Introducción a la escatología coránica

Hace un tiempo, un teólogo cristiano hizo una pregunta relativamente simple sobre el Juicio Final a uno de los máximos dirigentes del islam en España. Confesando su desconocimiento, el dirigente musulmán expresó una opinión mayoritaria: los musulmanes sabemos que hemos de morir y que detrás vienen el juicio y la resurrección, pero todo aquello que se refiere a la Última Vida permanece oculto tras un velo. Esta aceptación callada de un misterio que nos sobrepasa puede definirse como una “actitud reverencial”, y constituye una postura común entre los musulmanes hacia la escatología, hacia todos aquellos pasajes o acontecimientos relacionados con la vida después de la muerte: el interrogatorio de la tumba, el toque de trompeta, el juicio final, la resurrección de los muertos, el paraíso y el infierno, etc. Esta reserva es comprensible. Si uno se remite al Qur’án, en un primer instante vemos trazarse claramente el cuadro: los muertos permanecerán en sus tumbas hasta el fin del mundo, cuando serán convocados a un gran juicio, en el cual habrán de rendir cuentas por cada uno de sus actos, que serán pesados en una balanza. Los justos serán recibidos en un paraíso de deleites, mientras los que se han comportado de un modo cruel y zafio serán arrojados a los tormentos del infierno. Este cuadro no deja lugar a dudas, y es compartido por otras religiones. Sin embargo, a medida que nos acercamos a los signos coránicos y a los dichos del profeta, se multiplican las preguntas. Tras el Juicio Final, ¿resucitará el cuerpo físico, carnal, o el hombre encarnará en un cuerpo de luz, espiritual? Si este Juicio se produce solo tras la destrucción del mundo, ¿qué sucede con los cuerpos en las tumbas hasta el Día del Juicio? Cuando el Qur’án habla de las huríes, ¿se trata de seres femeninos o habrá huríes también para las mujeres? ¿Qué tienen que ver el tormento de la tumba, que sucede antes del Juicio, con los tormentos finales del infierno? Algunos juristas musulmanes prohibieron los lamentos en los entierros, porque son una fuente de tormentos para los enterrados. ¿Qué quiere decir que los muertos escuchan los lamentos de los vivos, y que estos les causan un terrible espanto? ¿Qué quiere decir el Qur’án cuando afirma que los creyentes entrarán con sus parejas en el Paraíso? ¿Se establecerán allí relaciones similares a las de la tierra? ¿Cómo se hace esto compatible con la presencia de huríes siempre vírgenes y dispuestas al alcance de la mano? ¿Porqué los justos también sufrirán tormentos en la tumba? La tradición afirma que los mártires (shuhada) accederán directamente al Jardín. Entonces, ¿no sufrirán los tormentos de la tumba? En relación a la resurrección, se habla de la recomposición de los huesos. ¿Cómo pueden los huesos de los mártires estar al mismo tiempo en las tumbas y en el Paraíso? Estas preguntas no son insignificantes, nos sumen en un letargo que ha de durar hasta la muerte. Tememos entrar en un mundo donde toda especulación es vana, donde corremos el riesgo de volvernos locos. Al mismo tiempo, no podemos dejar de reconocer la fuerza de la Palabra revelada, como los signos que el Qur’án menciona nos producen el temblor del reconocimiento. En este campo, más que en ningún otro, debemos afirmar que solo Al-lâh sabe, que todo intento de explicar o racionalizar lo insondable puede apartarnos de la transparencia de una revelación que nos conmueve. Nuestro conocimiento está limitado por el hecho evidente de que no existen testimonios humanos sobre lo que ha de suceder después de la muerte física del cuerpo. Lo que sabemos lo encontramos en el Qur’án y otros libros revelados, y no siempre podemos entender de que se trata. Repasando la bibliografía sobre el islam en castellano, salta a la vista que uno de los temas menos comentados del Qur’án es la escatología. Esta carencia es paralela a la actitud mayoritaria entre los musulmanes.

Todas las preguntas recurrentes sobre la escatología coránica nos remiten a la cuestión esencial del lenguaje. Sin abordar esta cuestión, todo intento de comprensión resulta inútil. La Palabra de Al-lâh es sugerente, nos llega a través de signos y metáforas. Todo lo que tiene que ver con la Última Vida es presentado mediante analogías con “la vida en este mundo”. La metáfora (mayaç) es uno de los recursos literarios más frecuentes en el Qur’án: tal y como hacemos caer lluvia del cielo para vivificar la tierra muerta, así seréis resucitados. Para dar a conocer lo que pertenece al mundo de lo oculto (al-ghaib), el Qur’án suele establecer analogías con el mundo conocido:

La parábola (maçal) del Jardín prometido a los que tienen taqwa (cuidado, conciencia) e uno por donde corren arroyos,
sus frutos serán eternos, y también su sombra.
(Qur’án 13, 35)

Las metáforas del Qur’án no son un mero recurso retórico. La semejanza entre lo oculto y lo visible es tan grande que los habitantes del Jardín apenas podrán distinguir los frutos del paraíso de los de la tierra:

Siempre que se les den, como sustento, frutos de ellos, dirán:
‘¡Esto es lo que antes recibíamos como sustento!’,
porque se les dará algo parecido
(o alegórico, mutashabihat).
(Qur’án 2, 25)

Las palabras mayaç (metáfora) y mutashabihat (alegoría) han sido utilizadas por los racionalistas el islam para explicar las expresiones antropomórficas que encontramos en el Qur’án: “la Mano de Al-lâh”, “la Faz de Al-lâh”, etc.

El mayaç nos remite a la idea del tawhîd: es la conexión interior entre los mundos, la conciencia de que todo está relacionado. Los poetas hablarán de la analogía universal. La idea de la correspondencia universal entre todas las cosas es tan antigua como la sociedad humana. La analogía es un puente, el que tiende la palabra como…  El hombre como la rosa brilla, el cielo como un gato gime, las manos son como la luz, la luz como la amada. Las arañas como las manos rondan el silencio. El adverbio como descubre puentes ocultos entre las cosas, enlaza realidades que permanecían inconexas para una mirada sin ternura. El mundo no es un conjunto de cosas, sino de signos. Una montaña es una palabra, un río es otra, un paisaje es una frase. Todo dice, todo es lenguaje y permanece conectado. En palabras del poeta Octavio Paz: el mundo es la metáfora de una metáfora, lo cual nos recuerda a la frase de ibn Arabi: el mundo es imaginación dentro de la imaginación. La analogía es la ciencia de las correspondencias. Precisamente, desde el momento en que lo conecta todo con un como, está admitiendo tanto la semejanza como la diferencia. Esto es como esto y como esto… pero no es ni lo uno ni lo otro. Existe con todo una semejanza, pero no se borran los contornos de la cosa, aquello que la caracteriza como algo individual. Esa misma relación tenemos con el Uno. La Realidad es Una, pero todo en la Creación tiene una apariencia separada. Analogía: la mujer lejana es como una estrella, inalcanzable pero siempre ahí. La mujer es un signo, una referencia luminosa en la noche de la angustia. La palabra mujer es la palabra estrella es la palabra aurora. No en vano son nombres de mujer, como un presentimiento, como si al nombrar la estrella supiésemos de alguna forma que se trata de la amada. Así, la palabra rompe la lejanía y nos inserta en un entramado de signos que llamamos mundo compartido. Todo está conectado a través de un magnetismo indescifrable. Del mismo modo, todo lo que se refiere a la escatología está representado por un como, por una semejanza. Esto quiere decir que estamos presos en un mundo de representaciones, y que el único modo que poseemos para comprender lo irrepresentable es un recurso literario. Solo podemos comprender los dones del paraíso mediante comparaciones con aquello que nos resulta placentero en esta vida, de ahí que el paraíso en el islam tenga un carácter eminentemente sexual.

Junto al mayaç, otro de los recursos lingüísticos más frecuentes en el Qur’án es el mazal, palabra traducida indistintamente como parábola, ejemplo, arquetipo, símbolo o semejanza. El término mazal ocupa un puesto importante en el Qur’án y aparece con frecuencia, pero es difícil darle una traducción unívoca. Dice el Qur’án:

Al-lâh no se avergüenza de proponer como mazal un mosquito
o lo que esté por encima de él.

(Qur’án 2, 26)

Un mazal es algo que tiene como objeto el ayudarnos a comprender lo que permanece oculto, inasible a las palabras. Mediante los mazal, Al-lâh traspasa el lenguaje meramente denotativo para despertar un mundo de símbolos latente en cada criatura. Es lo que se denomina el ‘âlam al-mizal o mundo de los arquetipos eternos, con los que entramos en contacto mediante la activación de la energía espiritual (himma) y la imaginación (jayâl), órgano de percepción del ÿabarut (Universo de Al-lâh). La imaginación es la visión del corazón, y hay que distinguirla de la fantasía. La imaginación creadora es la facultad del ser humano de representarse las realidades escatológicas y espirituales (lo que sucede en el ÿabarut), mientras que la fantasía es la proyección de nuestros anhelos mundanos, de nuestra sed de posesión y de dominio. La fantasía vela la imaginación, impidiéndole acceder a un mundo que no es una proyección psíquica de deseos insatisfechos, sino una realidad independiente de la mente. Activar nuestro imaginario es ponerse en contacto con lo oculto. A través de las diferentes prácticas espirituales el hombre penetra en la tierra de los arquetipos eternos o âlam al-mizal, donde los espíritus cobran cuerpo (se hacen visibles para el ojo del corazón) y los cuerpos se espiritualizan (se hacen de luz al entrar en contacto con lo invisible). Se trata de evocar aquí la sensibilidad espiritual, de la capacidad de percepción de lo que está más allá de los sentidos corporales.

Con todo esto nos encontramos con el primer dilema, que afecta a la concepción total de la escatología. Si todo en la escatología es comprendido únicamente mediante metáforas de la vida “en este mundo”, ¿acaso no podemos decir que la escatología coránica se refiere a grados espirituales alcanzables en vida, y que toda la parafernalia de las recompensas y castigos después de la muerte física del cuerpo son una quimera? Este es el camino que han seguido ilustres pensadores musulmanes, pero no es el nuestro. Si concebimos la muerte como un acontecimiento meramente físico, inserto en la historia lineal de toda criatura, jamás podremos comprender algunos de los aspectos más sutiles de la escatología coránica. Existe un conocido hadiz donde Muhámmad conmina: “muere antes de morir”. Aquí, la muerte es concebida como una iniciación: morir a “este mundo”, a las bajas pasiones, para renacer a la última vida, a una dimensión más profunda de nuestro estar en la tierra. Arraigar en la Realidad, entrar en el Universo unitario de Al-lâh, donde se desvanece la dolorosa ilusión de ser algo separado, segregado de su origen. Este sentido iniciático de la escatología puede aportarnos mucho, desea ser puesto en evidencia. Sin embargo, sería una torpeza el considerar que el Qur’án se refiere a la muerte tan solo como una iniciación en esta vida. Más valioso es mantenernos en el punto de vista de la correspondencia entre los mundos. Una metáfora muestra la relación entre dos mundos, ambos existentes. Como ya hemos sugerido al hablar del lenguaje coránico, todo lo que sucede en la tierra tiene una resonancia en la vida de ultratumba. Desde el punto de vista integral de la revelación, podemos concebir la muerte antes de la muerte (o primera muerte) como una iniciación a los secretos de la escatología, pero también como una preparación para la muerte definitiva y los sucesos de ultratumba. En la concepción unitaria del islam no podemos establecer una diferencia insalvable entre los mundos.

Con todo esto queda claro que nuestro conocimiento no puede ser más que aproximado. Reconocemos de entrada que nos movemos en unos parámetros muy reducidos, que toda elucidación sobre la escatología puede caer fácilmente en lo especulativo. En las páginas que siguen hemos querido ofrecer una mención de los principales elementos de la escatología coránica. Todos ellos han sido objeto de múltiples exégesis, en algunos casos altamente esotéricas. Esperamos no caer en nada de esto. Nuestra pretensión no es alcanzar una profundidad que nos es desconocida. Se trata más bien de una exposición sucinta de estos elementos, que hablan por si mismos. Con esto, solo queremos cubrir modestamente una laguna en la literatura sobre el islam en lengua castellana, y completar la iniciación a la cual estamos sometidos. Lo que más nos interesa es destacar la belleza y transparencia de una revelación que habla directamente al corazón del hombre sometido. Siendo así, que cada uno entienda según su propia capacidad y entendimiento. Tratar de sustituir una Palabra clara en si misma por una interpretación limitada por nuestras circunstancias es un absurdo, una pretensión de la cual pedimos a Al-lâh que nos proteja.

2 respuestas a Introducción a la escatología coránica

  1. julio dice:

    En lo referente a la analogía, ésta es la madre de la metàfora, de la parábola.
    Jamas se podrá comprender como el otro comprende lo que yo comprendo, pero la analogía siempre `presente en el pensamiento nos ayuda a”aproximarmos” a una supuesta comprension de aquello.
    Toda aspiracion humana entraña asirse a la analogía visual o auditiva.
    Este es un buen artículo,me parece muy rico en informacion especializada.

  2. […] Introducción a la escatología coránica […]

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