Detención para al-Bashir… ¿y para cuando Bush?

Tras años de deliberaciones, la Corte Penal Internacional ha ordenado el arresto del presidente de Sudán, Omar Al Bachir, por crímenes de guerra y lesa humanidad en la región de Darfur. Uno de los casos más extremos de violencia contra musulmanes en el mundo ha tenido lugar en la última década en Darfur. Con el agravante de que esta violencia es ejercida por otros (supuestos) musulmanes. Existen testimonios reiterados que informan de como las milicias árabes llamados janjaweed irrumpen en las aldeas incendiando casas y matando a todos aquellos que se les oponen. En un informe elaborado por Human Rights Watch —Darfur Destroyed: Ethnic Cleansing by Government and Militia Forces in Western Sudan— se documenta la destrucción de mezquitas, el asesinado de imames y líderes religiosos y la profanación de ejemplares del Corán (según el informe, se cagan sobre ellos). Se habla de ejecuciones sumarias, incendios de pueblos y de aldeas, de violaciones en masa, de la hégira forzada de cientos de miles de personas ante la connivencia del ejército.


Ante estos crímenes, la noticia de la orden de detención lanzada contra el presidente sudanés es sin duda positiva. Una ocasión para reflexionar sobre el papel de dicho tribunal en relación a otros crímenes contra la humanidad que se han cometido y se están cometiendo en el presente. Nos alegramos de que los crímenes de Darfur sean juzgados. Pero la pregunta se impone: ¿para cuando los Bush, Putin o los líderes israelíes? Mientras no se juzguen todos los crímenes contra la humanidad, el tribunal corre el peligro de ser considerado como un instrumento político, al servicio de los intereses de las grandes potencias de occidente.


Los siglos XIX y XX pasarán a la historia como la época de los genocidios impunes. El siglo XIX vio el apogeo del colonialismo, la empresa de depredación más grande emprendida por la humanidad. El último cuarto del siglo XIX fue testigo de dos horribles hambrunas planetarias, de 1876 a 1879 y de 1896 a 1902. Del noreste de Brasil al sur de África, India central y el norte de China, no menos de 30 millones de personas murieron cuando en el mundo había sólo la sexta parte de la población actual. En Marruecos y en el Cuerno de África, pereció una tercera parte de la población. En el noreste de Brasil se perdieron un millón de vidas. Diez millones en China. Diecinueve millones más murieron de hambre en la India.


El siglo XX no le va a la zaga. Citamos algunos de los casos más conocidos de matanzas masivas de civiles, sin ánimo de ser exhaustivos en esta auténtica lista de los horrores que nos muestra el lado más oscuro de la modernidad:


• Genocidio armenio, víctimas del laicismo turco.
• La población china en manos del imperialismo japonés
• El genocidio judío, obra del nacionalsocialismo
• Las deportaciones masivas y matanzas del estalinismo
• La revolución cultural maoísta
• Los jmeres rojos en Camboya
• Ocupación y genocidio en Cachemira
• Las guerras de Indochina, de Corea y de Vietnam
• Matanzas de comunistas en Indonesia
• Colonización y genocidio del pueblo palestino
• El genocidio de los tutsis en Ruanda
• Limpieza étnica en la antigua Yugoslavia
• Ocupación y genocidio checheno
• La guerra civil en el Congo
• Matanzas en Darfur


A estos hay que añadir las matanzas de Francia en Argel, los crímenes de las dictaduras sudamericanas, el apartheid sudafricano, la situación de las minorías en Birmania… y tantos otros. En su momento, solo los de la Alemania nazi y del Japón imperial fueron juzgados, vencedores contra vencidos.

Ante este panorama, sin duda fue una gran noticia la creación de la Corte Penal Internacional, como un tribunal internacional cuya misión es juzgar a las personas que han cometido crímenes de genocidio, de guerra y de lesa humanidad como la esclavitud, el apartheid, el exterminio, los asesinatos, las desapariciones forzadas, las torturas… Todos aquellos crímenes contra la humanidad que han sido y son práctica habitual de la mayoría de los estados del mundo desde su fundación.


De todos los casos que han tenido lugar en los últimos años, los únicos que han sido juzgados por dicho tribunal son los siguientes: crímenes internacionales en el Congo, la República centroafricana, los crímenes del Ejército del Señor en Uganda y las matanzas de Darfur. Pero otros muchos crímenes igualmente horribles y masivos ni siquiera son investigados. La pregunta se impone: ¿es la Corte Penal Internacional neutral? ¿Tiene verdaderamente la misión de juzgar todos los crímenes contra la humanidad de los cuales los culpables sigan vivos?


Si fuese así, su trabajo sería titánico. Podría empezar por juzgar a los responsables de los bombardeos sobre Vietnam, Corea o Indochina, y seguir con los responsables de la guerra de Irak, y de las ocupaciones de Chechenia y de Cachemira. Podría juzgar a los militares y a los asesores de la CIA que planearon el asesinato masivo de comunistas en Indonesia, durante los años 1965-66. Podría juzgar a todos los presidentes y jefes del ejército de Israel desde su fundación… Si realmente esta fuese su misión, podría constituirse en un instrumento para frenar la ambición de aquellos a los cuales la muerte y el sufrimiento de cientos de miles de personas les traen sin cuidado, con tal de satisfacer sus ambiciones o planes de dominio planetario.


Pero la Corte nació con una limitación: sólo tiene jurisdicción para los genocidios cometidos después de 2002. La mayoría de los responsables directos e indirectos de las muertes, violaciones y torturas de millones de personas durante el último siglo han quedado impunes. Un pobre diablo que estrangula a una niña en un callejón oscuro despierta deseos de linchamiento entre las masas. Pero un criminal que ordena la invasión de un país, que desencadenará muertes en masa, recibe parabienes y es fotografiado con su corbata y su sonrisa reluciente en el gran mercado de la comunicación de masas.

2 respuestas a Detención para al-Bashir… ¿y para cuando Bush?

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