Juan Pablo II y el islam: un reconocimiento

La relación de Juan Pablo II con el islam constituye un hito en la trayectoria de la Iglesia. Ningún Papa había calificado reiteradamente al islam como una “religión hermana”. Ningún Papa había entrado en son de paz en una mezquita, como hizo Juan Pablo II en la Mezquita de los Omeyas de Damasco. En Casablanca, besó el Corán en un acto multitudinario. Sus gestos de acercamiento al islam han sido numerosos. En 1989, Juan Pablo II envió una Carta Apostólica a los obispos sobre la situación del Líbano. Con la misma fecha realizó en francés un “Llamamiento a todos los musulmanes en favor del Líbano”:

«El drama que vive el pueblo del Líbano me incita a dirigirme a vosotros. Lo hago con confianza, de ningún modo en nombre de un grupo o de una familia de pensamiento particulares, sino en nombre del mismo Dios al que adoramos y al que nos esforzamos en servir… Nosotros creyentes, hijos del Dios misericordioso, nuestro Creador, nuestro Guía… Por ello he querido hoy dirigirme a vosotros, fieles del Islam, hijos de una religión donde elocuentemente se enseña la justicia y la paz… Se trata de un deber de solidaridad humana que vuestra conciencia de hombre y vuestra pertenencia a la gran familia de los creyentes imponen a cada uno de vosotros… Queridos fieles del Islam… sabed que podéis contar siempre con la colaboración de los cristianos… ¡Que Dios nos encuentre lado a lado, a musulmanes y cristianos, junto a la cabecera de nuestros hermanos libaneses!.»

Un discurso tal elocuente todavía nos conmueve. Musulmanes y cristianos pertenecen a una gran familia, la de los creyentes en el Dios Único. Juan Pablo II quiere hablar al margen de los sectarismos, superar las tensiones entre comunidades. La paz y el cese de los sufrimientos están por encima de toda querella teológica. Los defensores de la ortodoxia ultramontana no se lo han perdonado nunca. Wojtyla ha sido tan duramente criticado por su acercamiento al islam como por su promoción del Opus Dei, su lucha contra el sacerdocio femenino y la teología de la liberación, o la campaña internacional contra el uso del preservativo. Como musulmán, no valorar su apertura hacia el islam sería ingrato.

En lo que respecta al diálogo islamo-cristiano, ha representado un paso adelante, en la estela del Concilio Vaticano II. Como sucede con otros aspectos de su pontificado, su actitud puede calificarse como ambigua. No podía ser de otra manera, especialmente en un mandato tan largo y tan mediático, marcado por las tensiones y tendencias contradictorias en el seno de la Iglesia. Juan Pablo II ha tratado de buscar un punto medio entre el pleno reconocimiento del pluralismo religioso y la doctrina tradicional según la cual no hay salvación fuera de la Iglesia. No han faltado momentos de regresión, como la Declaración Dominus Iesus, la referencia exclusivista a las “raíces cristianas” en la Constitución Europea o el veto a los teólogos más abiertos al diálogo inter-religioso. Sin embargo, una perspectiva histórica impone el reconocimiento, y aún más en el momento de la muerte.

En el libro «Cruzando el umbral de la esperanza» (Plaza & Janés, 1994), Juan Pablo II encara el tema del pluralismo con firmeza:

«en vez de sorprenderse de que la Providencia permita tal variedad de religiones, deberíamos más bien maravillarnos de los numerosos elementos comunes que se encuentran en ellas».

Después de esta declaración formal, entra a criticar el contenido del Corán, afirmando que significa una “reducción de la Divina Revelación”. En esto sigue las pautas de insignes islamólogos, como Louis Massignon o el Padre Michael Hayeck. Hay que comprender la prevención que el islam genera entre los cristianos. ¿Cómo aceptar una religión que se sitúa después de la encarnación de Dios y no la reconoce? La respuesta: el islam es históricamente posterior, pero ontológicamente anterior al cristianismo. El islam es definido como una religión puramente legalista, que pone su acento en la trascendencia de Dios, y donde no hay espacio para el encuentro entre el Creador y la criatura. Con esta tesis se logra superar un fenómeno que resulta muy incómodo: la posterioridad histórica del islam pone en tela de juicio la idea de la redención universal encarnada en un momento histórico preciso. Aceptar el islam es superar todo historicismo.

No es este el momento para discusiones. Preferimos responder a su palabra, buscar los puntos de encuentro entre las religiones. La aproximación al islam de Juan Pablo II es sumamente positiva, y más si la comparamos con los siglos de insultos y anatemas. Los musulmanes hemos sido condenados al infierno durante muchos siglos, y ahora somos invitados a dialogar en el mismo Vaticano. La crítica ya es un diálogo, cuando se hace desde el respeto mutuo. Una vez que superamos todo sectarismo y somos capaces de ir más allá de los aspectos formales y doctrinales, nos damos cuenta de que en el fondo de todas las tradiciones sagradas de la humanidad existen valores compartidos: la adoración de la Realidad Única, la compasión, la paciencia, la entrega, la solidaridad, la alabanza, el agradecimiento… En «Cruzando el umbral de la esperanza», culmina su crítica del islam con un reconocimiento:

«La religiosidad de los musulmanes merece respeto. No se puede dejar de admirar, por ejemplo, su fidelidad a la oración. La imagen del creyente en Alá que, sin preocuparse ni del tiempo ni del sitio, se postra de rodillas y se sume en la oración, es un modelo para los confesores del verdadero Dios, en particular para aquellos cristianos que, desertando de sus maravillosas catedrales, rezan poco o no rezan en absoluto.»

Este fragmento es muy revelador, pone el acento en la cotidianidad de la experiencia. Oír al Sumo Pontífice católico calificar la fidelidad de los musulmanes a la oración como “admirable” y “un modelo para los confesores del verdadero Dios” también es admirable. Todavía en el año 2001, y con motivo de su visita a Kazajstán, reiteraba “el respeto de la Iglesia Católica por el islam: el islam que reza, que sabe ser solidario con los necesitados”. Un verdadero golpe para los sectores más reaccionarios. Ojalá todos los católicos tuviesen una perspectiva tan abierta.

Si yo fuera cristiano, seguramente sería más crítico con Juan Pablo II. Como musulmán, y en honor a la verdad, no puedo serlo.

Una respuesta a Juan Pablo II y el islam: un reconocimiento

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