo su derecho al desarrollo tecnológico, y que lo está haciendo apenas sin ayuda exterior, lo que derriba los topicazos sobre el “oscurantismo islámico”.

      En Irán, por ejemplo, por ley, tiene que haber como mínimo dos parlamentarios cristianos.
      Pueden haber más, pero la ley obliga a que, como mínimo, sean dos.
      Según un informe publicado por el diario The Washington Post, el Gobierno estadounidense ha promovido y financiado durante las últimas tres décadas el éxodo de las minorías de Irán a través de la organización hebrea HIAS (siglas en inglés de Asociación de Ayuda al Inmigrante Hebreo).
      Así pues, son los Estados Unidos y los sionistas los que llevan tres décadas aplicando una política para que desaparezcan las minorías religiosas en Irán.

      Échele la culpa a quien corresponda.

  6. Ateo dice:

    Lo que raya lo inhumano es las exigencias de los musulmanes en occidente mientras ellos persiguen, matan y tratan a los cristianos como auténticos Dhimmis, es una vergüenza que no denuncies las persecuciones y matanzas de los cristianos en tierras del islam como los coptos en Egipto, solo son ciudadanos de segunda, sin derechos.

    Lo peor de todo son los conversos, de todas las formas lo comprendo tenéis que demostrar demasiado para ser aceptados como nuevos musulmanes, y con todo no alcanzáis a conseguir la gracia de que os traten de tu a tu, y no cesan de criticaros en los foros.

    Pretendéis ser auténticos musulmanes, pero no se fían, estáis en tierra de nadie, que pena vuestra situación, y que bien has aprendido a utilizar la mentira taqiyya.

    Censuralo si quieres tanto me da, con que lo leas tu es suficiente.

    • abdennurprado dice:

      ¿Los musulmanes en occidente persiguen a alguien?

      Nosotros Sí denunciamos cualquier persecución sufrida por cualquier ser humano, en cualquier parte. He sido colaborador del relator de Naciones Unidas contra la xenofobia, y he hecho un informe sobre la situación de los cristianos en el mundo islámico. No tenemos el doble rasero del que tu haces gala.

      esta distinción de los musulmanes entre conversos y no conversos es ilusoria. Llevo muchos años siendo musulmán y nunca he tenido ese tipo de problemas, ni lo he visto en ninguna parte. Todo lo contrario.

    • El caballo del malo dice:

      Sí, sí, “ateo” y reproduciendo los topicazos de los “cruzados”.
      Precisamente “Dhimnis” significa “protegido”.

      ¿Que los coptos son perseguidos en Egipto?
      Pues llevan catorce siglos y siguen siendo millones. Menudos incapaces estos islámicos.
      ¿Y cuantos coptos están en prisiones egipcias por motivos ideológicos? Pues muy poquitos, mientras son miles los musulmanes los que, en Egipto, están en las cárceles por oponerse al despotismo del régimen de Mubarak.

      Y sobre la “Taquilla”, el problema es que piensa el embustero que los demás también mentimos.
      Pero es lógico que eche mano de cuentos etruscos, “ateo”, como no puede rebatir nuestros datos y argumentos, tiene que inventarse esa “Taquilla” para decir que todos nuestros datos y argumentos son falsos.
      No va a demostrarlo, claro.

      Además ¿Que le importa a usted la libertad religiosa fuera si aprueba la opresión religiosa en nuestro propio país?

  7. muyahid dice:

    Los islámofobos en su línea habitual. Se trata de minimizar o ningunear las persecuciones contra los musulmanes. La estrategia esta clara: en unos casos, consiste en buscar contraejemplos en los que los musulmanes sean los verdugos, como si de este modo se pudiera “contrarrestar” la miseria humana. Si matan musulmanes en la India, tambiém matan cristianos en Sudán, así que estamos “empatados”…Otra estrategia es desvíar la atención hacia otras cuestiones, como el hecho de que los musulmanes opongan una “resistencia armada”. Por lo visto, eso los desligitima, aunque yo siempre pensé que la legítima defensa se trataba de un derecho reconocido por las leyes internacionales. También se dice que la resistencia armada “no se da entre los cristianos y otros credos bajo la dhimma”. El que esto escribe no debe de conocer a John Garang y sus secuaces o a las falanges cristianas del Líbano…En cualquier caso, el mundo cristiano renunció hace tiempo a emprender guerras en nombre del cristianismo (también hay excepciones: puede repasarse el discurso de Bush en su agresión a Irak o el del gobierno etíope en su agresión a Somalia)y prefiere justificar sus tropelías en nombre de la “civilización y la “democracia”.

  8. muyahid dice:

    Lamentable lo descrito por Lyon. Ahora sólo falta que Lyon también se acuerde de la violación sistemática de todas las resoluciones de la ONU por parte de Israel, con el apoyo cómplice de EE.UU, y entonces me empezaré a tomar en serio sus palabras.

  9. Mouhssin dice:

    salamu alaicum, es de agradecer la dedicación esclarecedora y minuciosa en la confección y desarrollo del artículo, partiendo del título hacia una lectura cautivadora por su coherencia y reflejo empírico en datos y realidades sumamente amargas; vivencias que nadie ha negado su existencia con otros credos o ideologías, ni mucho menos dejado de repudiar y de denunciar, como musulmanes y como seres humanos que heredamos el deber y la obligación de impedir la injusticia en distinto grado, según las capacidades y aptitudes de cada uno. Es de aplaudir todo tipo de denuncia hacia lo que aflige al ser humano, venga de donde venga, en su contexto y en su espacio, de otra manera quizás sólo beneficiemos y alimentemos ese poder siniestro que encuentra en el miedo y en la discordia un filón de adeptos y consumidores; cómo no va a querer Dios a todos sus hijos por igual !!!

  10. Helena dice:

    Pues yo, gracias a este artículo, me he enterado de cosas de las que no tenía ni idea. Le doy de nuevo las gracias a Abdennur por publicarlo.
    Y bueno, para los islamófobos quería mencionar el caso de Senegal, país de mayoría musulmana y en el que se eligió a un presidente cristiano.
    Saludos

  11. Rodrigo dice:

    Sin ser un experto en religiones, me llama la atención la conflictividad de todo lo que rodea a la cultura musulmana particularmente.

    Les entendería si tan sólo tuviesen problemas con los americanos o algún país en particular. Pero es cosa de leer este blog, para percatarse que son conflictivos en un sinnúmero de países y culturas.

    Quizás lo mejor sería, hacer desaparecer una religión tan belicosa, que es una carga para la humanidad.

    Saludos.

    • abdennurprado dice:

      Si, claro, los musulmanes son perseguidos en todo el mundo por cristianos, judíos, ateos, hinuístas y budistas… y resulta que ellos son los belicosos! Una vez más: la transformación de la víctima en culpable. La solución que propones: el exterminio de los musulmanes, es decir, de una cuarta parte de la humanidad.

      En fin, si te llamase nazi me quedaría corto.

      Saludos.

  12. Un cristiano dice:

    Muy bien, Abdenur. Ahora sólo te falta escribir otro artículo sobre las persecuciones sufridas por los cristianos, yo soy cristiano, en todo el mundo musulmán. ¿Serás capaz de hacerlo?

  13. Voayge dice:

    Este artículo es lo de siempre, ninguna autocrítica por parte de alguien que se cree seguidor de la religión “verdadera” y miembro por tanto de la comunidad “verdadera”. La culpa de todos, absolutamente de todos, ya sean judíos, birmanos, filipinos, americanos, hindúes, cristianos, rusos, etc. De todos excepto de los musulmanes.

    Como si no existiera el islamismo con su enorme violencia, como si las minorías no musulmanas no estuvieran discriminadas allí donde el islam tiene el poder, empezando por su tierra sagrada (en la meca ni siquiera podemos entrar los no musulmanes, ¿os pasa lo mismo en Roma o el Tibet? No).

    Y como si la situación de pobreza de los musulmanes fuera culpa de los otros. Como si los musulmanes de la India (caso que denuncias), bajo poder hindú, vivieran peor que los musulmanes de Pakistán bajo poder musulmán en un país hecho por ellos para ellos.
    Pero es que no sólo es Pakistán, desde Marruecos a Indonesia, la situación de atraso, pobreza, fanatismo relgioso, corrupción, analfabetismo, discriminación de la mujer, de las minorías, etc de las sociedades musulmanas es notable comparada con las sociedades de mayorías cristianas, hindú, judía, confucianas o budistas.

    ¿Nada que te haga reflexionar? ¿Todo culpa de los demás? Si es así, entiendo perfectamente porqué funciona tan mal el mundo que está bajo el islam. No hay posibilidad de mejora sin capacidad de autocrítica, de duda. Lleváis 1000 años sin ciencia propia.
    Porque sin la duda no existe la reflexión.

    Creer en algo pasa a ser un problema cuando el creer impide pensar críticamente en aquello que se cree.

    • abdennurprado dice:

      Tu comentario es puro antisemitismo. Reproduce lo que siempre les han dicho siempre a los judíos cuando han denunciado las persecuciones a las que se han visto sometidos.

  14. Fawaz ali dice:

    Señor y que me dice de persecucion de los cristianos en arabia saudita y en muchos paises arabes. Lo siento pero este articulo asi como to el islam simplemnete es de doble moral.

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