Sexualidad, modernidad y tradición en el Mediterráneo

Quiero hablar de la sexualidad, la modernidad y la tradición en las dos riberas del Mediterráneo, áreas vecinas que han seguido caminos diferentes, pero que tienden a encontrarse. Desde un punto de vista religioso, existe un contraste entre la evolución del cristianismo, como religión mayoritariamente seguida en la ribera norte, y la evolución del islam, como religión mayoritaria en la ribera sur.

Sobre el cristianismo, no me extenderé acerca de algo de sobras conocido, la demonización de la sexualidad humana realizada históricamente por la Iglesia Católica, apoyándose en la doctrina de San Pablo, expresada sobretodo en la Primera Epístola a los Corintios: “Loable cosa es en el hombre no tocar mujer” (Corintios I, 7:1). “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor” (Corintios I, 6:10). A pesar de ello, y con bastante realismo, San Pablo acepta el matrimonio: “Más, por evitar la fornicación, viva cada uno con su mujer, y cada una con su marido” (Corintios I, 7:2). “Esto lo digo por condescendencia, pero no lo mando. En verdad me alegraría que fueseis todos tales como yo mismo… Pero si que digo a las personas no casadas y viudas: bueno les es si así permanecen, como también permanezco yo. Más, si no tienen dominio de si, cásense. Pues más vale casarse que abrasarse” (Corintios I, 7:6-9). En otras palabras, el matrimonio es aceptado como un mal menor. San Pablo afirma: “Creo que en la inminente angustia es bueno este estado, es bueno al hombre permanecer así… ¿Estás sin tener mujer?, no busques el casarte. Si te casares, no por eso pecas. Y si una doncella se casa tampoco peca; pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne, que yo os quiero ahorrar” (Corintios I, 7:25-28). Aunque no hay pecado en el matrimonio, tampoco hay superación de la angustia de quien permanece preso de las ataduras de la carne. Esta angustia solo se supera plenamente a través del celibato. San Pablo contrapone la vida dedicada a Dios con la vida de pareja, del mismo modo que contrapone el espíritu y la carne: “Yo deseo que viváis sin inquietudes. El que no tiene mujer anda solícito de las cosas del Señor, y en lo que ha de agradar a Dios. Al contrario, el que tiene mujer anda afanado en las cosas del mundo, y en como agradar a la mujer, y se halla dividido” (Corintios I, 7:32).

En el islam nos encontramos con una visión totalmente diferente. La sexualidad es un bien, un don de Dios para las criaturas. No solo el mantener relaciones sexuales no distrae del camino de Dios, sino todo lo contrario. Sería prolijo citar todos los hadices que alaban la sexualidad, lo cual ha hecho que durante siglos el islam fuese calificado desde la ribera norte como una religión inmoral y lujuriosa.

El matrimonio es un hecho altamente recomendado, hasta el punto de que el profeta dijo: “el matrimonio es la mitad de la religión, y la otra mitad es la consciencia de Dios”. Una cosa importante es que la palabra árabe usada para designar al matrimonio — nikâh — también designa al coito. Nikâh tiene un sentido muy concreto: “la lluvia se desposa con la tierra”. La identidad lingüística entre el acto sexual y el matrimonio dificulta el discurso moralista: siempre que hay coito hay matrimonio. El Profeta dijo: “¡Hombres jóvenes! Os recomiendo el matrimonio”, y esta frase podría entenderse: “os recomiendo mantener relaciones sexuales”. También dijo: “A quienquiera que le guste seguir mi tradición, que sepa que el matrimonio forma parte de mi tradición”. Dice el Corán:

«Casad a aquellos de vosotros que no estén casados…
sí son pobres, Al-lâh los enriquecerá con su favor»
(Corán, 24:32)

Basado en esta aleya encontramos un hadiz del Profeta: “Cualquiera que se abstenga del matrimonio por temor a la pobreza, ha pensado en efecto, mal de Al-lâh”. Lejos de ser una fuente de angustia, el matrimonio trae sosiego. El Corán dice:

«Y entre Sus signos está el haberos creado
parejas nacidas de entre vosotros,
para que os sirvan de sosiego,
y el haber suscitado entre vosotros el amor y la ternura.
Ciertamente hay en ello signos para gente que reflexiona»
(Corán, 30:21)

Hay hadices tremendamente claros sobre la importancia concedida a las relaciones sexuales, y sobre el rechazo al celibato. Citamos algunas anécdotas, a partir del libro “La sexualidad en el islam” de Sayyid Muhammad Rizvi:

‘Uthman ibn Maz’un fue un compañero cercano al Profeta (PBd). Un día su mujer fue a ver al Profeta y se quejó: “¡Oh Enviado de Al-lâh!, ‘Uthman ayuna durante el día y permanece orando durante la noche”. En otras palabras, ella quería decir que su marido se estaba absteniendo de mantener relaciones sexuales con ella, tanto durante la noche como durante el día. El Profeta (PBd) se puso tan enfadado con esto, que ni siquiera esperó a ponerse sus zapatillas. Salió fuera -con las zapatillas en sus manos- y fue a casa de ‘Uthman. El Profeta le encontró orando. Cuando ‘Uthman finalizó sus oraciones, se giró hacia el Profeta (PBd), y éste le dijo: “¡Oh ‘Uthman!. Al-lâh no me envió para la vida monástica, sino que Él me envió con una vía sencilla y recta. Yo ayuno, rezo y también tengo relaciones íntimas con mi esposa. Así, a quien le guste mi tradición, entonces debe seguirla, y nikâh es una de mis tradiciones”. Puesto que ‘Uthman ya estaba casado, no hay duda de que la palabra nikâh en este hadiz hace referencia a las relaciones sexuales.

En otro incidente, tres mujeres fueron a ver al Profeta y se quejaron de que sus maridos se abstenían de la carne, el perfume y las relaciones sexuales. El Profeta (PBd) fue rápidamente a la mezquita, subió al mimbar y dijo, “¿Qué les sucede a algunos de mis compañeros que no comen carne, no huelen perfumes y no van con sus mujeres?, visto que yo como carne, huelo perfumes y voy con mis esposas. Por lo tanto, a quien le disguste mi tradición, ese no es de los míos”.

En otro hadiz transmitido por ‘Ali, se narra que algunos compañeros del Profeta habían jurado abstenerse de las relaciones sexuales con sus esposas, de comer durante el día y de dormir durante la noche. Umm Salamah, la esposa del Profeta, le informó sobre este grupo. El Profeta (PBd) salió fuera donde estaban sus compañeros y dijo, “¿Os abstenéis de las mujeres mientras yo voy con las mujeres? Yo como durante el día y duermo durante la noche. A quien le disguste mi tradición, ese no es de los míos”. Después de este discurso, Al-lâh reveló la siguiente aleya:

«¡Creyentes! ¡No prohibáis las cosas buenas que Al-lâh os ha permitido! ¡Y no violéis la ley, que Al-lâh no ama a los que la violan! ¡Comed de lo lícito y bueno de que Al-lâh os ha proveído! ¡Y temed a Al-lâh, en Quien creéis!»
(Corán, 5:87-88)

Leed estas aleyas cuidadosamente y observad que en primer lugar, considera al sexo, alimento y sueño entre «las cosas buenas que Al-lâh nos ha permitido»; y en segundo lugar, el celibato y la abstinencia son consideradas como «violación de la ley de Al-lâh». Después de que descendieran estas aleyas, aquellos compañeros fueron a ver al Profeta y le dijeron, “¡Oh Enviado de Al-lâh! Nosotros hemos hecho juramento de abstenernos de aquellas cosas”. Esto es, ¿cómo podemos ahora romper nuestro juramento de abstinencia? Entonces Al-lâh reveló la siguiente aleya:

«Al-lâh no tendrá en cuenta la vanidad de vuestros juramentos…»
(Corán, 5:89)

Según esto, un juramento de celibato o de abstinencia de las cosas lícitas y buenas es considerado por Dios como un «juramento vanidoso».

El matrimonio incluso eleva el valor de las oraciones. El Profeta dijo, “Dos rak’at de una persona casada son mejores que una noche de vigilia y el ayuno de una persona soltera”. El Profeta dijo: “Si alguien desea ir al encuentro de Al-lâh en pureza, entonces debería ir a Su encuentro con una esposa”.

Una mujer fue a la casa del Profeta y su penetrante perfume pronto llenó la casa. Cuando el Profeta (paz y bendiciones) le preguntó a la visitante, la mujer le dijo que ella lo había intentado todo para atraer a su marido pero en vano; él no dejaba su meditación para prestarle atención alguna. El Profeta le contó para que informara a su marido sobre la recompensa de la relación sexual la cual describió como sigue: “Cuando un hombre se aproxima a su mujer, él está protegido por dos ángeles y es como un guerrero luchando por la causa de Al-lâh. Cuando tiene relación con ella, sus transgresiones parecen como las hojas de un árbol (en otoño). Cuando realiza la ablución mayor, está limpio de pecados”.

Existe otra aleya del Corán que alienta las relaciones sexuales, y que ha sido interpretada como una licencia para todo tipo de posturas:

«Vuestras mujeres son campo labrado para vosotros,
venid pues a vuestro campo como queráis,
haciendo preceder algo para vuestras almas,
y mantenéos conscientes de Dios,
y sabed que Le encontraréis.
Y da buenas nuevas a los que creen.»
(Corán, 2:223).

Con esto, el Corán abres puertas a otras consideraciones, que parecerían más propias del tantrismo que de lo que comúnmente se asocia con el islam. La promesa que Al-lâh nos ofrece a través de las relaciones sexuales no es otra que Su encuentro. Todo deseo es deseo de unión, de volver a la fuente de todo lo existente. Todo deseo es deseo de Al-lâh, y al nivel de nuestra formación orgánica, no hay encuentro que supere el coito.

El Profeta citó como ejemplo de una persona cruel a “un hombre que hace el amor con su mujer antes de estimularla”. Otro hadiz compara el sexo sin excitación preliminar con conductas animales: “Cuando cualquiera de vosotros haga el amor con su mujer, que no vaya a ella como un pájaro; en lugar de eso él debe ser lento y pausado”. El Profeta dijo: “No debe haber ninguno entre vosotros que haga el amor con su mujer como animales; más bien debería haber un mensajero entre ellos”. Cuando le preguntaron sobre el significado de ese mensajero, él dijo: “Significa besando y hablando”. El Profeta dijo: “…todo juego de un creyente es nulo excepto en tres casos: en la equitación, en el tiro con arco y en la mutua excitación con su mujer; estos son haqq”.

Sobre la importancia del placer sexual, existe un hadiz donde Muhámmad concede el divorcio a una mujer sobre la base de que su marido no la satisface. También dijo: “El mejor de vosotros es el que mejor trata a su mujer”.

Esta apología de la sexualidad no se sustenta en el vacío, sino que está íntimamente ligada a la cosmología coránica. Estamos hablando de erotismo, hay que decir que la unión sexual es signo de otra cosa. Lo que sucede en el cielo se refleja en la tierra, todos los procesos del macrocosmos tienen su correspondencia en nuestra vida cotidiana. Así, la conexión entre el cielo y la tierra simbolizada por el descenso de la lluvia, entre las fuerzas activas y pasivas, fluidas y estáticas, entre lo abstracto y lo concreto. También entre espíritu y materia. Toda dualidad se congratula de la unión, proceso de retorno. En la Unidad se desvanece la oposición, deja de ser lineal y se desvela el sentido de la diferencia. Ya no hablamos de opuestos sino de complementarios, de formas que se anudan y se desanudan según un ritmo predeterminado. Así, la unión entre el hombre y la mujer refleja un proceso cosmológico, que afecta a todos los órdenes de la naturaleza. Proceso generador de vida, lo Uno que no se queda quieto. Unificador de lo masculino y de lo femenino en una unidad superior que llamamos matrimonio.

En definitiva: la sexualidad y el placer son dones de Dios, y rehusar a ellos es una vanidad y una torpeza. Existe una cortesía en el amor, y respetar esa cortesía no implica ninguna represión, ni la aceptación de límites contrarios a la naturaleza humana. La cortesía en el amor es el signo de la superación de la crueldad y de la zafiedad en las relaciones sexuales. La dulzura de trato, la conversación y las caricias son la llave de la unión.

Ahora bien, tenemos que saltar del punto de vista espiritual al punto de vista de la realidad social que se vive en ambas riberas del Mediterráneo. Ciertamente, constatamos que ha habido una evolución muy diferente en ambas partes. En la Ribera norte, la modernidad ha traído consigo una revolución en las costumbres, la llamada liberación sexual. La lejanía de los jóvenes respecto a la sexualidad representada por la Iglesia Católica es hoy en día abismal, lo cual puede ser visto como negativo por algunos, pero para mi es algo positivo. Espero que este desapego sirva para hacer evolucionar a la Iglesia hacia posturas más sensatas. Estamos seguros de que existe un camino intermedio entre la cultura de la represión y la cultura de la degradación de la sexualidad a la que nos vemos abocados.

Como musulmán, siento que los llamados movimientos de liberación sexual se han quedado como reacciones ante la represión de épocas pasadas. Reacciones no son superaciones: el que niega queda atrapado por aquello que niega. En la sociedad del espectáculo, la sexualidad humana es una mascarada: algo que representar, que presentar para el consumo. Es el momento de la prostitución, de la promiscuidad y la pornografía, que no son liberación sino transformación del cuerpo en una mercancía. Aquí se ha dado otra vuelta de tuerca a la antinomia entre la carne y el espíritu. La libertad sexual, olvidando el carácter trascendente del deseo, ha instaurado el comercio de los cuerpos como panacea, con la acumulación de ‘placer’ como máximo objetivo.

Frente a esta falsa liberación, en la Ribera sur la modernidad no ha traído más que puritanismo e hipocresía. Podemos hablar de un retroceso en cuanto a la visión positiva de la sexualidad, tan característica del mensaje del profeta. La sexualidad, que es en si mismo algo natural y beneficioso para el ser humano, se ha convertido en un problema e incluso algo traumático para muchos, especialmente jóvenes de las grandes ciudades.

No es que no hubiera antes puritanismo e hipocresía, sino que estos factores se han exacerbado, produciendo también una fractura entre el discurso religioso de los ulemas oficiales, los jóvenes y la propia tradición. El rechazo a la occidentalización agresiva y a la pérdida de referencias se transforma en un discurso defensivo. Ante lo que se percibe como formas malsanas y degradantes de expresar la sexualidad, características de occidente, muchos musulmanes se refugian en una actitud moralista y represiva. Así, nos encontramos con actitudes puramente reactivas, la incapacidad de recuperar la naturalidad y la trascendencia como base de las relaciones sexuales. Frente a lo que se percibe como degradación del cuerpo, se hecha el cerrojo del cuerpo y se tira la llave. En todo esto incide la oleada de puritanismo salvaje que viene de Arabia Saudí, con la segregación de la mujer y otras formas de destrucción de la armonía entre lo masculino y lo femenino establecida por Al-lâh en la Creación.

Uno de los factores que explican esta situación es la llegada de la industrialización, que ha arrancado del campo a grandes masas, creando un islam de los suburbios, desarraigado de si mismo. Esto tiene efectos muy concretos en la vida de las gentes. En la sociedad islámica tradicional, los matrimonios se realizaban muy jóvenes, siguiendo el consejo del Profeta. No existía un periodo donde los jóvenes se vieran forzados a una espera larga antes de iniciarse en las relaciones sexuales. Hoy en día, todo se complica. Por un lado, la carestía de la vida y de la vivienda, la falta de espacio en la casa de los padres, la falta de trabajo… la situación actual hace difícil a los jóvenes plantearse el matrimonio. Por otro lado, las bodas se han complicado extraordinariamente. Lo que en sus orígenes era la firma de un contrato de matrimonio se ha convertido en una ceremonia compleja, un ritual carísimo y cargado de simbolismo que puede parecer hermoso pero poco tiene que ver con el islam. A la dificultad para contraer matrimonio se suma la dificultad para el divorcio, algo contrario a la Sunna del Profeta (saws).

Todos estos factores crean una situación difícil. La naturalidad de la visión islámica de la sexualidad se evapora, da paso a un puritanismo absurdo. ¿Qué sentido tiene el repetir mil veces a los jóvenes que tener relaciones sexuales fuera del matrimonio los conduce al infierno, si no se les facilita un modo de satisfacer esas necesidades? ¿Qué sentido tiene decirles que la masturbación es un pecado, que la homosexualidad se castiga con la muerte? Así, la mayoría de los jóvenes se ven abocados a la situación de escoger entre permanecer célibes hasta la edad adulta, o iniciarse a la sexualidad de un modo clandestino, con todo lo que ello puede implicar de degradante. En estas condiciones, no creo que la represión sea la salida correcta desde el punto de vista estrictamente islámico. Es cierto que el islam no aprueba las relaciones fuera del matrimonio, pero también es cierto que la represión sexual a la que se ven forzados estos jóvenes es un atentado contra su naturaleza. Si la sociedad no es capaz de facilitar una salida, el fracaso es de la sociedad. Por supuesto, a quien se le exige mantener la castidad y el honor de la familia es a las mujeres, que se ven obligadas a reprimir cualquier muestra de deseo, a esconder sus sentimientos más profundos bajo llave. Al mismo tiempo, la prostitución se ha convertido en una auténtica plaga en Marruecos. Familias enteras mantenidas con la venta del cuerpo de las madres, mientras los maridos acuden fielmente a las mezquitas y los hermanos se erigen en guardianes de la pureza de sus hermanas.

Por lo que al mundo islámico mediterráneo se refiere, y en todo lo que tiene que ver con la sexualidad, la modernidad está significando una involución, una completa fractura con la tradición, en un doble sentido: sustitución de la visión gozosa de la sexualidad humana por un puritanismo sin salida, y pérdida del sentimiento trascendente asociado a las relaciones sexuales. La modernidad no está significando una mayor liberalización de las costumbres sino todo lo contrario.

Conferencia pronunciada en la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, en unas jornadas dedicadas a la Sexualidad en el Mediterráneo. Sevilla, diciembre 2005.

2 respuestas a Sexualidad, modernidad y tradición en el Mediterráneo

  1. […] Sexualidad, modernidad y tradición en el Mediterráneo […]

  2. mery muñoz dice:

    DIOS HIZO UN MUNDO PERFECTO, SOMOS LOS SERES HUMANOS QUE DAÑAMOS TODO LO QUE TOCAMOS, LAS NORMAS MORALES QUE DIOS DEJO SON UNA PROTECCION PARA LAS FAMILIAS Y LAS PERSONAS.
    ESTOY DE ACUERDO QUE LAS RELACIONES SEXUALES SOLO DEBE EJECUTARSE EN EL MATRIMONIO.
    LA PORNOGRAFIA NO DEBE EXISTIR, NI LA PROSTITUCION.

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