¿Qué es lo que funda —o propicia la aparición— de una comunidad humana? Según Georges Bataille: “La vida exige hombres reunidos, y los hombres solo se reúnen por un caudillo o por una tragedia” (Crónicas nietzscheanas). En un primer estadio, Bataille opone comunidad cerrada-militarista y comunidad abierta-sacrificial (“Sacrificar no es matar, sino abandonar y dar”, dice en la Teoría de la religión). Pero acaba reconociendo que ambas son en el fondo idénticas, pues tienen en común el apelar a un fundamento: la idea de una soberanía nacional basada en la idea de un pueblo o de una nación, como fundamento que vincula a los habitantes de un territorio y les permite trazar fronteras esenciales, un límite sagrado: lo propio frente a lo impropio, el nacional y el extranjero, lo sagrado y lo profano. Este fundamento teológico del Estado lo hace inseparable del militarismo. Cada pueblo o nación se vincula a lo suprasensible y al mismo tiempo se define frente al otro. Sacraliza sus campos, sus ciudades, sus santos, sus héroes, sus artístas, sus montes, su cielo, sus fronteras. El sentimiento de pertenecer a una comunidad tiende a generar una identidad basada en la oposición al otro, al bárbaro o al extranjero. El Estado se funda en la creación de una identidad colectiva y se erige en guardián de dicha identidad mediante la violencia. El monopolio de la violencia pertenece al Estado. Carl Schmidt: dialéctica amigo/enemigo, la guerra como algo imprescindible para fundar una comunidad política.
Bataille: el miedo a la muerte es lo que hace “zozobrar cualquier intento de comunidad universal” (Proposiciones). Ante la amenaza de su desaparición, el yo se fija (se refugia) en una identidad. El miedo a la muerte es entonces el miedo a la pérdida de dicha identidad: confundirse con el otro. De ahí la necesidad de estatutos diferenciados para los extranjeros. Concepto de ciudadanía como una regla de exclusión. Promesa de inmortalidad: los héroes nacionales siguen viviendo en la nación por la que se sacrificaron. Mentalidad sacrificial.
Bataille habla de las fuerzas homogéneas y heterogéneas en una sociedad. El Estado tiende a hacer homogénea la sociedad, en nombre de la eficacia, de la productividad, del orden. Lo heterogéneo se asocia al tabú, a lo sagrado, a lo pasional, a lo trágico, al goce incontrolado, al delirio, a la desmesura… A todas aquellas pasiones y pulsiones humanas imposibles de ser contenidas en una forma cerrada. Lo homogéneo se presenta bajo el aspecto de los objetos quietos unos junto a otros. Los seres humanos como una serie homogénea: todos tienen sus derechos, todos son iguales. Lo heterogéneo se manifiesta en el choque. Es lo otro que choca, que no encaja, que no puede ser asimilado a un todo homogéneo. De ahí las instituciones típicas de lo homogéneo: la escuela, la clínica, la fábrica, la prisión… Instituciones idénticas en su planteamiento básico, tal y como nos mostró Foucault.
La sociedad burguesa tiende a crear al otro interior: son los marginados, tan necesarios como el enemigo exterior. Bataille habla de sadismo:
“Opuesta a la existencia miserable de los oprimidos, la soberanía política aparece, ante todo, como una actividad sádica claramente diferenciada”.
(El Estado y el problema del fascismo).
La incapacidad de poner en acto la parte heterogénea, de dar cabida a la necesidad de choque, conduce a la sociedad homogénea a prácticas impositivas:
“La incapacidad de la sociedad homogénea para encontrar en si misma una razón de ser y de actuar, le hace depender de las fuerzas imperativas, del mismo modo que la hostilidad sádica de los soberanos contra la población miserable les acerca a cualquier formación que aspira a mantenerla en la opresión”.
(El Estado y el problema del fascismo).
El fascismo es la irrupción de los elementos heterogéneos, una revolución de las pulsiones totalizadoras. El Führer y el Duce encarnan al monarca absoluto de tiempos pasados, son los reyes taumaturgos, los líderes mesiánicos, la encarnación de una categoría política olvidada/obviada por el Estado liberal-burgués. Se trata de una categoría pseudo-religiosa, una vez más lo teológico subyace en la política moderna, como aquello no resuelto que pugna por hacerse manifiesto en formas degradadas (no tradicionales). En el momento en el cual este genera masas de desposeídos —los nuevos parias o intocables—, estas se convierten en el sustrato vinculado por el Führer.
La acción fascista es heterogénea, recurre a sentimientos y valores nobles y superiores, elevados, y tiende a considerar/constituir lo autoritario como principio sagrado, que demanda adhesiones absolutas e incondicionales, más allá de lo razonable. Al Führer, como al Sheij totalitario de las tariqas sufíes o a los prophetae anabaptistas, se le suponen poderes mágicos. Y es esta suposición la que engendra sus poderes. Es un juego de espejos, una fantasmagoría en la cual el hombre de la masa se siente reconfortado, enteramente en manos del que sabe, del que posee unos poderes que lo sobrepasan. Esta renuncia a la soberanía por parte del individuo se volverá en su contra.
El Führer encarna la parte maldita, la necesidad de despilfarro y desmesura, como desafío a las fuerzas homogéneas pequeño-burguesas. La orgía es una de sus manifestaciones, como lo es la mística del grupo, el ocultismo. Se reviste de mitologías, de símbolos esotéricos, de parafernalias y nuevos rituales —todo ello como una creación nueva, sin sustrato tradicional, revolucionaria. No se trata pues de neo tradicionalismo ni de la vuelta al pasado de los movimientos reaccionarios (de ahí el caso chirriante de Julius Évola). Constituyéndose en Estado, el fascismo es una maquinaria de homogenización de la sociedad, genera sus otros interiores (judíos, gitanos, homosexuales, comunistas…). Lo mismo puede decirse del comunismo en su versión totalitaria, cuando se convierte en fundamento del Estado, se convierte en una maquinaria de exclusión.
El Estado es siempre una maquinaria de exclusión tendente a ejercer la violencia para homogeneizar la sociedad, que es esencialmente heterogenea y por tanto requiere ser domesticada. Nace así la idea del individuo en frente del Estado. Con respecto al Estado, la sangre, la patria, la religión, la ideología… el ser humano puede llegar a ser gregario. Todos estos principios “trascendentes” le exigen ese gregarismo, y por ello el individuo se encuentra en tensión con ellas. O se anula como individuo y se fusiona en un éxtasis patriótico, o basa su vínculo con el Estado en una relación de poder-contra-poder. En este caso, el no gregarismo (la libertad política) pasa por reivindicarse como individuo autónomo. Rebeldía contra lo común cosificado, concepto autista de la soberanía. La libertad se proclama frente a las fuerzas que oprimen al ser humano, frente a la patria, la religión, la ideología… Nos situamos en la cultura de los derechos y deberes, de las libertades políticas (Hobbes, Spinoza). El liberalismo propone una sociedad basada en la rebeldía frente al Estado y en la afirmación del individuo como ser separado de los otros seres. Identidades individuales que luchan entre si. Ser es interés —de posesión, de supremacía, de dominio—. El interés individual (el egoísmo) ha desplazado a los fundamentos “trascendentes”, se ha convertido en un nuevo principio trascendente. En este momento el Estado aparece como un contra-poder del poder que ejerce el individuo sobre otros individuos: es la social-democracia.
Frente a todas las formas de comunidad vinculadas al poder coercitivo, emerge la idea de una comunidad universal. Una comunidad universal es una comunidad sin fundamento, infinitamente abierta, a la que no se ponen límites y por ello no exige la violencia. No es la comunidad abierta de Popper, que necesita también sus enemigos para afirmarse: dialéctica liberalismo/totalitarismo. Una comunidad universal es una comunidad acéfala, sin rey, sin Führer, sin Sheij. Una comunidad sin pueblo, no nacional. Se trata de una comunidad eminentemente apolítica, no descansa en un poder externo ni se cosifica en un Estado, ni en un grupo homogéneo. No es susceptible de ser producida o proyectada por el ser humano. No es el resultado de la proyección de los egos que se unen frente a otros, con un proyecto común y frente a un enemigo común, sino el resultado de la apertura radical y de la ruptura con las identidades que separan a los humanos entre si —sean religiosas, nacionales o ideológicas. Por eso me permito calificarla como islámica: basada en la entrega incondicional a Al-lâh (un principio no susceptible de ser codificado/cosificado) por parte de sus miembros, que viven en lo abierto.
Bataille asocia dicha comunidad con la idea nietzscheana de la “muerte de dios”: es el fin del fundamento metafísico como garante del sentido. No se trata tampoco de la mera puesta en común de una voluntad de ser compartida por muchos (o unos pocos). Lo que funda la comunidad universal es el mero hecho de la incompletud del ser humano, su necesidad de encuentro y de roce para realizarse, para superar el estado de fractura y de tensión en el cual permanecemos arrojados. Bataille señala la insuficiencia como “base de todo ser”: “cada ser es incapaz, por si solo, de ir al fondo del ser”. Se trata de algo consustancial al ser humano. La existencia de cada ser reclama una comunidad concreta, aquí y ahora. Pues siendo incompleto, es finito. A través de una comunidad infinita se abre desde su finitud a lo infinito. El individuo no es un número-individuo más dentro de una serie. Tampoco se fusiona, no desaparece en la comunidad acéfala. Pues no son los otros quienes pueden “llenarlo”: esa incompletud no puede ser completada por otros seres incompletos, no se trata de una cuestión de cantidades, sino de la condición del ser humano como criatura abierta a lo infinito. Es a través del encuentro con los otros cuando pone en juego su apertura. La comunidad universal no lo reconforta y encasilla, no lo oprime… Es un marco en el cual puede jugársela, y no un refugio identitario para el individuo temeroso de los abismos que contiene (sus propias vísceras y miedos, sus deseos más inconfesables).
Terrasa, abril 2008
Muy interesante.
El italinao que citas es -creo- Julius Évola, no Justus. Sólo faltaría que fuera justo
La frase “el ser humano puede llegar a ser gregario” la comparto a medias. El ser humano es siempre gregario, pero hasta cierto punto. Se rodea de iguales, está cómodo con sus iguales, y se fija en la diferencia del “otro” para autodefinirse.
Comparto contigo el ahelo de la Comunidad Universal, pero sopy escéptico de que podamos lograrlo.
Adán,
Uy, sí, Juluis Évola, ya lo he corregido.
gracias por el mensaje
Abdennur no conoces ni su nombre y le llamas “caso” chirriante a un intelectual como la copa de un pino, afinidades políticas aparte, Suponemos que es lo chirriante en su “caso” es que no fuera de izquierdas. ¿O es chirriante por denunciar lo que el llamaba “la espiritualidad de pacotilla?
Lo mismo del fascismo puede decirse del comunismo en su versión totalitaria. ¿Es que hay otra versión? Es alucinante Abdennur. El comunismo es por definición totalitario, por no decir toda la verdad, que es absolutamente totalitario ¿Porque quieres dignificar el comunismo con semejante invención? ¿Que tipo de cominismo es el que te gusta? Un comunismo no totalitario… realmente hay que tener voluntad de salvar al comunismo de la quema para decir algo que suena tan estrambótico.
El fuhrer, el duce, el caudillo es nada más y nada menos que la figura del rey, el sultán, etc. solo que con origen meritocrático y circunstancial, no hereditario, sino democrático. Una figura absolutamente tradicional que viene repitiéndose a lo largo de la historia.
La comunidad universal es también una idea comunista (absolutamente totalitaria como la del New World Order), una más de la factoría mesiánica que se burla de la ingenuidad y la ignorancia mediante cuentos infantiles llamados utopías. A diferencia de lo que hacen las doctrinas tradicionales, a eso se le ha de llamar engañar a la gente, a las masas, a los pueblos. Siempre se estará más lejos de crear gobiernos totalitarios en la diversidad de intereses de las naciones y comunidades tradicionales preexistentes que en una utópica república universal.
La etología y otras ciencias proscritas podrían orientarle un poco sobre cual es el estado real de la condición humana. Las ciencias espirituales le pueden orientar sobre como intentar que los individuos y sus sociedades, contrarresten las tendencias naturales de esa misma condición, pero a diferencia de los titiriteros de todos los ismos, nunca pretenderán lo imposible: el cielo en la tierra, tan próximo al infierno en la tierra cuando se intenta hacerlo realidad. De todos los juegos de espejos conocidos, el de un gobierno universal democrático (suponemos que chino) sobre una comunidad universal unificada es la pesadilla universal hecha realidad. No hablemos si se rige por un comunismo “no totalitario”. ¿Valdría el de “un gobierno, dos sistemas” como no totalitario? Es para poner a punto la nave espacial y dejarles a ustedes con todo el poder. Para comprobar como funciona la Comunidad Universal ahora mismo, cualquiera puede acercarse y visitar el edificio de la ONU.