Entrevista a Abdennur Prado sobre su libro ‘El islam anterior al Islam’

Marzo 19, 2008

Entrevista realizada por Dídac Lagarriga

- Este es tu segundo libro dedicado al islam, y nos consta que tienes en preparación alguno más. Parece que en ‘El islam anterior al Islam’, en concreto, tu intención era poner el dedo en la llaga a tabúes y distorsiones que coartan el mensaje liberador del Corán. En este sentido es un libro arriesgado pero imprescindible. ¿Cómo crees que lo recibirán, tanto los propios musulmanes como el público en general?

abdennurprado.jpgMás que de poner el dedo en la llaga, se trata de retirar el velo que los ulemas reaccionarios han tendido sobre el islam, sobre el mensaje del Corán, que como bien dices es esencialmente liberador… Se trata de volver al mensaje del Corán y desde allí retirar unos cuantos escombros, que nos impiden el camino. Reivindico el derecho al pensamiento, a abrir el Corán y acariciarlo y estudiarlo, para ver lo que nos dice a nosotros, y no para repetir lo que les dijo hace muchos siglos a los primeros musulmanes. Se trata de un trabajo en cierto modo destructivo, ya que son muchos los escombros que se interponen entre el creyente y el Mensaje del Corán…

Sobre la recepción de los musulmanes, ya he tenido algún retorno, aunque solo de gente cercana. Me han dicho que el libro recuerda algunas cosas básicas del islam, que todos los musulmanes saben y dan por descontado, pero que tienden a olvidar en la vida cotidiana. Para conocer más reacciones habrá que esperar a la divulgación del libro. Creo que provocará rechazo básicamente por el tema de la homosexualidad. Solo puedo decir que espero sea leído antes que criticado.

-Parece que vivimos necesitados de definirnos a cada paso, sin lugar para las autodefiniciones. Una de tus afirmaciones más rotundas la encontramos nada más abrir el libro, cuando aseguras que no te consideras ni sunnita, ni chiíta, ni sufí, sino un musulmán “a secas”. ¿Hasta qué punto crees que tu posición la comparten los musulmanes contemporáneos?

El decir que no me considero ni chiíta ni sunní no es tan extraño: ni el profeta Muhámmad ni sus compañeros se denominaron nunca así, y en el siglo XX varios pensadores musulmanes importantes dijeron algo parecido… No sé hasta que punto lo comparten o no los musulmanes contemporáneos, que como dices parecen tan necesitados de definiciones, y en muchos casos puramente ‘negativas’, en el sentido de definir el islam en oposición a todo lo que viene de occidente, algo que me parece lamentable… Para mí, la pregunta es la siguiente: ¿qué quiero decir cuando afirmo “soy musulmán”? Si los arabistas y los fundamentalistas definen el islam como una religión que prescribe la pena de muerte en caso de adulterio o de apostasía… se hace evidente que hablamos de cosas diferentes, que esto no tiene nada que ver con lo que para mí pueda significar la expresión “soy musulmán”. Hace poco leía un texto del consejo de ulemas de Arabia Saudí, diciendo que no es musulmán quien niega que los seguidores de todas las religiones excepto el islam son “infieles destinados al infierno”… Si esto fuera así, podría afirmar con orgullo que yo de musulmán tengo muy poco.

En el libro he tratado de abordar esta cuestión, partiendo del significado primero de las palabras árabes islam y musulmán, y poniendo en evidencia la contradicción entre el islam, con minúsculas, entendido como el estado de sometimiento consciente a Dios, y el Islam, con mayúsculas, entendido como religión histórica que se inicia en el siglo VII. Las dos acepciones de la palabra islam/Islam son correctas, pero solo la primera es la fundamental, la que define el camino espiritual que transitamos. En el momento en el cual vemos que la religión codificada, el Islam con mayúsculas, entra en contradicción con el islam, debemos romper con él y volver a esa experiencia fundacional. Y desde ahí recomponer la religión, aquí y ahora. Esto no es una visión moderna ni modernista, sino tradicional: el propio Corán identifica la idolatría con la religión heredada, en el sentido del seguimiento de unos ritos o leyes por puro tradicionalismo, sin reflexión actual sobre los fines. Este es uno de los temas centrales del libro.

- ¿Es esta una corriente mayoritaria entre el denominado “nuevo pensamiento andalusí”?

Tampoco sé decirte si esta idea puede ser compartida por el “nuevo pensamiento andalusí”, ya que se trata de un movimiento más bien informal. Pero sí puedo decir que entre los pensadores musulmanes andalusíes actuales, como Hashim Cabrera o Abdelmumin Aya, existe la tendencia a leer el Corán como un mensaje liberador, situado al margen o más allá de lo heredado, y sin duda para todos nosotros la Shía es tan lícita como puedan serlo la Sunna o el sufismo… No partimos de estas fracturas históricas, sino que nuestra búsqueda se remite a lo anterior a ellas. En este sentido sí creo que el libro se inserta en una corriente de pensamiento muy determinada, más allá de las diferencias concretas que podamos tener entre nosotros.

-En ‘El islam anterior al Islam’ los capítulos, aunque diversos, se tejen coherentemente y finalizan con una explosión de colores: los 72 aforismos. Personalmente, creo que este final abre todavía más tu postura y pone en evidencia prejuicios e ideas monolíticas. Consigues rodearte de siglos de heterogenia y pluralidad, que al fin y al cabo son la esencia del islam. ¿Todavía es así o la pobreza sensitiva se ha apoderado de todos los recovecos de la umma?

Yo no creo que la pobreza sensitiva se haya apoderado de la umma. Aunque sí en el plano más visible, propio de la sociedad del espectáculo, como es la política o los medios de comunicación de masas. Pero no debemos confundir la umma con la representación que se hace de la umma. Si uno viaja y se adentra en el mundo islámico, descubre entre los musulmanes más sencillos toda esa potencialidad liberadora del islam, vivido como un modo de estar en el mundo, como seres humanos conscientes, orientados a Dios y no al mercado. En definitiva, creo que la dimensión libertaria del islam está muy presente, incluso allí donde no aparecen más que sombras. Y creo que la representación del islam en los medios es tan oscura precisamente porque todo musulmán es un anarquista en potencia, en la medida en que sabe que su entrega se debe únicamente a Al-lâh, sin intermediarios ni doctrinas. El musulmán sabe eso, incluso el más conservador. Lo sabe cuando se postra, en el momento del cara a cara con el Creador de los cielos y la tierra. Yo creo que incluso aquellos musulmanes abrumados por el peso de la tradición han sentido alguna vez esa felicidad, esa ligereza.

- ¿Qué papel juegan los aforismos en el libro, en qué medida pueden considerarse una conclusión abierta, un cierre no dogmático?

Los aforismos tienen como objeto el mostrar como al final del viaje se disuelven las barreras… las palabras y los pensamientos entran en contradicción con ellos mismas, muestran su límite de criaturas. Existe un guión oculto que atraviesa todo el libro: el de la polaridad en la cual se mueve nuestro pensamiento, a través de categorías que se oponen a otras categorías: islam frente a Islam, anarquismo espiritual frente a ulemas reaccionarios, oriente y occidente, masculino y femenino… Todas estas categorías al final quedan disueltas en los aforismos. Son como intuiciones de una sabiduría que se sitúa al margen de toda codificación. El islam anterior al Islam apunta a una experiencia inefable, se abisma en lo sin forma. Lo verdaderamente importante está más allá de las palabras, en el estadio de pacificación del ser humano, donde las opocisiones quedan trascendidas.

- Hablas de superar el mundo de las oposiciones. ¿También la propia oposición entre islam e Islam? ¿Y qué decir de tu beligerancia hacia los ulemas reaccionarios?

Trascender las oposiciones es aprender a vivir con ellas. En el islam, como en otras tradiciones, coexisten las posturas más sublimes con las más mediocres, visiones abiertas junto a otras sectarias. En el mundo islámico llama la atención el grado en el cual esta polaridad se nos presenta, hasta el punto en que encontramos posturas diametralmente opuestas. Yo no reconozco el islam de Muhámmad en el discurso de los ulemas reaccionarios, como supongo que ellos no reconocerán el islam en un libro como este. Creo que este tipo de tensiones son propias del fenómeno religioso, de la inevitable institucionalización que se produce cuando los hombres se hacen cargo de un mensaje espiritual eterno. Se trata de una tensión con la que debemos aprender a convivir, como un mero accidente del paisaje. El ataque a los ulemas reaccionarios no es contra ellos, sino un llamado a volver al Corán, a la experiencia genuína. Yo mismo soy esos ulemas reaccionarios, como ellos son yo mismo. Lo que importa está siempre lejos de toda controversia, recuperar el islam como un camino espiritual, que propicie nuestra crecimiento y nos dé Salam, la Paz, que es uno de los Nombres de Dios en el Corán.

-En otro de los capítulos analizas ampliamente la usura. Tanto en las grandes economías internacionales como en la cotidianidad de la población musulmana, especialmente la europea, el sistema económico predominante a penas deja espacio para desarrollar alternativas. Tu crítica a este sistema economicista queda clara, pero ¿qué propones? ¿Existe una vía aplicable en nuestra sociedad que no entre en contradicción con el Corán ni con las leyes estatales, en este caso de España?

El capítulo de la usura se refiere también a la recuperación de ese equilibrio, del Salam o Paz como objetivo. Solo que en este caso se trata de la búsqueda de este equilibrio en el plano social y económico. Lo que propongo es precisamente esto. No soy economista ni sabría proponer modelos concretos… Hay dos capítulos del libro que quedan expresamente abiertos. Son más históricos, de algún modo. Lo que me interesa es romper con el encorsetamiento al cual se ha sometido al islam, y señalar nuevas conexiones. Uno de ellos es el capítulo sobre las relaciones entre el islam y las religiones orientales, donde se rompe con el concepto del ecumenismo abrahámico. El otro es el de la usura, que señala hacia la convergencia del islam con el movimiento altermundista. Creo que la cuestión de la usura es fundamental, en la medida en que aquí sentimos una incompatibilidad profunda entre el islam y el capitalismo salvaje que está destruyendo el mundo. Pero no se trata tan solo de la prohibición del préstamo con interés, sino también de devolver a la economía su dimensión ética e incluso su vinculación con la espiritualidad humana. Solo desde la perversión más absoluta se puede afirmar que la espiritualidad y la economía deben separarse.

Abdennur Prado
Ed. oozebap, enero 2008
Colección Asbab (vínculos) - 01
216 pp. PVP: 14 euros
ISBN: 978-84-612-0116-7

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“La lucha contra la discriminación debe involucrar por igual a hombres y mujeres”

Octubre 15, 2006

Los días 3, 4 y 5 de noviembre de 2006 Junta Islámica Catalana organiza el II Congreso Internacional de feminismo Islámico, centrado en el tema de la Sharia y los códigos de familia vigentes en países de población musulmana. A raíz de esta convocatoria, hemos entrevistado a Abdennur Prado, director del evento.

¿Podrías comentar como nació la idea y cuales son los objetivos?

El proyecto nació de nuestro trabajo en Webislam. A la hora de contrastar algunas noticias de actualidad sobre el mundo islámico, nos encontramos con la otra cara de la moneda, justo aquello que la prensa mayoritaria en occidente tiende a ocultar: la existencia de un amplio movimiento intelectual dentro del islam, crítico al mismo tiempo con la modernidad occidental y con la tradición cosificada. Nos dimos cuenta de que en los últimos años habían aparecido numerosos colectivos de mujeres musulmanas que luchan contra la discriminación y reivindican sus derechos desde el marco del islam, en países tan distantes como Malasia, Nigeria o Pakistán, por citar algunos. Todos estos movimientos tenían algo en común, que hemos llamado “feminismo islámico”: la reivindicación de los derechos de las mujeres musulmanas en el marco del islam. De ahí surgió la idea de reunir a algunas de estas intelectuales y activistas en un congreso internacional, para visualizar el feminismo islámico como un todo, un movimiento de renovación de la ummah desde dentro. Esta fue una iniciativa pionera, que llevamos a cabo el año 2005. El entusiasmo suscitado por el primer congreso nos ha animado a seguir adelante.

Algunas personas creen que el feminismo islámico es en si un oxímoron, una contradicción. ¿Qué se entiende por feminismo islámico?

Es un problema de terminología. Para muchos musulmanes, la palabra ‘feminismo’ aparece vinculada a la modernidad occidental, con todo lo que esto genera de rechazo, sobre todo por la memoria del colonialismo y la degradación de la condición humana inherente a la globalización neoliberal. Frente a los aspectos destructivos de la modernidad, el islam se nos presenta como una tradición primordial, un modo de estar en el mundo que considera al ser humano como califa de Dios sobre la tierra, criatura capaz de trascendencia. Esto explica las dificultades de algunos para aceptar la expresión ‘feminismo islámico’. Pero, si reflexionamos un momento, nos damos cuenta de que no existe tal contradicción. Si por feminismo entendemos la lucha por el respecto de los derechos de las mujeres, en consonancia con el Mensaje igualitario del Corán, ningún musulmán dudaría de que el feminismo sea plenamente islámico. De hecho, y como dice Sheija Amina Teslima, la palabra ‘feminismo’ es redundante, ya que está implícita en la palabra islam. Por el contrario, para muchos no musulmanes la expresión ‘feminismo islámico’ se presenta como una paradoja, que viene a romper con el discurso dominante sobre la mujer en el islam. De ahí el impacto mediático del término.

Dentro del feminismo islámico hay una gran diversidad de posturas, como pasa también con el feminismo global.

La diversidad es inherente al feminismo, como movimiento que se inserta en la vida real de las mujeres. No pueden ser idénticos el feminismo de una sufragista inglesa del siglo XIX al de una marroquí del siglo XXI. Cada una de ellas debe responder a una situación histórica concreta. Del mismo modo, siempre han existido grandes diferencias culturales y de contexto en el mundo islámico. Las mujeres musulmanas no constituyen un bloque homogéneo y sus condiciones son muy heterogéneas y varían según sus clases sociales, su nivel de instrucción y su espacio geográfico. En algunos lugares el patriarcado se presenta con un rostro más agresivo que otros: Arabia Saudí, Irán o Afganistán. Pero existen países árabes donde las mujeres gozan de gran autonomía, como Siria. En el África subsahariana nos encontramos con sociedades musulmanas donde la mujer ha tenido mucho peso. Dentro del feminismo islámico existe una gran conciencia de esta diversidad como algo positivo, en confrontación tanto con el imperialismo cultural occidental como con el panarabismo promovido desde Arabia. Así, una activista de Indonesia, Lily Zakiyah Munir, puede rechazar toda vinculación del feminismo islámico que ella defiende con el feminismo árabe, afirmando que su feminismo se enraíza tanto en el islam como en la tradición de la isla de Java.

¿Podrías comentar las diferencias entre los diferentes tipos de feminismos dentro del mundo musulmán?

A nivel ideológico, suelen diferenciarse tres corrientes principales. Por un lado, nos encontramos con un feminismo de corte occidentalizante, que piensa que no existe posibilidad de igualdad de género dentro del islam, y que este debe combatirse. Este feminismo es un subproducto del colonialismo. Frente a él se alza el feminismo árabe, que reivindica la liberación de la mujer desde un paradigma cultural árabe-musulmán. El feminismo árabe es culturalmente musulmán, pero denuncia al islam como una religión patriarcal que ha perjudicado históricamente a las mujeres. La diferencia entre el feminismo árabe y el laicista de estilo occidental estriba en que el feminismo árabe reconoce en el islam un legado propio y diferenciador, del cual se pueden sacar aspectos positivos. Sin embargo, ambos denuncian al islam como religión patriarcal.

La tercera corriente es la del feminismo islámico, que reivindica la posibilidad de alcanzar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el marco del islam. Se trata de creyentes que rechazan el machismo imperante en la mayoría de las sociedades musulmanas. Este movimiento considera que se ha producido una degradación de la tradición islámica y una tergiversación de los textos sagrados. Es un movimiento espiritual, en un sentido muy profundo. Así, Amina Wadud insiste en que su feminismo es un resultado de su fe, que siempre se considerará creyente antes que feminista. Me siento plenamente identificado con este planteamiento: si me considero feminista es precisamente por el hecho de que soy musulmán, alguien que reconoce su sometimiento al Creador de los cielos y la tierra, y trata de actuar en consecuencia.

¿Hasta que punto estos feminismos están enfrentados? ¿Crees que pueden trabajar de manera conjunta?

No me cabe la menor duda: no solo pueden sino que deben trabajar conjuntamente. Pero para ello será necesario que las feministas culturalmente musulmanas revisen su concepción del islam como religión patriarcal, y las feministas anti-religiosas revisen su postura beligerante contra el hecho religioso. Es decir: que acepten con naturalidad la presencia de millones de seres humanos que quieren vivir la dimensión espiritual de su existencia, sin por ello tener que aceptar discriminación alguna. Por lo demás, desde el feminismo islámico no hay dificultades para colaborar con feministas árabes laicas o secularistas, como no lo hay en colaborar con feministas cristianas, budistas o judías. Debemos ser conscientes de que nos situamos en el tiempo de la globalización, que nos exige respuestas globales, desde el pleno respecto hacia las diferencias. Es necesario superar todo sectarismo.

¿Cuales son los mayores retos del feminismo islámico y por qué es importante llevar a cabo esta labor de reivindicación de los derechos de las mujeres musulmanas dentro del Islam?

Habría que diferenciar varios niveles. Por un lado, los retos concretos: proyectos sociales que tiendan a mejorar la vida de las mujeres, exigir a los estados que respeten los convenios internacionales que se refieren a los derechos de las mujeres, la lucha por la abolición o la reforma de las leyes discriminatorias, campañas contra los malos tratos y los crímenes de honor, por el acceso a la educación como un derecho de las mujeres musulmanas… Es necesario avanzar en la consolidación del feminismo islámico como un movimiento transnacional, una corriente legítima dentro del islam, creando redes transnacionales que compartan información y estrategias de combate. Es necesario propiciar espacios de encuentro entre intelectuales y activistas, para elaborar un proyecto sólido de emancipación. Debe estar claro que únicamente los movimientos locales tienen el poder de cambiar las cosas: ellos saben cuales son sus necesidades y sus posibilidades. Por otro lado, existe un objetivo general a largo plazo, que no es otro que el propio de cualquier feminismo: la abolición del patriarcado. En este punto debe quedar claro que el feminismo islámico no implica una reducción de las reivindicaciones feministas en su sentido más universal. El islam no es una religión patriarcal, y no podemos aceptar que el patriarcado siga rigiendo las relaciones sociales en el marco del islam.

El Congreso está centrado en el tema de la Sharia y los códigos de familia. ¿Puedes explicarnos el porque de esta elección?

El motivo es obvio: si hablamos de la lucha de las mujeres musulmanas contra la discriminación por razón de sexo, debemos analizar el contenido de estos códigos de familia, que en muchos aspectos son fuertemente discriminatorios. Hay que hablar del divorcio, de la poligamia, del aborto, de la segregación de los sexos, de la tutela del hombre sobre la mujer… de todos aquellos temas en los cuales las enseñanzas genuinas del islam son distorsionadas. Todo esto implica ser críticos con respecto a nuestra tradición jurídica, y reconocer que las grandes escuelas de jurisprudencia islámica fueron codificadas bajo los parámetros del patriarcado. No se trata de desechar el fiqh clásico, sino de realizar una aproximación crítica, que nos permita preservar lo más valioso de este legado inmenso. Esta revisión es hoy imprescindible. No podemos olvidar que existen movimientos políticos que reclaman la aplicación de la ley islámica tal y como fue codificada hace diez siglos, en un contexto totalmente diferente al nuestro, lo cual acaba significando una disminución de los derechos de las mujeres musulmanas.

Entonces, ¿está el feminismo islámico en contra de la Sharia?

En absoluto. Esta idea solo puede venir de alguien que desconoce las propuestas del feminismo islámico. La insistencia en combatir las injusticias que se cometen en nombre de la Sharia no es combatir la Sharia: es combatir las injusticias. Además, la Sharia no son solo leyes punitivas, como piensan los ignorantes, sino también hacer las oraciones y ayunar: ¿cómo va a estar ningún musulmán en contra de la Sharia? En realidad, los grandes enemigos de la Sharia son aquellos que pretenden aplicar unas leyes discriminatorias. Y no hablo de abstracciones, sino de la cruda realidad. Durante el congreso, Shaheen Sardar Ali nos hablará de las leyes houdud en Pakistán, donde se exige que la mujer que denuncie una violación tenga cuatro testigos varones que corroboren los hechos. De lo contrario, puede ser acusada de zina, adulterio, e incluso castigada por denunciar una violación que no puede probar. En estas circunstancias, la mayoría de las violaciones no son denunciadas, lo cual incentiva a los violadores, sabedores de que quedarán impunes. Y todo esto a causa de la fuerte presión de los partidos islamistas por mantener esta ley terrible, que nada tiene que ver con el islam, pero que es presentada como parte de la Sharia. Son estos grupos islamistas los que están creando entre los propios musulmanes un fuerte rechazo hacia la Sharia. Frente a esta realidad, el feminismo islámico puede verse como una defensa de la Sharia en la modernidad, a partir de una lectura igualitaria del Corán. Un buen ejemplo de esta actitud es el de Ayesha Imam, quien después de su combate contra las sentencias de lapidación y otras penas impuestas por los tribunales de la Sharia en Nigeria, ha defendido públicamente el derecho de los musulmanes nigerianos a regirse por la Sharia.

¿De qué manera pueden contribuir los hombres a mejorar la situación de discriminación en la que se encuentran muchas mujeres musulmanas?

No aceptando las discriminaciones que se cometen en nombre del islam, denunciándolas sin miedo. Debemos rechazar la idea de que el islam ha asignado roles diferenciados e inamovibles a la mujer y al hombre, recuperar el Mensaje del Corán como expresión de un orden basado en la igualdad ontológica entre hombres y mujeres. Hay que reconocer a la mujer musulmana su condición de califa de la Creación, encargada del cuidado del mundo, capaz de desempeñar todos los papeles. Uno de los puntos clave es la revisión de los patrones árabes de masculinidad, que no tienen nada que ver con el ejemplo del Profeta, que la paz sea con él. Debemos reconocer nuestra feminidad, el hecho de que lo masculino y lo femenino forman parte de nosotros, como cualidades que deben estar en equilibrio. En un sentido más concreto, promocionando a las mujeres a cargos de responsabilidad, no acudiendo a reuniones en las cuales las mujeres sean rechazadas o segregadas, exigiendo en nuestras mezquitas el acceso de la mujer en igualdad de condiciones… el feminismo afecta a nuestra actitud general ante la vida. Desde un punto de vista islámico, esta claro que la lucha contra la discriminación debe involucrar por igual a hombres y mujeres.

Pregunta: Dices que “debemos rechazar la idea de que el islam ha asignado roles diferenciados a la mujer y al hombre”, pero ¿no es la propia biología la que define esos roles diferenciados?

Por supuesto, la maternidad y la paternidad son diferentes y afectan de forma muy concreta a la vida de hombres y mujeres, alhamdulil-lâh. Pero no me refiero a lo que es obvio. El problema se produce cuando de las diferencias biológicas algunos derivan todo un sistema de pensamiento según el cual el hombre debe ocupar los puestos sociales de dominio, y la mujer se ve relegada al ámbito doméstico. El paso siguiente es decretar la segregación total entre los sexos, de modo que la presencia de la mujer en la sociedad se hace invisible. Ya en el siglo XII Averroes predijo que el apartamiento de las mujeres de la vida productiva significaría la ruina de las ciudades musulmanas: no se puede mantener a la mitad de la población en la pasividad. Esto no tiene una justificación ni en el Corán ni en la Sunna de nuestro amado profeta, quien se casó con una mujer extraordinaria, Jadiya, quien no solo era una destacada comercianta, sino también su jefa durante muchos años. El profeta limpiaba su casa y cocinaba. Sus mujeres no eran sus criadas, sino sus compañeras en una aventura espiritual comunitaria. Por supuesto, tampoco hay nada de malo en que una mujer se dedique a las tareas del hogar, si esto es lo que quiere. La cuestión es que a partir de las diferencias biológicas no podemos negar a las mujeres el derecho a ser jueces, ulemas o presidentas de gobierno, a ocupar cualquier cargo para el cual estén dotadas según su talento natural. La igualdad ontológica entre hombres y mujeres se sitúa por encima de cualquier diferencia biológica.
Los críticos afirman que el feminismo islámico es algo muy minoritario, restringido a círculos académicos. ¿Qué puedes decirnos de esto, cuales son las expectativas?

Debemos visualizar el feminismo islámico como un movimiento transnacional que se abre paso en todos los rincones de la ummah. Existen importantes movimientos de mujeres en todos los países musulmanes. La lista de organizaciones y sus objetivos es impresionante. Hablamos de grupos contra la ablación, contra los crímenes de honor, contra los matrimonios forzados, contra los códigos de familia sexistas. Hablamos de activistas que están realizando campañas importantes de alfabetización, de ayuda a las mujeres. Algunas de estas activistas se reconocen como feministas y otras no, pero su lucha coincide en muchos puntos con los propósitos del feminismo islámico. Desde mi punto de vista, es necesario hacer llegar a estos movimientos el discurso de pensadoras como Asma Barlas, Lily Zakiyah Munir, Ziba Mir Hosseini, Amira Sonbol o Shaheen Sardar Ali… y tantas otras. Este discurso está sólidamente enraizado en el islam, y ofrece todas las claves para contestar a las pretensiones de ortodoxia de los ulemas reaccionarios. En el momento en que sea divulgado, estoy seguro de que será percibido como algo necesario. Hay mucho por hacer, pero mi confianza en las posibilidades del feminismo islámico es enorme. Se trata de un movimiento que puede gozar de gran predicación entre los jóvenes musulmanes de todo el mundo, calar en unas comunidades que están hartas del fundamentalismo, un discurso que no responde a sus expectativas vitales y espirituales. Estoy convencido de que las estructuras mentales y jurídicas que pretenden justificar la segregación están condenadas a desaparecer, y que esta desaparición nos abrirá inmensas posibilidades de futuro.

(El Segundo Congreso Internacional de Feminismo Islámico tendrá lugar los días 3, 4 y 5 de noviembre de 2006 en Barcelona, en el Hotel Alimara. Más información, inscripciones y programa: www.feminismoislamico.org).


“El islam es una religión, no un sistema político”

Febrero 15, 2006

Siscu Baiges - 15/02/2006
Fuente: Revista El Triangle / La Pau

Abdennur Prado no le gusta el término “converso”. Nacido en Barcelona en el año 1967, defiende un Islam avanzado, respetuoso con los homosexuales y el papel social de la mujer. Entre los años 2001 y 2004 fue el director de Webislam, la Web islámica en lengua castellana más visitada, y acaba de organizar el Primer Congreso de Feminismo Islámico, que ha llevado a Barcelona a mujeres de distintos países islámicos que defienden y reclaman un rol femenino más destacado en sus sociedades, a partir de su visión abierta de la religión.

Siscu Baiges: Eres secretario de la Junta Islámica. ¿Qué es y qué representa este organismo?

Abdennur Prado: La Junta Islámica es la entidad que preside Mansur Escuredo, el secretario de la Comisión Islámica de España, y que fue una de las fundadoras de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas. El vicepresidente de Junta Islámica es el presidente de esta federación, que agrupa a sesenta comunidades.

Del Islam se dice que se organiza de formas muy sui generis, que no cuenta con jerarquías claras, al contrario de la Iglesia Católica, por ejemplo.

Es muy anárquico. El funcionamiento en sí del Islam es comunitario, por afinidades. No hay una jerarquía que lo estructure y éste es uno de los problemas del Islam a nivel organizativo y, a la vez, para que los Estados lo controlen. En el fondo, las autoridades religiosas no lo son porque tengan un cargo, sino porque, realmente, tienen ascendente sobre los fieles.

¿Y la sabiduría?

En teoría debería ser así, pero la transmisión habitual del conocimiento se ha roto, porque desde los Estados, formados por el colonialismo en muchas ocasiones, se intentan imponer unas jerarquías que no responden en absoluto a las necesidades de la población sino a intereses políticos. Esto ha propagado una visión del Islam completamente reaccionaria y al lado del poder.

Se acusa al sector más conservador del Islam, el wahabismo de Arabia Saudita, de financiar la expansión del Islam en España.

Es indudable que las únicas grandes mezquitas construidas en España -Valencia, Marbella, Fuengirola, Madrid…- son todas financiadas por Arabia Saudita. En lo que se refiere a los imanes, las pequeñas comunidades… no hay tanta certeza. Sí que existen sospechas. Pero no sólo en España. Arabia Saudita también financia todas las madrazas y universidades islámicas de Marruecos, donde se forman estos imanes. La infiltración es total.

¿Y esto es peligroso?

Por supuesto. Más que peligroso es negativo para la integración del Islam como una religión aceptada dentro del espacio laico de convivencia común. De todas formas, la influencia de los imanes y las mezquitas es más visible que real. En el informe que ha elaborado la Generalitat para visualizar el mapa de las religiones minoritarias en Cataluña, se citan 140 sitios de culto musulmán “fijados”, controlados. Si pensamos que hay 300.000 musulmanes en Cataluña, deducimos que la mayoría no van a estos sitios. Van unos núcleos muy determinados. Primero, en la mayoría no pueden entrar las mujeres, a menudo con la excusa de la falta de espacio. Segundo, la mayoría son marroquíes y en muchas mezquitas de Cataluña antes de la plegaria, se invoca el nombre de Mohamed VI. ¡Es muy fuerte! Los beréberes o los saharauis no se sienten identificados, por ejemplo. Hay un nacionalismo panarabista marroquí que provoca rechazo entre muchos marroquíes que se han ido de su país huyendo de un régimen opresor y corrupto.

Y luego hay que tener en cuenta que la mayoría de inmigrantes marroquíes tiene otras prioridades: se tienen que buscar la vida. Quiero decir que la influencia es más la que le damos nosotros que necesariamente la real. También es cierto que el resto de musulmanes que están diseminados estudiando en las universidades o con profesiones liberales no se organizan como entidades religiosas, no se sienten representados por estos imanes y mezquitas.

Los musulmanes, aquí, también se deben organizar, agrupar por orígenes: los marroquíes con los marroquíes y los paquistaníes con los paquistaníes…

Esto es un fenómeno natural. Si vas a Nueva York, los hispanos, los latinoamericanos se buscan entre ellos, por solidaridad, porque han pasado un poco por lo mismo, porque tienen una cultura común, hablan de su pueblo, tienen un primo… En cierto sentido es negativo, pero es normal.

¿Cómo ve el colectivo musulmán inmigrado a los que os habéis convertido en la edad adulta?

Me hace gracia que el diccionario defina “conversos” como “los moros y judíos convertidos a la religión católica”. Yo no era cristiano antes de hacerme musulmán. Vengo de una familia agnóstica. No creo que nos vean de una forma especial. Algunos determinados colectivos se deben extrañar de que podamos hablar, escribir sobre el Islam…pero en general, muy bien. Al revés, he viajado a países de mayoría musulmana y a los “conversos” europeos nos recibían en todas partes con mucha simpatía.

Pero tú haces declaraciones que pueden chocar. Eres heterodoxo. Defiendes a los homosexuales, organizas congresos de feminismo islámico…

Sí, pero hasta los representantes de las mezquitas y del Consell Islàmic de Cataluña mostraron curiosidad e interés en la celebración de este Congreso de Feminismo Islámico.

El caso es que está muy fijada la idea de que el Islam margina a la mujer.

Se
mezclan cuestiones puramente culturales de los diferentes países -en las que yo no entro- y que en el mundo islámico se han impuesto, en un momento determinado, interpretaciones muy parciales, muy machistas. Hay una tradición jurídica que defiende esta exclusión de la mujer. El trabajo es volver a las fuentes y ver qué pasaba en la comunidad del profeta Muhamad, en Medina. Aquí, en Cataluña, muchas veces las mujeres no pueden entrar en las mezquitas. Dicen que porque no hay espacio pero en la mezquita de la M-30, en Madrid, sí que hay espacio y las sitúan escondidas, arriba. Y estamos en el siglo XXI, en el Estado español, pero es que en Medina, en el siglo VII, no era así. Las mujeres y los hombres rezaban en el mismo espacio, sin separación alguna. Es un ejemplo concreto pero hay muchos espacios. ¿Cómo se tomaban las decisiones? Se reunía la comunidad en la mezquita y hablaban unos y otros. Las mujeres participaban como los hombres. Cuando nosotros releemos el Corán desde nuestra cultura, vemos cosas muy distintas y vemos, claramente, que se ha impuesto una interpretación muy machista, muy parcial del Islam.

No hay autoridades jerárquicas, pero sí que hay unos referentes con ascendencia, como la universidad de Egipto…

Hay entidades que tienen mucho prestigio entre los musulmanes de todo el mundo. La Universidad de Al Azhar es una de ellas. De todas maneras, ésta es una universidad fundada en el siglo XI por los chiítas y tiene una historia impresionante, ya que iba gente de todo el mundo a estudiar allí. ¡Cómo no tiene que tener prestigio! Pero ha caído bajo control de los Hermanos Musulmanes y durante años ha excluido a las mujeres. Otra universidad muy prestigiosa, la creada por fatimitas de Keruan, en Túnez, fue fundada en el siglo X por una mujer. Y después, en el siglo XX, no podían entrar las mujeres. La Universidad de Fez, la universidad islámica más importante de Marruecos, fue fundada por una mujer, y después no las dejaban entrar. ¡Es increíble! ¡Algo ha pasado!

¿Cómo ves el combate de las mujeres dentro del Islam?

Lo veo como un combate de regeneración espiritual, con dos aspectos. Un aspecto de feminismo sociológico, social. Y, por otro lado, para recuperar un equilibrio roto dentro de la comunidad islámica. Averroes, el gran pensador andalusí del siglo XII, lo pronosticó: la exclusión de las mujeres de todos los ámbitos de la sociedad será la ruina de las ciudades musulmanas. Ha sido así. En el Primer Congreso de Feminismo Islámico se ha hablado de esto. Hay autores que defienden, que demuestran que el Islam no sostiene la sociedad patriarcal, en absoluto. La imagen de Dios en el Corán, no es masculina. Esto sería una idolatría porque sería asociar a la divinidad una imagen humana. Y segundo, porque no establece en ningún momento una división de los seres humanos, entre hombres y mujeres, en función de su sexo. El ser humano es designado en el Corán con una palabra árabe que designa tanto a hombres como a mujeres. Las bases ideológicas, metafísicas, de la cultura patriarcal no existen en el Corán.

Hay mujeres que se abren camino dentro del Islam pero no son precisamente feministas, no pretenden cambiar el rol actual de hombres y mujeres en las sociedades islámicas…

Sí, pero también es interesante destacar que, dentro de los movimientos islamistas, se tiene conciencia de que la situación de la mujer no se corresponde con los principios del Islam. Y estoy hablando de movimientos que son señalados habitualmente en Europa como muy reaccionarios. En Indonesia o en Malasia pasa lo mismo. El partido islamista de Indonesia, que tiene 40 millones de afiliados y es el más grande del mundo, tiene un discurso sobre el género y sobre la mujer que visto desde Arabia Saudita es totalmente revolucionario.

¿Qué valor le das al tema del vestir, a la polémica del velo?

En muchos sentidos, hay un sentimiento de amenaza, de pérdida de identidad en algunos colectivos que buscan en el vestir signos de identidad. Es curioso que se busquen signos de identidad en una religión tan iconoclasta como el Islam, donde, en teoría, no debería haber símbolos que la identificaran. En un grupo de personas no debería de existir nada externo que identificara quien es musulmán. Hay una obsesión enfermiza con el velo y con la barba de los hombres. Yo llevo barba pero no porque siga el Islam. Te encuentras gente que dice que se viste según la tradición islámica pero cuando te reúnes con musulmanes de distintos orígenes, todos visten de forma diferente. ¿Cómo entendemos esto?

Se habla mucho de la modernización religiosa de Marruecos. Hay quien dice que el modernismo pasa por un retorno a las fuentes…

Todos los movimientos que han acabado siendo reaccionarios en el siglo XX nacieron como reformistas y, entre comillas, modernistas. El wahabismo, por ejemplo. Los Hermanos Musulmanes nacen como un retorno a las fuentes para recuperar la pureza del mensaje liberador del Islam y… ¡mira dónde han ido a parar!

El otro extremo modernizador es Attaturk, en Turquía.

Attaturk es un auténtico monstruo, desde el punto de vista de los derechos humanos. Creó un Estado nación moderno, pero la modernización no tiene porque ser siempre positiva. Impulsó un nacionalismo turco exclusivo: una religión, un Estado, una nacionalidad, una lengua. Prohibió el velo, prohibió todas las cofradías sufíes, expropió sus bienes, impuso el alfabeto latino a la fuerza, metía en prisión a los que escribían en grafía árabe… Desde el punto de vista occidental del respeto a los derechos humanos y el valor de la libertad religiosa, Attaturk fue un desastre. Reprimió a las minorías de una manera brutal. Los kurdos, los armenios… No fue el responsable directo del genocidio armenio pero éste fue llevado a cabo por los Jóvenes Turcos mientras se producía este proceso de modernización, de crear un Estado-nación unitario donde las minorías sobraban. Este genocidio no lo cometió el califato otomano.

Muchas veces los movimientos islamistas lo que hacen es intentar crear un estado islámico. Los cristianos coptos, por ejemplo, han vivido muchos siglos en Egipto y estaban integrados y han empezado a sufrir discriminaciones religiosas durante el siglo XX. Por desgracia, esto se debe, en muchos sentidos, a la entrada de estos países a la modernidad.

¿Y lo que se llama la modernidad del Islam puede salir del Islam europeo?

Lo que sí que existe en Europa es una batalla por el control del discurso. En Europa hay inmigración de países de mayoría musulmana y una libertad de expresión que no tienen en sus lugares de origen. Yo he dicho cosas que no podría haber dicho en países de mayoría musulmana, sobre el Islam o el feminismo. Me acusarían de apóstata. Los Estados de origen temen el feed back que pueden aportar estos inmigrantes islámicos. El Islam que se desarrolla en libertad es muy distinto al Islam controlado por los Estados, que temen que vuelva un discurso liberador que cambie las estructuras.

El cambio dentro del mundo islámico vendrá, más bien, de lo que ahora se considera la periferia, cuando tomen protagonismo los movimientos de Malasia, Indonesia, Nigeria… Asocian Islam a Oriente Medio, que es donde es más difícil que se produzca ningún cambio. Pero en Indonesia y en Malasia el Islam tradicional es muy abierto. En Indonesia, el tema de la homosexualidad está completamente aceptado y es un país de 180 millones de musulmanes. Nunca han tenido problemas, y una mujer musulmana, Sukarnoputri, fue elegida presidenta. Hay muchos movimientos, muchos colectivos de musulmanes progresistas, en muchos países, pero no hay ninguna instancia que les aglutine y les de visibilidad.

Sería necesario crear una Internacional de los Musulmanes Progresistas.

Éste es uno de los objetivos a conseguir. Lo acaba de decir la Premio Nobel de la Paz siria, Shrin Ebadi. La gente de la UNESCO me ha pedido organizar el Segundo Congreso de Feminismo Islámico porque dicen que movimientos feministas o que luchan por los derechos de la mujer dentro del Islam hay en todos los países, pero son luchas locales que no han dado lugar a un movimiento transnacional, que les vincule, que les permita construir una causa común.

Islam y democracia son compatibles. Pero hay mucha gente que lo pone en duda y que recuerda que la mayoría de países de mayoría musulmana no son democracias.

El Islam es una religión, no un sistema político. Los sectores islamistas que hablan de la creación de un Estado islámico han tenido problemas insalvables para encontrar en las fuentes, en el Corán, en los dedos del Profeta, razones para justificarlo. En todo el Corán sólo hay una, dos o tres referencias, como mucho, que se puedan asociar a sistemas de gobierno. Y son más de 6.000 versículos. Es como buscar en el Evangelio la defensa de un sistema político. No está. Puedes sacar lo que sea de donde sea porque la capacidad humana de manipular es enorme. Tal vez el único versículo de todo el Corán que hace referencia al sistema de gobierno habla de la consulta, la shura. En la ciudad de Medina es lo que se hacía. Se reunían y consultaban. Y había casos en que el Profeta defendía una opinión y por mayoría se aplicaba otra. Era una comunidad, una pequeña ciudad. No un Estado.

La democracia no sólo es compatible con el Islam sino que el único principio coránico que habla de un sistema de gobierno hace referencia a la consulta y dice que “los creyentes son aquellos que tienen la costumbre de consultarse entre ellos en todos los asuntos que afectan a la comunidad”. Los conservadores interpretan que esta consulta es la que hace el emir, el califa, con un grupo de expertos, pero esto no es lo que dice el Corán.

Pero hay muchos musulmanes que viven entre nosotros y sus convicciones contrastan mucho con las de la gente de la calle…

La
gente de la calle tiene una visión del Islam muy condicionada por un orientalismo que no tiene nada que ver con la realidad. Bernard Lewis, que ha creado el término “choque de civilizaciones” dice auténticas barbaridades, está vinculado al Departamento de Estado de los Estados Unidos, es uno de los ideólogos del discurso sobre el Islam de los neocon. No es un académico inocente.

Pero lo cierto es que la Iglesia católica va perdiendo fuerza en nuestra sociedad; los laicos se frotaban las manos y ahora se encuentran que llega una gente muy religiosa que reivindica mezquitas en un momento en que se están vaciando las iglesias de los católicos…

Recuerdo unas palabras que dijo el que entonces era presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en una reunión a la que asistí: “El problema no es que esta gente sean creyentes, sino que son ¡muy creyentes!”: Una cosa es que crean como creen los cristianos muchas veces, que participen poco de los rituales religiosos, y otra es que el Islam sea una práctica. Para muchos cristianos, su religión es una creencia. El pilar del Islam es hacer cosas, no es creer en cosas. La creencia está en segundo lugar.

Si hay un colectivo del tipo que sea en la sociedad catalana, las instituciones tienen que velar por él y por sus necesidades. Si este colectivo tiene una demanda específica sobre alimentación se tendrá que regular desde las instituciones y facilitar la satisfacción de esta demanda. Porque sino habrá sacrificios de cordero fuera de control, por ejemplo… Cuando llega Navidad, el Ayuntamiento de Barcelona pone luces en las calles porque la mayoría de los ciudadanos celebran la Navidad. Pues, el día del Cordero o cuando los musulmanes hagan sus fiestas también se deberían implicar.

Si leemos el periódico, cada día nos encontramos con noticias en las cuales la palabra “Islam”, “islamista”, “islámico” aparece vinculada a violencia, terrorismo…

Los medios de comunicación sólo señalan lo que es negativo y noticia: los atentados, la violencia… ¿Cómo se puede evitar? Toda actividad humana es política por naturaleza. No tiene porque ser así pero cuando se habla del Islam político, se habla de movimientos islamistas que quieren implantar un Estado islámico, con aplicación de la ley islámica que amenaza la democracia, los derechos humanos….

El Islam es muy caótico. Hay 1.300 millones de seguidores del Islam. Si lees la prensa paquistaní, de Egipto o de muchos países de mayoría musulmana, te encuentras con que pasa lo mismo con las noticias que reciben de Occidente. Si vas a Pakistán y ves en la portada de un periódico una foto y la información de una familia de un pueblecito de Francia que violaba a los niños y los vendía, ¿qué imagen te creas de Occidente? Con mil millones de musulmanes en sesenta países distintos, ¡seguro que puedes elegir informaciones más positivas que las que nos encontramos en nuestros periódicos!

La asociación entre Islam y terrorismo no es inocente. Ha estado provocada, no viene de la nada, ha estado fomentada desde determinados medios de comunicación e ideólogos que apuestan por el dominio internacional del imperio de los Estados Unidos. Esto permite evitar que se articulen movimientos de resistencia o alternativos que tienen reclamaciones justas y que automáticamente son desautorizados, vinculándolos al terrorismo. Hablo del Kashmir, de Palestina, de Patany, en Tailandia, de Mindanao en las Filipinas, de Chechenia, de Bosnia en su momento. Es muy curioso lo de Bosnia. Ahora, en la prensa, te encuentras con personas a las que se las acusa de ser muy afines a Bosnia, de enviar dinero, entre las juzgadas por el caso del 11-S, pero el Ayuntamiento de Barcelona enviaba ayuda, alimentos a los musulmanes de Bosnia. ¿Estaba colaborando con el terrorismo islámico?

En Patany, en Tailandia, se hicieron unas manifestaciones, hace dos años. La policía disparó y mató a diez jóvenes. Otros asaltaron una comisaría, se llevaron las armas, se encerraron en una mezquita y los mataron. Mataron a 42 personas. La información aquí era que el gobierno de Malasia había aplacado la rebelión de un movimiento terrorista islámico. Pues no, se trataba de un caso evidente de represión de una minoría religiosa y lingüística. Estamos delante de la actuación del nacionalismo tailandés sobre una comunidad que tiene tradicionalmente unos fuertes vínculos con Malasia. Tailandia tenía un régimen budista confesional y, hace unos años, prohibió el velo y la enseñanza del árabe en las escuelas. Aplica una represión brutal que Naciones Unidas debería denunciar pero, claro, como no tienen representación ni nadie que les defienda… Detrás de esto hay reivindicaciones justas y que quede claro que yo no defiendo la violencia, pero la ONU reconoce el Derecho de los pueblos a la resistencia. Hace un par de años una juez italiana dejó en libertad unos jóvenes que habían estado detenidos porque iban a alistarse para luchar con la resistencia iraquí. Se basó en la Carta de las Naciones Unidas. Pero después, el ministro de Interior y el Tribunal Supremo italiano acabaron desautorizándola.

¿Está muy extendida la sensación, dentro del mundo islámico, que el Islam está siendo perseguido, aplastado?

Sí, sí, totalmente. Para entender las reacciones de los musulmanes en el mundo se debe saber esto. En el mundo islámico hay la sensación de que se está siendo aplastado ¡Por supuesto!

¿Qué es Al Qaeda?

Yo no lo sé. Estudié mucho el tema del 11-S y no tengo claro que Al Qaeda tenga nada que ver con esto y se lo he dicho, personalmente, a la persona que dirigió la investigación parlamentaria en los Estados Unidos. El propio Mansur Escuredo, presidente de la Comisión Islámica de España, lo ha declarado. Creo que es una cosa interna, un autogolpe de Estado. No pienso que sea terrorismo islámico. Y lo digo habiendo leído miles y miles de artículos sobre los movimientos de la Bolsa los días previos, sobre listas de los aviones en los que no aparecían terroristas; en todo el mundo islámico se ha visto el vídeo del padre de Mohamed Atta diciendo que habló con su hijo después de caer las torres gemelas…Y así cien datos más como mínimo.

Esta idea está muy extendida en el mundo islámico. Lo que pasa es que, por otro lado, para mucha gente desarraigada, de suburbios de El Cairo o Somalia, Bin Laden es un icono de la lucha en contra del imperialismo, de una forma muy infantil.

Hay hasta camisetas con la imagen de Bin Laden como hay con la imagen de Che Guevara.

Lo veo como un icono de la cultura de los Estados Unidos. Es una construcción mediática, creada por unos medios de comunicación determinados. He estado en Qatar meses antes de la invasión de los Estados Unidos a Irak. Al Jazira es una televisión financiada por el emir de Qatar y Qatar es la base más importante de Estados Unidos en Oriente Medio. He pasado por delante y hay más de cien mil soldados. Es una ciudad con kilómetros y kilómetros de alambradas, con aviones, armamento… es muy gráfico.

Es sorprendente que algunas encuestas hechas en Marruecos detecten un gran apoyo y simpatía popular hacia Bin Laden…

Esto se debe a la falta de liderazgo en el mundo islámico, por la represión que hay por disidencias. No hay líderes visibles con los que se pueda identificar la juventud. Súmale el componente contestatario de la juventud, en todas partes. Sabes que esto o éste no les gusta a los demás y te apuntas.

Con el supuesto lugarteniente iraquí de Bin Laden, Al Zarqawi, pasa alguna cosa similar…

Es la manera de desautorizar la resistencia, de vincularlo todo al terrorismo islámico, a pesar de que no niego que pueda haber un poco de todo.

Siscu Baiges es periodista. Esta entrevista ha sido publicada en el nº 18 de la Pau, suplemento de la revista El Triangle, pp. 6-7.
Traducción del catalán para Pueblos: María Riba
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Sobre algunas cuestiones polémicas. Entrevista con Abdennur Prado

Abril 14, 2005

14/04/2005 0:0 | Redacción Webislam

En los últimos días hemos recibido una avalancha de e-mails sobre temas recurrentes: la fatwa contra Bin Laden, el imamato femenino, los castigos corporales, el Islam en España. Las noticias se suceden sin darnos apenas tiempo a asimilarlas. El día 10 de marzo, Mansur Escudero lanzó una fatwa considerando que Bin Laden y todos aquellos que cometen actos terroristas se han situado fuera del Islam, y no deben ser considerados musulmanes. El día 18, Amina Wadud dirigió la oración del viernes y dio el jutba ante hombres y mujeres. El día 30, Tariq Ramadán hizo un llamamiento para una moratoria de los castigos corporales. En las páginas que siguen, Abdennur Prado ofrece algunas de sus respuestas a las consultas recibidas.

Pregunta: ¿Aprueba usted la fatua que presentó el señor Mansur Escudero sobre el terrorismo y al-Qaida?

Creo que es un instrumento legítimo y valiente de combate, en un doble sentido: contra la Islamofobia y contra el terrorismo. Como musulmanes, es nuestra obligación denunciar las injusticias cometidas en nombre del Islam, y más si esto ayuda a desvincular el Islam del terrorismo. La fatwa no se refiere en ningún caso a acciones lícitas de resistencia contra la opresión, sino a la muerte de niños y civiles, algo totalmente prohibido en el Islam. Quien considere justificada la muerte de niños en nombre del Islam está en un extravío manifiesto. Nosotros no tenemos otra arma salvo el du’a y la palabra. En unos tiempos tan oscuros como los que vivimos, hay que realizar acciones claras y decididas como esta. Apruebo la fatwa sin matices.

Pregunta: ¿Le parece bien el declarar apóstata a otro musulmán, como hace la fatua de la Comisión Islámica de España?

En principio, no me gusta para nada la idea de declarar a alguien “fuera del Islam”. ¿Quienes somos nosotros para hacer esto? Pero esto no es lo que la fatwa dice, sino que son los propios terroristas quienes se han situado fuera del Islam. Resulta curioso que los mismos que nos critican por afirmar que Bin Laden ha hecho apostasía, diciendo que el juicio corresponde solo a Al-lâh, no se priven de pronunciar el mismo juicio contra Amina Wadud, la mujer que dirigió la oración mixta en Nueva York. Resulta sintomático que se considere aceptable declarar a alguien kafir o no-musulmán por rezar, o por tener opiniones diferentes en materia de fiqh o de aquida, y que se tengan tantos miramientos en el caso del asesinato de niños y civiles. Esto nos habla del estado de la ummah, de la miseria moral de ciertos alfaquíes.

Pregunta: Me dirijo a usted con preocupación ante los insistentes llamados de WebIslam a desconocer la tradición. Los castigos corporales tienen su base tanto en el Qur’án como en los hadices.

WebIslam realiza un claro llamado al uso de la razón, a la comprensión y al estudio, en la más pura tradición islámica. Al hablar de la Sharia hay que tener claros los principios y objetivos generales. Creo que estos castigos no constituyen el núcleo de la Sharia, sino un aspecto secundario. Creo que los castigos corporales solo tienen sentido en una sociedad como la de Medina del siglo VII, donde no había cárceles, ni policía, ni tribunales de justicia. El único modo de evitar el caos —el robo, la violación y el asesinato impunes— era aplicar la justicia de un modo inmediato. Creo que el uso de la razón nos indica que con esos castigos Al-lâh ha querido establecer claramente lo que está prohibido: el robo, el asesinato, la violación, etc. Deben existir leyes que castiguen estas prácticas y que tiendan a evitarlas, reestableciendo la armonía en la comunidad. La propia palabra had (plural hudud) significa “límite”. Esto indica que existen otras posibilidades: el límite de velocidad es 120 km/h, pero puedes ir más lento. Al mismo tiempo, se habla de los hudud como límites a la libertad humana: no matar, no robar, no violar, no calumniar. Los castigos corporales son un límite que no puede traspasarse. Sin embargo, considero injustificado el pretender que las penas establecidas en el siglo VII, en un contexto totalmente diferente del nuestro, deban ser mantenidas literalmente. Lo mismo puede decirse del talión (quisás). La palabra árabe qisás tiene el significado de “equivalencia”: se pueden encontrar otras equivalencias a la pena de muerte en caso de un asesinato, como penas de cárcel, u otras. El qisás no tiene porque implicar inmediatamente cometer sobre el culpable lo mismo que éste ha cometido, lo cual sería monstruoso en muchos casos. Tratar de buscar nuevas aplicaciones que respeten el sentido y los objetivos de la Sharia no es traicionar el dîn de Al-lâh, sino luchar para preservarlo en el presente, en un momento histórico concreto. Esta es nuestra obligación, como seres conscientes, sometidos a la Realidad Única, y no encadenados a las prescripciones de los sabios del pasado. Esto es justo lo que esos sabios nos reclaman, lo que Al-lâh nos exige, lo que el ejemplo del Profeta nos demanda.

Pregunta: Me preocupa el hecho de que en WebIslam se mezclen indistintamente reivindicaciones legítimas como el derecho de la mujer a dirigir las oraciones con innovaciones que desconocen el legado de la Sharia ortodoxa y validada por siglos de esfuerzo interpretativo.

Hablas de “la Sharia ortodoxa”, pero tal cosa no existe. El concepto de ortodoxia implica una Iglesia que ostenta el magisterio dogmático, algo vedado en el Islam. Reivindicar una ortodoxia en nombre de la tradición jurídica del Islam es desconocer esa misma tradición jurídica. Por mi parte, mi relación con dicha tradición jurídica es flexible: la tomo como referencia, pero no como una dogmática, pues no lo es. Consideras una reivindicación legítima el derecho de la mujer a dirigir la oración ante hombres y mujeres, pero no otras de las opiniones vertidas en WebIslam (yo tampoco estoy de acuerdo con todo lo publicado en WebIslam, ni siquiera en la época en que era su director). Cuando no lo consideras legítimo, nos acusas de hacer “innovaciones”. ¿Dónde está el límite? Piensa que esta misma acusación de “innovación” la hacen otros a los que defienden el derecho de la mujer a dirigir la oración ante hombres y mujeres. Yo mismo afirmo que la reivindicación de una ortodoxia es una “innovación”. ¿Quién tiene la razón? Lo mejor que podemos hacer es dejar que cada uno se exprese según su capacidad y entendimiento, reconociendo de antemano que todo conocimiento humano es limitado. ¿Qué hay de malo en las diferencias de opinión? Para Muhámmad (saws), y según el hadiz, las diferencias de opinión son una misericordia de Al-lâh. Para muchos musulmanes hoy en día, son motivo de fitna. Me quedo con Muhámmad (saws).

Pregunta: La emisión de opiniones que cuestionan la tradición jurídica del Islam solo corresponden a personas altamente capacitadas en el fiqh Islámico, con estudios serios de largos años de duración bajo una estricta y competente guía de maestros y tutores.

Para opinar sobre fiqh no es necesario tener ninguna titulación académica en ninguna universidad. Si nos remitimos al Qur’án y a la Sunna, me gustaría que me indicases donde dice esto. Más bien, creo que el iÿtihad (esfuerzo interpretativo) es una obligación para todo musulmán y musulmana. En esto sigo lo establecido en el Qur’án y en la Sunna, además de la opinión de prestigiosos alfaquíes, como ibn Hazm de Córdoba. No hay nada, ni en el Qur’án ni en la Sunna, que nos diga que para opinar sobre fiqh o sobre aquida haya que tener estudios en una Universidad Islámica. Ni el Profeta (saws) ni sus Compañeros (ra) estudiaron en Universidad alguna. Si eres tan purista, remítete a las fuentes.

Pregunta: Si la mujer puede o no ser Imam o si se debe o no lapidar al adúltero no son cuestiones de principios sino de obediencia a Dios (Islam). Esto no es una tertulia; es una Revelación del Dios Único. Y de nosotros depende ser de entre los sumisos o de entre los soberbios.

Sí, nuestro deber es ser sumisos únicamente a Al-lâh, y no a los ulemas al servicio de regímenes totalitarios, que en su soberbia han llegado a considerarse como únicos depositarios de la Palabra revelada. La rendición incondicional ante la Realidad Única (al-Islam) implica un compromiso, nuestra responsabilidad personal ante Al-lâh y nuestros semejantes. Antes de tirar piedras sobre una mujer adúltera, o de aplaudir ante escenas de azotes y cortes de manos a mendigos, deberías pensar si realmente estás obedeciendo a Al-lâh o a unos ulemas reaccionarios que han convertido el dîn de Al-lâh en una religión represiva, homófoba y sexista. Harías bien en preguntártelo, porque el Día del Juicio de nada te servirá apelar a la autoridad de los ulemas para justificarte. Lee el Qur’án y sabrás de lo que hablo.

Pregunta: ¿Pensáis vosotros los musulmanes españoles de origen crear un Islam al español, sobre todo después de la fatwa que considera a Ben Laden fuera de los límites del Islam?

No se trata de crear nada. El hecho de tratar de vivir como musulmanes en un medio occidental nos conduce a respuestas diferentes. No hay nada extraño en ello. También el Islam en Indonesia tiene sus características, como lo tiene en Senegal, en Irán o en las Maldivas. ¿Porque no ha de ser “diferente” en España, en Europa, en los EEUU? Lo que no se nos puede exigir es el abandono de algunos de los logros de la modernidad, justo en el momento en el cual todo el mundo islámico suspira por ellos. No todo en la sociedad occidental es corrupción y degeneración, aunque haya mucho de ello. La libertad de expresión y de conciencia, los derechos humanos, la igualdad de la mujer, la democracia… no son valores ajenos al Islam. Simplemente, luchamos por el reconocimiento, en un contexto muy determinado. No podemos dejar de ser lo que somos, sino someternos a Al-lâh desde nuestra precariedad de criaturas, desde nuestra contingencia aquí y ahora. ¿Qué más podemos hacer? ¿Tenemos que obedecer a los ulemas de Meca o de al-Azhar? ¿Qué tienen que ver ellos con nosotros? ¿Qué saben ellos de nuestra vida cotidiana? ¿Cómo pueden juzgar nuestro contexto? Esto no se sostiene desde el punto de vista del fiqh tradicional. Tan solo vemos un intento de control ideológico, la creación de una especie de “iglesia” en el Islam. Los musulmanes españoles, que en muchos casos hemos llegado al Islam superando una religión dogmática y vinculada al totalitarismo, no vamos a caer en lo mismo. No somos más que musulmanes que tratamos de someternos a lo que Al-lâh quiere de nosotros, insha Al-lâh. El Islam es la liberación de toda idolatría. Esto es al-Andalus, y al-Andalus siempre ha sido diferente.

Pregunta: Me temo que muchas veces se cae en el vano intento de parecer muy moderno y europeo con tal de alejar las sospechas de oscurantismo y barbarie que caen sobre nuestro Din.

No trato de parecer europeo: lo soy. No trato de contentar a los occidentales, ni de ser moderno, sino de vivir el Islam en mi contexto. Soy catalán, y no cambiaría mi país por ningún otro. Lo absurdo es pretender imponer desde fuera unas interpretaciones a un contexto diferente. Hay que ser muy arrogante para pensar que los propios puntos de vista son universales. Lo mismo que alguien me acusa de “occidentalizante”, podría acusársele de “orientalizante” o de “arabizante”. Al-lâh dice en el Qur’án que toda la tierra es una mezquita, lugar de postración y adoración al Único. También dice que todo lo que está en oriente y occidente pertenece a Al-lâh.

Pregunta: Amina Wadud ha recibido fuertes críticas por parte de personalidades del mundo islámico. ¿Qué opinión le merecen estas críticas?

He leído una veintena de fatwas o comunicados contra Amina Wadud. Salvo raras excepciones, la respuesta de estos pretendidos sabios a Amina Wadud demuestra su pobreza intelectual. No ha sido agradable oír al imam de una mezquita de Londres decir que una mujer no puede ser imama porque podría salpicar de sangre a los creyentes cuando se agachara… O a otros diciendo que una mujer debidamente cubierta y velada dirigiendo las oraciones puede despertar la lascivia de los hombres, ofreciendo una imagen patética de los musulmanes como obsesos sexuales incapaces de ejercer el menor control sobre sus cuerpos y sus mentes. Pero esto no ha sido lo peor. La carencia de argumentos es suplida por mistificaciones, tales como “el consenso de los sabios” o la referencia a la historia del Islam: lo nunca visto, una innovación, nuestros padres no lo hacían. Tan solo son capaces de apelar a la autoridad y a la “religión de los antepasados”, algo que todos los profetas vinieron a combatir. Contrastemos esto con la crítica a la fatwa contra Bin Laden. Cuesta comprender como se puede llamar hereje o apóstata a Amina Wadud por dirigir un rezo, y se rechace hacerlo contra alguien que ha asesinado niños y mujeres, y que está contribuyendo de forma descarada a la demonización del Islam en el mundo. No puedo entenderlo más que como un síntoma de la parálisis de la ummah. Se nos está cayendo el mundo encima y no somos capaces de reaccionar, tan solo de pelearnos. Todo esto muestra el fracaso de los “ulemas oficiales”. En su intento de preservar la unidad de la ummah han creado una religión totalitaria. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar la diversidad de opiniones con naturalidad? ¿Qué daño hace una mujer dirigiendo la salat ante hombres y mujeres? ¿Por qué no somos capaces de aceptar la diversidad de opiniones y tendencias como expresión de la vitalidad del Islam, de que los musulmanes y musulmanas estudiamos y nos esforzamos por encontrar el mejor modo de vivir el Islam aquí y ahora? ¿Qué nos pasa, desde cuando asimilamos Islam al dogmatismo, a la ortodoxia y al totalitarismo? La comunidad profética de Medina ya ha pasado, no existe esa sociedad ideal entre nosotros, tan solo manifestaciones diversas del Islam en contextos diferentes. Por el bien de todos, habrá que irse acostumbrando: las diferencias de opinión son una misericordia de Al-lâh para la comunidad de los creyentes.

Pero solo Al-lâh sabe.


“En España, los musulmanes somos considerados ciudadanos de segunda”

Mayo 7, 2004

Entrevista con Abdennur Prado para Canal Solidario-OneWorld España- 07/05/2004

La presente entrevista es una adaptación de la realizada en directo por los usuarios de Canal Solidario-OneWorld España el día 7 de mayo. Nos hemos permitido ampliar las respuestas y eliminar algunas preguntas que eran pertinentes en los días en que fue realizada la entrevista. Webislam.com, el portal que dirige Abdennur Prado, ya se ha convertido en un lugar de referencia para los musulmanes españoles y para muchos inmigrantes. Tras los atentados terroristas del 11 de marzo, esta web ha tenido que asumir, además, el papel de luchar contra las acusaciones que se vierten hacia esta religión. La última polémica surge con la propuesta del Ministro del Interior de controlar la actividad religiosa de las mezquitas como parte de la estrategia contra el terrorismo.

P-¿Es verdad que Arabia Saudí está financiando aquellas mezquitas donde la línea que siguen es más cercana al fundamentalismo islámico?

Es cierto, no sólo en España sino en todo el mundo. La política de Arabia Saudí ha sido desde hace muchos años la de intentar controlar el islam. Para ello, financian la construcción de grandes centros, que parecen monopolizar la presencia del islam en todo el mundo. En vez de gastar su dinero en ayudar a otros países (musulmanes o no), aplicando políticias de asistencia al desarrollo, su máximo interés es el de presentarse como “la ortodoxia”, los “guardianes de la pureza del islam”. Sin embargo, ya desde el nacimiento del wahabismo en el siglo XVIII, se conservan numerosos escritos de ulemas (sabios) de la época otomana denunciando el wahabismo como una deformación totalitaria del islam. En concreto, los ulemas denuncian que Abdel Wahab permitió a sus seguidores matar a musulmanes a los que acusaba de desviarse de sus interpretaciones. ¿Porque es esta corriente la que han favorecido los países occidentales? En España, los musulmanes demócratas pedimos a el apoyo de la ciudadanía y a las instituciones frente al fundamentalismo, y sin embargo parece más fácil pactar con Arabia Saudí, un país que tiene enormes cantidades de petróleo y una gran influencia sobre la marcha de la economía mundial.

 

P-Me gustaría que aclararas el concepto de ‘yihad’, que suele aparecer siempre relacionado con acciones violentas y terrorismo, pero me parece que tiene que ver más con una actitud individual para el creyente musulmán.

La palabra árabe yihad significa, literalmente, “esfuerzo”. Existen otras palabras árabes que se refieren a la guerra, pero estas (curiosamente) no aparecen el el Corán. En primer lugar, el esfuerzo se refiere al de la superación personal, el mejoramiento de nuestro entorno y condición interior. Este es el “yihad mayor”, en palabras de Muhámmad (sas). Más conocido es el “yihad menor”, el combate armado en legítima defensa. En este punto, hay diferenciar entre la guerra de depredación y la guerra defensiva. En el Corán se expresa claramente, una y otra vez, que a los musulmanes solo nos está permitido combatir en legítima defensa, contra la tiranía o en defensa de la libertad religiosa (el Corán menciona explícitamente la defensa de iglesias, sinagogas y mezquitas). Por desgracia, este es uno de los puntos clave del islam donde la ignorancia se ha cebado. En el contexto actual, los musulmanes tenemos que denunciar a todos aquellos que instrumentalizan este concepto para fines poco claros. Cuando oímos a alguien escudarse el el yihad para matar civiles o realizar actos abominables, debemos denunciarlo. Esa gente está manipulando las palabras y ensuciando nuestra tradición, al mismo tiempo que hace aparecer como terroristas a gentes que han emprendido luchas de liberación lícitas y nobles, como en Chechenia o Palestina.

P-¿Quién cree que está interesado en ofrecer una visión del Islam esencialmente violento y ligado al terrorismo?

 

Los mismos intereses que han divulgado las tesis del “choque de civilizaciones”. Un Estado vinculado a un lobby militar expansionista necesita enemigos que justifiquen el aumento del gasto de defensa y los recortes de los derechos civiles. En España, estos intereses coinciden con la ideología de los nostálgicos del nacional-catolicismo ultramontano, refractarios a la España plural que se avecina.

 

P-Desde el 11-M no parece que haya aumentado el racismo, pero sí un ambiente de sospecha. ¿Cómo se sienten los musulmanes en España?

No se ha producido en España una oleada de ataques contra musulmanes o mezquitas como la registrada tras el 11-S en EEUU. Por el contrario, hemos notado una gran sensibilidad hacia este tema: llamadas de diversos medios de comunicación pidiendo que les comunicásemos cualquier brote de violencia contra los musulmanes, para denunciarlo. Por desgracia, el ambiente de sospecha viene más de la Administración que de la ciudadanía. Las recientes declaraciones del ministro del Interior (al señalar como presuntos focos de radicalismo a cientos de pequeñas mezquitas) han hecho crecer la islamofobia.

 

P-¿Por qué os oponéis al plan de controlar a los imames? ¿No pensáis que esta es una medida positiva para acabar con el radicalismo?


El plan anunciado se basa en un supuesto falso: el de que las pequeñas mezquitas predican el radicalismo. Esto es falso. La Generalitat de Catalunya es la única comunidad autónoma que ha realizado un informe pormenorizado sobre estas pequeñas mezquitas, y este informe es concluyente: no existe radicalismo en esas comunidades. Lo mismo dice el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), por lo poco que sabemos. Así pues, el Ministro actúa de mala fe o está mal informado. Dándole el beneficio de la duda, pensamos que ha sido mal aconsejado. Dicho esto, pensamos que rectificará, al menos parcialmente.

P-¿Cómo cree que se deberían elegir los imanes de las mezquitas españolas?

Los imanes deberían ser elegidos por cada comunidad, tal y como está registrado en los Acuerdos de Cooperación firmados entre el Estado y la Comisión Islámica de España en 1992. Estos Acuerdos fueron firmados por el Rey y tienen rango de ley. A lo que nos oponemos es a la creación de una especie de “iglesia en el Islam”, lo cual no solo es contrario a nuestra tradición, sino a la libertad de conciencia e interpretación que siempre hemos defendido.

P-¿Cómo cree que puede mejorarse la mutua comprensión y el diálogo entre musulmanes y la sociedad occidental?

La mutua comprensión pasa por insertar el Islam plenamente como una opción espiritual lícita dentro de nuestra sociedad. Se trata del desarrollo de la libertad religiosa, uno de los pilares de la democracia, y que en España deja mucho que desear. Por supuesto, la libertad existe, pero hay un sentimiento generalizado de que los musulmanes somos ciudadanos de segunda. El desarrollo de la libertad religiosa pasa por el cumplimiento de los Acuerdos de Cooperación suscritos entre la Comisión Islámica de España y el Estado. Se trata de hacer ciudadanía, de evitar la formación de guetos e insertar a los musulmanes —sobre todo inmigrantes— como ciudadanos de pleno derecho, con sus deberes y sus obligaciones, pero también con sus derechos. Solo de este modo se logrará aislar a los radicales, dejarlos solos en su paranoia.

P-¿Qué me puedes decir del diálogo islámo-cristiano en España?


Recientemente asistí en el Parlamento Europeo a un encuentro de The soul of Europe, una organización para el diálogo islamo-cristiano, de la que Junta Islámica forma parte. Fue muy ilustrativo ver como en toda Europa existen multitud de organizaciones e iniciativas para el diálogo islamo-cristiano, que están realizando una labor encomiable. Sin embargo, en España apenas existen iniciativas de este tipo. ¡Hay mucho trabajo por hacer!

 

P-En un principio la religión islámica parecía patrimonio de los países árabes, pero ahora se ha extendido por el mundo. Por poner solo un ejemplo, por la comunidad negra de EEUU, ¿cómo interpretas esto?

Nunca el islam fue patrimonio de ninguna raza. La palabra islam significa “sometimiento a Dios/la Realidad”. Más allá de toda religión, el islam es un estado de conciencia, el estado natural de toda criatura. Todas las cosas en la Creación estás sometidas al principio generador de la existencia. Según el Corán, tanto Adán (el “primer hombre”, entendido en un sentido simbólico), como Abraham, Moisés o Jesús, todos ellos eran musulmanes. Si nos referimos al “islam histórico” que surge con el mensaje de Muhámmad, nunca fue exclusivo para los árabes. Existe un hadiz donde se dice que todos los hombres son iguales, como las púas de un peine. En otro hadiz se dice que no existe superioridad del árabe sobre el no árabe, ni del blanco sobre el negro. El país con más musulmanes del mundo es Indonesia, donde los árabes son pocos. A parte de estas precisiones, es cierto que hubo una “ruptura” de las fronteras de “dar al islam” (la casa del islam), con la caída del califato otomano. Es curioso, pero este acontecimiento que fue visto en su día como un desastre, ha propiciado la difusión del islam en el mundo, más allá de esas fronteras tradicionales. El islam crece no solo entre la población negra de los EEUU, sino en todo el mundo. También en Europa, y no únicamente a causa de la inmigración, sino por el fenómeno de la conversión. Este fenómeno cambiará a la larga la percepción que los propios musulmanes “de origen” tiene sobre el islam. Cada vez que he ido a un país de mayoría musulmana veo la misma sorpresa, la misma maravilla. Quieren saber porque nos hemos reconocido musulmanes, los conversos, gentes del “primer mundo” que reconocen como propia la religión del “tercer mundo”.

P-¿No crees que el mundo árabe necesita un nuevo Nasdah (Renacimiento) como hubo en los siglos IX y X, cuando eran el centro de la cultura y desarrollo científico del mundo?

La situación del mundo árabe es un desastre. Podemos discutir las causas, pero esto no hay nadie que lo niegue. Ampliando la pregunta, pienso que el mundo musulmán en su conjunto necesita de un renacimiento, un nuevo estado de conciencia. Desde la perspectiva del Corán, la situación se me presenta claramente. El Corán nos previene contra la “religión de los antepasados”, la cosificación de la experiencia que cada uno tiene de su Señor en una religión de Estado. Desde esta perspectiva, estoy convencido de que el mundo islámico saldrá de su actual situación en el momento en que retome el carácter abierto de la revelación, y los valores que están unidos a ella: libertad de interpretación y de conciencia. Se trata de recuperar los valores auténticos y universales frente a esa religión de los antepasados, una lectura patriarcal y autoritaria del islam generada en el pasado, con la cual muchos musulmanes no nos identificamos. Existen musulmanes muy pendientes del largo de la barba o de cómo debe ser el velo, pero muy poco de la búsqueda del conocimiento, a pesar de que está debería ser una prioridad para todo musulmán y musulmana. Como suelo decir, el islam es el problema y el islam es la solución.

P-¿Cuál es para usted el país que, en estos momentos, representa mejor los valores islámicos o musulmanes?

Existe un hadiz de Muhámmad en el que dice: “Una sociedad islámica es aquella en la cual nadie pasa hambre”. Por tanto, no hay en estos momentos un solo país que pueda llamarse islámico.

P-Dado que no te criaste en un entorno familiar de musulmanes, ¿cuándo y por qué decidiste hacerte musulmán?

¡Esta es la pregunta más difícil! Más allá de las circunstancias exteriores, puedo contestar con una “narración simbólica”. Mi camino hacia el islam se produce a través de la palabra poética. Dentro de una experiencia que podría denominarse como una “emergencia espiritual”, escribí el siguiente verso: “Me refugio en Aquel que hace estallar la aurora”. Una liberación, como si saliese del círculo pequeño y miserable de mis obsesiones, para insertarme en un universo más amplio, el de la propia Realidad. Tiempo después, cogí un Corán en una librería y lo abrí por el final, la surat al-falaq (118): “Dí: Me refugio en el Señor del alba”. Fue un shock tremendo. Lo que para mía había sido “palabra inspirada”, coincidía con la palabra de Al-lâh… Reconocí el fenómeno de la revelación como una hecho posible, y no como un “cuento de los antiguos”, una fábula irracional y absurda. Mis lecturas del Corán lo confirmaron plenamente: la cosmología que este libro contiene forma parte del interior del ser humano. Reconocí como propios los elementos centrales de la revelación coránica… Reconocí que estaba sometido al Creador de los cielos y la tierra, que existe una fuerza superior al hombre que lo arrastra, una fuerza que no es ciega, sino Misericordia creadora. Esto es el islam, tal y como lo hemos recibido.