El País contra Teresa Forcades

Noviembre 2, 2009

Teresa Forcades (Barcelona 1966) es doctora en medicina, teóloga y monja benedictina, una monja comprometida con los derechos de las mujeres, que se ha posicionado a favor de los derechos de los homosexuales, y cuyo trabajo tiene una clara dimensión social y espiritual (dimensiones que flaquean la una sin la otra). Dentro de este compromiso, su condición de doctora le ha llevado a centrarse en el tema de las farmacéuticas. Ha publicado un ensayo sobre Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas, en los Cuadernos de Cristianisme i Justicia, que dirige Arcadi Oliveras. Para más información sobre sus posicionamientos, puede visitarse su blog. Recomendamos una reciente entrevista sobre Teología de la liberación para la televisión venezolana, en la cual sostiene que la expresión “teología de la liberación” es en realidad redundante, ya que toda teología debería ser por definición liberadora y feminista.

Conocí a Teresa Forcades a raíz de mi colaboración como autor de un contrapunto en uno de sus libros: Teología feminista en la historia, editado por Fragmenta (en catalán). Realizamos luego una conversación-entrevista para el diario Avui, que no fue publicada. En el 2008, Teresa tuvo la amabilidad de participar como presentadora de una de las sesiones del Tercer Congreso Internacional de Feminismo Islámico.

En las últimas semanas, Teresa Forcades ha sido objeto de múltiples comentarios a raíz de la amplia difusión en Internet de un vídeo en el cual denuncia todos los intereses y manipulaciones en relación a la Gripe AH1N1. Webislam fue una de las numerosas webs que decidió difundir dicho vídeo, con el fin tanto de advertir al mayor número de personas sobre los peligros de vacunarse contra dicha gripe, como para tener un mayor conocimiento sobre el sistema bajo el cual vivimos.

El impacto de este vídeo ha sido inmenso, provocando el contraataque. Teresa Forcades ha sido descalificada por ser monja y por ser mujer, insultada por hablar de temas de interés social con su hábito de monja. Pero lo cierto es que al hacerlo así dignifica no solo sus hábitos o al catolicismo, sino a la religión en su conjunto, tan desprestigiada por ponerse tan a menudo al lado de los poderosos.

Dentro de estos contraataques, el que nos ha movido a escribir ha sido un artículo aparecido en el diario El País, y titulado Desmontando a la monja-bulo. Una de sus autores, Maria Sahuquillo, ya había publicado el día antes un artículo en el cual se trata de combatir la creciente reticencia hacia la vacuna, haciéndose eco de los comunicados de la OMS, como si fueran la verdad absoluta.

Sobre el artículo en si apenas hay nada que decir: se trata de mera propaganda, realizada con la intención de defender a la industria farmacéutica e intentar desprestigiar a todos aquellos que se oponen a la vacuna contra la gripe A. No puede ser calificado propiamente como “periodismo” y aún menos como un “reportaje”. El artículo se limita a descalificar a Teresa Forcades, la llama Mary Poppins y la trata de forma despectiva, poniendo en duda su capacidad intelectual (¿por ser monja, por ser mujer, por las dos cosas?). Para ello, los autores no dudan en mentir, como cuando dicen que “solo ha escrito un librillo…” Los argumentos ad hominen son característicos de aquellos que no tienen argumentos. El artículo recoge tan solo opiniones contrarias Forcades, sin contrastarlas con otras opiniones favorables. Además, el artículo omite aspectos del vídeo que son difíciles de rebatir: si la gripe A es benigna… ¿por qué hemos de vacunarnos? ¿Cómo se justifica la masiva compra de vacunas por parte del Estado?

Mucho más interesante son los comentarios generados. En el momento en el que cierro este artículo (son las nueve de la noche) estos comentarios son 370. Un 90 % de ellos se manifiestan a favor de Teresa Forcades, y muchos de ellos ponen en duda las intenciones de El País a la hora de publicar semejante reportaje.

El artículo es calificado como “vergonzoso”, “ataque salvaje”, “de baja factura”, “tendencioso”, “chulesco”, “bochornoso”, “patético”, “panfleto”, “demagogia”, “infecto”, “vomitivo”… Un comentario da en el clavo sobre el estilo empleado: se trata de un compendio de falacias: la falacia ad hominem, falacias de autoridad, falacia de la pendiente resbaladiza, además de la total ausencia de información. Sólo hay opiniones, y todas reforzándose las unas a las otras. Dice un comentarista: “No resulta muy convincente rebatir datos concretos, que toda persona informada ha podido constatar en el día a día, con supuestos argumentos de autoridad como portavoces, asesores, expertos y catedráticos que nos dicen que lo que pasó fue lo contrario de lo que en su momento pasó”. Un usuario se presenta como médico y dice haber sido consultado por los autores del reportaje, pero como se puso de lado de Forcades, su opinión ha sido censurada.

Un comentarista afirma que “el reportaje apesta y lo único que desmonta es la propia credibilidad de El País. Deja bien claro a qué intereses sirve”. Otro interpreta: “los laboratorios farmacéuticos tienen miedo de quedarse sin su dinerito y ponen una nota enorme en El País”. Y otro concluye: “A El País le debería dar vergüenza publicar cosas así”. Un tal Alejandro escribe: “Argumentum ad hominen (mulierum). Sahuquillo, Benito y El País se han cubierto de gloria. Utilizaré la pieza y los comentarios en mis clases sobre las relaciones entre el Poder y las Empresas en el era de internet. Es muy ilustrativa de la nueva información”.

Como resultado, parece obvio que “este reportaje no desmonta nada”. Más bien todo lo contrario: abundan los comentarios que afirman que ha sido el reportaje el que les ha despertado las sospechas hacia la vacuna y les ha convencido de la veracidad de los argumentos de Forcades. Más de cincuenta afirman que no van a vacunarse, ni ellos ni a sus hijos. Incluso hay varios internautas que habían decidido vacunarse, pero la lectura del artículo les ha hecho cambiar de opinión. Dice un comentario: “gracias a este artículo, ya tengo más claro no vacunarme”.

Otros comentarios contrastan la agresividad del artículo de El País con la capacidad pedagógica, tolerancia y madurez mostradas por Forcades en su vídeo. Por un lado se trata de desprestigiar mediante los insultos, ocultando información, y por otro de ofrecer datos objetivos sin sacar conclusiones, de modo que cada uno pueda pensar por si mismo y decidir según conciencia. Un internauta aconseja: “solo pido a quien lea el artículo y no haya visto el vídeo de Teresa que lo mire y compare…”

Como conclusión, diría que de los ataques de El País a Teresa Forcades, ella sale reforzada y El País desprestigiado. Eso es lo que se desprende de numerosos comentarios:“Los intentos de El País por deslegitimar a Forcades dan aún mas crédito a su teoría”. Y otro sentencia: “El tiro por la culata… Gracias Teresa Forcades!!!” Las felicitaciones se suceden: “Larga vida a Teresa Forcades!!”. “¡Viva la monja!”. “Viva Teresa Forcades, viva Arcadi Oliveras”.

A partir de aquí, estas son algunas de las preguntas que los internautas nos proponen: ¿Por qué “una monja que escribe libritos” molesta tanto? ¿Cómo se puede escribir un articulo desmontando todo lo que dice Teresa Forcades, sin poner la opinión de muchos otros médicos y especialistas en salud pública que están de acuerdo con ella? ¿Por qué para rebatirla no son capaces de escribir un reportaje en estilo periodístico con más datos e información y menos juicios de valor, adjetivos despreciativos y un tono tan tendencioso? ¿Por qué no preguntan su opinión a los médicos que dicen que no se van a vacunar? ¿Por qué este año, en el Hemisferio Norte, apenas ha aparecido la gripe común, como todos los años por estas fechas? ¿Dónde están los millones de muertos que se anunciaron y no se produjeron? ¿Para cuando un reportaje sobre el bulo de las farmacéuticas? ¿Y por que no un titular “desmontando a los lobbys farmacéuticos”? ¿Es cierto que a parlamentarios alemanes se les suministró una versión de la vacuna sin un reactivo que contiene mercurio, por el peligro que supone? ¿Existe peligro al vacunarse? ¿Es verdad que se ha renunciado a posibles indemnizaciones en caso de efectos secundarios graves de la vacuna? ¿Es o no es verdad que políticos y farmacéuticas están exentos de responder por los efectos secundarios de la vacuna?

Pero lo más inquietante es el propio origen de la cepa, pues todo apunta ha que fue fabricada en un laboratorio, con la intención de causar una verdadera pandemia, y que esta fue evitada casi por casualidad: “¿Cómo explican los periodistas desmontadores la mezcla de cepas H5N1 con H3N2 de los laboratorios Baxter en Orth-Danau (Austria) y las graves consecuencias que su distribución o mal uso habrían podido ocasionar, de no ser por la comprobación previa de un checo, así como el silencio de estos laboratorios?”

Algunos de los comentarios pueden parecer desproporcionados, pero muchos otros ofrecen nuevos datos, remiten a informes internacionales que cuestionan la versión oficial. Algunos internautas afirman haber pasado la gripe A sin haberse vacunado, y eso siguiendo los consejos de su médico de cabecera. Aquellos que han pasado la gripe A suelen afirmar que es más benigna que la convencional. Un tema recurrente es el de internautas que afirman que no van a vacunarse por consejo de sus médicos de cabecera. Pues parece que la oposición a la vacuna entre la profesión médica va en aumento. Un comentario dice que “en el centro de salud de mi ciudad, se negaron a vacunar a los niños voluntarios si les tocaba, y el médico de mi hija se niega a vacunar a los nenes por los efectos secundarios”. Según la Organización Médica Colegial (OMC) el 95% de los casos serán leves y se resolverán entre 3 días y una semana como cualquier otra gripe. En Alemania existe un potente movimiento de médicos contra la vacuna, y parece que el colectivo de enfermeras francesas (unas 20.000) no piensa ponerse la vacuna (http://www.syndicat-infirmier.com/Vaccination-H1N1-mefiance-des.html). También un sindicato de enfermeras de Gran Bretaña se ha posicionado en contra. Una encuesta afirma que sólo el 12% de los alemanes ha decidido vacunarse.

La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) afirma que la vacuna contra la gripe A es probablemente innecesaria y no suficientemente testada. En la página oficial del colegio de médicos de Tenerife, en la sección “última hora”, aparece el comunicado del Consejo general de médicos colegiados de España sobre este tema: “Sería especialmente preocupante que por presiones políticas o por una actitud defensiva ante campañas de opinión pública se realizaran intervenciones preventivas sin las adecuadas garantías de seguridad, ignorando el principio de precaución que, por su perfil científico, todo profesional de la medicina debería contemplar”. El catedrático de Farmacología Clínica de la Universidad Autónoma de Barcelona, Dr. J. A. Laporte, manifestó hace unos días a El Periódico que él no piensa vacunarse

Otros informan de las conexiones de Rumsfeld y Bush con la empresa creadora del tamiflú, y otros afirman que la OMS se financia mayoritariamente (hasta un 75%) mediante donaciones de empresas farmacéuticas… Algunos comentaristas atacan a Forcades y aseguran que la OMS nunca cambió la definición de pandemia, y por tanto que ella miente. En los siguientes links a informes de la OMS pueden encontrarse la vieja definición (2004) y la nueva definición (2009). En un texto de la OMS del 2005, titulados “diez cosas que debes saber sobre la gripe pandémica”, el punto 7 se refiere al gran número de muertes: “La OMS viene manejando una estimación relativamente conservadora (de entre 2 y 7,4 millones de muertos) porque constituye un punto de referencia útil y plausible para el trabajo de planificación. Este cálculo se basa en la pandemia de 1957, que fue relativamente benigna”. Lo cual desmiente lo que afirma José María Martín Moreno (asesor de la OMS) en el artículo de El País. Para la OMS, una pandemia de gripe se definía por el alto número de muertos, hasta mayo de este año.

Puede verse también un artículo del New York Times y otro de la CNN donde se informa sobre el cambio. El periodista del New York Times le pregunta al responsable de la OMS si el cambio no desacreditará a la organización… Y eso antes de saberse que es cambio iba a justificar la venta masiva de vacunas. Y una entrevista al especialista Tom Jefferson, en la cual explica como el cambio de definición va a proporcionar enormes beneficios a las farmacéuticas. Básicamente, para considerarse como pandemia debía ocasionar “enormes casos de contagios y de muertes”, algo que ha sido eliminado. Y este artículo del British Medical Journal, que empieza con la frase: “La OMS ha revisado su definición de pandemia en respuesta a la experiencia actual con la A/H1N1”. El autor cita varios links a las página de la OMS y de otras instituciones médicas internacionales con la antigua y la actual definición. La diferencia es la alta mortalidad, algo que ha sido eliminado de la nueva definición, para poder hacer pasar la gripe A como pandemia, y forzar a los Estados a comprar vacunas. E incluso hacer que los Estados fuercen a sus ciudadanos a vacunarse, cosa que ha sucedido en algunos lugares. Un negocio redondo.

La naturaleza del reportaje siembra las dudas sobre las motivaciones de El País: ¿Cuáles son los intereses de El País en este asunto? ¿Por qué El País sale en defensa de la industria farmacéutica y apoya de este modo la campaña a favor de las vacunaciones? ¿Cuánto les ha pagado la Baxter a los autores del artículo? ¿Es cierto que Cebrián tiene conexiones con el Club Bilderberg? Tal y como dice un internauta: “El País ha demostrado con esto ser un magazine de publireportajes mercenarios a servicio del dinero”. Según otro, “…hace pensar que las empresas farmacéuticas y la falacia ad hominem podrían ser de izquierdas”.

Como me dice Hashim Cabrera: creo que el fenómeno de la difusión masiva del vídeo de nuestra hermana Teresa, denunciando con esa valentía y serenidad el tema sangrante de las vacunas y los virus, es en cierta manera ya un fruto de una nueva conciencia que articula a la comunidad global a través de la red. Cada vez hay más gente que “sabe” que los grandes medios mienten. No es que antes no lo supiéramos, es que ahora existen otros canales de información y otras visiones. Es posible que la sociedad multicultural que propicia la red esté ya articulando y haciendo posible un nuevo paradigma. De ahí la lucha por controlar una red que hasta ahora se muestra bastante refractaria a ese tipo de amordazamiento. Da la impresión de que estamos respondiendo a este nuevo reto con la conciencia de que esta vez puede ser que no lo consigan, y de que un nuevo mundo, una nueva humanidad está empezado a nacer.

Es una pena que un periódico como El País ataque de forma tan baja a una persona que trata de luchar contra los abusos de las grandes compañías farmacéuticas, y se alinee sin matices en el campo de éstas y en contra de los ciudadanos. Y esto justo el día en que ha pasado a contar entre la nómina de sus colaboradores a Bertrand Henri-Levy, uno de los más conocidos sionistas y nuevos intelectuales reaccionarios en Europa. Henri-Levy, Gluksman, Vargas Llosa, Moisés Naim, Antonio Elorza… La lista de los colaboradores actuales de El País desmiente la pretensión de que se trata de un diario “de izquierdas”.

En cuanto a Teresa Forcades, no podemos sino felicitarla por su coraje y su lucidez, por su defensa del feminismo espiritual y de la liberación del ser humano, por recordarnos que el “amor” al cual Dios invita no es un mero sentimiento, sino una acción solidaria que nos enfrenta, inevitablemente, con los poderes de este mundo… Si sigue por esta línea (que es la del Evangelio) no hay duda de que los fariseos (incluidas las altas jerarquías de la Iglesia) la crucificarán. Que Dios la proteja y la salve.


¿Es el islam compatible con la modernidad?

Marzo 19, 2009

Oímos repetirse la pregunta: “¿Es el islam compatible con la modernidad?” A esta clase de cuestiones tan sesudas es mejor contestar con ironía: se trata de una pregunta enferma, hecha por enfermos. O, ya sin ironía: se trata de una pregunta que establece una dualidad islam/modernidad, con una sospecha lanzada hacia el islam. Pues no se pregunta por la compatibilidad de la modernidad con el islam: el centro/parámetro ante el cual debe demostrarse la compatibilidad es “la modernidad”.

La pregunta está basada en presupuestos falsos y contiene una carga ideológica que merece ser desenmascarada. Afirma de modo implícito que existe una única modernidad. Pero esto es engañoso: el término modernidad alude a la temporalidad: moderno es todo lo actual. Tan moderno es un aborigen de Australia como un taxista de New York. De hecho son contemporáneos. Sin embargo, la pregunta reduce lo moderno a la modernidad occidental, entendida como paradigma de todo “lo moderno”, la Modernidad par excellence. Aquí, lo moderno/occidental se opone a lo anticuado/no occidental. Si consideramos al aborigen australiano como no moderno, estamos relegando al aborigen a ser algo que debe superarse. Lo estamos condenando en vida al ostracismo. Esa es de hecho la ideología dominante en el planeta, según la cual el paradigma al cual deben adaptarse todos los pueblos es el de la “modernidad occidental”. En este punto, la carga ideológica de la pregunta puede ser contrarrestada mediante otra pregunta: “Depende, ¿con qué modernidad?”

Pero esta contra-pregunta no nos satisface, parece una negativa a entrar de lleno en el tema que se nos propone. La pregunta se basa en un estereotipo previo, en el cual los dos términos aparecen enfrentados. En esta dualidad, el islam representaría el atraso o lo arcaico, mientras la “modernidad occidental” queda identificada con el progreso. Aquí se desvela otro componente ideológico implícito a la pregunta: la idea de progreso. La pregunta lleva implícita la idea de que el progreso (representado por la modernidad occidental) es bueno. Lo cual es algo que merece discutirse, por lo menos debemos meditarlo antes de contestar afirmativa o negativamente a la pregunta. Pues por poca cultura que tengamos no podremos eludir el hecho de que la modernidad occidental ha engendrado algunos de los más grandes males de la historia. Adorno vio la Shoá como un fruto genuino del desarrollo de la Modernidad. Y Agamben considera el campo de concentración como el paradigma biopolítico de lo moderno.

En vistas a un mejor esclarecimiento de la pregunta, podemos formular otra contra-pregunta: ¿qué modernidad occidental? O, de forma más directa: ¿forman parte Auschwitz e Hiroshima de la “modernidad occidental”? ¿Y la destrucción de la naturaleza operada desde un paradigma científico-técnico? En el caso de que no se las considere como partes: ¿dé qué historia forman parte? O, para ser más actuales (más modernos): ¿forma el hambre de ochocientos millones de personas parte de la modernidad? Si no forma parte de la Modernidad par excellence, ¿cómo se explica que los países del hambre estén bajo el control del sistema financiero internacional? De ahí pueden saltar las preguntas como chispas: ¿es el Banco Mundial parte de la modernidad occidental? Si no forma parte, ¿dé que otra cosa forma parte? En caso de que forme parte, ¿se nos está preguntando si el islam es compatible con el Banco Mundial y el hambre de ochocientos millones de personas?

En este punto, podemos contestar claramente que no son compatibles. Como no lo son el budismo, el hinduismo o el cristianismo. Pero justo en este punto tendremos que admitir con tristeza que el islam sí puede hacerse compatible con (o adaptarse a) la modernidad occidental. La prueba la tenemos en Arabia Saudí, producto de un movimiento reformista y anti-tradicional, que ha realizado un notable esfuerzo para adaptar el islam a un modelo de Estado-nación, según el modelo fijado por las potencias coloniales. Un Estado que se basa en el control férreo de los ciudadanos, en lo que Foucault llamó bio-política: vigilar y castigar, control sobre la sociedad entendida como un cuerpo que debe ser disciplinado mediante instituciones: la escuela, la clínica, el sistema carcelario.

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La idea de un islam compatible con la modernidad se aplica en especial para Arabia Saudí, el gran amigo de occidente, pilar del sistema financiero internacional, la quintaesencia de la modernidad occidental. Pero, en este caso salta otra pregunta: ¿es compatible Arabia Saudí con el islam? En este caso la pregunta no está enferma: se trata de una pregunta retórica, todos los musulmanes conocen la respuesta.

Hay pues muchas formas posibles de encarar la pregunta sobre la compatibilidad (o no) entre el islam y la modernidad. He dejado para el final mi preferida:

El islam es la entrega confiada al Creador de los cielos y la tierra, el sometimiento a Al-lâh el Altísimo. Es un modo de estar en el mundo, basado abandono de todo egocentrismo y el reconocimiento de que la Realidad es una, de que todas las criaturas estamos unidas por nuestro origen en Al-lâh, que no puede ser representado, que está más allá de lo que los seres humanos le atribuyen. Es tomar conciencia de nuestra pequeñez de seres humanos creados y acabables, y sumergirse en una Creación que nos desborda. Es recuperar nuestra naturaleza primigenia y seguir una vía (una práctica de adoración, una sharia) que nos orienta a aquello anterior a nosotros que nos ha hecho existir, y nos llama a adoptar unos valores: humildad, conciencia, paciencia, generosidad, esfuerzo…

En este punto, salta a la vista que para un musulmán la pregunta no es si el islam es compatible con la modernidad. La pregunta que deberíamos formular es la siguiente: ¿es la modernidad occidental compatible con el islam? Pero tal vez se trate también de una pregunta enferma.

Solo Al-lâh sabe.


Terrorismo mediático en Informe Semanal

Marzo 9, 2009

El sábado 7 de marzo de 2009 Informe Semanal emitió un reportaje titulado “11-M, cinco años después”, un ejemplo perfecto de la capacidad de los medios de generar terror. Informe Semanal abandonó los mínimos principios de la ética periodística para actuar al servicio del Estado, legitimando acciones pasadas y futuras en la llamada “guerra contra el terrorismo”. El objetivo es el de mantener a la población en estado de pánico, para justificar la instauración de una lógica seguritaria frente al Estado de derecho. Estamos bajo amenaza: todos los musulmanes son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario. Los recortes de derechos religiosos y suspensión de las garantías procesales parecen legitimados ante la opinión pública.

El documental se apoya en la islamofobia existente y la alimenta. Y lo hace dando por hechas meras sospechas o versiones oficiales jamás probadas, o simplemente mintiendo de forma abierta. Dos ejemplos bastarán:

1. Se afirma que existió un “intentó cometer un atentado suicida en el 2008 en el metro de Barcelona”. Pero esta acusación ha sido desmentida. La detención de los pakistaníes del Raval se basa en la delación de un confidente, sin que hasta el momento exista la menor prueba que fundamente jurídicamente dicha acusación. Lo que se espera es que los detenidos serán liberados sin cargos, e incluso el propio Ministro del Interior ha reconocido que se cometieron errores en las detenciones. El propio grupo del CNI que realizó la detención ha sido dispersado. Y sin embargo, el reportaje repite el infundio como si se tratase de una verdad probada.

2. Se afirma que existió un intento de atentado contra la Audiencia Nacional, que fue desmontado por la actuación policial. Pero los acusados de querer volar la Audiencia Nacional fueron absueltos el año pasado, sin que el fiscal haya recurrido la absolución.

Así, mediante la repetición de noticias falsas se construye una realidad artificial: existe un peligro, los terroristas están entre nosotros. Las imágenes del Raval barcelonés y del barrio del Príncipe en Ceuta se suceden: imágenes de ciudadanos musulmanes que pasean por las calles ilustran el discurso, señalando a todo un colectivo. “La inmigración ilegal es un caldo de cultivo para el integrismo”, dice una voz en off. Una vez más, los sectores más desfavorecidos son las víctimas de las políticas represivas del Estado. Las criminalización de la inmigración y las repatriaciones masivas anunciadas por la Directiva del Retorno quedan reforzadas.

Uno a uno fueron desfilando ante las cámaras toda una serie de personajes invitados tan solo para validar la tesis oficial, la mayoría de ellos personas vinculadas a las propias políticas que se retrata, como el juez Garzón y la fiscal de la Audiencia Nacional, además de varios miembros de unidades anti-terroristas. También los siniestros Fernando Reinares y Javier Jordán, presentados como “expertos”, cuya misión es la de dar validez académica a la doctrina de las detenciones preventivas. Una anécdota será suficiente para medir la profesionalidad de estos personajes. El año 2006, el centro de estudios que dirige Javier Jordán realizó un informe infamante sobre el movimiento Morabitún en España. Envié dicho informe a esta organización, y me confirmaron mis sospechas: ni tan solo había ido a hablar con ellos… y eso que la sede de Javier Jordán está a pocos minutos de la Mezquita de Granada, sede principal de los morabitunes en España.

La verdad es simple: los informes de Reinares y de Jordán sobre “el yihadismo en España” no están sustentados en estudios de campo, sino en otros informes extranjeros similares, tampoco basados en estudios de campo. Nos encontramos con una pseudo literatura que se alimenta a si misma, creando una realidad artificial paralela sin ninguna referencia a la realidad social, que es utilizada como base de las políticas de seguridad. ¿Por qué las fuerzas de seguridad se rodean de falsos expertos que no tienen ni la menor idea sobre el tema que tratan? Simplemente, porque sus informes concuerdan con sus intereses: la creación de amenazas artificiales que justificarán el aumento de poder de las fuerzas de seguridad frente a la ciudadanía. Una vez más, el Estado contra el ciudadano. Y los musulmanes como chivo expiatorio.

Al mismo tiempo, el reportaje evita de forma expresa cualquier opinión divergente o cualquier voz que reclame que las políticas policiales se ajusten a la legalidad. En este punto tengo motivos personales para escribir este artículo: Informe Semanal me entrevistó para el programa. Lo que les dije no se adapta al mensaje previamente ideado, y por ello he sido censurado. ¿Es esto periodismo? En absoluto, se trata de mera propaganda, destinada a alimentar la paranoia colectiva.

La verdad desnuda: no existe ni una sola condena en firme por terrorismo yihadista en España (juicio 11-M aparte). En los centenares de detenciones realizadas no se han requisado ni una sola arma o un simple detonador, ni el más mínimo indicio que vincule a los más de 300 detenidos con el terrorismo.

En estas circunstancias, se sospecha que todas las operaciones contra el llamado “terrorismo yihadista” realizadas en España durante los últimos años sean meros montajes, ideados por el Estado español con los siguientes objetivos, todos ellos enlazados:

1. Generar terror: estamos bajo amenaza, están entre nosotros.

2. Desmontar las acusaciones de tibieza en la lucha contra el “islam radical”, provenientes de la derecha católica más reaccionaria.

3. Justificar el incumplimiento de los derechos religiosos de los musulmanes.

4. Justificar el cambio de perspectiva: de la visión centrada en los derechos ciudadanos pasamos a centrarnos en la seguridad (el movimiento altermundista está en el punto de mira, como demuestran recientes detenciones en Francia).

5. Generar identidad basada en la demonización de los musulmanes (especialmente de los inmigrantes) como el “otro peligroso” frente al cual “nuestra identidad” debe establecerse.

6. Demonizar cualquier reivindicación del pasado andalusí (en este punto, la conexión con el nacional catolicismo latente en las cloacas del Estado se hace manifiesto).

En definitiva, el discurso sobre la “amenaza yihadista” forma parte de una política más amplia. Una política en la cual debemos situar el programa de Informe Semanal. La táctica de manipulación de masas más rudimentaria es puesta al servicio de la soberanía del Estado, en contra de los ciudadanos.


Detención para al-Bashir… ¿y para cuando Bush?

Marzo 5, 2009

Tras años de deliberaciones, la Corte Penal Internacional ha ordenado el arresto del presidente de Sudán, Omar Al Bachir, por crímenes de guerra y lesa humanidad en la región de Darfur. Uno de los casos más extremos de violencia contra musulmanes en el mundo ha tenido lugar en la última década en Darfur. Con el agravante de que esta violencia es ejercida por otros (supuestos) musulmanes. Existen testimonios reiterados que informan de como las milicias árabes llamados janjaweed irrumpen en las aldeas incendiando casas y matando a todos aquellos que se les oponen. En un informe elaborado por Human Rights Watch —Darfur Destroyed: Ethnic Cleansing by Government and Militia Forces in Western Sudan— se documenta la destrucción de mezquitas, el asesinado de imames y líderes religiosos y la profanación de ejemplares del Corán (según el informe, se cagan sobre ellos). Se habla de ejecuciones sumarias, incendios de pueblos y de aldeas, de violaciones en masa, de la hégira forzada de cientos de miles de personas ante la connivencia del ejército.


Ante estos crímenes, la noticia de la orden de detención lanzada contra el presidente sudanés es sin duda positiva. Una ocasión para reflexionar sobre el papel de dicho tribunal en relación a otros crímenes contra la humanidad que se han cometido y se están cometiendo en el presente. Nos alegramos de que los crímenes de Darfur sean juzgados. Pero la pregunta se impone: ¿para cuando los Bush, Putin o los líderes israelíes? Mientras no se juzguen todos los crímenes contra la humanidad, el tribunal corre el peligro de ser considerado como un instrumento político, al servicio de los intereses de las grandes potencias de occidente.


Los siglos XIX y XX pasarán a la historia como la época de los genocidios impunes. El siglo XIX vio el apogeo del colonialismo, la empresa de depredación más grande emprendida por la humanidad. El último cuarto del siglo XIX fue testigo de dos horribles hambrunas planetarias, de 1876 a 1879 y de 1896 a 1902. Del noreste de Brasil al sur de África, India central y el norte de China, no menos de 30 millones de personas murieron cuando en el mundo había sólo la sexta parte de la población actual. En Marruecos y en el Cuerno de África, pereció una tercera parte de la población. En el noreste de Brasil se perdieron un millón de vidas. Diez millones en China. Diecinueve millones más murieron de hambre en la India.


El siglo XX no le va a la zaga. Citamos algunos de los casos más conocidos de matanzas masivas de civiles, sin ánimo de ser exhaustivos en esta auténtica lista de los horrores que nos muestra el lado más oscuro de la modernidad:


• Genocidio armenio, víctimas del laicismo turco.
• La población china en manos del imperialismo japonés
• El genocidio judío, obra del nacionalsocialismo
• Las deportaciones masivas y matanzas del estalinismo
• La revolución cultural maoísta
• Los jmeres rojos en Camboya
• Ocupación y genocidio en Cachemira
• Las guerras de Indochina, de Corea y de Vietnam
• Matanzas de comunistas en Indonesia
• Colonización y genocidio del pueblo palestino
• El genocidio de los tutsis en Ruanda
• Limpieza étnica en la antigua Yugoslavia
• Ocupación y genocidio checheno
• La guerra civil en el Congo
• Matanzas en Darfur


A estos hay que añadir las matanzas de Francia en Argel, los crímenes de las dictaduras sudamericanas, el apartheid sudafricano, la situación de las minorías en Birmania… y tantos otros. En su momento, solo los de la Alemania nazi y del Japón imperial fueron juzgados, vencedores contra vencidos.

Ante este panorama, sin duda fue una gran noticia la creación de la Corte Penal Internacional, como un tribunal internacional cuya misión es juzgar a las personas que han cometido crímenes de genocidio, de guerra y de lesa humanidad como la esclavitud, el apartheid, el exterminio, los asesinatos, las desapariciones forzadas, las torturas… Todos aquellos crímenes contra la humanidad que han sido y son práctica habitual de la mayoría de los estados del mundo desde su fundación.


De todos los casos que han tenido lugar en los últimos años, los únicos que han sido juzgados por dicho tribunal son los siguientes: crímenes internacionales en el Congo, la República centroafricana, los crímenes del Ejército del Señor en Uganda y las matanzas de Darfur. Pero otros muchos crímenes igualmente horribles y masivos ni siquiera son investigados. La pregunta se impone: ¿es la Corte Penal Internacional neutral? ¿Tiene verdaderamente la misión de juzgar todos los crímenes contra la humanidad de los cuales los culpables sigan vivos?


Si fuese así, su trabajo sería titánico. Podría empezar por juzgar a los responsables de los bombardeos sobre Vietnam, Corea o Indochina, y seguir con los responsables de la guerra de Irak, y de las ocupaciones de Chechenia y de Cachemira. Podría juzgar a los militares y a los asesores de la CIA que planearon el asesinato masivo de comunistas en Indonesia, durante los años 1965-66. Podría juzgar a todos los presidentes y jefes del ejército de Israel desde su fundación… Si realmente esta fuese su misión, podría constituirse en un instrumento para frenar la ambición de aquellos a los cuales la muerte y el sufrimiento de cientos de miles de personas les traen sin cuidado, con tal de satisfacer sus ambiciones o planes de dominio planetario.


Pero la Corte nació con una limitación: sólo tiene jurisdicción para los genocidios cometidos después de 2002. La mayoría de los responsables directos e indirectos de las muertes, violaciones y torturas de millones de personas durante el último siglo han quedado impunes. Un pobre diablo que estrangula a una niña en un callejón oscuro despierta deseos de linchamiento entre las masas. Pero un criminal que ordena la invasión de un país, que desencadenará muertes en masa, recibe parabienes y es fotografiado con su corbata y su sonrisa reluciente en el gran mercado de la comunicación de masas.


Judaísmo y Estado de Israel

Enero 13, 2009

La historia de lo que ocurre en Palestina es conocida: colonización, subordinación y guetización de los habitantes de un país, con la intención de ocupar su territorio. La ideología en la cual se apoya esta política es también conocida: una forma extrema de nacionalismo que combina lo racial con lo religioso. El conflicto palestino-israelí es político antes que religioso. Tiene que ver con la pervivencia del colonialismo y con políticas de Estado. Y sin embargo no podemos eludir el hecho de que Israel se declara como Estado judío y justifica su política recordando el genocidio de los judíos europeos. Y tampoco podemos obviar el masivo apoyo a sus políticas por parte de organizaciones judías en el mundo. En este caso, cabe preguntarse: ¿de qué religión hablamos? Hablamos de la religión entendida como signo distintivo de un pueblo frente a otro, de la religión como ideología del Estado, y no como camino espiritual ni como fundamento ético de la vida en sociedad.

Para comprender la naturaleza de Israel, varios modelos similares pueden mencionarse: la España inquisitorial, la colonización americana y el exterminio de los indios, el apartheid sudáfricano, además del caso extremo de la Alemania nazi, tantas veces evocado. La principal diferencia es que el caso de la limpieza étnica en Palestina está teniendo lugar en el siglo XXI, a los ojos del mundo entero, en la era de las telecomunicaciones, y en un período en el cual ya casi nadie evoca el derecho de los occidentales a colonizar (y mucho menos a exterminar) a los salvajes. Todo lo contrario: en un tiempo histórico en el cual a los políticos que permiten el genocidio se les llena la boca con el discurso de los derechos humanos, la democracia, la libertad, la modernidad occidental, como panaceas universales que deben ser impuestas.

Estos días asistimos nuevamente a la hipocresía de la clase política occidental, la justificación de las matanzas de civiles en nombre del “derecho de Israel a defenderse”. Se habla de la ruptura de la tregua, y se culpa a Hamas. Pero en realidad nunca ha habido tal tregua más que sobre el papel y como excusa para implementar un bloqueo que ha generado miseria. Se trata de una táctica perfectamente claculada. Durante los últimos años, Gaza ha sido convertida en un gran gueto. El bloqueo ya es en si mismo una táctica de guerra. Pero además, durante este tiempo “de tregua” Israel ha seguido con los “asesinatos selectivos”.

No hay ninguna guerra en Palestina. No hay Israel contra Hamas. Hay la continuación de una política iniciada mucho antes de que Hamas existiera. Hamas no juega un papel importante en esta historia. Es la mejor excusa de Israel: por eso lo financiaron, por eso el nombre de Hamas está siempre en boca de los gobernantes israelíes, quienes saben perfectamente que la actual ofensiva reforzará a Hamas como legítimo oponente al genocidio.

La resistencia armada ha sido convertida por Israel en la única opción posible, de forma perfectamente calculada. Nosotros, occidentales que vemos las masacres a distancia, podemos sentir una millonésima parte del dolor y la impotencia, y ya nos parece insoportable. Y eso día a día, toda una vida viendo como se masacre impunemente a los palestinos, ante la pasividad del mundo. No podemos imaginar que haríamos si fueramos ese padre o esa madre a la que han matado a sus cinco hijas, la rabia indecible ante la injusticia. Pretender que los palestinos abandonen la resistencia armada es pedírles que se comporten como santos, que se asuman como un pueblo que avanza pasivamente hacia el martirio colectivo.

Esta es la lógica del opresor: oprímeles hasta lo insoportable, mata a unos cuantos niños para que otros padres y madres lleguen a la conclusión de que es mejor marcharse o se decanten por la lucha armada, de forma que se pueda seguir matando inpunemente, con la excusa del “derecho de Israel a defenderse”. Y mientras, se continúa con la repoblación de territorios con colonos étnicamente puros.

Lo que quiere Israel es que hayan atentados y una resistencia que se llame a si misma “islámica”, aprovechándose de la islamofóbia dominante en occidente para justificar ante la opinión pública occidental (especialmente en los EEUU) el continuar con sus planes. Estos planes son básicamente los mismos desde antes de la existencia de Hamas. Toda la política de Israel desde su fundación ha girado entre dos posibilidades: o la expulsión en masa de los palestinos o su concentración en guetos, reservas tribales. Y ha ido moviéndose de un polo al otro según las ocasiones, según los vaivenes de la política internacional. En los intermedios, como táctica de distracción, se emprenden “negociaciones de paz”, como un modo de dar tiempo a la política de hechos consumados. Pero Israel nunca ha querido la paz, ya que la guerra le ofrece el único marco posible para ejecutar sus planes de exterminio. Cuando se habla de “negociaciones de paz”, se pasa por alto la naturaleza de Israel: se trata de un Estado étnico-religioso en el cual los no-judíos no tienen los mismos derechos que el resto, y son sujetos a todo tipo de arbitrariedades.

Ética judía y Estado de Israel

En Palestina no hay ninguna guerra, hay un genocidio. El problema que vivimos estos días deriva de la propia naturaleza del estado de Israel, como Estado judío creado artificialmente en una tierra habitada mayoritariamente por no judíos. Se trata de una cuestión de derechos humanos básicos, una cuestión básica de humanidad y de ética.

Por todo ello es importante afirmar que Israel es un Estado que encarna todos los valores contrarios a la ética judía, la quintaesencia del anti-judaísmo. Los preceptos generales de la ética judía se basan en el principio “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). Rabí Akiva, gran sabio judío del siglo II, decía que este mandamiento contenía la esencia de toda la Torá, porque equipara el amor divino con el sentimiento del hombre: “El que es amado por los hombres, lo es también por Dios” (Pirké Avot 3:1 3). De esta premisa se deriva un precepto básico, la regla de oro: “No hagas a otros lo que no quieras para ti” (Hillel, Shab 31 a).

¿Qué tiene que ver esto con el Estado de Israel? ¿Acaso están haciendo los judíos a los palestinos aquello que quieren que les hagan? la violencia engendra violencia, en una espiral que nos conduce a la destrucción. El Estado de Israel ha significado un cambio drástico en el judaísmo, al sustituir la ética por un valor tan dudoso como es el de la identidad nacional, sujeto a la forma de un estado-nación contemporáneo y a la lógica destructiva de la política contemporánea: la fuerza bruta como único argumento que da legitimidad. El Estado de Israel, y no el Holocausto, es el principal factor que influye la ética judía en el presente.

Israel es el fin del judaísmo en tanto a religión milenaria, su reducción a un proyecto político de un Estado-nación colonialista, que necesita de la guerra, que vive de la guerra y para la guerra. Por ello es tan importante la reacción de los judíos, el retorno al judaísmo como un camino de liberación, el despertar ante la manipulación a la cual su religión esta siendo sometida.

En todo el mundo existen organizaciones judías de oposición a las políticas del estado de Israel, que claman por la transformación de Israel el un Estado laico, y que no aceptan las matanzas perpetradas en su nombre. Pero, ¿dónde están los judíos españoles que se oponen al terrorismo israelí? ¿Dónde están todas aquellas organizaciones judías que se llenan la boca en mesas de diálogo interreligioso hablando de los valores del judaísmo, de la paz, de los derechos humanos y de la convivencia? ¿Qué tienen que decir de que el estado de Israel sea un estado confesional todos aquellos judíos que defienden para España un modelo laico?

¡Boicot a Israel!


Ilusos por Obama

Noviembre 6, 2008

Si Obama fuera sudamericano lo llamarían populista. Pero el cinismo de Bush y Cheney hace que su idealismo sea no solo disculpable, sino incluso necesario. Necesario para que todo siga igual. Esto es la ‘democracia’ americana: tener un presidente tan horrible que haga que cualquier cambio haga a la gente sentirse ilusionada. Y Obama es un gran retórico, que nos ha contado un hermoso cuento: el hijo de un inmigrante musulmán africano puede llegar a ser presidente de los Estados Unidos de América. Un cuento que, sin ironía, podemos calificar como histórico. Un cuento a través del cual los Estados Unidos se sienten redimidos. El retorno de la esperanza en medio del campo batalla. Lo confieso: soy uno de los millones de fans de Obama esparcidos por el mundo. Me puse a llorar al oír su discurso ante la Convención demócrata. Realmente brillante.

Más allá de la euforia, Obama me interesa no como manifestación del sueño americano, sino como expresión de la danza entre idealismo y realismo. El pragmatismo es la filosofía norte americana por excelencia, se presenta como la superación de esta dicotomía. Obama es lo que William James llamaba “un espíritu delicado”: idealista, intelectualista, optimista, religioso… Pero sabe sumar las cualidades del “espíritu rudo” o empirista: se atiende a los hechos. Es pues un perfecto pragmático.

Sobre la base del pragmatismo, todo es posible en América. Toda teoría, como toda idea, es relativa al drama que la encuadra. La paz es relativa, tan relativa al menos como la reconciliación o la esperanza. Se trata de técnicas narrativas que deben dosificarse convenientemente. Lo importante son los resultados, el producto bruto, la victoria. Obama dice: Norteamerica ya no es racista: y yo soy la prueba de ello, pues voy a ganar las elecciones. Ricos o pobres, blancos o negros, demócratas o republicanos. Todos somos americanos, unidos por un destino manifiesto… Dios bendiga a América.

El llamado idealismo de Obama es típicamente norteamericano. La prueba es que ha dado resultados. El resultado esperado no es cambiar el mundo, sino ganar las elecciones. Esto es tan evidente que sorprende la incredulidad de las masas, pero aún más la de determinados ‘intelectuales’ (pero los palestinos no se hacen ilusiones). Obama no es un idealista: es un actor que calcula con técnica las ilusiones que despierta. Se asegura de que las ilusiones se transformen realmente en dólares, que a su vez deben transformase en votos. Allí donde las ilusiones no dan votos, deja de lado todo idealismo.

El caso de Israel es especialmente claro. No es que Obama sea sionista, pues no es más que un político, y un buen político no es esclavo de sus ideas, solo las utiliza. Obama es pro-sionista por imperativos del guión. Si es necesario apoyará la invasión y los bombardeos del Líbano, cosa que hizo. Y el primer cargo que ha hecho público (el director de su gabinete) es un sionista radical. Pero para no romper con el cuento que nos cuenta, se apoya en el idealismo sionista. Los colonos y sus ideales progresistas. Los kibbutz como modelos de comunidades basadas en la fraternidad. El hecho de que esas colonias se levanten sobre montones de cadáveres no parece importarle: lo importante es ser fiel al guión, al drama que nos vende. Así, para justificar su apoyo al sionismo, no duda en equiparar a los sionistas con los afro americanos. Se trata de comunidades hermanas, nos dice. Eso explica que él mismo sea sionista, sin necesidad de romper con el cuento que nos cuenta.

Obama es un pragmático que despierta ilusiones para sus propios fines. Es un gran político. La política moderna es un espectáculo. Es decir, una impostura. Y el espectáculo requiere idealistas. Si Obama ha ganado es porque los americanos necesitaban una escena romántica para no pensar más en los cadáveres que el sherif ha dejado atrás. Necesitaban una emoción positiva tras la adrenalina generada por la masacre. Cuando las “cualidades rudas” (Bush o el hard power) han colapsado el sistema, se hace necesario apelar a las “cualidades delicadas” (Obama o el soft power) para desatascarlo. Un poco de esperanza que nos permita tirar de la cadena. Y que la vida continúe. Tras el triunfo de Obama, Norteamérica ya no es las cárceles de Abu Ghraib o de Guantánamo, sino de nuevo el sueño americano. Obama o la redención de Norteamérica. Devolver la ilusión al pueblo norteamericano, tanto como a sus quinta columnistas extranjeros (que son Legión). El discurso subyaciente es el de el supremacismo norte americano. Basado no ya en su poderío militar sino en la superioridad moral de sus ideales fundadores (un “pasado glorioso” del cual se ha obviado la esclavitud y el exterminio de los indios). En su discurso de Chicago habla de “un nuevo amanecer americano”. Y se dirige a todos los habitantes del planeta, consciente de encarnar el “destino manifiesto”. Obama es un buen patriota, y el patriotismo es el eje de todos sus discursos.

Cualquier guionista sabe que un film requiere de una serie de elementos para triunfar en la taquilla. Después de la matanza de los villanos por el héroe se hace necesaria una escena romántica, como contrapunto. El héroe es siempre el mismo: el sueño americano. De la noche a la mañana, Norteamérica ya no es un país racista (pero los presos en los corredores de la muerte no se hacen ilusiones: ¿dejó de ser machista Pakistán cuando Benazir Bhuto ganó las elecciones?). Este es el cuento contado por Obama. Y es cierto que me siento feliz con su victoria, así que pueden ustedes considerarme como parte de este show. Los norteamericanos nos han colonizado el subconsciente, dice un personaje de la película de Wim Wendres ‘El amigo americano’. Debemos reconocerlo sin remedio y disfrutar como niños con el nuevo espectáculo que los norteamericanos nos ofrecen. E incluso celebrarlo y aplaudir en la butaca. No en vano Hollywood es llamada “la fábrica de sueños”. Pero no nos engañemos: Obama no es el cambio, ni va a paralizar los planes de dominio planetario. Obama es el actor que garantiza la continuidad del Nuevo Siglo Americano. Obama y Bush están del mismo lado.

Todos tenemos ilusiones, no podríamos vivir sin ellas. Ahora los Estados Unidos van a reducir su gasto militar para combatir el hambre en el mundo… Que las espadas se conviertan en arados y los corderos se paseen tranquilamente entre las fieras. Pero solo unas cuantas espadas, solo unas cuantas fieras: el espectáculo debe continuar. El siguiente capítulo ya ha sido anunciado. No le temblará la mano, será un enérgico comandante en jefe.

Todo el mundo necesita ilusiones. Obama y su equipo han tenido la habilidad de crear la ilusión necesaria justo en el momento preciso. Obama es una estrella en el cielo tenebroso de la sociedad del espectáculo, a la que algunos llaman (no sin cinismo) ‘democracia’.


El fraude universal de los derechos humanos

Junio 19, 2008

La proclamación universal de los derechos humanos nunca ha sido ni será aplicada. Su único objetivo es dar al actual orden de cosas una apariencia civilizada. Se proclaman derechos sin que exista manera de verificar que los Estados cumplan los derechos, y sin que les pase nada a los que los incumplen. La declaración universal de los derechos humanos es un fraude, y así ha sido desde sus orígenes. En el momento de votarse, en los EEUU se practicaba el apartheid y muchos países europeos tenían colonias en el mundo. Uno podría esperar que al día siguiente de votar a favor de la declaración iniciarían, motu propio, el proceso de descolonización. Pero no fue así, y los países del tercer mundo tuvieron que pelear hasta la muerte para conseguir su independencia, que solo llegó cuando se apuntalaron las dependencias económicas.

Desde 1948 los países occidentales no han dejado de proclamar con orgullo ser la patria de los derechos humanos. Unos derechos que nunca han aplicado, ni piensan tomar ninguna medida que conduzca a implementarlos. Los únicos derechos humanos logrados lo han sido por la presión de los trabajadores y de la sociedad civil. Porque, en nuestra ingenuidad, los ciudadanos nos creímos que los derechos humanos fueron proclamados para ser cumplidos. Creímos de veras que se trataba de derechos, en el sentido pleno del término. No comprendimos que en la Declaración la palabra derechos funciona como un eufemismo, que no se trata de derechos en sentido jurídico, sino en un sentido apenas metafísico.

Los derechos humanos nunca han sido pensados para ser aplicados como una ley que tengan la obligación de respetar los Estados, y la actualidad nos lo demuestra. El día 18 de junio, 367 eurodiputados europeos votaron a favor de la posibilidad de internar en campos de concentración a los millones de inmigrantes sin papeles que viven en Europa. Dieciocho meses de cárcel por emigrar, incluidos niños. ¿Qué le podemos decir a Alberto, un chaval argentino de 21 años que se pasó tres años trabajando en negro para un empresario de la construcción, quien lo dejó en la calle hace unas semanas, y que ahora está amenazado por la cárcel? ¿Qué le podemos decir a Rashida, quien ha trabajado como mujer de la limpieza sin contrato hasta hace una semana, y que ahora descubre que es tratada como una delincuente?

La cuestión es bien simple: se dejó entrar en Europa a millones de personas porque el capital necesitaba mano de obra barata. Se regularizaron los que hacían falta, y se dejaron sin regularizar el resto para que trabajasen como esclavos. Mucha gente se ha forrado, pero estos no son ni serán perseguidos. Mientras la economía estaba boyante, la especulación disparó el precio del ladrillo y con el boom inmobiliario nos endeudamos todos. Ha caído en picado el nivel de vida de las masas, para beneficio de bancos, políticos, constructores y recalificadores de terrenos. Y son precisamente estos quienes nos quieren hacer creer que la culpa de la actual crisis es de los inmigrantes. Ahora el capital ya no los necesita: patada y se acabó.

Los gobiernos europeos no gobiernan para el pueblo, ni tienen los mínimos criterios morales. Son instrumentos de un capital despiadado, para el cual las personas son meras fuerzas de trabajo, que una vez exprimidas pueden tirarse a la basura. La democracia en Europa ya no tiene nada que ver los ideales que le dieron nacimiento. Ha quedado reducida a una mera fórmula externa, que nada tiene que ver con la consecución de una sociedad más humana y más igualitaria. Un sistema político que es compatible con la injusticia y con el hambre, es un sistema que debe ser denunciado como inhumano. Es un sistema que debe renovarse, no en un sentido reaccionario, sino en un sentido de progreso.

El día 18 de junio el proyecto político de la Unión Europea se ha mostrado en toda su crudeza. La directiva de la vergüenza ha puesto de manifiesto que el concepto de ciudadanía genera nuevas desigualdades y formas de explotación. Hace años que Giorgio Agamben nos avisó de que el campo de concentración sería el paradigma político del siglo XXI. También señaló que debíamos hacer política sin referencia alguna a los derechos humanos, ya que estos apuntalan el concepto de ciudadanía como regla de exclusión. El Estado se sitúa por encima del bien y del mal, una especia de divinidad que tiene el Poder Absoluto de decidir quien es y quien no es un ciudadano.

Si los derechos humanos fueran realmente universales, no podrían ser limitados por el concepto de ciudadanía, y éste no quedaría al arbitrio del Estado. Los derechos, sea cuales sean, deben ser iguales para todas las personas que viven en una sociedad, sea cual sea su procedencia, raza, religión o sexo. En otro caso los derechos humanos no son más que un enunciado de poder, una coartada a través de la cual otros poderes nos controlan. Si los derechos humanos fueran de verdad derechos, irían a la cárcel todos los eurodiputados que han votado a favor de esta directiva. Porque en una sociedad humana, quien vulnera los derechos de otras personas es un delincuente.


El hiyab en la sociedad del espectáculo (En respuesta a las mujeres de at-Tayba)

Junio 14, 2008

Antes de nada, quiero pediros disculpas por el tono excesivamente agresivo de mi escrito “Mentiras con pañuelo”, y agradeceros vuestra respuesta. Reconozco haberlo escrito de modo apasionado, proyectando algunas consideraciones previas en vosotras, astagfirul-lâh. Especialmente injusto ha sido el decir que vuestra actitud conduce hacia la segregación. Revisandolo, reconozco que no hay nada en el documental que justifique eso.

La crítica que realizo podría haberse expresado de otro modo, sin necesidad de alusiones personales. Al principio del documental una de vosotras habla de “las chicas del grupo”, así que no pensé estar siendo despectivo al llamaros “chicas”, cuando salta a la vista que sois “mujeres con pañuelo”.

Quiero aclarar también que no dudo de vuestras buenas intenciones, pero también creo necesario que seáis conscientes de que algunas de las opiniones que se expresan en el documental han resultado ofensivas para otras personas. Creo que la difusión del documental ha sido negativa para el islam en España, y que se sitúa en la línea del refuerzo de los estereotipos, además de ser una auto-afirmación de la cultura de la imagen.

1. Sobre mentir

Reconozco que el título de mi artículo es excesivamente duro, pero más duro es escuchar una voz en of afirmando que “el Corán nos pide a las mujeres cubrirnos todo menos las manos y la cara”, y eso mientras unas manos colocan un velo sobre una barbie (perversidad o broma del realizador). Decís que la voz en of no es de ninguna de vosotras, cosa que entiendo como un rechazo del contenido de esa frase, lo cual me alegra. El problema es que el documental presenta esa voz como de una de vosotras:

“En el Corán Al-lâh nos pide a las mujeres que nos tapemos, que solo dejemos al descubierto las manos y la cara. En Europa las mujeres musulmanas nos estamos aferrando más a nuestra religión. Cada vez somos más las mujeres con pañuelo. (En este momento aparecen en pantalla vuestros rostros). Un grupo de amigas hemos decidido romper el silencio que rodea a las mujeres con pañuelo y contar a la gente como somos”.

En el caso de que esa voz sea de una no musulmana que no tenga nada que ver con vosotras, me sorprende que no os hayáis quejado de semejante manipulación por parte de Documentos TV, que habría puesto en vuestra boca algo que el Corán no dice. Resulta difícil aceptar que os hayan sometido a una manipulación de este calibre, y si ha sido así creo que deberíais denunciarlo. El tema es importante, pues este es justo el núcleo de la falsedad de la que debemos ser conscientes: no es cierto que el Corán pida a las mujeres que se cubran todo menos las manos y la cara.

2. El Corán

Es necesario volver, una vez más, a lo que dice el Corán al respecto:

“Di a los creyentes que bajen la mirada y que guarden sus partes privadas: esto conviene más a la pureza –[y,] ciertamente, Dios está bien informado de lo que hacen. Y di a las creyentes que bajen la mirada y que guarden su castidad, y no muestren de sus atractivos [en público] sino lo que de ellos sea aparente [con decencia]; así pues, que se cubran el escote con el velo (jimar).” (24: 30-31)

Cito el comentario de Muhámmad Asad:

“Mi interpolación de la expresión ‘con decencia’ refleja la interpretación que hacen de la frase il•la ma dahara minha varios de los primeros juristas islámicos, y en particular Al-Qiffal (citado por Rasi), en el sentido de “lo que un ser humano puede mostrar en público según la costumbre dominante (al-aada al-yária)”. Aunque los expositores tradicionales de la Ley Islámica se han inclinado durante siglos a restringir la definición de “lo que de ellos sea aparente [con decencia]” al rostro de la mujer, sus manos y pies –y algunas veces aún menos– podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el significado de il•la ma dahara minha es mucho más amplio, y que la imprecisión deliberada de esta frase pretende tomar en consideración aquellos cambios ligados al paso del tiempo, que son necesarios para el desarrollo moral y social del hombre. La frase central de la susodicha orden es la exigencia, dirigida en idénticos términos a hombres y a mujeres, de que “bajen su mirada y guarden su castidad”: y esto determina el grado de lo que en un momento dado, puede considerarse legítimamente –e.d., en consonancia con los principios coránicos de moralidad social– como “decente” o “indecente” en el aspecto externo de una persona. El nombre jimar (del que jumur es el plural) denota el tocado usual de las mujeres árabes antes y después de la llegada del Islam. Según la mayoría de los comentaristas clásicos, en los tiempos pre-islámicos se llevaba más o menos como adorno, dejando que cayera suelto sobre la espalda; y como, según la moda imperante en aquel tiempo, la parte superior de la túnica de la mujer tenía una amplia abertura por delante, sus senos quedaban al descubierto. De ahí, que la orden de cubrir el escote con el jimar (un término muy familiar a los contemporáneos del Profeta) no tenga necesariamente que ver con el uso en sí del jimar, sino que, más bien, quiere dejar claro que los senos de la mujer no están incluidos en “lo que sea aparente [con decencia]” de su cuerpo y no deberían, por tanto, mostrarse.
(Ver El Significado del Quran).

Decís que en la Arabia del Profeta (saws) las mujeres iban con pañuelo, lo cual debe matizarse. Si leéis el comentario de Muhámmad Asad, veréis que la aleya en cuestión descendió para pedir a las mujeres musulmanas que no mostrasen sus pechos. Lo cual quiere decir que antes los mostraban, por lo menos algunas. Y es importante saber que la surat an-Nur (donde está este versículo) fue revelada en el año 5º o 6º de la hégira, solo cuatro años antes de la muerte del Mensajero de Al-lâh, que la paz y la salat de Al-lâh sean sobre él. La construcción de toda la jurisprudencia sobre el código de vestimenta es muy posterior a la revelación coránica, además de mucho más restrictiva para las mujeres. Este sería un tema largo de tratar, que podemos dejar para otro día.

En todo caso, esta claro que el Corán no ordena el cubrirse el pelo con un velo, ni habla de cubrirse todo excepto las manos y la cara. Siempre he respetado a las mujeres musulmanas que piensan que poniéndose el hiyab están cumpliendo con lo que Al-lâh quiere de ellas. Pero no a costa de despreciar a las que no lo hacen. Tengo muy claro que las mujeres musulmanas que visten con modestia, según el concepto de modestia imperante en nuestra sociedad, están cumpliendo perfectamente el mandato del Corán, con valentía y sin exhibicionismo.

3. Sobre ofender

Siento haberos ofendido, pero debéis saber que mi escrito da voz a la indignación que algunos musulmanes, hombres y mujeres, han sentido con el contenido del documental. De hecho varias de las frases que os han molestado más de mi escrito ni siquiera son mías: han sido tomadas de e-mails recibidos de varias amigas musulmanas. Con esto quiero haceros notar que el documental es visto como ofensivo para otros, cosa que tal vez consideréis injusta, e incluso lamentéis, pero que no podéis pasar por alto.

En primer lugar, el documental ha sido considerado como insultante por algunas mujeres musulmanas sin pañuelo. Al afirmar de forma tajante que “el hiyab es obligatorio” y que “el Corán lo ordena” se está diciendo que las mujeres musulmanas que no llevan hiyab no cumplen con un precepto del islam. Las buenas musulmanas serían las que han tenido la valentía de cubrirse, y las otras serían “menos musulmanas”, o musulmanas acobardadas por la islamofobia reinante en nuestra sociedad. Desde mi punto de vista, esto es algo implícito en vuestro discurso.

En el foro generado por mi artículo podéis ver varias muestras de la indignación que el documental ha generado. Y este es para mí uno de los centros de la cuestión, que vosotras no afrontáis en vuestra réplica. Citáis el hecho de que una de vosotras sale con su hermana, que no lleva pañuelo, como ejemplo de que “una mujer que lleva velo quiere y entiende a una que no lo lleva”. Pero este ejemplo es engañoso, ya que precisamente en esta secuencia se muestra a la mujer que no lleva velo como una joven “no preparada todavía para dar el paso”, frente a la otra que ha tomado conciencia plena de su islamicidad, y por tanto se ha puesto el hiyab. Es decir: la mujer sin pañuelo que aparece es una mujer que no duda que sea una obligación del islam llevar pañuelo, y que incluso acepta como un signo de su debilidad el no llevarlo, con lo cual la otra aparece como moralmente superior. No se trata de una mujer musulmana que no lleva velo porque considera que esto no es un precepto obligatorio del islam, como es el caso de muchas mujeres musulmanas. Y son precisamente estas mujeres las que pueden sentirse molestas.

Trataré de explicarlo con un ejemplo, de la forma más gráfica posible, pues es algo que parece que cuesta de entender. Si una mujer musulmana saliese en la TV diciendo que el Corán prohíbe a las mujeres cubrirse el cabello con un velo, y que las que llevan hiyab es porque todavía no están preparadas para no llevarlo, ¿acaso no os molestaría? Por lo mismo se pude molestar una mujer musulmana cuando os oye decir que el hiyab es obligatorio. En vuestra noble tarea de defender el hiyab os recomiendo la moderación, no vayáis a caer en el desprecio de otras hermanas que son tan o más valientes que vosotras. Pues la valentía no está en ponerse o no ponerse un velo, sino en tratar de vivir según los valores del islam, aquí y ahora. Valores trascendentes que el hiyab en absoluto representa.

Creo que todo esto podría aclararse de la forma más senzilla, si Al-lâh quiere. Os sugiero que hagáis un comunicado explicando que consideráis que no cubrirse con hiyab es una manera lícita de entender el mandato del Corán, y que una mujer que viste con modestia según las costumbres de la sociedad en la que vive está cumpliendo de forma honorable y con valentía con los preceptos del islam. Esto serviría para demostrar que, como decís, “todos somos hermanos en el islam”, y que esto es lo que debe prevalecer, insha Al-lâh.

Otro tema es que algunos de los comentarios que realizáis resultan insultantes hacia la dignidad de los hombres, musulmanes o no, que aparecen como “depredadores sexuales” ante los cuales las mujeres musulmanas deben protegerse. Esto también es ofensivo, y creo que merecería por lo menos una aclaración.

4. Sobre la M-30, el wahabismo y las generalizaciones

En ningún momento he dicho que seáis wahabies. Sé lo que es el wahabismo, y por suerte vosotras no podéis ser calificadas de wahabies en absoluto. Si leéis mi artículo, veréis que hablo de “el modo como entienden el islam determinadas mujeres vinculadas al wahabismo y su visión puritana del islam”. Vosotras habéis querido ocultaros de la crítica diciendo que no sois wahabies, pero en realidad lo que se ataca es una visión puritana del islam, que en el documental se muestra a través de las palabras de algunas de vosotras. Por puritanismo entiendo, por ejemplo, el considerar pecaminoso el dar la mano a un hombre. También en todo esto hay una especie de complejo de superioridad respecto a otras mujeres. Os respeto pero tengo la obligación de deciros que es algo malsano, que no tiene nada que ver con el islam. Por puritanismo entiendo la obsesión con las normas.

Por lo demás, vosotras mismas os presentáis como un grupo de mujeres musulmanas que se han conocido en la M-30, lugar que tomáis como punto de partida del viaje, y donde una de vosotras aparece realizando la salat (por cierto, si queréis seguir fielmente la Sunna del Profeta (saws), debéis saber que en la mezquita de Medina hombres y mujeres rezaban juntos en la misma sala, sin ninguna separación). Además, me consta que algunas seguís cursos sobre el islam en la mezquita de la M-30, lugar de propagación del wahabismo en España. Y con esto no estoy diciendo que sean wahabies todos los que acuden a la M-30, simplemente estoy señalando un vínculo real, la existencia de una determinada relación. Si os indigna que os asocien a la mezquita de la M-30, creo que hubiera sido mejor no mostrar esta vinculación tan abiertamente.

Os quejáis de que achaco todas las opiniones vertidas individualmente en el documental a todas vosotras como grupo. Pero lo cierto es que en el documental os presentáis como un grupo, y habéis enviado este comunicado como grupo, y formáis entre todas una entidad llamada at-Tayba (un nombre muy hermoso, por cierto).

5. El idilio entre el hiyab y los medios

Por vuestra respuesta, constato que ni siquiera os habéis dado cuenta del sentido de mi crítica. En ningún caso ésta va dirigida al hiyab en sí, cuyo uso he defendido públicamente, tanto en televisión como en la prensa (podéis leer mi escrito ‘El hiyab y la libertad amenazada’). Pretender que mi artículo ataca el hiyab es simplemente tratar de ocultar el sentido de mi crítica. Lo que denuncio es el hecho de que vuestra reivindicación del hiyab no me parece una forma de rebeldía contra los valores dominantes en nuestra sociedad, ni un rechazo del culto a la imagen, sino todo lo contrario: se trata de una auto-reafirmación de la cultura de la imagen.

Esta claro que las mujeres están en su perfecto derecho a llevar hiyab. Y también está claro que la moda de la cual son esclavas millones de mujeres es parte de la sociedad del espectáculo. Pero este retorno al hiyab como símbolo de identitad puede ser una forma de alienación, que no nos ayuda en nada en el proyecto de transformar la sociedad. No trato de juzgar vuestras intenciones ni lo que hay en vuestros corazones, solo Al-lâh sabe, y que Al-lâh me perdone. Lo que hago es basarme en lo que decís en el reportaje y leerlo desde una perspectiva crítica, no con vosotras, sino con el conjunto de la sociedad.

En este caso se trata de entender que el reivindicar el hiyab en una sociedad capitalista tiene unas connotaciones específicas. El hiyab en nuestro contexto tiene muy poco que ver con el islam tradicional, se trata más bien de un producto de la modernidad. No creo que sea un signo de valentía el ponerse el velo en nuestra sociedad, no más que cualquier otro signo o ritual de paso que usan las bandas urbanas para distinguirse. No es el hecho del hiyab lo que critico, sino la moda consistente en cifrar la propia identidad en una imagen, la construcción de una “identidad islámica europea” diferenciada de otras identidades. Se trata de una forma externa de rebelión, carente de contenido, y que la sociedad acaba asimilando como un producto de consumo.

Cuando hablo de sociedad del espectáculo me refiero a la reducción de los contenidos trascendentes a productos de consumo. La hiyab fashion no es más que eso, la oferta de una identidad musulmana perfectamente codificada y acotada, que genera una sensación gratificante de pertenencia a un grupo. No por casualidad el hiyab despierta tanto el interés mediático, pues realiza esa reducción de manera particularmente efectiva. Y el documental que analizamos no es sino una muestra más de la mutua atracción entre el hiyab y los medios, un idilio que tiene muy poco que ver con la potencialidad revolucionaria del islam, y mucho con los aspectos alienantes de la religión.

Tal vez mi visión sobre el tema sea demasiado política para que podamos entendernos. En todo caso solo os diré que para mí en el centro del Mandato coránico pasa por romper con la cultura de la imagen, con la conexión entre los contenidos y su representación. El hiyab no es un símbolo del islam, porque el sometimiento a la Realidad Única no acepta ser representado. En términos coránicos, se trata de la lucha contra la idolatría. Eso si es una obligación para todo musulmán y musulmana.

Pero solo Al-lâh sabe.