Trabaja la palabra

Aunque la nieve caiga en racimos maduros
nadie sacude ramas allá arriba

el árbol de la luz no da frutos de nieve.
Octavio Paz, Semillas para un himno

Animales porosos, de espanto a
la deriva. Jardines invisibles y un
cielo concentrado
en un punto
infinito.

Infinita la sed en este
día, el aroma de ausencia, la
voz naciendo a espaldas de
la hora, hacia la
lejanía, alud, enredadera,
liana, abismo, mar
enmascarado.

Animal la palabra, porosa,
visitada por duendes y
esperanza, visitada por una vieja estrella
en un ciclo de
muerte.

La palabra se estrella,
envenenada flecha hacia un horizonte
de fuego, hacia un fracaso o
verde porcelana
rota en fragmentos, contra la palabra.

Oh sed, oh lejanía, vocal
llagada, manos en la masa, la
eterna profusión de números trabaja
en las tripas del
mundo submarino.

Oh sed, oh lejanía,
la palabra trabaja los músculos del
fuego, tensa la luz y
alcanza la avenida
del cielo azul como
humo que se eleva.

Animales cruzando, del
vientre a la corona, del fuego
a la alegría.

Cruzando y recibiendo a la
palabra, encendiendo
las manos de la nada, acariciando
el viento tu futuro.

Oh fuego azul, trabaja la palabra.

Se encuentra con la máscara arrojada
por un ángel cruzándote la
lengua, signos y antojos de un
destino anterior a tu
propio nacimiento.

Devoración, orientación, sosiego,
la palabra trabaja en lo invisible,
abre canales, canaliza el
fuego, lo concentra y
eleva hacia el vacío, hacia
el encuentro de la marioneta
con pájaros de vidrio.

Oh cielo cristalino, encuentro
vertical, nido de
asombro, asombrosa
presencia del poema.

Encuentro, simulacro, enredadera,
la almendra de
esta mano o el nicho de
este día.

Luz vertical segrega la
noticia, la voz que no
ilumina rompe acaso
el horizonte y hunde su
secreto en una musical
sentencia sin sentido.

Devoración, ocultación que abre
un canal en el
sacro, un hueso en la
conciencia, un número en la
risa.

Oh cenital
deslinde, aparición del agua en una nube,
pasión que se evapora.

Árbol quemado, sueña tu
memoria los frutos en el
cielo.

Árbol de fuego engendra la
semilla, vuela y acoge el vuelo de la
nieve.

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