Revelación de la planta

Al-lâh se revela, constantemente se revela,
y en esta rebelión está mi fuerza:
nada me sujeta.
Los mundos arden en la punta de una mano que es cien manos,
de una mano que surge de un brazo que es cien brazos,
de un cuerpo que es cien cuerpos,
que tiene cien raíces.
Todo es Nombre,
todo en mi cuerpo dice que Sus Nombres abren un espacio
en el hombre al que Al-lâh se ha revelado…

Se revela con Sus Nombres,
con Sus más bellos Nombres según dicen.
Se revela en el cuerpo,
la Majestad y el Creador,
el mundo y sus desvelos,
la Luz y Su Mensaje.

¡Creyentes! Él es El que existe,
se revela en la existencia de lo extenso.
Cuando Al-lâh, el Altísimo, Se revela,
el cuerpo es desplazado de si mismo,
aparentemente roto y fulminado,
pero esa percepción desaparece
y reaparece el cuerpo en si mismo,
ya no como cuerpo separado
sino extensión que fluye del recuerdo.

No existe nada fuera del origen.
El Yanna y el Yahannam son dos fulguraciones
de Su Nombre el Existente.
Si invocas a Al-lâh con éste Nombre,
debes saber que el fuego del hogar eres tu mismo,
que eres el recipiente de la rahma,
el cáliz de agua viva.
Si tu le llamas debes oír como responde,
como surge en ti mismo la voz que te responde.

Eres un cuerpo con todos sus derechos,
un cuerpo que lavar, al que dar de comer,
que quiere sexo, un cuerpo decisivo aquí y ahora,
cuerpo que te demanda un intenso cuidado,
reposo si reposas, respuestas si preguntas.
El Existente existe en virtud del cuerpo que se enraiza,
un cuerpo que recibe bendiciones,
aliento y sobrevuela espacios y moradas,
cruza por precipicios de deseo,
se entrega a un cuerpo-otro que es el mismo
cuerpo de luz que fluye en la materia.

La unión nos precede, pero no está detrás:
está delante y desdoblándose en ti mismo.
Tú eres el existente, el cuerpo que transita por la calle,
surgiendo de la noche de los tiempos.

Fulgor, teofanía, paciencia abierta al cuerpo del poema,
paciencia y calma cálida desciende
como un rumor de Nombre recibido,
con una paz de lluvia en la batalla.
La resistencia entonces no es un magma
de dudas que entorpecen el camino
sino lo que te fuerza hacia el camino
e impide tu derrota.
Es el camino recto, la rectitud del sol hasta la tierra,
de agua en su caída generosa.
Es el camino recto,
camino de energía que recorre
la columna vertebral de árbol y del hombre.

Eres el cuerpo, un cuerpo recibido,
una luz escondida y un tesoro que debe germinar en cuerpo,
dejar cruzar la salvia desde el vientre
al séptimo camino,
por la columna vertebral del tiempo
hasta la incandescencia de la apnea.
Eres la división en partes de la tierra,
eres el animal de todos los fulgores,
la planta que verdea, la piedra que se sabe indestructible.
Todos los reinos dan una medida
que debes habitar en el instante que verdea.

Nada más bajo que esto, nada más alto que esto.
El punto decisivo, el locus de amor
donde los malaikas te encuentran sereno
como la lluvia cuando brilla.

No tengo una noción declarada de los límites si amo,
no tengo una postración finita si Te amo,
no tengo sabor a muerte si repito
el Nombre de Al-lâh el Existente.
Todo es espacio acorde con lo que era,
con lo que fuiste siempre como un árbol
de hojas mojadas por la lluvia,
nacido en el instante de la entrega.
Eres el corazón del mundo si estás vivo,
en todos los caminos hallas el firmamento,
en todos los destinos un gesto te saluda,
te da la mano el pájaro en su nido,
se posa entre tus ramas una ardilla,
te da la mano el viento.
Te abrazan vendavales y estás solo,
interminablemente solo
pero dentro de un mundo que verdea.

Si las plantas resucitan,
si tu crees que las plantas resucitan
estás vivo como cuerpo que verdea,
siempre rejuveneces al toque de trompetas silenciosas.
Tú cuerpo es entonces como planta,
como mínimo gesto de vida sobre la roca permanente.
Tú no envejeces más que en apariencia.
Eres el animal de todos los presentes,
el animal domado por el Nombre de Al-lâh el Existente.

Nada me sujeta…
pero como planta estoy sujeto en el instante,
me enraizo en el instante.
Me debo a mis raíces,
al modo de quedarme parado en una esquina
contemplando las aceras,
los ríos suaves del firmamento,
contemplando las nubes como traen agua que me renace.
Como planta el reino se hace permanente,
la casa está adornada,
la voz se reconcilia con lo suave
de un despertar a tientas de otro reino.

¿Comprendes?
Tan solo como planta soy el que siempre resucita,
a cada momento rejuvenezco y venzo al cabizbajo que me ronda.
Debes creerme: soy el que florece.
Es el sometimiento del cuerpo al nuevo nacimiento,
a las luces y signos que inundan el camino.
Como los girasoles, tienes la semilla.

2 respuestas a Revelación de la planta

  1. Diego dice:

    cUANDO PUBLICASTE ESTE POST?

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