Llamamiento a Tariq Ramadán, a propósito de una moratoria

Empezamos con un pronunciamiento: apoyamos toda iniciativa tendente a acabar con los castigos corporales en el mundo islámico. Saludamos el gesto de Tariq Ramadán al realizar un “llamamiento internacional a una moratoria inmediata sobre los castigos corporales, la lapidación y la pena de muerte en el mundo musulmán”, que ya le está reportando críticas sangrantes por parte “de los suyos”. Aunque no nos sentimos identificados con la tradición reformista en la que se inserta, valoramos positivamente sus esfuerzos en pos de una normalización de la presencia del islam en Europa.

Dicho esto, no puedo sino manifestar mi desconcierto ante los términos en los cuales ha sido realizado dicho llamamiento.

Sorprende que Tariq Ramadán pida “la apertura de un amplio debate intracomunitario” sobre los castigos corporales (hudud). En los últimos años han sido publicados un millón de artículos al respecto, desde la mera opinión hasta análisis jurídicos. El tema ha sido debatido en la ONU, la UNESCO, la Conferencia Islámica y la ISESCO. Creo haber leído unas doscientas fatwas o escritos de ulemas, muftíes, intelectuales y alfaquíes, posicionándose a favor o en contra de la lapidación, flagelación, etc. Llamar al establecimiento de un debate sobre los castigos corporales hoy en día es tan extraño como llamar a un debate público sobre la guerra de Iraq.

Lo que deberíamos hacer no es pedir que se abra un debate, sino entrar en él y posicionarse claramente: ¿qué piensa de la lapidación, considera que es un castigo fundado en el Corán, o más bien se trata de una imposición de los juristas medievales? ¿Cuál es su interpretación sobre la aleya coránica donde se establece la pena del “corte de manos”? ¿Cuál es su lectura del quisás (talión o equivalencia)? ¿Justifica el quisás la pena de muerte por asesinato, o se pueden establecer otras equivalencias (penas de cárcel)?

Por el contrario, al hablar de la necesidad de comprender los castigos corporales en su contexto, se está sugiriendo que en un contexto “cien por cien islámico” estos castigos pueden estar justificados. Al criticar “lo mal que son aplicados los castigos”, se sugiere que existe una forma “buena” de aplicarse. A pesar de las buenas intenciones que guían este llamamiento, se comprende que haya sido recibido con indiferencia, incluso de una forma hostil por sectores progresistas.

Hay que tener en cuenta que los hudud son hoy en día aplicados de forma muy minoritaria (otra cosa sucede con la pena de muerte). Después de la revocación de la ley correspondiente en Irán, solo hay dos países que contemplen la pena de lapidación en caso de adulterio: Arabia Saudí y Nigeria. En el caso de Nigeria, aunque ha habido sentencias, todavía no se ha producido lapidación alguna. La pena del corte de manos prácticamente no se aplica, salvo en Arabia Saudí. Shahed Amanullah (editor de altmuslim.com) señala este peligro: teniendo en cuenta que ya existe una moratoria de facto en la mayor parte del mundo islámico, este llamamiento puede tener un efecto contraproducente. No es lo que se pretende, pero el mero uso de la palabra “moratoria” sugiere la posibilidad de conducir al mundo musulmán a reestablecer estos castigos.

No nos cabe duda que la intención de Tariq Ramadán es positiva, y se sitúa en la línea de acabar con los castigos corporales. Sin embargo, su planteamiento no va al fondo del problema: el engaño que viven muchos musulmanes sobre la sharia, asimilada a las legislaciones (demasiado humanas) que regían bajo los califatos omeya y abbasida. En este punto, no cabe engañarse. Los hudud se aplican porque existe un grupo de ulemas que defienden la aplicación literal de estas leyes, y tratan de convencer a las poblaciones musulmanas de que han sido “dictadas por Dios”. El engaño se mantiene en pie porque estos ulemas tienen todos los petrodólares del mundo para propagar entre los musulmanes la miseria, manteniendo situaciones de opresión y control ideológico.

A estas alturas, Tariq Ramadán debería saber que el problema del islam en el siglo XXI es la propia existencia de estos clérigos reaccionarios, que han transformado el islam en una religión legalista, misógina y oscurantista. Debería dejar de citar y de editar sus textos, tomándolos como referencia válida para los musulmanes europeos. Puede jugar a no enterarse, hacerse el moderado y tratar de contentar a todos, pero tarde o temprano tendrá que definirse. Uno no puede aparecer en el Foro Social Europeo un día, rodeado de feministas, altermundistas y homosexuales, y a la semana siguiente dar una conferencia junto a Yusuf Qaradawi, quien aboga por la segregación de los sexos y la pena de muerte para los homosexuales.

Espero que Tariq Ramadán no reciba esta crítica como parte del linchamiento mediático que se está realizando contra su persona, que en España está tomando caracteres grotescos. Mi objetivo no es atacar a Tariq Ramadán, por quien siento un gran respeto, sino alentarle a superar estos intentos estériles de entendimiento con los ulemas reaccionarios. En respuesta a su llamamiento, queremos invitarle a dar un paso adelante, a superar esa ambigüedad que caracteriza su discurso, y que tantos dolores de cabeza le reporta. Le invitamos a posicionarse a favor de la fatwa lanzada por la Comisión Islámica de España y firmada por Mansur Escudero, condenando de forma clara e inequívoca a Bin Laden, y considerando que los que comenten actos terroristas no pueden ser considerados musulmanes. Le invitamos a mostrar públicamente su apoyo a la oración colectiva realizada por Amina Wadud en Nueva York, a defender el derecho de la mujer a actuar como imam ante hombres y mujeres. Estas son acciones contundentes sobre dos temas clave: la violencia política y la situación de la mujer. Posicionamientos realizados por musulmanes/as que no admiten ambigüedades ni compromisos inconfesos. Los problemas que sufre el mundo islámico son demasiado graves para andarnos con contemplaciones. Hay que tomar partido aquí y ahora.

Una respuesta a Llamamiento a Tariq Ramadán, a propósito de una moratoria

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