Hermenéutica coránica igualitaria

En el aspecto intelectual, el feminismo islámico tiene un fuerte carácter combativo, de resistencia ante el avance del fundamentalismo. Hoy en día, nos encontramos con una serie de argumentos mediante los cuales se pretende justificar la discriminación de las mujeres musulmanas, pretendidamente emanados del Qur’án y de la Sunna del Profeta. Ante este discurso patriarcal, la tarea hermenéutica es fundamental. Se trata de interpretar el Qur’án desde una perspectiva de género, para poner en evidencia la falta de fundamento de las interpretaciones patriarcales dominantes. La clave está en la recuperación de lo que las feministas llaman el ‘Mensaje igualitario del Qur’án’, como expresión de un orden basado en la igualdad ontológica de hombres y mujeres, un orden que no justifica la segregación de los sexos ni la desigualdad jurídica. 

Esta no es una reivindicación que se quede en el ámbito académico, sino uno de los principios invocados por organizaciones conocidas por su lucha en pos de los derechos de las mujeres. En su web, el grupo malayo Sisters in Islam, se presenta como

“un grupo de mujeres profesionales musulmanas comprometidas en la promoción de los derechos de la mujer dentro del marco del Islam. Estos esfuerzos están basados en los principios de igualdad, justicia y libertad proclamados por el Qur’án, tal y como se hace evidente durante nuestro estudio del texto sagrado.” [1]

Vista desde fuera, esta insistencia en ‘salvar al Qur’án’ puede parecer desconcertante. Sin embargo, es una constante en los movimientos a los cuales hacemos referencia. Esto significa, ni más ni menos, que existe la pretensión de que el Qur’án no justifica el patriarcado. Más bien, se argumenta que han sido las lecturas patriarcales del Qur’án las que han dado como resultado la estructura patriarcal de la mayoría de las sociedades musulmanas. Desde este convencimiento, se hace necesario un proceso de deconstrucción, una hermenéutica en clave feminista, mediante la cual se pueda recuperar el mensaje del Qur’án como texto sagrado, su llamado a la construcción de una sociedad igualitaria.

Este trabajo se basa en una premisa previa: la conciencia de que el Qur’án ha sido leído tradicionalmente desde una óptica patriarcal, y de que todo el edificio del pensamiento, la jurisprudencia y la sociedad islámica tradicional está viciado por esta lectura. Esto se hace evidente en los grandes tafsires (comentarios coránicos) del período clásico, en los cuales es frecuente encontrar comentarios misóginos.

Tal vez el libro más destacado en cuanto a la de-construcción del patriarcado en el islam sea Believing Women in Islam: Unreading Patriarchal Interpretations of the Qur’án[2], de Asma Barlas[3]. Citamos un extenso fragmento en el cual la autora explica su metodología:

“Básicamente, lo que he intentado en este libro es cuestionar las lecturas del islam como un patriarcado religioso que supuestamente pone un ‘sello sagrado […] a la sumisión femenina’, en palabras de la conocida feminista musulmana Fatima Mernissi. Pese a la hegemonía de estas lecturas, me opongo a ellas tanto desde el punto de vista histórico como hermenéutico, es decir, considerando el texto, la tradición, la autoridad y la razón como entidades diferenciadas y también como un conjunto de relaciones que se solapan. De este modo, aunque mi objeto de estudio es el ‘propio’ Qur’án, en primer lugar lo examino con relación a la historia, la tradición y la naturaleza de la política sexual/textual en las sociedades musulmanas que propiciaron su exégesis patriarcal. Una de las observaciones que hago a este respecto es que las compresiones musulmanas del texto estaban determinadas por la forma en que se llegaron a definir la epistemología y la metodología religiosa y, a su vez, éstas estaban influidas por las complejas relaciones políticas que se establecieron entre estados musulmanes y comunidades interpretativas a lo largo de los siglos. Este análisis pretende mostrar lo profundamente atrapado que está el Qur’án en los métodos de razonamiento y la autoridad patriarcales, y subrayar la necesidad urgente de una hermenéutica de recuperación que pueda reformular nuestra comprensión del mismo. Eso es lo que intento hacer en la segunda parte de mi libro.

El aspecto hermenéutico de mi argumentación pretende recuperar la epistemología igualitaria y antipatriarcal del Qur’án en una serie de pasos. El primero es cuestionar el reduccionismo interpretativo –es decir, la idea de que el Qur’án sólo posee una serie de significados patriarcales–, enfatizando el principio de polisemia textual. El segundo es argumentar en contra del relativismo interpretativo –es decir, la idea opuesta de que todas las lecturas son igual de correctas y que, por tanto, una lectura patriarcal del texto es tan apropiada como una lectura antipatriarcal–, alegando que algunas lecturas, en realidad, no son ni legítimas desde el punto de vista contextual ni sólidas desde el punto de vista teológico. Por ejemplo, las lecturas que subrayan el zulm (la injusticia resultante de transgredir los derechos de una persona) en el discurso divino violan la enseñanza del Qur’án de que Dios nunca causa zulm a la gente. El tercer paso, por tanto, es localizar las claves hermenéuticas para interpretar el Qur’án en la naturaleza de la auto-revelación divina y aunque esta decisión teológica pueda molestar a algunas personas, como otros creyentes, también sostengo que la finalidad de la fe es actuar como una ‘ayuda para comprender [al permitirle a uno integrar] pensamiento y creencia’.

La última parte de mi proyecto consiste en releer el propio Qur’án a la luz de una definición más clara de patriarcado. Sostengo que si el ‘patriarcado es un continuo en uno de cuyos extremos se hallan las falsas representaciones de Dios como padre, y de los padres como gobernantes sobre mujeres y niños; y en el otro extremo, la noción de diferenciación sexual que se utiliza para privilegiar a los hombre mientras se alteriza a las mujeres, entonces las enseñanzas del Qur’án son antipatriarcales’. Esto se debe no sólo a que el Qur’án rechaza el imaginario patriarcal de Dios como Padre, sino también a que rechaza las teorías de dominio del padre/marido así como las ideas de desigualdad y diferenciación sexual. La promesa liberadora del Qur’án también radica en su tratamiento de la igualdad sexual como un hecho ontológico, su negativa a sexualizar a la personalidad moral, su promesa de múltiples caminos hacia Dios y su disposición para hablar directamente a las mujeres.”[4]

Son numerosos ya los estudios en esta dirección. Algunas de ellas estarán estos días con nosotros. Imprescindibles son los textos de Amina Wadud, Riffat Hassan, Aziza al-Hibri, Ziba Mir-Hosseini, Lily Zakiyah Munir, Shaheen Sardar Ali, Ali Agshar Enginner, Nae’em Jennah, Dahlia Eissa, entre otras. No podemos aquí analizar todos los aspectos de sus discursos, ni su pluralidad de voces. Nos contentaremos con trazar sus líneas generales, que pueden resumirse en el siguiente esquema:

  1. Recuperación de los principios (éticos y cosmológicos) que deben encuadrar la exégesis coránica:
    1. Tawhid,
    2. Justicia (‘Adl)
    3. Taqua.
  2. El Qur’án no justifica el patriarcado
    1. En el Qur’án, Dios no es masculino.
    2. Dios no es Padre.
    3. El Qur’án establece la igualdad ontológica entre el hombre y la mujer.
    4. El Qur’án se dirige indistintamente a hombres y mujeres.
    5. El Qur’án no establece la autoridad paterna.

1.     Recuperación de los principios que deben encuadrar la exégesis coránica[5]. 

1.1.                       Tawhid, la Unicidad de todo lo creado. El Tawhid es uno de los principios básicos del islam, la idea de que no existe otra realidad aparte de la Realidad Única: “Él es un Dios Único” (112:1) y “no hay nada como Él” (44:11). El contrario del Tawhid es el Shirk, el asociar a Dios algo creado, la pretensión de que existen dioses aparte del Dios único. El Tawhid plantea la integración de lo múltiple en lo Uno: todo lo creado está unido por su origen en Al-lâh, sin que podamos establecer una gradación ontológica en base a características creadas, tales como las razas, las nacionalidades o el género. Según destaca Azizah Y. Al-Hibri, el Tawhid conduce a la “fundamental igualdad metafísica de todas las criaturas de Dios, y esto tiene una importancia como fundamento de la comprensión feminista del Qur’án”[6].

1.2.                       Taqua. Según Fazlur Rahman, taqua es “el concepto ético central en el Qur’án”[7]. Esta palabra es a veces traducida como ‘piedad’, pero que tiene el sentido de ‘protegerse, tener cuidado de’. Muhámmad Asad lo traduce como ‘consciencia de Dios’. Existe un dicho según el cual se dice que quien tiene taqua está en presencia de Al-lâh[8]. El Qur’án establece que el único principio que distingue a unos seres de los otros es su taqua: 

¡Oh gentes!
Ciertamente, os hemos creado a todos de varón y hembra,
y os hemos hecho naciones y tribus,
para que os reconozcáis unos a otros.
Realmente, el más noble de vosotros ante Dios
es aquel que es más profundamente consciente de Él. 
Ciertamente, Dios es omnisciente, consciente de todo.

(Qur’án 49: 13)

Para Amina Wadud, este versículo “reconstruye toda dimensión de la existencia humana. Empieza con la creación y posteriormente reconoce a la pareja: varón y hembra. Y estos son más tarde incorporados en otros grupos más extensos o más pequeños, citados como nación y tribu respectivamente… La culminación de este versículo y su aspecto central en este tema es: ‘el mas noble de entre vosotros según la perspectiva de Al-lâh es quien (él o ella) posee más taqua’. Al-lâh no hace distinciones en base a la riqueza, la nacionalidad, el sexo o el contexto histórico, sino en base a la taqua. Y es desde tal perspectiva que debería analizarse toda diferencia entre hombre y mujer, mujer y hombre.”[9]

Si aplicamos este principio coránico a las relaciones de género, parece evidente que destruye toda posibilidad de que el hombre sea superior a la mujer, por el simple hecho de ser hombre. Esto supondría negar el mensaje ético del Qur’án en su raíz, y situar una consideración biológica del todo ajena al texto por encima del mismo.

1.3.                       Justicia (‘Adl). Existen dos palabras coránicas para la justicia, ‘adl y quist[10]. Según el Qur’án, el mundo ha sido creado en la Justicia, esto es, en equilibrio permanente. El sol y la luna se relacionan según un perfecto equilibrio, que marca el ritmo de la vida de las criaturas. Romper este equilibrio (cometer injusticia: dzulm) es algo que sólo está en manos de los seres humanos: sobre ellos ha sido depositada la confianza de Al-lâh, su ámana, y sólo ellos pueden traicionarla. Injusto es todo acto, palabra o pensamiento que rompe con este equilibrio natural. El símbolo de la Justicia es al-Mîçân, la balanza: “El Más Misericordioso… ha elevado los cielos, y ha establecido la Balanza” (Qur’án 55: 1 y 7).

El equilibrio de fuerzas complementarias está en la base de la Creación: entre lo activo y lo pasivo, lo masculino y lo femenino, el cielo y la tierra, el cambio y la permanencia, etc. Este mismo equilibrio debe regir las relaciones entre las personas y de estas con la naturaleza. El islam es el camino de en medio: armonía entre lo interior y lo exterior, entre el precio y el objeto, entre la razón y los instintos. También entre las necesidades corporales y las espirituales, o entre lo individual y lo colectivo. Cualquier exceso a favor de uno de estos polos va en detrimento del otro, y da como resultado seres y sociedades deformes. Un perfecto equilibrio y balanceo de fuerzas es lo que proporciona la felicidad/serenidad, tanto en este mundo como en el otro.

Dentro de esta visión, el equilibrio entre los dos polos de la pareja (las fuerzas masculina y femenina) es determinante. Masculino y femenino no corresponden al hombre y la mujer, sino que constituyen motores internos presentes en cada criatura. Lo femenino está en equilibrio con lo masculino tanto en el hombre como en la mujer. Tratar de acotar lo femenino en la mujer y subordinarlo a lo masculino como esencia exclusiva del hombre es romper el equilibrio interno del hombre y la mujer, la polaridad que está presente en cada una de las criaturas. De ahí se derivan todos los desequilibrios que encontramos en las sociedades patriarcales: “Dios no quiere la injusticia para Su creación (lit. ‘para los mundos’) (Qur’án 3: 108). “Dios ordena la justicia, hacer el bien, y la generosidad para con el prójimo” (Qur’án 16:90). Sed justos: esto es lo más afín a la taqua” (Qur’án 5: 8).

2.      El Qur’án no justifica el patriarcado. Podemos definir el patriarcado como el conglomerado de relaciones sociales, económicas e ideológicas que se originan en la creencia en la inferioridad o subordinación de la mujer respecto al hombre. El discurso patriarcal sostiene que las capacidades de la mujer son limitadas con respecto al hombre, y considera que por sus características biológicas, la mujer ha sido dotada específicamente para la maternidad y los trabajos del hogar. En el terreno religioso, el patriarcado otorga a Dios características masculinas. Según Asma Barlas, ninguno de estos presupuestos están presentes en el Qur’án[11].

2.1.                       En el Qur’án, Dios no es masculino. De hecho, la asociación de Dios con un determinado sexo (como con cualquier otra característica biológica) constituye shirk según todas las escuelas de pensamiento islámico. Dice el Qur’án: todo lo creamos por pares. En el mundo de las formas, todo es dual: femenino-masculino, húmedo-seco, alto-bajo, oscuro-luminoso, etc. Toda cualidad tiene otra que se le opone, y con la que busca estar en equilibrio. En su obra El Tao del islam, Sachiko Murata ha puesto en evidencia las similitudes de la cosmología coránica y la taoísta[12]. En el Qur’án, Dios recibe muchos Nombres, los llamados Más Bellos Nombres de Al-lâh (al-asmâ’ al-husnà). Se constata la existencia de Nombres de Majestad (asmâ al-Yalâl) y de Nombres de Belleza (asmâ al-Yamâl). Los de Majestad corresponden a las cualidades activas- masculinas (el yang del tao): al-Malik (el Rey), al-‘Azîz (el Poderoso), al-Ÿabbâr (el Dominador), al-Qahhâr (el Subyugador), al-‘Alî (el Altísimo), al-Kabir (el Grande), al-Ÿalil (el Majestuoso), etc. Son Nombres que infunden temor, porque hablan de Su grandeza y la insignificancia del hombre, criatura constantemente expuesta al dolor y a la alegría, criatura dependiente, necesitada de alimentos y ternura. Los Nombres de Belleza corresponden a las cualidades femeninas (el ying del tao): al-Rahmân (el Misericordioso o Matricial), al-Rahîm (el Compasivo o Matriciante), al-Halîm (el Manso), as-Salam (la Paz) y al-Wadûd (el Cariñoso), entre otros. Son Nombres que nos invitan a confiar en Él y a amarle, pues a través de ellos Al-lâh se muestra Compasivo, Cercano, Tierno. En Al-lâh, como en cada partícula de la Creación, las cualidades masculinas y femeninas están en equilibrio[13]. 

2.2.                       Dios no es Padre. Al contrario que en el cristianismo, en el islam no se percibe a la divinidad como un ‘Padre eterno’. El Qur’án es muy explícito a la hora de negarle el atributo de la paternidad: No engendra, ni ha sido engendrado (Qur’án 112: 3). Según Asma Barlas, esto es inseparable de la idea del Tawhid: “La Unidad de Dios significa no únicamente que Dios no tiene asociados, sino también que Dios no es ni Hijo (Cristo) ni Padre (de Cristo o de otras deidades).” [14]

2.3.                       El Qur’án establece la igualdad ontológica entre el hombre y la mujer. Habla de la Creación de los hombres y mujeres a partir de una sola nafs (alma), de un principio unitario e indiferenciado a partir de lo cual surgen hombres y mujeres.

¡Oh gentes! Sed conscientes de vuestro Sustentador,
que os ha creado de un sólo ente vivo [de una sola
nafs]
del cual creó a su pareja
y de esos dos hizo surgir a multitud de hombres y de mujeres.
Y
manteneos conscientes de Dios,
en cuyo nombre os reclamáis mutuamente [vuestros derechos]
(Qur’án 4:1).
 

Respecto a este versículo, Riffat Hassan comenta la importancia central de la cuestión de la creación de la mujer, y afirma que es más importante que cualquier otra en el plano filosófico y teológico. Si el hombre y la mujer fueron creados iguales por Dios, y éste está considerado como el árbitro último de la justicia, entonces, no pueden volverse desiguales, en esencia, en una época posterior. Así, su desigualdad evidente en el mundo patriarcal, es una afrenta en el plano divino[15].

2.4.                       El Qur’án se dirige indistintamente a hombres y mujeres. En la historia de filosofía la noción de naturaleza humana ha sido a menudo normativa: ser ‘totalmente humano’ se ve como una meta a ser lograda. El concepto de ‘humanidad’  ha sido vinculado a menudo a características esencialmente masculinas. Estas características diferencian al mismo tiempo a los seres humanos de otros animales y a los hombres de las mujeres. El carácter diferencial del ser humano es la racionalidad, pero a la mujer se la considera un ser emotivo y sensible, prácticamente excluida de esta racionalidad. En el Qur’án no se establece ninguna distinción de valores o características entre los sexos, y su Mensaje se dirige indistintamente a hombres y mujeres:

En verdad, para [todos] los hombres y mujeres
que se han sometido a Dios,
los creyentes y las creyentes,
los hombres y mujeres realmente devotos,
los hombres y mujeres fieles a su palabra,
los hombres y mujeres pacientes en la adversidad,
los hombres y mujeres humildes,
los hombres y mujeres que dan limosna,
los abstinentes y las abstinentes,
los hombres y mujeres que guardan su castidad,
y los hombres y mujeres que recuerdan mucho a Dios:
para [todos] ellos ha preparado Dios perdón de los pecados
y una magnífica recompensa.

(Qur’án 33: 35)
 

2.5.                       El Qur’án no establece la autoridad paterna como jefe de familia, ni la segregación de los sexos, ni tan siquiera la existencia de roles diferenciados para el hombre y la mujer por razones biológicas: “El Qur’án nunca ordena a la mujer a que obedezca a su marido, ni establece que la obediencia a sus maridos sea una característica de las ‘mejores mujeres’ (66:5), ni la obediencia al marido es un prerrequisito para las mujeres que entran en la comunidad del islam (en el Bay’ah de las mujeres: 60:12)”[16].

Notas


[1] Sisters in islam, Our Mission: http://www.sistersinislam.org.my/mission.htm

[2] Barlas, Asma. Believing Women in Islam: Unreading Patriarchal Interpretations of the Quran, The University of Texas Press, US, 2002.

[3] Web personal de Asma Barlas: http://www.asmabarlas.com/

[4] Barlas, Asma. Texto, Tradición y Razón: Hermenéutica coránica y política sexual. En Webislam: http://www.webislam.com/default.asp?idt=1678

[5] Tomamos esta clasificación de Nae’em Jennah: Towards an Islamic feminist hermeneutic. University of the Witwatersrand. Journal for Islamic Studies, Vol 21, Cape Town: Centre for Contemporary Islam, 36–70.

[6] Azizah Y. Al-Hibri, “An Introduction to Muslim Women’s Rights” en Gizela Webb (ed.), Windows of Faith: Muslim Women Scholar Activists in North America, New York: Syracuse University Press, 2000, 51-54.

[7] Fazlur Rahman, “Some Key Ethical Concepts in the Qur’an”, Journal of Religious Ethics 11, 1983, 176.

[8] Monturiol, Yaratullah. Términos clave del islam, ed. Junta Islámica 2005, p.106.

[9] Wadud-Muhsin, Amina. Quran and Woman. Penerbit Fajar Bakti Sdn. Bhd., Malaysia (avail. through Oxford University Press), 1992. 

[10] Muhámmad Asad traduce ‘adl como ‘justicia’ y quist como ‘equidad’.

[11] Barlas, Asmas. Believing Women in Islam: Unreading Patriarchal Interpretations of the Quran, The University of Texas Press, US, 2002.

[12] Murata, Sachiko. La enseñanza del Islam y de las religiones orientales en Occidente

http://www.webislam.com/numeros/2002/179/Temas/ense%C3%B1anza_islam.htm 

[13] Veáse: Abdennur Prado, Los Nombres de Al-lâh. http://www.webislam.com/?idt=5240

[14] Barlas, Asma. Believing Women in Islam: Unreading Patriarchal Interpretations of the Quran, The University of Texas Press, US, 2002. Barlas dedica un capítulo a este tema, pp.94-99.

[15] ¿Iguales ante Allah? http://www.webislam.com/?idt=2255. Véase también la entrevista a Ndeye Andujar: Mujeres y musulmanas. http://www.webislam.com/?idt=5122

[16] Amina Wadud. Qur’án and women.

3 respuestas a Hermenéutica coránica igualitaria

  1. hawa dice:

    dices en tu artículo: Dentro de esta visión los dos polos de la pareja femenino masculino.

    Decirte que soy acupuntora, mi profesor que es presidente de la organizacxión en china médico etc…Carlos Nogueira Cayetano, cuando empezamos a estudiar, nos deijo el cuerpo el movimiento ying yang, hombre mujer, complementos que actuan conjuntamente, el papel del hombre como energía y el de la mujer, así la misma aplicación a los ´´organos y vísceras, femenino, masculino, como cada uno hace su parte, en función de su esencia energética, no hay dominantes, no se puede pues se rompe el equilibrio

    Por tanto en toda esta historia el Corán etc, hay intereses creados por lo que cada uno quiera, pero todo esto son velos pesos que en realidad estropean la esencia del Islam, y ponen barreras para que otros se acerquen, hay mujeres bellas por dentro que el mundo las necesita fuera, para mi es respetable todo, porque respeto a la Musulmana que se queda en casa cuidando al marido y a los hijos, yo no lo hago,, pero sé que mi camino es otro, al igual que la que sienta por voluntad propia quedarse en casa y te Es importante respetar la guía interior de quien sienta lo que sienta , tener niños, que los tenga…

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