Los Poetas Etruscos

enero 18, 2007

No pensaremos en inglés como dijo Darío, leeremos
otra vez a los griegos, volverá a hablarse etrusco
en todas las playas del Mundo, a la altura de la cuarta
década se unirán los continentes…
Gonzalo Rojas, Carta a Huidobro

Los poetas etruscos
recorren y desnacen entre
tientas las ruinas de un
reino submarino. Son
recuerdos feroces de
ultratumba
aquí y ahora a tientas de un
mundo no mundano.

Son poetas sin fiesta sesuda y
sin tormento, pura
gravitación de versos toda-
vía. Son electricidad que
se concentra en
el centro nupcial del torbellino.
Son poetas sin tiempo, sin
máscara, que estallan
como una mar-
iposa, perfecta cuando surge del
gusano.

Siempre la noche siempre a contrapelo
de un decir con-
sagrado, con-
sabido, entregando
todo lo que se puede decir a la guarida
del lenguaje.

¿Quiénes son los poetas
etruscos? Juan Eduardo Cirlot, Lezama
Lima, Gonzalo Rojas, el que murió en París
con aguacero, también Vitier, Cintio Vitier
que venció a la misa. Y Gerard
de Nerval,
el desdichado, quien se entregó a la
horca de su estrella. Y Osip
Mandelstam, que descendió al
infierno lentamente, tan lentamente acaso
que encontró a su doble. Y Vladimir Holan, que
conversó con Hamlet para
que su mano no temblase. Y Robert
Graves, que era escocés, griego, celta y
judío además de etrusco. ¡Incluso Octavio
Paz, la diplomacia, es un poco etrusco,
y Rilke lo es completamente!

Los griegos, todos
los poetas griegos son etruscos, a pesar
de la apariencia: Elytis, Seferis, Ristos,
y todos los demás, los griegos son
etruscos por refracción, por
que el recuerdo de la
luz nos llama
con un clamor de diapasón marino.

Son muchos, muchos más los
poetas, etruscos o fenicios,
acadios o sumerios, enterrados
en Ur de los caldeos o en
Tarquinia, con toda la pompa
del silencio, con una mano
tocando el cuerpo de la amada y la otra mano
tocando la mano de Dios.

Los etruscos son al
mismo tiempo ateos y creyentes, a su
manera creen en la balanza, en la
alquimia, en la confluencia de los mares. Todos
ellos prefieren el sabor
a la sabiduría, y dan gran importancia a la
saliva como transmisora de conocimiento.

Su religión, la Poesía, es el
sometimiento
a la analogía, al ritmo, a la centella, la
rendición
del más allá del cuerpo al sabor de la marea, al
ir y venir de los alientos
dando vida, tejiendo y des-
tejiendo, saliendo y penetrando, de
ascética manera. Salud es
salvación al borde de otra vida.

Una liturgia antigua, que
perdió su camino, una presencia
telúrica responde a la mirada
del fiero ser que arroja
su mundo
a los leones.

A los leones, al juego del fornicio
y pirueta, a la consagración
de la medida inmensa, inabarcable, del ritmo
sinuoso, de un fósforo que abre
al corazón la lumbre, y al cuerpo
la tiniebla.

Allí la Palabra, allí
el corazón des-
cubre su víscera perversa y
se lava en el mar de la plegaria, de la
inducción del más allá en
descenso
diamantino.

Cifrar es des-
cifrar sin pensamiento, conciliar el decir
del hombre con el decir de las
nubes y el sabor de la luz
que se transforma en agua para
hendir la tierra, para donar
los gestos de ternura, los
árboles frutales y el delirio
de todo lo que sube y lo que cae.

Oh oscuridad, oh hermético desliz
de lluvia apasionada, oh
rotación
de números que encuentran lo infinito,
de acordes sin medida,
de atípica manera
de ver y andar y transmutar la nada.

Oh la potens etrusca que nos dio la vida,
que nos cegó para vencer
al espectáculo atroz de
la usura, con sus templos
y sus adi-
posos adi-
vinos.

La potencia absoluta
que nos cegó y regala
la mirada oblicua, la entrada
en la caverna de Platón
donde el cuerpo y el alma son
sombras del mundo unificado.

Oh nupcial mordedura. Lo
ancestro que desnuda y nos expone
al sigiloso aliento desnacido.


Trabaja la palabra

septiembre 30, 2006

Aunque la nieve caiga en racimos maduros
nadie sacude ramas allá arriba

el árbol de la luz no da frutos de nieve.
Octavio Paz, Semillas para un himno

Animales porosos, de espanto a
la deriva. Jardines invisibles y un
cielo concentrado
en un punto
infinito.

Infinita la sed en este
día, el aroma de ausencia, la
voz naciendo a espaldas de
la hora, hacia la
lejanía, alud, enredadera,
liana, abismo, mar
enmascarado.

Animal la palabra, porosa,
visitada por duendes y
esperanza, visitada por una vieja estrella
en un ciclo de
muerte.

La palabra se estrella,
envenenada flecha hacia un horizonte
de fuego, hacia un fracaso o
verde porcelana
rota en fragmentos, contra la palabra.

Oh sed, oh lejanía, vocal
llagada, manos en la masa, la
eterna profusión de números trabaja
en las tripas del
mundo submarino.

Oh sed, oh lejanía,
la palabra trabaja los músculos del
fuego, tensa la luz y
alcanza la avenida
del cielo azul como
humo que se eleva.

Animales cruzando, del
vientre a la corona, del fuego
a la alegría.

Cruzando y recibiendo a la
palabra, encendiendo
las manos de la nada, acariciando
el viento tu futuro.

Oh fuego azul, trabaja la palabra.

Se encuentra con la máscara arrojada
por un ángel cruzándote la
lengua, signos y antojos de un
destino anterior a tu
propio nacimiento.

Devoración, orientación, sosiego,
la palabra trabaja en lo invisible,
abre canales, canaliza el
fuego, lo concentra y
eleva hacia el vacío, hacia
el encuentro de la marioneta
con pájaros de vidrio.

Oh cielo cristalino, encuentro
vertical, nido de
asombro, asombrosa
presencia del poema.

Encuentro, simulacro, enredadera,
la almendra de
esta mano o el nicho de
este día.

Luz vertical segrega la
noticia, la voz que no
ilumina rompe acaso
el horizonte y hunde su
secreto en una musical
sentencia sin sentido.

Devoración, ocultación que abre
un canal en el
sacro, un hueso en la
conciencia, un número en la
risa.

Oh cenital
deslinde, aparición del agua en una nube,
pasión que se evapora.

Árbol quemado, sueña tu
memoria los frutos en el
cielo.

Árbol de fuego engendra la
semilla, vuela y acoge el vuelo de la
nieve.


Todas las islas la isla

septiembre 28, 2006

“En el paraíso he apuntado a una isla
idéntica a ti y a una casa en el mar”.

Odysseas Elytis

“Ningún hombre es una isla”.
John Donne


Ningún hombre es una isla, que se sepa. Todo está conectado, que se sepa. Todas las madres son la madre, todas las islas son la isla.

En esta tierra, en el umbral, a modo de interregno o espacio dado a la más oscura molécula resuena la nada que nos mide y nos congrega. En esta misma oscuridad visible, entre las líneas de una mano grande, más grande que el deseo, que se sepa encontrar la primigenia.

Todo es cuestión de tiempo, que se eleva, la medida inspirada en su corona, en la imagen impresa, en la impresión que cede y se concede. Todo es cuestión de imágenes-destino, de ángeles-barquero y en la orilla de la columna vertebral se eleva la misma podredumbre transmutada. Todo es cuestión, todo es pregunta, todo se conjuga y nos inquiere, demanda una respuesta, que al darse al corazón se eleva.

Reconocer la isla que contienes, volviendo a recorrer lo consanguíneo, la misma cualidad salina en todo lo visible, el reino de los peces dándose al secreto, las algas en la mano más grande que la noche. Todos el mismo frío, el mismo anhelo. Si supiese, si pudiese arrancar, abrir mi pecho, si conociese al otro en su morada, si se rompiese el molde y lo sabido sufriese su infinito.

Si conversase, tranquilamente, con las presencias de la noche, con una oscura mano en la muralla, si rompiese los límites y el ángel trajese la pregunta, si pudiese. Si al elevarse diera la isla a su ventura, su desventura acaso, si en la mano un estremecimiento de algas, de peces, de destino.

Las ruedas, los escombros, la lucha de repente, la infinita manera de arder, lo consanguíneo, lo consabido en esta isla acaso. Manera de estar en el centro, en este reino indivisible. La mano y la corona, los peces y las penas, la más acústica víscera increada, la más rotunda voz o escombro de este día. Legítima extrañeza, vocálica medida sin medida, la mano que en la luz se ha suicidado, con panes y con peces, con música y con ángeles-susurro, con una sola imagen por fin ilimitada, con una voz visible, con algas en la mano.

La más rotunda voz y una aureola, en esta isla nadie parecía, nace a lo semejante ahora rompiendo la tiniebla. Cipreses, abedules, amante la mirada recorre cuanto ama, reconoce el traspiés de su llegada, reconoce el porque de la muralla. Una aureola, amante por siempre congregada, en una isla acaso que es centro de otra tierra, el mismo centro acaso de todo lo visible.

Ningún hombre es una isla, dice el poeta y danza su corazón abierto, su víscera estrellada, su sangre se evapora. Nada lo mide, nada lo condena, el mismo impulso acaso liberado en cada corazón se orienta hacia el Amado. Su rostro en la isla, la isla que orienta hacia otro, el otro es el mismo, la misma certeza recorre los mundos y posa su mano en mi pecho.


Poemas todavía

septiembre 10, 2006

Ya no se dice oh rosa, ni

apenas rosa sino con vergüenza.
Gonzalo Rojas, Adiós a Holderlin.

Todavía las rosas nos
dicen todavía,
todavía desnudas como
piedras olorosas y lindas
todavía y nosotros
callamos, no sabemos
cantarlas,
cúmulos de vileza,
de vergüenza al temblor de versos
todavía.

No sé porque han
salido las
rosas este año.

Los poetas no dicen oh
rosas, solo
dicen serpientes, negrura o avioneta,
nos dicen que este nuevo siglo
se quema y el incendio del
Reichstag continúa.

Ilumina ese fuego
sus versos de estiércol
y gemido, mientras rosas al sol
se incendian de belleza.

Hay que escoger, decrepitud
sublime en su extrañeza
o eterna lozanía de
versos todavía.

Así de simple: el mundo me
ha hechizado, su influjo me
convoca más allá de las formas
a ver la recurrencia
de un deseo que arrastra
tras si todo deseo.

Flautista de Hamelín, el cielo
nos convoca, nos arrastra
a la nube del no saber
y estalla en tormentas de
versos todavía.

Así pues, ¡a cantar, a
fornicar, a
darse al ciclo de la espiga,
a la resurrección como destino!

¡A comenzar
de nuevo! ¡A nacer y a crecer
de pétalos rodeado! ¡A combatir
el tedio del incendio! ¡A conciliar
el sueño del desierto con el sueño del mar
bebiendo vino! ¡A contar
granos de arena! ¡A contar
gotas de agua!

Ni el cielo ni
la tierra han renunciado,
siguen ahí, su hechizo
nos convoca, sus círculos
de mirra tocan el
cuerpo, se abren en tu
entraña.

Loco de
amor, de todavía,
en lo anterior y posterior
a todo, loco de olor de
rosas todavía.

¿Y para qué poetas?

El decir del
olor a cielo nos provoca
un vómito de amor en esta hora
donde
el mar y el azul se
dan la mano, donde
el verde del tallo nos
conduce al estallido
en rojo de la rosa, al coronarse
de la marioneta con cánticos y
danzas todavía.

A la manera de los
antiguos, primitivamente
primitivo, como sabía el druida y el
aeda andino.

Volverá a hablarse
etrusco sobre todas las
playas, volverán las
oscuras golondrinas
a la gran risotada de este día.

Tímidamente asoma una
palabra, se
pierde el humo del incendio
y una risa de nueces nos
dice oh rosas, oh poema
oh cielo azul de
versos todavía.


Cinco influencias de Gonzalo Rojas

junio 1, 2004

Cinco influencias de Gonzalo Rojas

Lo cierto es que llueve. Pensamiento o
liturgia, lo cierto es que llueve.
Gonzalo Rojas, El alumbrado

 
1ª. Corro el peligro de perderme,
madre, en un laberinto con-
céntrica ranura.

Corro el peligro, madre,
de verte desnuda de hijo
y andar boca
abajo, sin cuerpo, sin
dudas, sin pechos, sin
manos, sin
todo el azar de un abrazo.

Corro el peligro de perder-
me, y andar boca
abajo, sin cuerpo en lo oscuro
unitivo.

El centro es mi origen, la lucha
felina me impulsa al furor
desnacido.

¡Como me atrae, madre, lo
anterior a mi propio nacimiento!

2ª. Nacido el reniño se adelanta
y mira, ya
encantado el abismo, ya sesudo
de exactitud al asombrarse ahora.

Mira la oscuridad, como gravitan
los pies y la cintura
tuya después de mía, turbia
después de clara.

Mira y mira que miras
parado como el mulo de Lezama.

O te lanzas o
pudres el ardor, no hay testimonio
andante sino eso, o
te abisma el eléctrico
frenesí
despoblado
de músculos
ahora
o te quedas maldito en tu cuerpo podrido.

Quedarte ahí parado en la
higuera maldita, te
saldrá caro, anémona gaseada,
siempre espécimen, racimo
de estiércol
sin árbol
ni entraña.

Quedarte ahí es olvidar tu
origen, la límpida
manera de comenzar el día
y otro día
y otro camino cada orgasmo,
cada vez que te caes
de bruces en lo oscuro.

3ª. ¡No me dejes tensa-
do, maldita comezón que cabecea!
¡No me dejes podrido
mirarte en un
espejo! Rota y rota, traslada,
manumisa centella,
traslada de la cáscara al
meollo, de la médula
exacta al meridiano cero.

Y a empezar que te
empiezo a recorrer y a
comenzar de nuevo.

Que te empiezo a
querer y cabeceo
siluetas sin nombre.

Que te empiezo y
empieza el saboreo,
manumisa centella.

4ª. Rotación, traslación, sonámbula fijeza
que sabe a mar y sube
tu espinazo, semilla, de tuétanos desnuda
en constante trasiego, respira
y te atragantas
en el rítmico mármol de pétalos
deseoso.

Deseosa de arder, de acallar la rabieta
del psíquico desliz se abre
al macho tenue, al complejo titán
de sus sueños y teje
y desteje y contrae la expansiva tiniebla
dando paso al aullido, oh felino
el ahora.

Mismísimo dislate, abierta y encontrada
se traslada del mundo a la naturaleza,
¿otro mundo tu espalda? otro
zarpazo acaso zanjando la tiniebla.

Así hay que estar, que
ver, que vivir
perfumado, glorioso, telúrico, entregado,
así hay que arder, del
sudor al sopor de la
belleza, trasladando el placer de la nada
a la cosa, de la cosa a la nube.

Así fue y así sea, gast-
ando, regal-
ando, vaci-
ando el vacío.

5ª. Así pues Gonzalo
Rojas, si está es la contra-
danza, hijo del minero, si esta
es la otra historia
del carbón, su resplandor
hialino, si estuviste loco,
si te metiste en tiesto milenario,
en ánfora horadada
y te estriaste como
flor mapuche, si estuviste aquí,
y hendiste y liberaste numinoso
en algas y en raíces, la médula
ósea, el esqueleto,
el prana y el apana de Gonzalo
que explotó en poema y
en coito y en meteoro
fabuloso, ¿cómo no
hermano
hermanarse, como no
encontrarse, reflejo
tras reflejo, donde el verso diga?

Por eso se repite
el espejeo, la rota-
ción, el desarrollo,
la máscara y meollo
del tiempo a tientas de
su gran trabajo.

Por eso se contagia
el ritmo meretriz y el
meteoro, por eso se concilia
lo distante en un súbito fornicio.

Por eso, por eso, por Gonzalo.


El emboscado

enero 14, 2004
  1. Mortal de necesidad, el emboscado hiere sus pasos y avanza sin camino, hasta un claro en el bosque, hacia un lugar inaccesible. Ese lugar —llegado sin camino— le estaba reservado, es un recóndito paraje jamás hollado por el hombre.
  2. En ese lugar no puede ver su límite, solo dar la señal, dejar aparecer los márgenes, exponerse a la mirada de las bestias. Exponerse a la ofensa, a ser derrotado. Querer ser derrotado, batirse en retirada, a un repliegue esencial de la palabra.
  3. Caminos al bosque, lugar sombrío, abierto a lo que sea, cerrado a lo sabido. Sin límites, sin verbo ni doctrina, guiado por la fuerza que acontece, por el puro estallar de la materia en formas y animales. El reino vegetal, el animal, el reino de la luz, el reino de la pura transparencia. Son nubes en el cielo, árboles que se mecen, la sangre por tu cuello.
  4. Toda una fauna expresa lo viviente. Toda una fauna, un límite o fricción que te estremece. Los dientes como un gato en medio de la noche, los pies como una araña. Ojos brillantes nos escrutan, son los ojos de la animalidad más transparente. El animal no muere, queda expectante desde la madriguera. Brillo animal de la palabra, potencia agazapada.
  5. Es la muerte del otro, la muerte era lo otro, el saber que confiesa sus culpas y se entrega. Rondando una tiniebla libre y fiera. El saber geológico perfora la tiniebla, pregunta lo indecible, que no tiene respuesta.
  6. Relación impensada, la muerte y el lenguaje. La voz de una recóndita manera, a la manera de los antiguos, de un modo transparente, sin dobleces, un repliegue esencial de la palabra.
  7. Un modo de entrar del lenguaje en lo otro, de romper con el límite sabido, de proponer murallas en lo oscuro. Solo una mano palpa la muralla, la mano blanca del suicida. La fuerza de lo negativo, potencia sinuosa.
  8. Resistencia y entrega de lo mortal a la muerte: toda respiración propone un reino.
  9. La experiencia del bosque, la elección de tu límite fuera de los límites, en un espacio vivo, caótico y sombrío. La nuda vida, desnuda de cultura. Afirmarse en lo eterno negativo. Orientar tu deseo hacia la piedra negra, al corazón de la materia. Orientarse a la ausencia de objetivos, al ser ahí de la potencia. Hacer de las pulsiones un magma indescifrable, hacer de los sentidos un círculo de fuego.
  10. Romper la línea que unía la cosa a la avaricia, las manos a la mesa. Tocar las cosas más allá de ellas mismas, la luz que está en su seno. Abrirse a la potencia ilimitada, a la capacidad de transformarse de lo ente. Entonar el adiós a todo eso, a todo lo que es fuerza sin memoria, potencia sin vacío, deseo sin recuerdo de lo uno. Entonar el adiós, el cántico estremece las piedras y retorna a su morada.
  11. El modo decisivo de estar y penetrar lo oscuro, siempre en lo otro, siempre a la deriva. Amanecer en cada despedida. Hablar y morir, vivir y dar la mano. Acercarse a la fuente impensada, a los lamentos de la piedra, al crepitar de la madera.
  12. Lenguaje instalado en el centro, en la estancia intocada de lo mismo, de lo que se repite eternamente. De lo indistinto ahora que has negado tu esencia separada. Callar y vivir, morir y dar la lengua. Biología del lenguaje, pliegue y repliegue de la palabra abrasadora.
  13. Biología del lenguaje, genealogía de los cuerpos, se reconstruye el mundo desde cero. El bosque crece como un espacio abierto para el emboscado. Cada paso adelante es un sendero en el bosque, proceso de vida donde el sol no penetra. Cada palabra acota, define y multiplica. Cada palabra tala un árbol y crea un claro, una claridad inaccesible.
  14. Todo lo que no es uno es muerte, todo lo otro es sombra de lo uno. No hay otro, no hay testigo, no hay testimonio de este estar fugado, entre los árboles de fuego.
  15. La semejanza se abre en la respiración, el reino de este día. Toda respiración en toda semejanza, toda impresión en toda compañía. Si ya no hay otro, ¿dónde está lo uno?
  16. La voz es un decir sin contenido, sin intención ni voto. No participa de la fiesta oficial, no enloquece. Hace su fiesta separada, en un claro en el bosque, rodeado de ardillas, de fieras y alimañas.
  17. Sonido esencial de la materia, canto del animal o canto de la piedra. No se deja gastar, se abisma y enloquece. Enunciados que enfrentan sus velos, se van al fondo y hunden sus raíces en un repliegue esencial de la palabra. Lugar sin fundamento, ahora compartido. Lugar sin lugar, tiniebla y utopía. Lugar sin lugar, mi límite increado.
  18. Toda repetición es una ofensa. Amanece en el bosque húmedo de pureza. Un grito de silencio, recobrar la medida de nuestro nacimiento. Acto de adoración, silencio decisivo. Sonido de humedad, de madriguera, murmullos o palabras ausentes, sin objeto, sin ojos, sin creencia…
  19. Allí estoy y allí estuve. Aunque parezca estar aquí, entre estos muebles y este juego. Aunque parezca hablar y dar la mano, besar y escribir y luchar y todo eso. Aunque parezca que estoy vivo, aquí estoy y aquí estuve.

La unión de los contrarios

noviembre 11, 2003

La sorpresa fue grande cuando alguien leyó en un
libro inglés que según Sidi Ali al-Jamal, maestro Darqawi,
la cumbre de la experiencia mística era definida como

“jest”, palabra que el diccionario traduce como “burla”.

Lo activo y lo pasivo,
lo propio y lo impropio,
se encuentran al final de todo buen viaje.
Dejan de ser opuestos, se entretejen
y buscan encauzar un modo
de penetrar lo extenso-transparente.
Conciliación de los contrarios,
la unión es el modo y precipita
los cuerpos hacia el fuego.
El fuego o la risa, la pausa o la prosa
porosa que esconde la mágica quimera.
La unidad de lo falso con lo auténtico,
el buen humor de toda buena estrella.
Mirad como se ríen en el cielo,
como surgen los peces de la nada,
como el lago contempla a la laguna.
En el mar viven las cabras
y en el monte las sardinas.
La falsedad de la verdad y lo
verdadero de lo falso,
la autenticidad de lo impropio
y lo impropio de toda identidad.

Súbito el paisaje resplandece y mira
el horizonte al hombre que lo mira.
Yo soy el otro, la música callada,
la paradoja ungénita al amado.
La alabanza teje su traje de seda
y el cuerpo se viste de pura transparencia.
Oh amor, lugar que todo lo concentra,
centro de los anhelos que gravita
en torno a la tiniebla.
Luz sin fanal, conjuros enamora
y aumenta su furor de un aura cristalina.
Un deseo de gloria trasiega la palabra
hacia la fuente del deseo.
Esta es la estrategia del poeta,
la simpleza que debe vivenciarse.
Ahora es un secreto a voces, una voz
que quiere el premio Nóbel,
que participa, sonámbula en la risa,
de su contrario: oh fingidor juicioso,
funámbulo traspiés de la poesía.

La unión de los contrarios:
este es el meteoro fabuloso
que todo cuerpo habita,
y es habitado por su opuesto.
Es niebla y es coito,
fruición divina, espejo que nos mira,
que nos devuelve imagen por mirada.
La rendición advierte al sinuoso
de su recta inmortal, como un poseso
el sinuoso en la espiral se esfera.
Son coaliciones, química sin tedio,
loca substancia al borde del abismo.
Control y descontrol del mundo,
ciencia de las transformaciones,
caos y cosmos sin medida
en la balanza que todo lo aniquila.
Oh el movimiento ahora,
la suave quietud fluyendo como vela,
velando su secreto.
La suave tempestad de la materia,
furiosa contradanza de números, se eleva
la majestad de lo creado pariendo la belleza.
Es un más y es un menos,
un claudicar y un comenzar de cero,
es un poco de niebla, la embriaguez decisiva
que todo instante sobrio necesita
para penetrar en lo continuo.

Secreto sutil resplandece el motivo,
el elemento transmisor, la correa
concreta que siembra y espejea.
Digamos el objeto, la palabra,
digamos el motivo:
una ferviente máscara atrapada
entre el amor finito y lo infinito,
que va de lo uno a lo otro,
sin apenas distancia ni energía, como un
paciente quieto en la semilla de su acto.
Esto está ahí, enfrente de ti mismo,
en cada espasmo, en cada recoveco.
No puedes ver una cosa sin su opuesto,
ni ver lo opuesto sin despertar al deseo de la unión.
No puedes pensar sin dividirte, tocar sin dividirte.
No puedes decir sin hacer de lo dicho
un espejo fugaz al borde del suicidio.
Esto está ahí, en cada relación,
en cada encuentro el hombre se divide.
La unión es división, la confusión el modo
de arder y la muerte todo lo congrega.

¡Que sentido del humor,
genial el Creador, genial la maravilla
constante de un mundo que crea en cuanto muere,
que muere al ser creado!
¡Oh burla burlando al punto de la entrega!
Estrellas que estallan, sonidos sin eco,
veloces momentos de fiesta increada,
latiendo la sed aliterada,
rompiendo lo roto al claudicar su ego.
Con una cadencia de ruina se eleva la risa. 
Estar y no estar, vaciando vaciando,
se crece y se crece.
Más lejos y más cerca, la noche
es la luz de la nada.

¡Quien lo iba a decir!
El hombre perfecto actúa sin actuar,
dice sin decir,
consigue sin conseguir,
muere sin morir.
¡Quien lo iba a decir!
La cumbre era la risa,
sin prisa, sin prisa,
pero ya.


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